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DULCE SABOR A MUERTE
INFORMACIÓN
Titulo original: Ice Cream Man
Año Producción: 2026
Nacionalidad: EE.UU.
Duración: 86 Minutos
Calificación: No recomendada para menores de 18 años
Género: Terror
Director: Eli Roth
Guión: Noah Nelson, Eli Roth, Noah Belson. Basados en una historia de Eli Roth
Fotografía: Simon Shoet
Música: Brandon Roberts
FECHA DE ESTRENO
España: 4 Septiembre 2026
DISTRIBUCIÓN EN ESPAÑA
Diamond Films


SINOPSIS

Lo que comienza siendo un verano idílico, en un pequeño y tranquilo pueblo vacacional, se convierte en una auténtica pesadilla cuando los más pequeños comienzan a mostrar instintos asesinos y deseos insaciables por acabar con todos los adultos. Son víctimas de una curiosa maldición provocada por los helados que comen que afecta a todos, menos a tres niños que tendrán que intentar escapar y salvar a todo el pueblo...

INTÉRPRETES

ARI MILLEN, CHARLIE ZELTZER, SHILOH O'REILLY, KIORI MIRZA WALDMAN, SARAH ABBOTT, BENJAMIN BARON DAVIS, ELI ROTH, KAREN CLICHE, DYLAN HAWCO, CHARLIE STOREY, ALEX ARMBRUSTER, LOCHLAN RAY MILLER, DARRIN BAKER

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    Hace más de veinte años, Eli Roth tuvo un sueño que consistía en una historia con muchísimo terror y vísceras. El goteo incesante de un helado que se derretía lentamente. Las imágenes quedaron grabadas a fuego en su mente. Una era un grupo de niños en el recreo jugando a la comba con vísceras humanas. Otra era un grupo de niños jugando al pillapilla con una mano amputada. Roth está a punto de descubrir ante el mundo el resultado de aquella visión: una obra maestra de caos homicida cuya gestación ha llevado más de dos décadas. Una película que define como «la más demencial» que ha realizado jamás. Teniendo en cuenta sus proyectos que le preceden, no es fácil decir eso. El público está a punto de descubrir que su comentario está completamente justificado.
  El décimo proyecto de Roth es Dulce Sabor a Muerte. Una historia que parte de una premisa inocente —un camión de helados que llega a un pueblo idílico en un caluroso y soleado día de verano— y lo pervierte convirtiéndolo en un matricidio y parricidio a gran escala, con inventiva, intensidad y un humor negro mordaz.
  La idea para esta película surge después de su debut, Cabin Fever, en 2002. Roth y su amigo Noah Belson comenzaron a escribir este guion poco después. «Hace mucho tiempo, casi más de dos décadas, Eli me contactó para escribir un borrador de la idea que tenía para una película sobre un vendedor de helados que hace que los niños se vuelvan locos y empiecen a hacer cosas horribles», comenta Belson. «Me divertí mucho escribiendo este guion y, aún más, cuando intercambiaba las ideas con Eli. Cuando nos juntamos parece que volvemos a tener 12 años».
  El problema era que «por aquel entonces era una película demasiado grande. Así que se convirtió en una de esas ideas que dejas aparcadas. Aun así, la idea no se me iba de la cabeza. Era una de esas ideas a las que siempre hay que tienes que hacer caso».
  Después, Roth triunfó con su película Hostel. Era su segundo largometraje y planteaba hasta qué punto el público estaba dispuesto a adentrarse en un terreno de carnicería sangrienta. La respuesta del público fue una increíble recaudación mundial de 82 millones de dólares. «Tras el éxito de Hostel, todo el mundo me preguntaba qué iba a hacer ahora y yo sabía la respuesta, pero no sabía cómo llevarla a cabo», comenta Roth.
  Roth veía que el mundo le hacía la misma pregunta de qué iba a hacer después. Tenía muy claro cuál debía ser el siguiente paso, pero el estudio no estaba tan convencido. Le destacaban lo absolutamente descabellada que era su idea.
  «Habíamos hablado muchas veces sobre este proyecto. Las formas nuevas y espeluznantes en las que los niños pueden asesinar a la gente. Algunas de las ideas ni siquiera eran para utilizarlas en el guion. Pero cuando me llega una nueva idea relacionado con este tema, Eli es la primera persona a la que llamo», comenta Belson.
  «Hace un año, Eli me envió un nuevo borrador del guion. Había encontrado la forma de transformar esa historia de violencia en una historia auténtica, con riesgos reales y personajes muy vivos. La gente que conoces de toda la vida o a la que siempre has querido ver asesinada en una película. Leí el guion varias veces y escribí muchas notas sobre posibles giros o momentos adicionales de la trama. Porque, si vas a matar a un montón de gente, tienes que hacer que el público se ría. La risa ayuda mucho. Y, tras un par de idas y venidas, parecía que estaba por fin listo». Roth estaba ya preparado para presentar el proyecto ante un público internacional. Están a punto de conocer a un nuevo icono del terror, destinado a ocupar un lugar de honor junto a figuras como Freddy, Jason, Michael, Leatherface, Candyman y otros tantos, mientras clava su cuchara de helado en los cerebros de todos.
  «Es una película muy especial», afirma Ari Millen. Es el actor que encarna al propio heladero. «Va a trascender el género de terror. Es una experiencia realmente única. Es como si mezclamos Solo en casa con 28 días después. Es divertidísima y aterradora a la vez».
  Es una fábula, casi un cuento de hadas. Una historia con moraleja sobre un vendedor de helados que llega a Bayleen Bay —el pueblo ficticio donde se desarrolla la trama— en una jornada apacible para vender sus helados. Entonces, se desata el caos absoluto.
  «Eso ocurre porque, cuando reparte sus helados entre los niños, estos enloquecen y matan a todos los adultos», comenta Roth con una sonrisa. «Es mi versión del cuento de El flautista de Hamelín. Siempre había querido hacer mi propia versión de Los pájaros. Un apocalipsis total protagonizado por niños».
  Roth compartía la idea con sus amigos y le insistían que lo tenía que hacer. Pero el estudio era mucho menos entusiasta. Sentían miedo por el alcance y la ambición del proyecto porque desafiaba los límites convencionales.
  «Tampoco he podido rodar antes esta película porque nadie quería darme el dinero para hacerlo», dice Roth entre risas. «Los estudios leían el guion y me decían que no podía pedirle a un grupo de niños que hicieran eso. Que no podía hacer una película con niños descuartizando a sus padres, cortándoles la cabeza con sierras y saltando a la comba con sus tripas. Pero no dejaba de pensar que era la historia que yo quería ver».
