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Titulo original: Colette
Año Producción: 2018
Nacionalidad: Inglaterra, EE.UU.
Duración: 111 Minutos
Calificación: No recomendada para menores de 12 años
Género: Drama, Biografía
Director: Wash Westmoreland
Guión: Richard Glatzer, Rebecca Lenkiewicz, Wash Westmoreland
Fotografía: Giles Nuttgens
Música: Thomas Adés
FECHAS DE ESTRENO
España: 16 Noviembre 2018
DISTRIBUCIÓN EN ESPAÑA
DeaPlaneta


SINOPSIS

Colette es una chica que vive en un entorno rural y que se casa con un hombre catorce años mayor que ella, llevándosela a vivir a París. Su nuevo esposo la convence para que escriba novelas las cuales se publicaran con su nombre. El éxito que comienzan a obtener las novelas hacen que la pareja se convierta en tono un fenómeno, pero la falta de reconocimiento a Colette por su trabajo la frustra. La duquesa de Belbeuf le anima a que se libere pero su marido está decidio a seguir manteniendo el control sobre ella a cualquier precio...

INTÉRPRETES

KEIRA KNIGHTLEY, DOMINIC WEST, ELEANOR TOMLINSON, FIONA SHAW, ROBERT PUGH, DENISE GOUGH, CAROLINE BOULTON, RAY PANTHAKI, SHANNON TARBET, ARABELLA WEIR, KAREN GAGNON, JANINIE HAROUNI, REBECCA ROOT, ATTILA C. ARPA

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SOBRE LA PRODUCCIÓN...
   Sidonie-Gabrielle Colette ha atraído y fascinado a miles de lectores desde que saltara a la 
fama, por su buena y mala reputación, en la Francia de principios del siglo XX. Escribió las novelas semiautobiográficas de la serie Claudine bajo el pseudónimo de su dominante marido
Henry Gauthier-Villars (o ‘Willy’), pero consiguió romper con él y labrarse una carrera como una escritora de renombre. Publicó dos exitosas novelas tituladas Chéri (1920) y Gigi (1944), esta última llevada al cine como musical por MGM en 1958, inspirándose en las experiencias de su vida privada, consideradas bastante escandalosas para la época. Según el guionista/director Wash Westmoreland, Colette “iba muy por delante de su tiempo”.
  Westmoreland, natural de Yorkshire (Reino Unido), lleva casi dos décadas interesándose por la figura de Colette. “Durante toda mi carrera he escrito y rodado con mi socio Richard Glatzer”, explica. “Éramos coguionistas, codirectores y pareja. Allá por 1999, Richard empezó a leer a Colette, tanto sus novelas como varias biografías, y me pegó su obsesión. Nos dimos cuenta de que su historia daría para una gran película, sobre todo si nos centrábamos en su primer matrimonio. Todo transcurría durante una época revolucionaria; la era moderna echaba
a andar y con ella llegaban cambios en cuanto a los papeles que desempeñaban los hombres y las mujeres en la sociedad. Las mujeres exigían más relevancia en todos los ámbitos de la vida y los hombres se oponían a ello con todas sus fuerzas. Colette y Willy son dos personajes impresionantes que personifican perfectamente todos esos cambios”.
  Dieciocho años más tarde, tras haber conseguido el reconocimiento de la crítica por dramas tan potentes como 'Quinceañera' (2006) y 'Siempre Alice' (2014), Westmoreland por fin ha trasladado la historia de Colette a la gran pantalla. Su película más ambiciosa hasta la fecha desafortunadamente también es su primer proyecto en solitario, puesto que Richard falleció de complicaciones derivadas de la esclerosis el 10 de marzo de 2015. Dos semanas antes había visto a Julianne Moore, protagonista de su filme Siempre Alice, recoger un Oscar por su brillante interpretación de una mujer con alzhéimer.
  “Colette es una historia fantástica que me parecía muy relevante y necesaria”, comenta Pamela Koffler de Killer Films, productora de las dos películas anteriores de Westmoreland y Glatzer y de Colette. “También me apetecía contar la historia que había detrás de esta escritora tan conocida”.
