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SINOPSIS
Brasil, 1977. Marcelo, un experto en tecnología de 40 años con un pasado misterioso, está huyendo. Llega a Recife durante el carnaval con la esperanza de reencontrarse con su hijo, pero pronto se da cuenta de que la ciudad está lejos de ser el refugio que busca...
INTÉRPRETES
WAGNER MOURA, UDO KIER, GABRIEL LEONE, MARIA FERNANDA CÁNDIDO, HERMILA GUEDES, THOMÁS AQUINO, ISABÉL ZUAA, ALICE CARVALHO, RUBENS SANTOS, JOAO VITOR SILVA, RONEY VILLELA, SUZY LOPES, BUDA LIRA, LAURA LUFÉSI, LUCIANO CHIROLLI
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ENTREVISTA AL DIRECTOR...
¿Lleva mucho pensando en esta película?...
Da la impresión de conversar con muchos de sus trabajos anteriores.
Muchísimo tiempo. Al principio había pensado el título para una historia diferente; intenté escribirla, pero nunca funcionó muy bien como guion. No descarté el guion y seguí trabajando en otras ideas. En realidad, nace de una mezcla de impulsos muy diversos. Me apetecía hacer algo parecido a un thriller; también estaba el reto de volver atrás en el tiempo y dirigir una película de época, algo que nunca había hecho si exceptuamos una secuencia en Aquarius; además, trabajar durante siete años con documentos y archivos para realizar Retratos fantasmas tuvo mucho que ver.
¿Cuándo decidió que la película transcurriría en 1977?...
Creo que es el primer año del que me acuerdo realmente, y eso por varias razones. Hubo una crisis familiar, mi madre estaba enferma, y mi tío más joven nos sacaba mucho a mi hermano y a mí, alejándonos de los problemas.
Nos pasábamos la vida en el cine. Fue una época cinematográfica intensa, pero no entendí hasta mucho después a qué se debía. Las películas de entonces me ayudaron a cimentar mis recuerdos de 1977. Si hubiera rodado una película situada en 1877, me habría documentado de otra forma. Pero recuerdo los olores de 1977, la textura del tiempo, cómo era Brasil. Han pasado 50 años y han cambiado muchas cosas; es irónico, pero el comportamiento de la sociedad los últimos diez años me hace pensar que Brasil y lo veo ahora en Estados Unidos, es un teatro del absurdo. En apariencia todo gira en torno a la justicia, pero la justicia se interpreta en un escenario, y eso me asusta. Muchos se comportan de forma teatral porque se supone que interpretan los papeles que les han encargado. La situación en Brasil ha mejorado, pero entre 2016 y 2022 fue todo muy extraño. De pronto, como cineasta, estaba debajo de los focos, me daban un micrófono y debía contestar. Me sentía un poco como un agente, pasaba del papel del artista que había realizado la película a interpretar al diplomático cuyas palabras no son del todo bienvenidas. Algunas personas me protegían, otras me atacaban abiertamente. De ahí surgieron algunas de
las ideas para la película, aunque transcurre en 1977.
En relación con anteriores películas que hablan de política, concretamente del legado de la dictadura militar, que duró desde 1964 a 1985, ¿cómo pensó enEL AGENTE SECRETO?...
Cuando mencionaba que la película transcurriría en 1977, la primera palabra que pronunciaba era “dictadura”. No pasa nada, pero en el cine brasileño, como también en el argentino, hay un subgénero de cine de dictadura. El resto residía en hacer una película acerca de la lógica de esa época sin por eso rellenar todas las casillas de la película de dictadura. No estoy en contra de estas películas. De hecho, Walter Salles ha hecho una preciosa y fortísima película sobre esto, Aun estoy aquí, que fue milagrosa a la hora de dar a conocer este momento histórico a muchos jóvenes. Pero mi película se basa mucho más en la atmósfera, los recuerdos. Me interesa la lógica de las cosas, la lógica de Brasil, o la lógica de estar enamorado del cine, y aquí he querido captar la lógica de ese periodo.
¿Diría que hay algo en la secuencia deapertura que cristaliza la lógica que acaba de mencionar?...