Eli Roth es la persona perfecta para contar esta historia. «Eli es muy dulce, simpático y divertido. Es un gran director, pero también tiene una energía increíble», comenta Kiori Mirza Waldman.
  «Los estudios no son conscientes de que a los niños les encanta todo esto. Les gusta jugar a los monstruos, les apasiona el terror y Halloween. Y entienden que están viendo una ficción. Son los padres quienes se oponen y se ponen más nerviosos con el tema», dice Roth sonriendo.
  «Recuerdo cuando era pequeño y jugaba a juegos de fantasmas. Los niños siempre están jugando a imaginar cosas. Les encantan la sangre y las vísceras. En este caso, cuando los maquillábamos, se transformaban. No hacía falta que yo les dirigiera. Todos querían sangre. Solo les teníamos que preguntar quién quería una pierna o un brazo», comenta él.
  El director recuerda el día que rodaron la secuencia más espectacular cuando el heladero reparte los helados a los niños. Todos empiezan a enloquecer y se vuelven salvajes y van saliendo de la escuela. «Esa secuencia la hicimos la primera semana. Estábamos rodando un apocalipsis total con 80 niños llenos de sangre y helado. Estaban todos locos saltando a la cuerda con vísceras humanas, jugando al baloncesto con cabezas y extremidades. Era una locura, pero los niños se lo estaban pasando genial. Los niños no son conscientes de que estén haciendo algo malo. Para ellos fue como estar en el día de Navidad».
  Roth era consciente de que intentar dar luz verde a esta película a través de un estudio no tendría frutos. Tenía que desarrollar el proyecto de forma independiente.
  «Después de rodar Black Friday, que era la adaptación de mi propio tráiler falso que se proyectó en la doble sesión de Grindhouse de Quentin Tarantino y Robert Rodriguez, decidí crear mi propia empresa. Un miniestudio llamado The Horror Section. Y pensé que esta película sería el primer proyecto perfecto», comenta él.
  A Millen, le interesaba protagonizar por tres motivos: el desafío del papel —el personaje no pronuncia ni una sola línea de diálogo y transmite su carácter amenazador únicamente mediante gestos faciales y movimientos corporales—, la calidad del director y la de su equipo.
  «Un profesor me dijo una vez que hay tres variables fundamentales en cualquier proyecto: un buen reparto, un buen director y un gran guion. Pero es muy raro que las tres coincidan. Esta película reúne las tres cosas y mucho más», revela Millen.
  Millen destaca que sentía la energía y la pasión por este proyecto. «Es algo que realmente se ha estado gestando durante 20 años. A Eli le han dicho que no muchas veces. Hasta que, al final, decidió hacerlo por su cuenta. Y ahora lo ha conseguido».
  Esto no quiere decir que no hubiera dudas el día que pisó por primera vez el set de Dulce Sabor a Muerte. Pero se disiparon al instante en cuanto empezaron a rodar.
  «Después de estar 20 años intentando sacar adelante esta película, podríamos pensar que Eli le tuviera un apego especial y que tendría una visión muy concreta de quién era este personaje», dice Millen.
  «Mi miedo era que quizás quisiera controlarlo. Pero ocurrió justo lo contrario. Cuando Eli y yo hablamos por primera vez, estábamos en total sintonía. Estaba muy abierto a mis aportaciones y mi idea. Debido a la rapidez del rodaje, todo iba muy deprisa. Pero no creo que me hiciera ni una sola corrección. Me daba mucho vértigo, pero me pareció increíblemente liberador».
  Esa libertad creativa ha sido capaz de demostrar el entusiasmo del hombre detrás de ella. La película refleja la seguridad de un director que domina por completo el género. El rodaje de Dulce Sabor a Muerte tuvo lugar en Toronto con un ritmo frenético durante 19 días en agosto de 2025. Un rodaje bañado en sangre que resultó tan divertido como se ve en la pantalla.
  Todos los niños destacan el ambiente tan divertido que Roth fomentaba en el set. Sin embargo, Charlie Zeltzer, el joven actor de 12 años que interpreta a Jared, destaca una anécdota que resume a la perfección el espíritu de esta producción.
  En los momentos entre tomas, Zeltzer y sus compañeros de reparto jugaban, tocaban la guitarra, cantaban y pasaban el rato juntos. Su pasatiempo favorito durante esos descansos era grabar sus propios vídeos para documentar esas relaciones de amistad que iban surgiendo en el rodaje.
  «Grabábamos vídeos de TikTok en los descansos del rodaje. Un día le dijimos a Eli que se uniera a nosotros. Ahora tenemos un TikTok en el que se le ve bailando con nosotros», comenta Zelter.
  «Tiene muchos contactos y conoce a algunos de nuestros actores favoritos. Grabábamos vídeos para enviárselos a esos famosos y nos respondían. Llegamos incluso a recibir un mensaje de Vanessa Hudgens. Eli es realmente así de amable. Al ver el estilo de sus películas, es imposible pensar que le gusta hacer esas cosas».
  Esa dicotomía entre el terror y la diversión siempre ha sido su sello distintivo. Desde aquella secuencia tan recordada de la depilación de piernas en Cabin Fever hasta la cama elástica de pinchos de Black Friday, su filmografía siempre hace que el público viva una montaña rusa de emociones.
  «Estamos intentando empapar The Horror Section con el estilo y la sensibilidad de Eli. Y eso empieza con esta película. Es una experiencia intensa y aterradora, pero, a fin de cuentas, se trata de entretenimiento; queremos que el público sepa que vivirá una experiencia divertida y estimulante», afirma Jon Schnaar (productor ejecutivo y director de The Horror Section).
  El señor de los helados mezcla el susto y la risa. Hará que el público —como niños ante un camión de helados en un cálido día de verano— quiera repetir una y otra vez.
  «La mezcla de los niños y sus juegos, por un lado, y, por otro la brutalidad y la imaginería que Eli aporta a sus películas es increíble», comenta Millen. «El público va a sentir esa contradicción. Se va a estar riendo al mismo tiempo que siente ese rechazo y repulsión».