  Según la productora Elizabeth Karlsen de Number 9 Films, el principal atractivo del proyecto era “contar la historia de una mujer que dejó una huella muy importante en la historia de la literatura y la política. Cuestionó las leyes sociales, la sexualidad y el género. Fue revolucionaria”. Karlsen añade, “También es muy divertida, ingeniosa y cercana”.
  Sin duda es una historia a la que Westmoreland le tiene mucho cariño, por haberla desarrollado durante tanto tiempo con Glatzer. Para Keira Knightley, la oscarizada actriz que interpreta a Colette, la pasión del director ha sido una fuente de inspiración.
  “Wash está muy metido en la historia de Colette”, comenta. “Pero mucho, mucho. Siente devoción por ella. Creo que tiene un vínculo personal con ella, y ese grado de pasión no suele darse entre directores… ni entre nadie, la verdad. El hecho de que haya trabajado tantos años en este proyecto y esté tan unido a su vida… Eso me impresionó mucho”.

EL GUION DE COLETTE...
  Westmoreland y Glatzer viajaron a Francia en verano de 2001 para empezar a escribir el borrador de un guion que inicialmente llamaron “Colette and Willy”. Su intención era trabajar en el piso de un amigo en París, pero al llegar resultó que se había alquilado.
  “Allí estábamos en plena capital francesa y sin alojamiento. Menos mal que otra amiga nos comentó que tenía una casita en el campo que estaba bastante aislada y nos la ofreció”, recuerda Westmoreland. “Resultó ser un caserío del siglo XVI con un estanque y un campanario, ¡con murciélagos y todo! Era impresionante. No había televisión ni Internet ni tecnología de ningún tipo. Con todo ese silencio conseguimos terminar el primer borrador en 10 días. Salió muy deprisa y con muy buen resultado”.
  Westmoreland y Glatzer se cuidaron de no anunciar que estaban trabajando en una película sobre Colette. “Ya sabes, a lo mejor les hubiera parecido mal que llegaran dos extranjeros a contar la historia de una leyenda nacional francesa”, se ríe Westmoreland. Sí se lo comentaron a la amiga que les dejó la casa y ella se lo contó a su tía, que resultó ser muy amiga de Anne De Jouvenel — la nieta de Colette. “Se lo contamos a una sola persona en toda Francia y esa persona nos puso en contacto con la directora del patrimonio de Colette”, alucina Westmoreland. “De repente nos encontramos en París tomando el té con la baronesa De Jouvenel. Nos hicimos amigos y ha autorizado el proyecto. De hecho, nos dejó utilizar todos los documentos de Colette que aparecen en la película. Menudo regalo”.
  Pero eso no hizo que fuera fácil darle forma al guion: Glatzer y Westmoreland tardaron unos 16 años y 20 borradores en terminarlo. “Año tras año íbamos puliendo la historia, porque contiene muchísima información y no encaja en una simple estructura de tres actos. Encontrar la manera de contar la historia para que funcionase como película fue una tarea hercúlea”.
  Según Westmoreland, la inspiración les vino de la propia Colette. Concretamente se fijaron en cómo, al escribir sus novelas, ella misma cambiaba el orden de los acontecimientos y pulía detalles de su vida para mejorar la trama. “En la película todo se basa en hechos reales, pero a veces cambiar algunos detalles hace que funcione la historia”. Por ejemplo, en el filme se solapa la ruptura de Colette y Willy con el inicio de la relación de Colette con Mathilde de Morny, Marquise de Belbeuf (también conocida como “Missy”), que se identificaba y vestía como un hombre. “Nos funcionaba mejor desde el punto de vista de la trama y por cómo habíamos planteado la película que los personajes de Willy y Missy se interrelacionaran”.
  Sin olvidarse nunca del guion de Colette, Westmoreland y Glatzer escribieron y dirigieron otras tres películas, pero según Westmoreland, “Siempre teníamos presente Colette”. Cuando Julianne Moore se alzó con la estatuilla a mejor actriz por su película 'Siempre Alice', Westmoreland se paró a pensar en su próximo proyecto. Glatzer, que estaba ya ingresado y se comunicaba únicamente a través de un iPad y una aplicación que manejaba con el pie, tenía la respuesta: tecleó letra a letra “C-O-L-E-T-T-E”. “Vale”, respondió Westmoreland. “Ya tenemos nuestro siguiente proyecto”.
