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NOTAS DE LA DIRECTORA...
"Calle Málaga" nació de una profunda necesidad de reconectar con mis recuerdos, explorarlos y devolverles la vida. Creo que lo que creamos es un eco de las huellas que la vida deja en nosotros.
Cuando nací, mi abuela española ya vivía con mis padres en Tánger. Como muchos españoles, se había mudado allí cuando era joven y se quedó el resto de su vida. Nunca hubiera imaginado dejar la ciudad que adoraba, su ciudad. Hoy descansa en un cementerio olvidado de Tánger, junto a otras personas que, como ella, eligieron esta tierra como su hogar.
Mientras crecía, veía cómo sus amigos, que formaban parte de la gran comunidad española, luchaban por evitar se desarraigados. A menudo era incomprendidos por sus hijos, que se habían mudado a España y querían que ellos los siguieran. Ese apego visceral me conmovió profundamente.
Sentí la necesidad de explorar este poderoso vínculo, y el personaje de María Ángeles pasó a encarnar no solo ese deseo, sino también otras preguntas que me habían perseguido durante años.
Creo que envejecer es un privilegio, y cada arruga de nuestro rostro es testimonio de una vida plenamente vivida, con todas sus alegrías y tristezas. Quería retratar un tipo diferente de envejecimiento: uno que siguiera lleno de vida, desafiando los límites que a menudo se le imponen. A través de María Ángeles, quería confrontar las opiniones de la sociedad sobre el envejecimiento - las expectativas, los prejuicios, las barreras- y hacer que ella las superara.
Creo en la libertad de envejecer como queramos. Quería contar una historia diferente: una que fuera vibrante, sensual y desafiante. Y al hacerlo, volver a mis raíces, rodar mi primer largometraje en esta ciudad que también es la mía.