  Si le preguntas a los actores más jóvenes de Dulce Sabor a Muerte qué hace que el asesino sea una presencia tan impactante e inquietante, todos te dirán que es la forma en que logra tanto haciendo tan poco. «Su mirada penetrante y su sonrisa te pone los pelos de pinta», explica Charlie Storey, quien interpreta a Piper. «Al principio, parece un hombre normal que vende helados. Pero si te fijas bien, es algo extraño. No habla y regala helados a la gente», añade Kiori Mirza Waldman, que interpreta a Mia. «También hace muchos gestos raros. Hace un saludo que parece que está en cámara lenta. Este tipo es realmente siniestro». Para Roth, lo que le convierte en una amenaza es que su trabajo es algo que todos asociamos con la inocencia desde que éramos niños. «Por eso la película funciona tan bien», dice Roth. «Cuando eres niño, te vuelves loco cuando el camión de los helados llega a tu barrio. Siempre tienen cosas que no puedes comprar en una tienda. Todo sabe mejor si lo compras en el carrito de los helados».
  Tenemos muy arraigado ese cariño por los vendedores de helados. «Cuando vemos a uno lo asociamos directamente con el verano y la felicidad. Un vendedor de helados malvado supone una perversión de algo en lo que confiamos», comenta Roth. «Cuando ves un camión de helados, simplemente confías en él. Y pensé que sería interesante explorar qué pasaría si esta persona quisiera envenenar a todos los niños. Porque existe una especie de contrato implícito que nos dice que todo irá bien cuando alguien llega con un camión de helados, pero qué ocurriría si alguien rompiera ese contrato».
  Esa pregunta empezó a obsesionar al director aún más cuando se convirtió en padre. Esa sensación de impotencia —tal vez no poder proteger a tus hijos de lo que acecha en las sombras— era algo que le preocupaba cada vez más.
  Era capaz de visualizar con claridad a este villano desde hace más de veinte años. «No quería que fuera un vendedor de helados que resultara aterrador. Quería la versión del vendedor de helados amable y con esa sonrisa característica», comenta el director.
  Roth asegura haber acertado completamente con la elección del actor protagonista. «Necesitábamos a un actor perfecto y no hay nadie mejor para el pale que Ari Millen. Es una mezcla entre Cillian Murphy y Joaquin Phoenix. Sus gestos son intencionados y meticulosos. No tiene ningún diálogo en toda la película. Tiene que decirlo todo con su mirada. Hay mucho más de lo que se ve a simple vista que se transmite con una sola mirada o una sonrisa», señala Roth. «También tuvo la idea de añadir ese bigotillo, que le quedaba perfecto».
  Más allá del vello facial, el proceso de preparación de Roth y Millen consistió en profundizar en el personaje. «La historia real de este personaje es realmente escalofriante, porque es lo que define sus motivaciones, desde lo más básico», dice Roth. «Le dedicamos mucho tiempo a analizar ese aspecto dulce que tiene. Los niños lo quieren y él quiere a los niños. En su mente, está convencido de que no está haciendo nada malo. Piensa que los está liberando, en cierto modo. Es aterrador. Cuando las personas que hacen cosas horribles creen de verdad que lo hacen por una buena causa siempre nos asusta. Son villanos que no piensan que lo sean, que piensan que todos los demás están locos».
  Dulce Sabor a Muerte es una versión moderna del cuento del flautista de Hamelín. Eso podría explicar por qué uno de los personajes principales se llama Piper, pero ahora con un intenso matiz. Así como el legendario personaje del cuento popular alemán atrajo a todos los niños del pueblo a una montaña, este protagonista emplea algo mágico para tentarlos. En su caso, un camión cargado de dulces.
  «El heladero solo quiere hacer felices a los niños», comenta Millen. Puede sonar muy bien, hasta que uno comprende lo que eso realmente implica. «Les está dando a estos niños su helado, lo que los convierte en zombis furiosos y, de este modo, aniquila a toda la población adulta del pueblo».
  A pesar del derramamiento de sangre, Millen defiende con entusiasmo a su personaje. Desde la primera lectura del guion dice que se trata de un hombre que solo alberga las mejores intenciones. «Desde el momento en que leí el guion, vi su humanidad. No imaginaba a este personaje como el típico villano de película de terror».
  «Me interesaba interpretar a un personaje bidimensional. Pero este personaje es eso y mucho más. El desafío consiste en intentar mostrar su humanidad sin recurrir a explicaciones explícitas. Todo es interno. No quería que fuera simplemente un asesino o un payaso siniestro. Quería que fuera un personaje humano».
  La productora ejecutiva Holly Adams dice que lo más importante es la huella que dejará en el espectador la interpretación de Millen.
«Hay algo realmente impactante y perdurable en lo que ha conseguido con su interpretación. Sobre el papel, siempre era un personaje brillante. Pero en pantalla se convierte al instante en un icono inolvidable. Es una interpretación que se te mete en la cabeza y se queda ahí».

EL DISEÑO DEL CAMIÓN DE LOS HELADOS...
  Si nos han enseñado algo las historias de género es que un villano icónico necesita un elemento distintivo: las cuchillas de Freddy, la máscara de Jason, el garfio de Candyman, Pinhead y su caja de Lemarchand. Aquí está la clave: el heladero no solo tiene un objeto característico, sino que lo lleva sobre ruedas.
  El camión se describe con una simplicidad engañosa. «Es un camión al estilo de los años 80. Lleno de pegatinas y coronado por una simpática mascota con forma de cono de helado que saluda con la mano. La música suena por un altavoz situado en la mascota». En pantalla, se revela como una creación surgida de las mismísimas entrañas del infierno.
  La música desempeña un papel fundamental. Es una melodía hipnótica, que atrae a los niños fuera de la seguridad de sus hogares hacia la calle para probar los macabros productos que ofrece su menú.
  «Desde fuera, parece un camión de helados normal, pero al acercarte descubres que no», comenta Charlie Storey, cuyo personaje, Piper, es una de las primeras niñas de Bayleen Bay en salir corriendo de casa para probar lo que el camión ofrece.
  «El camión es azul y blanco. La mayoría de los camiones de helados son coloridos y con muchas fotos en el exterior. Este tiene imágenes de polos con bichos: uno con un escorpión, otro con una araña, otro con una rana. Es bastante extraño, pero muy genial y espeluznante».
  Para crearlo, Eli Roth contó con la ayuda de Peter Mihaichuk. Es su diseñador de producción de Black Friday y Eli Roth's Haunted House: Trick VR Treat. En esta tercera colaboración, las instrucciones de Roth fueron menos técnicas: tomar algo que todos asociamos con días soleados y despreocupados y convertirlo en algo tan siniestro. Una forma de evocar a los años 80 pero que también épocas anteriores, con elementos de los años 50 filtrándose en su estética perversa.