  Glatzer falleció unas semanas más tarde. “Fue un momento muy oscuro y muy difícil. Estaba sumido en el dolor, pero la película me ayudó a centrarme en algo”, comenta Westmoreland.
  “Decidí que quería rodar Colette para ampliar su legado, y utilizar el vínculo que ambos sentíamos con este personaje para darle forma artística y creativa a esta película en el presente”. Westmoreland echaba mucho de menos a su compañero, tanto a la hora de sentarse a escribir como en los demás aspectos. “Me estaba costando mucho avanzar solo”, admite.
  La productora Elizabeth Karlsen les sugirió a Westmoreland y Koffler que buscasen otro coguionista para terminar el borrador final. “Teníamos que andar con mucho tiento, porque era un tema muy complicado”, dice Karlsen. “Sabía que estaba nervioso porque llevaba dos décadas trabajando con Richard”.
  La reacción de Westmoreland fue negarse rotundamente. “No, ni hablar. ¡Ni se me pasa por la cabeza”. Pero Karlsen y Koffler insistieron y le pasaron una lista de posibles colaboradores.
  “La primera persona de la lista era Rebecca Lenkiewicz”, recuerda Westmoreland. Conocía su trabajo como guionista de Ida, de Pawel Pawlikowski, ganadora del Oscar a mejor película de habla no inglesa el mismo año que Moore fue elegida mejor actriz. “Me encantó Ida así que le propuse quedar. Yo estaba en Los Ángeles pero Rebecca estaba en Londres, así que durante un par de meses nos comunicábamos por Skype. Pero nada más conocernos, conectamos mucho.
  Ha aportado muchísimo al proyecto, mucha inspiración, frescura e ideas… y su visión femenina, que ha sido fundamental. Ha sido, y sigue siendo, una colaboradora de primera”.

LA ELECCIÓN DE LOS ACTORES...
   El primer punto del orden del día fue elegir a la protagonista, y no tardaron nada en ponerse de acuerdo.
“Keira Knightley era la actriz perfecta para interpretar a Colette”, comenta Westmoreland.
  “Tiene esa combinación de inteligencia, ingenio y una capacidad innata para entender a los personajes de época. Además tiene la edad ideal para interpretar a una mujer entre los 19 y los 34 años, y resulta creíble como escritora. Keira es una de las pocas personas que engloba todas las cualidades que buscábamos en Colette”.
  Koffler no podría estar más de acuerdo. “Keira es sinónimo de ingenio e inteligencia”, apunta. “Pero también ha sabido contenerse para interpretar a Colette en su juventud, cuando era una chica amable, lista y amante de la naturaleza que supo adaptarse a la sociedad parisina
que se convirtió en su hábitat natural”.
  Karlsen comenta que se lo propusieron a Knightley directamente, “y afortunadamente Keira aceptó”. También influyó que la actriz fuera tan bien conocida en el país natal de Colette.
  “Rodar una película en inglés sobre una leyenda de la literatura francesa fue todo un reto”, comenta Karlsen. “Pero Keira tiene muchos seguidores en Francia y es una actriz muy europea”.
  Westmoreland recuerda la primera conversación que mantuvo con Knightley porque las circunstancias fueron un poco tensas: fue por FaceTime, a medianoche y mientras él estaba en una fiesta en Shanghái durante el festival de cine de la ciudad. “Yo estaba en plan ‘Ay, madre, que me llama Keira Knightley’, y miré la esquina superior y vi que me quedaba un 20 por ciento de batería. Pensé, ‘Esta es una de las llamadas más importantes de mi vida’, así que me puse a hablar y pensar más rápido de lo normal y nos llevamos fenomenal. Volví a mirar y me queda un dos por ciento, así que le dije la frase clave: ‘No se me ocurre otra persona en el mundo que pueda interpretarla mejor’. A lo que me respondió, ‘¡Sí! ¿Por qué no? ¡Hagámoslo!’ y entonces mi teléfono murió. Me quedé boquiabierto, mirando la pantalla negra y pensando: ‘No me puedo creer lo que acaba de pasar’. Porque es increíble que una actriz de su categoría acepte tan fácilmente, tan rápido… Fue un pequeño milagro”.
