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EL BAILE Y LA MÚSICA...
En A FUEGO, el baile no es solo un elemento estético, sino el lenguaje a través del cual los personajes expresan aquello que no pueden decir con palabras.
La película utiliza la danza como vehículo emocional, acompañando el viaje de su protagonista desde la pérdida hasta la reconstrucción personal.
Las coreografías, a cargo de Anna Macau, construyen una narrativa física que refleja tanto la energía como la vulnerabilidad de los personajes, mientras que la música actúa como motor de la historia.
La selección musical, de marcado estilo urbano, incluye temas de Bad Gyal, La Zowi y Mushkaa, entre otros, conectando directamente con el universo sonoro de la juventud actual. La banda sonora original está compuesta por AWWZ, que aporta una identidad propia al conjunto.
La música y el movimiento se integran así en la narración como elementos inseparables, reflejando el pulso emocional de una generación.
ENFOQUE VISUAL Y EL UNIVERSO DE LA PELÍCULA...
A fuego construye un universo visual marcado por la energía, el movimiento y la fisicidad de los cuerpos en escena. La película se aleja de los códigos habituales del cine juvenil más convencional para buscar una identidad propia, más cercana a lo sensorial y a lo emocional.
El espacio de El Búnker, núcleo de la historia, funciona como un lugar de escape y de pertenencia: un entorno clandestino donde las normas desaparecen y los personajes pueden mostrarse tal y como son. Ubicado en las icónicas Tres Chimeneas de Sant Adrià, este escenario, a medio camino entre lo real y lo simbólico, transforma un espacio reconocible en un refugio para la comunidad joven. Inspirado en movimientos culturales underground y espacios autogestionados, este escenario combina realismo y aspiración, convirtiéndose en el reflejo de una necesidad generacional: crear comunidad.
La puesta en escena apuesta por capturar la intensidad emocional de la adolescencia —esa mezcla de euforia, fragilidad y descubrimiento— a través de la música, la luz y el movimiento, configurando un retrato contemporáneo de la juventud.
NOTAS DE LA DIRECTORA...
Cuando me propusieron este proyecto de la mano de Atresmedia, tuvimos muy claro desde el principio que la película tenía que ir más allá de los tópicos que suelen plagar los productos dirigidos al público young adult.
A Fuego nace con la ambición de entretener sin renunciar a dar un mensaje. La película utiliza como excusa el binomio jóvenes + baile para hablar de la necesidad de construir espacios propios y autogestionados donde generar comunidad, y de cómo el apoyo de esta comunidad, de los amigos, es imprescindible para superar los conflictos emocionales con los que nos enfrentamos en la adolescencia.
En el centro de la película está Lola, que transita un duelo y aprende a perdonar, y a perdonarse, mientras se va abriendo a un grupo de personajes, cada uno de los cuales carga con su propia culpa.
El Búnker es un territorio conquistado por estos personajes, que encuentran libertad en lo clandestino, y usan el baile como herramienta de resistencia. Este espacio, y la comunidad a la que acoge y que le da origen, están basados en movimientos underground y asociativos que han existido durante décadas, desde la cultura ball ya adoptada ampliamente por el mainstream, hasta referentes locales de Barcelona, como la tristemente desaparecida Antiga Massana. El Búnker, a pesar de su carácter aspiracional y de ficción, no está tan alejado de poder ser una realidad, y nos gustaría que este ejemplo sirviera de motivación para el público de la película.
A nivel estético, queríamos darle personalidad a la película, diferenciarla de los estereotipos que acompañan a este tipo de productos, a través de la imagen y de la música. Nos fijamos en artistas independientes, tanto visuales como musicales, incorporando elementos y propuestas muy presentes en la actualidad cultural, pero que no solemos ver representadas en el audiovisual comercial.
A pesar de que ni Núria Dunjó, coguionista de la película, ni yo teníamos experiencia previa con el baile, aceptamos el reto de escribir esta película por el potencial expresivo y visual de la danza. Además de usarlo como recurso para transmitir las emociones y conflictos internos de los personajes, también quisimos mostrar a nivel narrativo las exigencias y presiones que caracterizan esta disciplina, hasta qué punto pueden afectar negativamente a las personas que se dedican a ella, pero también la vertiente positiva y el poder que hay en decidir cómo dedicarse a ello o qué lugar ocupa en tu vida.
A Fuego apuesta por dar agencia al público joven ofreciendo referentes complejos, imperfectos y auténticos. Personajes que se equivocan, que dudan, que se reinventan. Al final, la película no habla solo de bailar, sino del valor de la amistad como antídoto para todo.