  «En cuanto supe que iba a trabajar en este proyecto, empecé a ver camiones de helados por todas partes y, por supuesto, todos adquirían un aire siniestro», comenta Mihaichuk entre risas. «Mi inspiración surgía de todas partes».
  Su punto de partida para el diseño fue un viejo vehículo de reparto que localizó en Montreal y transformó rápidamente en un camión de helados. Tuvo que modificar su diseño, pero no hizo falta cambiar nada de la mecánica.
  «Como era un camión antiguo, pasamos mucho tiempo asegurándonos simplemente de que arrancara», dice Roth con una sonrisa. «Por supuesto, nunca funcionaba cuando queríamos. Era básicamente como el animatrónico mecánico de Tiburón. Necesitábamos cables para poder arrancarlo antes de cada toma».
  Incluso después de la restauración, se podían ver las inscripciones en francés en varias partes del salpicadero. «Hacía un chirrido espantoso cuando lo movíamos. Espero que eso se mantenga en la película», recuerda Ari Millen. «Pero pude aprender a conducir un vehículo con marchas. Fue muy divertido».
  Y luego estaba también Merle. Merle es la mascota del camión con forma de cono de helado —supuestamente amigable y que saluda con la mano— diseñada para atraer a los niños, en gran parte gracias al altavoz en su boca que emitía su melodía característica. La mascota está inspirada en la estética de los dibujos de los años 30. Su diseño llevó mucho tiempo.
  Merle está a la altura de lo que describía el guion. «Hablamos de él durante muchísimo tiempo», comenta Roth. «Quería esa cara con formas en espiral, ese personaje sonriente con un brazo sujeto por un muelle que saludara de forma inquietante y que pudiera hacer giros de 360 grados. Algo que fuera, a la vez, inocente e inquietante. Merle no es más que un cono de helado. Pero hay algo sumamente perturbador en él. Cuando caminas, su rostro te sigue con la mirada, como si estuviera vivo».
  El movimiento y el contexto eran fundamentales para dotarle también de vida propia. Una noche decidieron ver cómo sería el camión en la oscuridad, en su antinatural hábitat. «Una noche decidimos seguir al camión de helados. Sin luces, entrando y saliendo de la oscuridad absoluta. Nos colocamos detrás, vigilamos que no hubiera niños y lo seguimos. Fue una experiencia literalmente espeluznante. Hay algo muy desconcertante en ver un camión de helados por la noche, porque es algo que se supone que no debemos ver nunca. Cuando ves ese camión en la película, sabes que quien lo conduce no tiene buenas intenciones».
  Otro día, Charlie Zeltzer estaba mirando el camión su padre. «Era increíble, porque al principio el camión parece algo muy simpático y alegre. Pero cuando te fijas un poco más, empiezas a ver todos esos detalles siniestros», comentaba Zeltzer. Mi padre me señaló el letrero que decía: "Cuidado con los niños". Que puede parecer algo normal que hay en la mayoría de los camiones de helados, hasta que te detienes a pensarlo un poco. En esta película, realmente hay que tener cuidado con los niños».
  Millen cree que, si todos los miembros de la producción han hecho bien su trabajo, surgirá al menos ese miedo en el espectador la próxima vez que lo vean. A Eli Roth le parece perfecto que así sea. «¿He destrozado la imagen de los camiones de helados para los niños para siempre? Bueno, creo que son cosas que pasan», dice él entre risas. «Quiero decir, ya he destrozado la idea de irse a un albergue, de ir a una cabaña, de depilarse las piernas e incluso el Black Friday».
  Por otro lado, sugiere que tal vez esa sea precisamente la razón por la que tantas de sus películas han tenido tanto éxito: cuando conectas con algo tan universal, algo tan profundamente arraigado en nuestro subconsciente colectivo, y retuerces el cuchillo ahí, todo el mundo puede sentirlo hasta los huesos. «El título de esta película puede ser un poco engañoso. Es casi como una señal luminosa para que, cada vez que el espectador vea un camión de helados, piense en Dulce Sabor A Muerte».
  Al director le divierte mucho la idea de encontrarse en el punto de coger algo que el espectador asocia con momentos especiales y convertirlo en algo que les infunda miedo.
  «Para mí, una de las razones por las que Hostel sigue siendo lo que es después de 20 años es que, en cualquier ciudad del mundo, hay albergues y te hace pensar en la película», comenta Roth.
  «Y ocurre lo mismo con Black Friday. Espero que, dentro de 20 años, la gente recuerde la historia y lo relacione con ese día. Ahí está para mí la gracia».
  «Creo que conecta con nuestros pensamientos más intrusivos. Eso es lo que le hace tan bueno», dice Cliche. «Tal vez, no todo el mundo tenga esos pensamientos intrusivos tan aterradores, pero lo que sí sé es que, desde niña, siempre he visto a los vendedores de helados como esos tipos siniestros».
  La actriz confirma que tiene varias fobias personales y estas películas le afecten especialmente. «En Black Friday también hay un momento en el que la cara de Lizzy se queda pegada a la puerta del congelador. Siempre me ha dado miedo cualquier cosa húmeda sobre una superficie fría. Otro pensamiento intrusivo que tengo siempre son las escaleras mecánicas. Me imagino que el pelo se me queda enganchado y me arranca el cuero cabelludo, como le pasa al personaje de Gina Gershon. Cuando leí el guion de Black Friday, no me podía creer que aparecieran todos mis miedos ahí», comenta la actriz.
  «Quizás resulte reconfortante saber que no eres el único raro. O tal vez a la gente simplemente le encanten las muertes tan exageradas, que son su especialidad. Es increíble», confirma Cliche.
  En esencia, el director quería combinar lo singular con lo extravagante y mantener siempre su esencia. Y, hasta ahora, le ha dado muy buen resultado. «Intenta buscar algo dulce e inocente y atrévete a destruirlo. Si logras hacerlo, tendrás un éxito de terror entre manos». Eli Roth se reclina en su asiento y esboza una sonrisa. «Exactamente a eso me refiero», dice sonriendo.

CONOCE AL ELENCO INFANTIL...
  Eli Roth ya ha trabajado antes con niños en la adaptación del videojuego Borderlands y en La casa del reloj en la pared. Pero esas no son sus únicas experiencias con niños.