  ¿Y a Knightley por qué le interesaba tanto interpretar a Colette? “Me pareció un personaje muy chulo”, se ríe. Por supuesto fue por mucho más que eso. “Es una mujer muy interesante, y su relación con Willy me parece fascinante. Me resultó muy auténtica, y por mi experiencia personal y profesional con los hombres, pensé que podía identificarme con ella”. Knightley y Westmoreland “conectamos enseguida”, comenta. “Tenía las cosas muy claras y el guion estaba muy pulido, por lo que teníamos esa referencia y así se trabaja fenomenal”.
  La otra pieza clave del puzle era el personaje de Willy, para quien buscaban un actor que pudiera interpretar tanto los encantos de Gauthier-Villars como sus defectos. “Susie Figgis, nuestra directora de casting, mencionó a Dominic West, que estaba trabajando en Las amistades peligrosas en el West End londinense, así que pudimos reunirnos con él en persona. Al conocerle nos dimos cuenta de que reunía algunas cualidades de Willy: la inquietud, la seguridad en sí mismo y el famoso encanto con el que Willy ocultaba sus viles comportamientos. Ha sido una elección muy acertada”.
  “Queríamos un actor que no se achantara ante un personaje que no es un buen tipo”, comenta Koffler, “pero que es encantador, inteligente e ingenioso a su manera. Dominic era el actor perfecto para el personaje”.
  West no ve esa correlación. “Mucha gente no sabe quién era Willy, pero los que le conocen saben que tenía una imagen bastante reconocible. Era calvo, con barba, llevaba sombrero de copa y estaba muy gordo. ¡No sé por qué pensaron en mí! Un joven esbelto y deportista”, se ríe. West tiene poco en común con Willy en cuanto al físico, pero el equipo creía tan firmemente en su capacidad para captar la esencia de Willy que no les pareció necesario que cambiara su apariencia física, más allá de dejarse barba y llevar un traje de gordo. “Se plantearon ponerme una prótesis de calvo”, comenta. “Pero al final decidieron peinarme hacia atrás y Wash dijo: ‘Ahí esta. Lo vamos a hacer así’”.
  Colette está protagonizada por estos dos personajes, pero la conocida pareja habita en el vibrante mundo de un cambio de siglo dominado por los bailes de salón y las exposiciones, y Westmoreland lo pobló aplicando una filosofía valiente y progresista. “Elegí a un hombre trans para interpretar a un personaje cis (Jake Graf da vida a Gaston De Caillavet) y a Rebecca Root, una mujer trans para interpretar a una mujer cis (la novelista Rachilde), algo que no suele ocurrir en películas actuales y muchísimo menos en filmes de época”, comenta. “También conté con Ray Panthaki, un actor asiático nacido en Gran Bretaña, para interpretar a Pierre Veber, un hombre caucásico. Por otro lado, Johnny K Palmer, un actor negro, interpreta a otro personaje blanco, Paul Heon. Ese tipo de cosas no suelen ocurrir en las películas de época, aunque ha pasado al revés en innumerables ocasiones. Me pareció que Colette estaba ambientada en un momento histórico en el que se rompieron muchas reglas, se cambiaron muchas convenciones y la sociedad se abrió mucho, por lo que quería reflejarlo en el casting. Me pareció la decisión más natural”.
  Los dos papeles secundarios más importantes también requerían de grandes actores. En primer lugar estaba la amante de Colette, Missy, interpretada por la actriz de teatro irlandesa Denise Gough, que accedió a cortarse el pelo para el papel a pesar de haberse comprometido a interpretar a ‘Harper’ en la obra Angels In America en Broadway. “La fuerza de esa interpretación resulta clave para entender la transformación de Colette”, comenta Koffler. “Necesitábamos a una actriz con mucha experiencia para darle la réplica a Keira en esa relación, y Denise es una pura sangre. Es tan buena. Missy es valiente y es muy consciente de su potencial, pero nunca quiere dar la nota. A pesar de estar siempre en segundo plano, tiene una presencia muy importante en la vida de Colette ya que le muestra una vida alternativa. Denise ha sabido captarlo a la perfección”.