Sí, recuerdo muchas situaciones de niño en las que vi a personas muertas en la calle, víctimas de la violencia. Sabemos que hoy la sociedad sigue siendo violenta, pero ya no se ve a gente muerta en la calle como si fuera normal. La situación de arranque de la película es inventada, pero recuerdo historias de personas a las que se olvidó, cuyo cadáver nunca se recogió porque era fiesta nacional, sobre todo si estábamos en carnaval. Es un momento asombroso, pero también una locura. Algunos espectadores no entienden por qué se me ha ocurrido colocar un cadáver tirado en el suelo, pero es un lugar perdido de una época en que las comunicaciones no funcionaban muy bien, la policía no daba abasto o sencillamente, estaban hartos. Para mí, la secuencia tiene lógica. La lógica de las diversas sociedades me fascina. Damos por supuestas muchas cosas, pero cada vez que viajamos, que cambiamos de paisaje, nos enfrentamos a una lógica diferente.
Es sorprendente que la película empiece en el pasado y, de pronto, nos veamos catapultados al presente mediante un flash forward, redefiniendo todo lo que hemos visto...
Para mí, este flash forward es comparable a despertar de un sueño. Cuando unos amigos vieron la película, uno de ellos me dijo que los casetes y las grabadoras eran las máquinas del tiempo de la historia. La cinta grabada en 1977 acaba en manos de dos mujeres jóvenes en 2025 en Sao Paulo. Quería plasmar cómo se siente uno trabajando con documentación antigua, tocándola. Tuve la suerte de visitar la Universidad de Indiana hará unos diez o doce años, y pasé dos mañanas estudiando las cajas de Orson Welles. Mi madre Joselice era historiadora, y parte de su trabajo consistía en grabar la historia oral, la recuerdo trabajando con una grabadora Panasonic. Conservo muchas de las cintas que grabó a finales de los setenta; la fundación donde trabajaba se ocupó de digitalizarlas. Hizo una serie de entrevistas con cineastas de Recife de los años veinte que ya tenían ochenta años cuando habló con ellos.
Hay un clip de su madre, Joselice Jucá, en Retratos fantasmas. Es una entrevista para televisión en la que describe la historia oral como la recopilación de información que “ha sido omitida por la historia”...
Creo que cualquier historiador se preocupa por lo que el tiempo ha desechado, y lo que podría redescubrirse y revaluarse. Es un tema muy importante para mí. Brasil es un país donde se ha olvidado a mucha gente. Tiene que ver con las clases, la política, la violencia. A veces, trabajando con material de archivo, llama la atención lo que no debería estar en el encuadre.
Están entrevistando a alguien en la calle acerca de la inflación, pero te fijas en los coches de la época. Pasa lo mismo con la cinta de una entrevista, cuando te preguntas qué han dejado sin decir. La joven historiadora en la película, Flavia, se interesa por algo que la universidad que la contrata preferiría desechar porque una parte de la información es sensible. Para rodar Retratos fantasmas pasé tiempo estudiando los archivos públicos de la ciudad de Recife, y me fijé especialmente en los periódicos. Me sorprendió ver lo mucho que había cambiado el lenguaje, ver los anuncios por palabras y de cine de entonces, cómo se hablaba del crimen y de la política porque todo estaba perfectamente calculado para no enfadar a nadie de la cúpula militar.
Así nacen algunas leyendas urbanas, a través de una irreverencia anárquica, muy local, típica de Pernambuco. La historia de “Pierna peluda” que aparece en EL AGENTE SECRETO representa la violencia y la represión de los militares y de la policía hacia las personas que hacían el amor en el parque o fumaban porros, o hacia la comunidad LGBT o los chicos con el pelo largo. Descubrí la clave para el guion de la película mientras montaba Retratos fantasmas. Cuanto más trabajaba en una, más me venían ideas para la otra.
La película empieza con una serie de imágenes de archivo, algo que ocurre en varias películas suyas...
Imagino cada película como si el espectador viniera a cenar a casa y antes de sentarnos a la mesa, le enseñara un álbum de fotos de cuando estuve en la universidad o rodando una película.