  «Tuve que poner en práctica mis habilidades como monitor de campamento. Estuve tres veranos, entre los 16 y los 18 años, trabajando en un campamento de día, organizando actividades y todo tipo de juegos. Me siento muy cómodo con grupos grandes de niños. Me encantan los niños y conecto muy bien con ellos. Creo que tengo una conexión innata con ellos. Y no podría haber tenido más suerte con el elenco de esta película. Son increíbles».
  Ya había trabajado con algunos de los niños. Había colaborado ya con Charlie Storey en Eli Roth Presents: A Ghost Ruined My Life y Black Friday. Su interpretación en esa película le aseguró el papel protagonista en esta nueva historia.
  «Piper es una niña normal de 10 años. Es dulce. Pero, después de comer helado, cambia un poco. Digamos que deja de ser inocente», comenta Storey entre risas.
  «Trabajar con Eli es muy divertido. Siempre hace que todo sea divertido. Imagina que estás intentando apuñalar a alguien o algo así y está él detrás animándote para que te metas más en el papel. Me encanta».
  Cuando volvió a elegir a Shiloh O’Reilly, recordaba el gran impacto que había tenido su breve intervención en Black Friday. «Solo tenía que gritar en esa película. Cuando le cortaban la cabeza al pavo, necesitábamos a un niño que gritara. Su grito me parecía divertidísimo. Tenía un solo primer plano y siempre provocaba risas. Cada vez que veo la película con público, el momento en que le cortan la cabeza al pavo produce la carcajada más fuerte».
  En Dulce Sabor A Muerte, O’Reilly interpreta a Tommy. Un niño al que describe como «un tipo duro de principio a fin. Al principio, aparenta ser un chico genial que no le teme a nada. Parece muy maduro. Pero, a medida que se desarrollan los acontecimientos, se ve que todo es una fachada y que, en el fondo, es un sentimental». Disfrutó mucho interpretando a Tommy y descubrió otro amor en el rodaje: los cuadritos de arroz inflado. Al final de la producción, calculan sus compañeros que a veces llegaba a comerse siete al día.
  Otros niños del reparto simplemente bordaron sus audiciones. Es el caso de Charlie Zeltzer, que interpreta a Jared. Roth explica que «cuando haces un casting con niños, necesitas que sepan actuar de formas muy sofisticadas. Esta no es una película sencilla en la que los niños solo interactúan entre ellos; pasan cosas muy locas y toda la película recae sobre ellos. Si los niños no funcionan, la película no funciona». Roth asegura que tuvo mucha suerte de encontrar un talento increíble. Cuando Charlie Zeltzer entró, supo de inmediato que era Jared porque tenía toda la emoción, toda la carga dramática, todo está en sus ojos, y además es muy divertido.
  Lo mismo ocurrió con Kiori Waldman, que llegó a la audición para Mia y dejó a todos boquiabiertos. Roth la describe como «una estrella: hermosa, dulce, con una personalidad angelical, pero también con una comprensión profunda. Puede interpretar lo frío y distante, lo cálido, lo dulce y lo divertido. En la película, ella es esa chica inalcanzable».
  Mia es inalcanzable para el pobre Jared, que suspira por ella desde la distancia. Pero quizá no convenga descartarlo tan rápido. Zeltzer explica que «Jared empieza siendo un niño enclenque y rarito, al que acosan mucho y que no tiene demasiada confianza. A medida que avanza la película, se descubre un nuevo nivel en él: tiene mucha valentía bajo esa torpeza y esa incapacidad de encajar».
  Waldman añade que «Jared no es el único personaje joven que evoluciona. Al principio, Mia es una chica muy popular, la chica a la que no puedes acceder; ella misma lo dice en el guion. Pero descubre que en realidad es una persona muy valiente y capaz de crear un vínculo especial entre estos dos chicos. Se convierte en quien realmente desea ser».
  El segundo niño al que Waldman hace referencia es Elliot, interpretado por Luke Dietz, que ya había trabajado antes con Roth y que, en un giro curioso, también es la voz de Chase en La patrulla canina. Es el mejor amigo de Jared de toda la vida y es un auténtico payaso. De hecho, necesitó que su madre le leyera el guion para darse cuenta, porque es tan sangriento que ella se saltó algunas partes sin decírselo para que no se asustara.
  Dietz cuenta que en «el rodaje no fue tan aterrador como pensaba, y que eso se debe a que Eli es muy divertido. Es diferente a cualquier otro director: ve las cosas de otra manera, porque la gente normal piensa que un cadáver es algo asqueroso; él lo considera gracioso».
  El reparto joven lo completa Ivano DiCaro, que describe a su personaje, Hank, como «un matón». Dice que leyó el guion y supo exactamente lo que tenía que hacer. Además, ya tenía experiencia en el género de terror, pues actuó en la serie Chucky en 2021.
  Unos años mayor, pero igualmente sumergida en este mundo de gore y vísceras, está Sarah Abbott, actriz de Ginny & Georgia y Black Mirror, que interpreta a Lizzie, la hermana mayor de Jared, obligada a encontrar la manera de mantener a salvo a su hermano pequeño mientras lidia con los gestos románticos de su exnovio Chris. Este novio está interpretado con mucho corazón —y una camioneta aún más grande— por Dylan Hawco, graduado en la Escuela Nacional de Teatro de Canadá y apareció el año pasado en Youngblood y en la última temporada de El cuento de la criada.
  Abbott describe a Lizzie como «una joven de carácter fuerte, que no soporta que le digan lo que tiene que hacer, especialmente sus padres. Una adolescente muy normal. Pero también tiene un gran corazón, algo que se revela a medida que avanza la película, sobre todo en la relación con su hermano pequeño».
  Su escena favorita es aquella en la que, tras probar algunos de los letales helados, Lizzie queda paralizada en su cama. Le resultó una experiencia muy curiosa. Si has visto El lobo de Wall Street, la escena en la que Leonardo DiCaprio se droga servía como referencia. La actriz tenía que ir desde la cama hasta el baño sin usar los brazos, arrastrándose, rodando, chocando con cosas.
  Lizzie y Chris tienen un pasado complejo como pareja, y gran parte de esa complejidad se debe a la propia ineptitud de Chris. Él imaginaba que Lizzie y Chris habían sido novios en el instituto y que, al inicio de la película, ya no se soportan.
  Hawco nunca había participado en una película de terror antes de rodar Dulce Sabor A Muerte y disfrutó enormemente la experiencia. Era algo completamente opuesto a lo que había hecho en el pasado, cuando estaba en la escuela de teatro.