  “Por aquel entonces había que tener muchas agallas para decir en público que te identificabas como hombre, y para vestir y comportarte como un hombre”, comenta Gough. “Así que Missy realmente fue una pionera en ese sentido. Quería que mi primer personaje en una largometraje fuera potente. A menudo los personajes femeninos no son más que la mujer o la novia de alguien y no tienen una postura política ni una ideología ni nada. Me ha gustado mucho esta mujer tan brillante que se sentía hombre. Podrían haber elegido a cualquier actriz, así que me siento muy privilegiada de haber podido encarnar a Missy”.
  Westmoreland eligió a la reconocida actriz Fiona Shaw para interpretar a Sido, la madre de Colette, y el resultado final es un ejemplo del buen ojo de la directora de casting. “El personaje de Fiona Shaw no pasa mucho tiempo en pantalla, pero su impacto como Sido es enorme”, explica Karlsen. “Solo tiene un par de escenas para hacer que el público entienda que ha criado a una hija que es totalmente diferente y tiene muchísimo potencial. Creo que Fiona las pilla al vuelo. Sabe comunicar un montón de emociones con solo su presencia, y eso es justo lo que buscábamos”.

COLETTE Y WILLY...
  Colette trata sobre un matrimonio basado fundamentalmente en la explotación, pero la historia esconde mucho más que eso.
“A la hora de sentarnos a pensar en cómo queríamos que fuera la película, tuvimos que analizar toda la complejidad de esta relación”, dice Westmoreland. “En este matrimonio hubo de todo: amor, odio, ternura, perversidad, formación y explotación. Y también mucha exposición, porque eran una pareja muy pública. Colette y Willy causaban tanto revuelo como las celebridades de la actualidad”.
  “La creatividad era uno de los motores de la relación”, añade Karlsen, “y se aportaban mucho. Colette pasa de ser una joven de 18 años que se casa con un hombre mucho mayor que ella a convertirse en una mujer de éxito que lucha por su independencia, en todos los sentidos. Nos parecía que era una historia muy potente”.
  Si bien no tenía el talento literario de Colette, Willy era un crack del marketing. Vio el potencial comercial de las novelas de la serie Claudine y lo convirtió en una marca con un amplio abanico de productos, como perfumes, maquillaje y jabones. Como dice Colette en el filme, “Claudine se convirtió en un nombre de andar por casa”.
  “Willy era toda una celebridad”, dice Dominic West. “Era una empresario. Creó una marca, de ahí que tenga todas esas figuritas en el despacho, y desempeñó un papel importante en aquel circo que fue el París de cambio de siglo. Entonces la capital francesa era el epicentro de la cultura mundial”.
  Él animó a Colette a emplear detalles y acontecimientos de su vida personal en sus libros, incluso un episodio en el que ambos tuvieron una aventura con la misma mujer. Le gustaba la polémica y escandalizar y entendió cómo manipular la publicidad en beneficio propio.
  “Willy era como Malcolm McLaren”, explica Westmoreland. “Creía que cuanto más juego diesen, más éxito tendrían entre el público. Durante un tiempo fue así. La gente estaba fascinada con ellos”.
  Colette y Willy vivieron “los albores de la modernidad”, comenta Koffler. “Willy era consciente de ello y quería sacar tajada. Pero en situaciones así, siempre hay alguien que sale perdiendo”.
  Según West, Willy es “el malo de la película. Es un parásito y un manipulador machista. Pero por otra parte, es muy simpático y divertido. Hay que equilibrar los dos aspectos al crear el personaje”.
  Sin embargo, Keira Knightley no está de acuerdo. “No creo que Willy sea un villano”, comenta. “Creo que hay que no odiarle para entender por qué Colette sigue a su lado durante tanto tiempo. Conozco a gente como él. Se comportan como cretinos, pero tienen encanto o un sentido del humor con el que consiguen que se haga la vista gorda con sus actos… al menos durante un tiempo”.
  Pero la película no es tanto una ‘guerra de sexos’ como la historia de “una mujer que no aceptaba no por respuesta, por lo que las estructuras del patriarcado no podían retenerla”, dice Karlsen.
  “Tomó algunas decisiones vitales muy radicales”, comenta Westmoreland. “Actuaba para transmitir su mensaje. Mostró su pecho izquierdo en mitad de la obra Flesh, en una época en la que las mujeres todavía no se atrevían a enseñar los tobillos. Colette era una muy intrépida”.

EL MUNDO DE COLETTE...
