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Presentada en el Festival Internacional de Cine de Edimburgo, la película ha sido una de las óperas primas estadounidenses más comentadas del último año por la radicalidad de su planteamiento y por la manera en que se acerca a cuestiones como el deseo, la culpa o la vergüenza desde un formato muy íntimo que se sustenta en los diálogos. De hecho, antes de su estreno, la película fue rechazada por festivales como Sundance o SXSW, y varios distribuidores declinaron incorporarla a su catálogo debido a la naturaleza de su argumento.
Sin embargo, “Blue Film” –cuyo título hace referencia al término anglosajón utilizado para designar antiguas películas pornográficas clandestinas–, ha sido posteriormente reivindicada por buena parte de la crítica y ha continuado su recorrido internacional de forma muy positiva.
Aunque el punto de partida de "Blue Film" pueda parecer provocador, Elliott Tuttle sitúa la película en la estela de cineastas como Catherine Breillat ("36 Fillette"), Michael Haneke ("Benny's Video") o Agustí Villaronga ("Tras el cristal"), cuyas obras exploran la sexualidad, la violencia o el abuso desde una complejidad psicológica poco habitual. Tuttle se reconoce heredero de esa tradición cinematográfica y reivindica un cine dispuesto a abordar conflictos morales sin simplificarlos.
Entre las referencias que marcaron la escritura de "Blue Film", Elliott Tuttle destaca el cine de Catherine Breillat. La directora francesa, conocida por explorar la sexualidad desde lugares incómodos, le llevó a entender que "el objetivo no es desestigmatizar, sino hacer una exploración completa y honesta" de los personajes.
En la misma línea, defiende que el cine no debe ofrecer respuestas morales cerradas y considera que, a menudo, se subestima al espectador: "No creo que estemos dando suficiente crédito a nuestro público", ha afirmado al explicar que nunca quiso construir una película que guiara al espectador hacia una única interpretación.
Concebida desde el principio para desarrollarse casi íntegramente en un único espacio, "Blue Film" transcurre en el interior de una casa y concentra toda la acción en la conversación entre Aaron y Hank. La decisión de reducir el espacio y el número de personajes responde al deseo de Tuttle de eliminar cualquier elemento que distrajera del conflicto central y construir la tensión únicamente a través del diálogo, los silencios y dos interpretaciones potentísimas.
Durante varias semanas de ensayos, el director trabajó estrechamente con Reed Birney y Kieron Moore, incorporando cambios al guion a partir de las lecturas de ambos actores. El personaje de Hank también evolucionó durante ese proceso: lejos de retratarlo como un villano unidimensional, Tuttle y Birney optaron por construir a un hombre plenamente consciente del daño que ha causado, evitando tanto la caricatura como la absolución. Para el director, la película funciona precisamente porque "es un estudio de personajes", no un ensayo sobre una idea abstracta.