  A sus 23 años, Hawco está viendo cómo su carrera acelera casi tan rápido como las ruedas nuevas que Chris hace rugir por la ciudad, pero asegura que siempre recordará un día en particular del rodaje con un escalofrío especial. «Todas las escenas con Ari eran aterradoras», dice la actriz. «Pero hubo una en la que él estaba sobre el capó de mi camioneta, sonriéndonos. Hizo algo con las cejas que me hizo querer salir corriendo. Es aterrador, literalmente perfecto. Y Ari entra en ese estado de inmediato. ¡Eso es lo más inquietante! Estábamos riendo y charlando y en medio segundo él volvía a ser el tipo del que todos tienen miedo, lo que hace nuestro trabajo mucho más fácil. Es increíble lo rápido que puede entrar y salir del personaje».
  La admiración y el respeto es mutuo. Millen afirma que «estos niños son actores muy talentosos. Entre tomas se divertían, bailaban, comían patatas fritas, lo que fuera. Y luego activaban el interruptor y estaban completamente dentro de la película. Ese nivel de concentración es envidiable. Tienen realmente muchísimo talento».
  Este elenco está respaldado por actores adultos con una trayectoria asombrosa. Interpretando a los padres de Jared y Lizzie, Marty y Alison, vemos al propio Eli Roth y Karen Cliche, que vuelve a ponerse a las órdenes del director tras su participación en Black Friday.
  Cliche describe a los padres como «bastante divertidos, aunque, por supuesto, totalmente vergonzosos para sus hijos adolescentes. Hay una secuencia de una cena familiar en la que se aprecia claramente esa dinámica divertida del matrimonio y la dinámica divertida que tienen, mientras siguen siendo estrictos con ciertas normas». Los actores se divirtieron rodando esa secuencia con mucha improvisación. A Cliche le fascinaba ver la concentración de Roth, capaz de alternar entre actuar y dirigir. «Disfruto mucho trabajando con él y me siento afortunada de haberlo hecho ya tres veces. Es un apasionado y un director que está en las trincheras con los actores durante todo el rodaje».
  Pero quizá el miembro más magnético y misterioso del reparto adulto sea el sacerdote, interpretado por Benjamin Byron Davis. Un hombre de fe que ha guiado a su comunidad en Bayleen Bay durante muchos años y que podría tener la clave para ayudar a los niños que han logrado evitar ser envenenados por esos letales helados.
  A Davis le encantó el guion desde que lo leyó por primera vez y quedó aún más intrigado cuando habló con él en detalle. Cuando Roth le dijo que tenía el papel, lo primero que le mencionó fue una película que el actor desconocía. Una cinta española de 1976 dirigida por Narciso Ibáñez Serrador titulada ¿Quién puede matar a un niño? No es divertida en absoluto, pero sí impresionante, con interpretaciones notables y un ejemplo de lo que el género de terror puede aspirar a ser. Nos plantea una circunstancia inimaginable e imparable que avanza como un cuchillo girando sobre sí mismo hacia su desenlace.
  Vio esta película para prepararse para el papel. Y también investigó la larga historia de sacerdotes icónicos en el cine de terror. Revisó el trabajo de Jason Miller y Max von Sydow en El exorcista; Russell Crowe en El exorcista del Papa; volvió a ver La duda para disfrutar de Philip Seymour Hoffman. Incluso retrocedió hasta Forja de hombres, con una maravillosa interpretación de Spencer Tracy, cuya calidez esperaba encontrar en el sacerdote de Dulce Sabor A Muerte.
  Existe una larga tradición en la narrativa, especialmente en el cine de terror, según la cual, si hay un lore que explorar —como ocurre en esta historia—, debe existir también una figura que sea guardiana de ese lore. Un papel que Davis describe como «bastante sagrado de interpretar».
  El actor vivió este papel con mucha responsabilidad. «Un sacerdote es una de esas figuras en las que se nos enseña a confiar en el mundo. Y en la película, este se enfrenta a tres niños —encarnados por tres actores magníficos— y tiene la oportunidad no solo de explicarles por qué este horror ha caído sobre el pueblo, sino también qué pueden hacer ellos mismos para detenerlo».
  Si alguno de estos niños logra sobrevivir al mal, es algo que el público tendrá que descubrir en las salas de cine. Para Roth, lo importante es que encontró exactamente lo que buscaba para la película. «Son niños que se comportan como niños entre secuencias y luego pueden rendir al máximo cuando la cámara está grabando. No quería máquinas autómatas que se limitaran a repetir el guion una y otra vez».
El espectador no está acostumbrado a ver a niños diciendo palabrotas porque se han vuelto demasiado políticamente correctos. Roth quería crear una versión para mayores de 18 años.
  Como ventaja, tenían muchísimo helado en el rodaje, auténtico y falso, que el equipo preparaba con glaseado en los días en que el calor hacía que el helado real se derritiera rapidísimo.
  Roth se ríe al recordar que pasaron por todo tipo de helado. Los niños se lo comían todo. Los niños enloquecían con el azúcar y el helado.
El director se siente profundamente orgulloso de la oportunidad única que este guion les brindó. «Un día estaban con Charlie Storey, que tiene diez años, y a medianoche estábamos rodando una secuencia en la que cortaba la cabeza de su madre con una sierra. Debe ser el primer día de colegio más raro de la historia. Y ella respondió que era incluso mejor que eso».
  «Estaban rodando una película con sangre y vísceras y ellos eran las estrellas. No ha habido nada parecido. Esta película es como Salvar al soldado Ryan, pero con niños. Es El amanecer de los muertos, pero con niños. Es demencial». Roth cree que será difícil que estos chicos superen esta experiencia, porque vivieron un verano realmente inolvidable.

CANTIDADES NUNCA ANTES VISTAS DE SANGRE...
   En cada película que hace, el director se pone un desafío personal. «Superar mi propio récord de cantidad de sangre que he derramado al final». Si recordamos que inició su carrera como director de largometrajes con Cabin Fever, una película sobre una enfermedad que devora la carne y que infecta y pudre la cara de las personas ante sus propios ojos, se entiende lo alto que dejó el listón desde el principio. «Creo que Dulce Sabor A Muerte podría llevarse el premio», bromea Roth. «Quería hacer la película más loca y sangrienta que he hecho jamás. Y todo el equipo estuvo a la altura. Todos trajeron su sangre y vísceras, gore y partes del cuerpo a la mesa».

  Es una película que desafía los límites. Entre sus muchos y retorcidos deleites hay: parricidios, matricidios, desmembramientos y decapitaciones. Sin mencionar la variada colección de armas con efectos letales, que incluye desde trituradores de basura hasta taladros dentales, grapadoras y crayones.