  Dar vida a la historia de Colette y Willy y recrear París durante la tumultuosa y recargada etapa de la Belle Époque resultó ser todo un reto para Westmoreland. No solo porque era su proyecto más importante hasta la fecha, sino porque trabajaba por primera vez sin Richard Glatzer a su lado.
  “Fue muy duro y muy emotivo”, confiesa. “Me emocionó mucho ver cómo cobraba vida una escena que Richard había escrito en 2001 y escuchar sus frases y palabras. Pero no sentía como que estuviera totalmente solo. Era como si tuviera a Richard en la cabeza, dándome consejos y a veces discutiendo conmigo. Fue más bien como una ampliación de nuestra manera de trabajar, más que un cambio de marchas.
  “No obstante, ha sido un proyecto mucho más exigente que nuestras películas anteriores”, añade Westmoreland. “No íbamos a rodar la vida familiar de Willy y Colette en su apartamento. Queríamos mostrar la huella que dejaron en su entorno, y para eso necesitábamos que pasearan por la calle, fueran a salones y a teatros, ella tenía que actuar en un auditorio. Colette es un proyecto muy ambicioso y nos ha costado bastante no salirnos del presupuesto. Queríamos que pareciera que habíamos trabajado con el triple de presupuesto del que teníamos. ¡Solo rodar la escena en la que un carruaje baja por una calle empedrada del París del siglo XIX costó lo mismo que nuestra película de 2005, Quinceañera! Tuvimos que ser muy creativos y encontrar la manera de hacer milagros a diario”.
  Para conseguir esos milagros, Westmoreland reunió a un equipo de primera, encabezado por la diseñadora de vestuario Andrea Flesch (The Duke Of Burgundy, La infancia de un líder), el director de fotografía Giles Nuttgens (Comanchería) y el diseñador de producción Michael Carlin (La duquesa, Escondidos en Brujas). Según Carlin ha sido una suerte contar con un director que conociera tan bien el tema. “Lo sabe todo sobre Colette y su vida. A menudo el trabajo del diseñador incluye aportar toda la información contextual sobre las localizaciones y el momento histórico, pero Wash había hecho los deberes. Eso facilitó muchísimo las cosas”.
  Westmoreland trabajó con su equipo para reconstruir la Francia rural en pueblos de Northamptonshire y Oxfordshire en Inglaterra. Algunas escenas también se rodaron en París, aunque luego hubo que tirar de efectos digitales para borrar muchos de los elementos del siglo XXI. “No podríamos haber rodado en París, ni teniendo el doble de presupuesto”, explica Carlin. “Creo que todos pensábamos que quedaban restos del París de antes, pero qué va. Se ven pinceladas, como cuando te asomas desde el río y ves la silueta de la ciudad. Pero cuando te acercas te das cuenta de que el París actual es muy diferente”.
  Para recrear su visión de la ciudad desde 1980 hasta la década de 1910 se trasladaron a Budapest, Hungría. Allí además de rodar en exteriores, construyeron el apartamento de Willy y Colette en Origo Studios.
  “Nos pareció una coincidencia histórica muy curiosa que Budapest emulara a París a finales del siglo XIX”, explica Westmoreland. “En la década de 1890 rediseñaron la ciudad siguiendo el modelo parisino e incluso construyeron sus propios Campos Elíseos, llamados Andrassy. Debido a la crisis económica, muchas de las localizaciones no se han modernizado, y eso nos ha venido fenomenal. Allí teníamos acceso a kilómetros de construcciones aristocráticas en las que podíamos rodar nuestros interiores. Incluso tienen un Moulin Rouge en Budapest, que es una copia del parisino pero mucho más pequeño. Al contrario que el de París, sigue teniendo el aspecto de antaño, así que funcionaba perfectamente”.
  “Willy y Colette eran unos vividores”, añade Carlin, “así que hemos rodado en teatros, salones, restaurantes y cafeterías… Íbamos adaptando diferentes espacios en Budapest. También es más fácil rodar allí una película de época porque si hace falta cubrir medio kilómetro de calle con adoquines antiguos y boñiga de caballo, es bastante más sencillo conseguir los permisos para hacerlo”.
