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El filme, que supone el debut en solitario de la cineasta —codirectora de Diarios de Otsoga (2021) y coguionista de Grand Tour (2024), ambas junto a Miguel Gomes—, propone un recorrido por los distintos tiempos del Alentejo portugués, a partir de la relación entre sus habitantes y el territorio.
La película entrelaza relatos de trabajadores rurales con los cuadernos de campo de los arqueólogos Georg y Vera Leisner, junto a material de archivo, dibujos científicos, leyendas, poemas y canciones. A través de estos elementos, construye un retrato del Alentejo y de las comunidades que lo han habitado, articulando distintas capas temporales que van desde la prehistoria europea hasta la memoria contemporánea.
Fazendeiro recoge la memoria oral de la región mediante cartas, canciones y testimonios de campesinos, pastores y niños, así como la correspondencia de los Leisner, pioneros en el estudio de los monumentos megalíticos de la península ibérica. El resultado es una genealogía no lineal de las tensiones entre quienes trabajan, estudian y cuidan la tierra y aquellos que se la apropian.
Planteada como una “película arqueológica”, la obra propone una aproximación al territorio que trasciende los límites del documental tradicional, explorando cómo el cine puede poner en relación distintos estratos de tiempo, memoria e imaginación desde un mismo espacio.
Rodada en el Alentejo, la película incorpora también las voces de arqueólogos, pastores, apicultores, poetas y trabajadores rurales, configurando un paisaje en transformación atravesado por la historia, la experiencia y el relato.