  «Tuve mucha suerte», dice Roth. El director menciona a su diseñador de prótesis Steve Newburn y a Adrien Morot y Kathy Tse. Sus socios en los crímenes extravagantes que conforman este sangriento espectáculo. «Me senté con Steve y le dije que quería cortar a alguien con herramientas eléctricas. Esta película tenía que ser una locura porque es casi un cuento de hadas. Creo que las películas de terror son cuentos de hadas para adultos. Sabía que tenía que ir hasta el final si iba a hacer esto. Si me quedaba en una zona segura sabía que película no funcionaría».
  A pesar del considerable número de cadáveres que vemos en Dulce Sabor A Muerte, hay dos secuencias destinadas a convertirse en temas de conversación instantáneos entre los fans. Suben la apuesta de cualquier cosa que se haya visto antes en pantalla. Roth y Newburn idearon un dispositivo que pudiera sostener el cuello de la víctima adulta de Piper en un falso yeso «para poder cortar de verdad y ver su reacción», explica el director. También fabricaron un muñeco para simular el corte en el momento del desmembramiento completo.
  «Ese plano del muñeco era muy perturbador», recuerda Roth. «Cuando cortamos el muñeco, la cabeza empezó a rodar de un lado a otro. Y la forma en que bombeábamos la sangre en el dormitorio, y esa imagen de un niño serrando la cabeza de su madre fue increíble. Era una imagen salida de American Psycho, pero con niños».
  Aunque todo eso suena traumático, los actores vivieron justo lo contrario. «Puede parecer raro, pero fue muy divertido fingir que matábamos gente. El equipo hacía que todo fuera tan divertido en el set», dice Storey. La joven actriz señala que Roth y el equipo establecieron un ambiente divertido para las escenas de las muertes. Ella y sus compañeros deseaban rodar esas secuencias. «Cuando tuve que serrar la cabeza de mi madre, pusieron un tubo a través en cuerpo y la sangre salía disparada por todas partes: las paredes, la cama, las ventanas. Me llené de sangre falsa». Y, además, el resultado terminó siendo beneficioso para su fuerza en la parte superior del cuerpo. «Durante buena parte de la película, estoy cargando la cabeza de mi madre, porque después de cortársela, se convirtió en mi bebé. Era como mi muñeco. Me encantaba usarla como accesorio. Aunque era un poco pesada, porque a veces tenía que cargarla solo con una mano», dice Storey.
  Roth describe que se puso en «modo Scarface total», empapando la habitación con «un nivel de sangre de motosierra en el baño. Estaba muy preocupado porque estábamos en la casa real de alguien y parecía de verdad una escena del crimen», admite Roth. «Pero el departamento de arte consiguió quitar toda la sangre. No quiero saber cómo son tan buenos limpiando esa cantidad de sangre, pero, bueno, lo hicieron».
  El equipo tenía mucha práctica. «Estamos hablando de incontables partes del cuerpo. Y usamos miles de litros de sangre».
Es evidente en la secuencia más espectacular de Dulce Sabor A Muerte, un set piece tan extraordinario en escala y ambición que Roth llegó a describirlo como «la secuencia de Jerusalén en Guerra Mundial Z, o el desembarco en la playa de Normandía en Salvar al soldado Ryan. Es algo único, pasan tantas cosas, y simplemente sigue y sigue».
  Hablando en susurros en el set, planificada meticulosamente en la preproducción y rodada con una inventiva desbordante, está destinada a entrar en la historia del terror y a hacer que el público salte de su butaca.
  «No es solo una historia sobre un grupo de niños volviéndose locos. Una vez que estos niños se transforman, la película despega como un cohete», resume Roth.
  La situación es: los niños de Bayleen Bay han comido helados malditos y, al día siguiente, los jóvenes llegan a clase por la mañana con la mente llena de sed de sangre. Sus profesores, ajenos al peligro, intentan imponer orden.
  La secuencia se rodó durante una semana con un calor sofocante en Toronto, en de una escuela sin aire acondicionado, con litros de sangre, máquinas de humo y avispas por todas partes, que venían atraídas por el helado que los actores llevaban untado en la cara.
  «Fue muy duro», recuerda Roth. «Nunca había rodado nada parecido. Lo digo en serio cuando menciono Salvar al soldado Ryan, porque así lo rodamos, corriendo entre todo».
  Para planificarlo, Roth volvió a algunas de sus entrevistas favoritas con Steven Spielberg. «He visto todas en las que Spielberg habla de la secuencia inicial de la playa en Salvar al soldado Ryan. Es una secuencia en la que había tantísimo que coordinar, y tanta sangre, que era difícil llevar un control de todo. Me daba vueltas la cabeza».
  Para esta secuencia, el compositor Brandon Roberts —que trabajó en Andor después de su trabajo con Roth en Black Friday— se desató por completo. El director le había mencionado la música de Waldo de Los Ríos. «Entendí de inmediato lo que buscaba», comenta el compositor. «Grabé sonidos inquietantes de niños y compré un piano de juguete antiguo, del que extraje todos los sonidos posibles. Lo combiné con sintetizadores setenteros y orquesta tradicional para emular ese maravilloso ambiente de terror de los años 70».
  Pero cuando llega la secuencia del colegio, vemos la verdadera carnicería. «Esa secuencia del colegio es puro caos musical. La partitura se dosifica empezando con cellos ominosos y retorcidos, añadiendo poco a poco más elementos musicales hasta explotar en una cacofonía total. Con un coro épico, piano de juguete, cánticos infantiles, campanas e incluso sonidos de zumbidos, se usaron para aumentar el caos. Y Eli lo llevó al límite. Justo cuando parece que se ha alcanzado el límite musical, cambiamos a la pieza instrumental de Snoop en el final de la secuencia del patio y aporta un enfoque completamente nuevo a la locura».
  En cuanto a la coordinadora de especialistas, Stephannie Hawkins —que ya había trabajado en Black Friday y que ha participado en producciones de gran escala como Resident Evil: bienvenidos a Raccoon City, RoboCop y más—, la secuencia del colegio también supuso un reto para ella.
  «Había especialistas corriendo por todas partes y niños intentando matarlos. Teníamos a un especialista con lápices clavados en los ojos y a un niño sobre sus hombros, apuñalándolo. Teníamos a otro interpretando a un bombero que hacía una caída desde más de dos pisos. Arrastramos a un policía detrás de una camioneta», recuerda Hawkins.