  A Keira Knightley le ha encantado rodar en Hungría. “Es un país precioso”, dice, “Y hemos tenido muchísima suerte de rodar allí”. Su única queja ha sido el tiempo, porque sufrieron una ola de calor con temperaturas de 40 grados durante el verano de 2017. “Rodábamos muchas escenas de día en las que falseábamos que era de noche, con lo que teníamos que tapar las ventanas y poner velas para que pareciera que había anochecido y nos asábamos. Para los chicos era todavía peor porque vestían tweed. Y encima Dominic llevaba un traje de gordo. De hecho tuvieron que inventarse un sistema de refrigeración y colocárselo dentro del traje para que pudiera darle a un bomba que repartía líquido fresquito para refrescarle”.
  Además de sufrir temperaturas exageradamente altas, otro escollo fue recrear un momento histórico tan bien conocido como la Belle Époque sin caer en clichés como el cancán y el Folies Bergère. “Todos tenemos una imagen muy recargada de la Belle Époque que está muy trillada”, comenta Westmoreland. “Pero queríamos centrarnos en todos los elementos modernos de la historia y mostrar el impacto de las nuevas tecnologías. Nos propusimos ambientar la película en el pasado pero darle al espectador moderno una experiencia que resultara muy actual. Transmitimos la emoción de los inventos y las nuevas ideas y la sensación de que París era el centro del mundo, una incubadora en la que florecían todas estas personalidades artísticas tan interesantes”.
  Westmoreland dice que una de sus principales influencias fueron las películas del director alemán Max Ophüls, como 'Le Plaisir' (1952) y 'Madame de…' (1953), y no solo porque Ophüls fue “el gran maestro de la Belle Époque”. Más bien se inspiró en su presentación visual de los personajes y cómo rodaba las escenas. “Sus heroínas se pasean por las escenas. En vez de rodar un plano amplio de un salón de baile, va siguiendo al personaje mientras se pasea entre los asistentes. Pensé: ‘Así es como quiero mostrar este mundo, a través de los ojos de la protagonista. Por eso cuando Colette va por primera vez a un salón de baile en París, preparamos una toma muy complicada en la que ella va paseando por la sala descubriéndolo todo. Esa escena está muy inspirada en Ophüls”.
  Carlin tuvo que esforzarse a fondo para hacer realidad la visión cinematográfica de Westmoreland con sus diseños, especialmente para el apartamento de Willy y Colette. “Son un montón de habitaciones conectadas, por lo que había un montón de ventanas entre nosotros y los actores”, explica Carlin. “Lo diseñamos para poder hacer movimientos de cámara muy específicos al seguir a Colette y a Willy, y para subrayar los momentos más importantes del filme”.
  Además del apartamento y las galerías, otro escenario clave fueron los auditorios y salones de baile en los que actuó Colette. “En la película aparecen cuatro teatros”, cuenta Carlin, “por lo que tuvimos que diseñar un montón de escenarios y muchos bastidores, que luego colocamos en teatros reales”. Utilizaron un mismo teatro en Budapest para ambientar varios teatros diferentes en la película. “La parte anterior la usamos para París. Los bastidores y un lado del escenario para Marsella. La entrada para Bruselas. Era como un cubo de Rubik’s”.
  Una de las secuencias más complicadas fue la tristemente célebre actuación de Sueño de Egipto en el Moulin Rouge en 1907, cuando Colette besó a Missy sobre el escenario y el público puso el grito en el cielo y se amotinó.
  “Esa fue la escena más complicada”, comenta Westmoreland. “Solo teníamos un día allí y teníamos muchísimo que hacer. Había que transmitir la tensión que se respiraba en la sala al ver esa actuación tan dinámica… y luego rodar el motín del público. Había una orquesta femenina, el dios egipcio Anubis tocando el gong en uno de los balcones, Keira y Denise bailando y unos 150 extras vestidos de época, de los que unos 35 eran especialistas que tenían que empezar la pelea. Fue un día intenso”.
  También fue duro para Knightley, que ensayó intensamente con la coreógrafa Alexandra Reynolds (con música escrita por el compositor Thomas Adès). “Keira ensayaba una y otra vez”, dice Westmoreland. “Creo que nunca había hecho un baile como este en una película, pero lo ha clavado”.