Puede que una película sea eso. Tengo la esperanza de que le interese a alguien la pequeña colección de fotos. Esta vez escogí imágenes icónicas del cine, la televisión y la música brasileña de los setenta. Son fotos que llevo en el corazón, algunas muy conocidas, otras no tanto.
Ha dicho antes que 1977 fue un año de formación cinematográfica para usted. ¿Qué películas le impresionaron entonces y en cuáles pensó cuando preparaba EL AGENTE SECRETO?...
Creo que tuve mucha suerte, desde una perspectiva histórica, porque recuerdo ver dos películas que remodelaron el cine popular tal como lo conocemos hoy, La guerra de las galaxias y Encuentros en la tercera fase. También recuerdo Jesús de Nazareth, deFranco Zefirelli, que fue rodada para televisión, pero que tuvo muchísimo éxito en la gran pantalla. También vi Orca, una de las películas protagonizada por Herbie el escarabajo, no recuerdo cuál, y una de la Pantera Rosa, puede que La Pantera Rosa ataca de nuevo, con la que me reí muchísimo. Vimos una película titulada El autobús atómico, un cruce entre comedia y película de desastres, de la que nunca he vuelto a oír hablar.
Mientras hacía la película pensé mucho en Nelson Pereira do Santos; siempre he pensado que su conexión con el país era tan abierta como su conexión con el cine.
Puede que esto parezca duro, pero para muchos cineastas es como si su país les separara de su película. Hector Babenco también hizo una película asombrosa,
Lucio Flavio, en 1977. La mayoría de los thrillers que había visto no parecían sentirse muy cómodos siendo brasileños, como si quisieran otra cosa, supongo que ser estadounidenses. Pero Lucio Flavio es un genial thriller brasileño, duro, sucio, brutal y tremendamente honrado, y fue un enorme éxito de taquilla en la época. Pienso mucho en John Sayles por su película Lone Star, que ha sido un referente para mí desde Sonidos de barrio. Tampoco podía dejar de pensar en Robert Altman y Brian De Palma porque rodamos en Panavision anamórfico, que también utilizamos en Bacurau. Me gusta trabajar con estos objetivos porque tienen historia, como los casetes de la película. Permiten un tipo de imagen muy concreta, tienen personalidad, son como pequeñas máquinas del tiempo para el cine.
Me gusta el reto de trabajar composiciones que ya están ajustadas para un campo muy amplio. Me interesa la tensión entre una película muy brasileña como esta y una imagen clásica americana perteneciente a una época pasada.
¿Escribió el guion pensando en Wagner Moura para el papel protagonista?...
Sí, y es la primera vez que escribo un papel para alguien en concreto. Llevábamos unos cuantos años intentando coincidir.
Wagner siempre despierta mi curiosidad, no solo como intérprete, sino como persona.
Somos buenos amigos. Compartimos momentos duros como artistas brasileños de izquierdas y nos apoyamos mutuamente sin conocernos muy bien.
Su papel más famoso es el de un policía duro en las favelas de Río en Tropa de élite (2007), una película muy violenta.
Me pareció casi un reto crear a alguien que cayera bien, un héroe clásico que no fuera un personaje violento y que incluso en un par de ocasiones menciona que no va armado. La mayoría de las personas que conozco no tienen armas y no han disparado una en toda su vida. Pero aun así, puedes ser un agente del caos y encontrarte en situaciones donde pasan bastantes cosas a tu alrededor. Muchos de los que hemos hecho esta película, no solo yo, hablamos con nuestras familias para documentarnos. Hubo un momento precioso cuando fui a ver a Rita Azevedo, la diseñadora de vestuario, había colgado en la pared un montón de fotos de ropa de la época. Entonces me di cuenta de que era ropa de su familia. Muchos de nosotros hablamos con nuestros tíos y tías, primos, abuelos, abuelas. Wagner hizo lo mismo, se documentó con sus tíos y con su padre.
Fue como un precioso modelo en 3D que cobrara vida con mucha verdad dentro.
GALERÍA DE FOTOS
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