  El verdadero desafío llegó al «decirles a los niños que no podían hacer sus propias secuencias de riesgo, porque estaban tan emocionados y querían mostrarnos todas las cosas increíbles que podían hacer», ríe Hawkins. «Enseñar a niños cómo golpear a alguien con un extintor no era algo que pensara que aparecería en mi carrera».
  Pero quizá lo más extraño de todo no fue la violencia surrealista, sino el propio lugar. Rodar en un colegio real durante las vacaciones de verano fue, probablemente, lo que más desconcertó a los niños del rodaje. «Era realmente caótico. Estar en un colegio en verano era raro, pero también muy divertido porque podíamos caminar y explorar todas las clases. Teníamos un camión de helados en medio del patio. Eso era aún más extraño», cuenta Storey.
  Al finalizar esos siete días de rodaje estilo guerrilla, Roth ya tenía la secuencia en el bolsillo. En cuanto al colegio, milagrosamente terminó incluso en mejor estado que cuando se quitaron las tapas de las lentes por primera vez. «Decoramos el colegio de tal manera que, después, querían quedarse con muchos de los mensajes inspiradores y cosas así que habíamos puesto en los tablones, además de parte de la ambientación que hicimos en el propio edificio».

ELLOS PONEN EL TOPPING EN DULCE SABOR A MUERTE...
  Con toda la sangre y los restos de helado, Eli Roth tiene mucho de lo que sentirse orgulloso con Dulce Sabor A Muerte. Este proyecto ha sido su gran pasión durante veinte años y ahora por fin está listo para desatarse ante audiencias de todo el mundo.
  Cuando el espectador pueda verla, habrá vivido una experiencia distinta a cualquier otra que hayan visto. Especialmente por su final, realmente desconcertante. «Cuando trabajas en una película en la que las prótesis de maquillaje son una parte integral del clímax, sientes esa presión extra. Y eso fue exactamente lo que ocurrió aquí. Además, Eli es un gran amigo nuestro, así que realmente queríamos darlo todo en esta película», explica Adrien Morot.
  «Nos tuvimos que especializar en diseñar cabezas falsas y muñecos realistas, pero la mayoría de las veces solo aparecen en pantalla unos segundos. Un hombre corta la cabeza de un soldado, corte a la cabeza rodando por el suelo… ya sabes cómo va. En esos momentos, que la cabeza se parezca perfectamente al actor no es algo decisivo. Pero Dulce Sabor A Muerte era una historia completamente distinta. Era crucial que la semejanza fuera impecable, porque la cabeza define un punto de la trama enorme. Y, para complicarlo todo aún más, la cámara se queda sobre ella durante mucho tiempo».
  Dulce Sabor A Muerta está destinada a convertirse en una favorita instantánea de los fans del género, con el director de fotografía disfrutando de filmar algunas de las imágenes más inolvidablemente impactantes que cree que jamás capturará con una cámara. «En nuestras primeras conversaciones, Eli dejó bastante claro que no buscaba el enfoque superficial y la imagen desaturada que domina el terror moderno. Quería algo brillante, colorido y nostálgico. Una película de crecimiento personal. Como niño de los 80, mis películas favoritas al crecer fueron Cuenta conmigo, de Rob Reiner, y El imperio del sol, de Steven Spielberg, así que no hizo falta convencerme», explica el director de fotografía.
  «Dos de las películas de las que hablamos al principio fueron Los picarones, de Michael Ritchie, y ¿Quién puede matar a un niño?, de Narciso Ibáñez Serrador. Son dos películas completamente distintas, ambas estrenadas en 1976. La dicotomía que representaban —inocencia frente a maldad— se convirtió en el principio de gran parte de nuestras decisiones creativas. Queríamos hacer una película llena de sangre y luz».
  «Rodar con cientos de niños, con un calendario ajustado, con el tiempo impredecible de Toronto, con efectos prácticos y especialistas, mientras manteníamos un aspecto idílico constante en una película que transcurre en 24 horas, es un desafío formidable», señala Shohet. «Trabajábamos rápido pero siempre dejando tiempo y espacio para encontrar planos nuevos. Había secuencias que se le ocurrían de camino al set ese mismo día». Así es como trabaja el Roth. Y los niños disfrutaban tanto de esa espontaneidad.
  Pero, lo que queda claro cuando se sienta a reflexionar sobre el viaje que han compartido es que él ha aprendido tanto de ellos como ellos de él. «Nunca olvidaré la energía y el espíritu de esos niños. Hay algo contagioso en ese entusiasmo infantil real. La gente siempre dice que podemos aprender mucho de los niños. Y una de esas cosas, creo, es cómo reír y disfrutar cada minuto. Ojalá todos los actores fueran así. Estaban tan felices de estar allí. Cuando nos íbamos casa, no querían irse», sonríe Roth.
  «En el cine, la gente está tan hastiada y amargada. Tienen todo el dinero, pero luego quieren premios. No estoy señalando a nadie en particular, pero ves lo infelices que son. Son miserables. Y estos niños lo aman. Eso es algo que nunca deberías olvidar: el amor por esto. Cuando estoy haciendo una película, siento que soy esa versión de mí mismo con 13 años soñando con poder dedicarme a esto».
  Esta película podría ser el punto álgido de esa forma de pensar. Un momento en el tiempo construido sobre décadas de planificación que ha dado su futuro. Uno que ha alimentado su deseo de seguir estirando los límites con cada proyecto que rueda. «Esto no ha sido una experiencia alegre para mí, ha sido una experiencia arrebatadora», afirma Roth. «Ha sido la vez que más me he divertido dirigiendo una película, aunque también ha sido la más complicada. Tiras los dados, cruzas los dedos y rezas para que todo salga bien. Y esta película se ensambló de forma preciosa. Lo que obtuvimos fue más grande que cualquier cosa que pudiera haber imaginado».
  El director espera poder ofrecerle al público todo lo que desean, con virutas de colores por encima. «Estoy agradecido de que, después de veinte años, todavía sigo haciendo lo que más amo. Cada película que hago me la tomo muy en serio porque cada película es una oportunidad para superarme y hacer un clásico eterno», dice Roth.
  «Quiero hacer películas que el público piense que son las mejores películas de terror que haya visto. Para mí, es como esa sensación en la noche del estreno, esa descarga de adrenalina al ver una película que has estado esperando y que sabes que es algo que recordarás siempre. Quiero que el público se divierta muchísimo con Dulce Sabor A Muerte».

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