  “Menudo baile más loco”, se ríe Knightley. “Salgo de un sarcófago, lo típico. Una locura”. Cuenta que ella y Westmoreland se inspiraron en una escena de Metrópolis, la obra maestra de la ciencia ficción que Fritz Lang rodó en 1927. En ella aparece por primera vez la robótica María (Brigitte Helm). “Es muy espectacular”, comenta Knightley. “Está semidesnuda y el movimiento es muy alocado. Así que pensamos, ‘Deberíamos basarlo un poco en eso porque sería interesante hacer algo que resulta tan loco en el marco de una película de época, un género del que se esperan determinadas cosas y determinados estilos de baile’. Me pareció muy acertado salirnos de lo habitual y hacer algo tan diferente”.
  Al añadir la banda sonora en la post-producción, el mundo de Colette terminó de materializarse. Thomas Adès es uno de los compositores más reconocidos del Reino Unido, que destaca por sus óperas transgresoras y piezas clásicas. Este es su debut en el mundo de las bandas sonoras. Adès y Westmoreland se conocen desde hace tiempo y el músico había ayudado al director a buscar la música adecuada para los salones de baile durante la preproducción. “Le mandaba emails a Tom y le preguntaba qué estaría sonando en esos sitios o le preguntaba su opinión sobre dos piezas o le preguntaba qué funcionaría para determinada secuencia. Siempre hacía sugerencias acertadísimas”, comenta el director. Según iban avanzando, empezaron a contemplar que Tom se encargara de la banda sonora. “No quería que fuera anónima y anodina”, dice Westmoreland. “Tom se ha decantado por música de los compositores de la época, desde Ravel a Saint Saens pasando por Debussey y Satie. Funciona de maravilla, y muestra las innovaciones radicales que ocurrieron en aquel momento”.

#COLETTE TOO...
  Completar Colette puso punto y final a un viaje largo, emotivo y personal para Wash Westmoreland. Nunca ha trabajado durante tanto tiempo en un proyecto cinematográfico. A lo largo de los años, él y Glatzer incluso empezaron a identificarse con los personajes, admite. “Creo que cuando escribes un guion acabas identificándote con el personaje. Al funcionar como tándem, resultaba interesante analizar la relación de Colette y Willy como escritores… ¡Claro que nos peleamos sobre quién sería Colette y quién Willy!”, se ríe. “Esa duda nunca la resolvimos…”
  No hay duda de que Westmoreland admira mucho a Sidonie-Gabrielle Colette, una fuente de inspiración constante en su vida. “Es una superviviente. No se detiene ante nada. Fue una revolucionaria y siempre fue fiel a su expresión artística. Intento emularla en ese sentido. Podría decirse que he aprendido mucho de Colette durante todo este proceso”.
  Espera que el público también aprenda de ella. “La vida de Colette es muy inspiradora”, dice. “Creo que las historias tienen capacidad para cambiar el mundo y siento que Colette está muy en la línea del movimiento #metoo. Es la historia de una mujer que se opone a la opresión y busca reconocimiento, los paralelismos con lo que está pasando hoy en día son más que evidentes”.
  “Nos importa mucho darle voz a la gente menos representada y más marginada”, apunta Pamela Koffler. “Las mujeres van haciéndose con más poder, y el hecho de quién tiene el poder y el uso que se hace de ese poder hace que la historia se escriba de determinada manera. Eso lo estamos viendo hoy en día. Creo que nuestra historia es un ejemplo más de todo eso, pero un ejemplo que se dio hace cien años. Y eso gustará mucho a los espectadores”.
  “Es una película sobre una mujer que reclama reconocimiento, y gracias a ese reconocimiento consigue influir en la sociedad y en el momento histórico. Desde luego, eso encaja con lo que estamos presenciando hoy en día”, dice Elizabeth Karlsen. En el caso de Colette, ese reconocimiento se lo llevó su marido. Con el movimiento ‘Me Too’, las mujeres por fin han encontrado una plataforma desde la que hacer valer sus ideas y recibir apoyos. Hay una relación ahí. Además, creo que las mujeres no están acostumbradas a verse con todas sus virtudes e imperfecciones en la pantalla”.
  Denise Gough coincide, “Muchas mujeres han quedado olvidadas porque se piensa que sus historias no venderían como películas”, dice. “Pero todo apunta a que las cosas están cambiando”.

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