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EL ARBOL MUY MUY LEJANO
INFORMACIÓN
Titulo original: The Magic Faraway Tree
Año Producción: 2026
Nacionalidad: Inglaterra
Duración: 110 Minutos
Calificación: Autorizada para todos los públicos
Género: Aventura, Fantasía
Director: Ben Gregor
Guión: Simon Farnaby. Basado en la novela escrita por Enid Blyton
Fotografía: Zac Nicholson
Música: Isabella Summers
FECHA DE ESTRENO
España: 9 Octubre 2026
DISTRIBUCIÓN EN ESPAÑA
Diamond Films


SINOPSIS

Una pandilla de bandidos atacan un tren de pasajeros en el norte de México, y amenazan con matar a todos a menos que el hermano del jefe, condenado a la horca, sea liberado de una prisión de USA...

INTÉRPRETES

NONSO ANOZIE, SONNY MEO, ANDREW GARFIELD, CLAIRE FOY, JUDI DENCH, PHOENIX LAROCHE, BILLIE GADSDON, DELILAH BENNETT-CARDY, IAIN JOHNSTONE, NICOLA COUGHLAN, SIMON FARNABY, CLAIRE KEELAN, HIRAN ABEYSEKERA, JESSICA GUNNING, CHI CHAN

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DESCUBRIENDO EL ÁRBOL MUY MUY LEJANO...
    Pocos autores han sido capaces de capturar la imaginación de los niños a lo largo de generaciones como Enid Blyton. A lo largo de su carrera, escribió más de 700 libros, vendiendo más de 600 millones de ejemplares en todo el mundo, con traducciones en más de 90 idiomas. Solo en el Reino Unido, sus libros siguen vendiéndose a un ritmo de uno cada dos minutos. Es una prueba más de su perdurable atractivo y de la cualidad atemporal de su narrativa. Sigue siendo la autora de literatura infantil más traducida del mundo, un logro notable que habla de la naturaleza universal de sus historias.
  Su bibliografía es un desfile de clásicos adorados: Los cinco, la saga de novelas Noddy, Torres de Malory y muchos más. Cada serie ha encontrado su propio público, pero entre todas ellas, los libros de la saga de El Árbol Muy Muy Lejano ocupan un lugar especial en el corazón de los lectores. Estas historias, que transportan a los niños a un mundo de pura imaginación, representan a Blyton en su faceta más fantástica e inventiva.
  Parte de lo que hace que la obra de esta autora sea tan poderosamente atemporal es su forma de conectar con el deseo fundamental de los niños por la autonomía y la aventura. “Sus libros conectan con los niños de una forma que es capaz de trascender las generaciones”, afirma la productora Pippa Harris.
  “En la mayoría de sus libros, los niños están solos, ya sea de una forma u otra. Eso es muy atractivo para ellos. La idea de que pueden ser autónomos, crear sus propios mundos y vivir aventuras. Es la idea de explorar el mundo a través de sus ojos”.
  Esa confianza en la capacidad de los niños y en su deseo de independencia atraviesa toda la obra de Blyton, pero quizá encuentra su expresión más pura en estas historias, donde el mundo adulto se desvanece por completo y los niños se convierten en los dueños de sus propios destinos mágicos.
  La saga de El Árbol Muy Muy Lejano comenzó en 1939. La escritora creó esta saga durante y justo después de la Segunda Guerra Mundial, ofreciendo a los jóvenes lectores una vía de escape hacia un mundo donde la magia era real, la aventura siempre estaba a la vuelta de la esquina y la bondad y el valor recibían su recompensa. En una época en la que los niños británicos vivían el racionamiento, los bombardeos y la ausencia como consecuencia de la guerra, el bosque encantado creado por Blyton les proporcionaba un refugio.
  “Para un libro que tiene ya casi cien años, es extraordinario cuánta gente sigue teniéndolo entre sus favoritos, incluidos los niños“, señala otro de los productores, Danny Perkins.
  Lo que hace que estos libros sean particularmente especiales dentro de la obra de Blyton es su puro sentido de asombro y fantasía. Las historias de esta saga están impulsadas casi por completo por la imaginación. “Estos libros son los más desbordantemente imaginativos que escribió nunca», afirma el productor Nicolas Brown. “Y su sencillez —los niños trepan a un árbol y exploran distintos mundos— conecta de forma muy poderosa con un deseo humano básico: explorar el mundo real mientras se busca algo que vaya más allá”.
  No existen los villanos en el sentido tradicional, ni misterios que resolver. En su lugar, los libros celebran la curiosidad, la amistad y la alegría de explorar Nos hacen preguntarnos si la magia es real; si esta aventura pudiera ocurrir en tu propio jardín; si lo imposible estuviera a nuestro alcance.

EL VIAJE HASTA LLEGAR A LA PANTALLA...
  El reto de cualquier adaptación de un clásico infantil es cómo hacerlo sin perder aquello que lo hizo especial. Estos libros son especialmente complejos en este sentido porque gran parte de su encanto reside en la prosa de su autora y en la imaginación del lector. Cada lector tiene su propia visión de cómo es Cara de Luna, de cómo se siente el tobogán y a qué saben los pastelitos. Los mundos mágicos existen en ese espacio de la imaginación infantil donde todo es posible y no hay que dar demasiadas explicaciones.
  Aunque los temas principales que trata —el interés por las aventuras, la importancia de la amistad, la celebración tanto de la naturaleza como de nuestra imaginación y la idea de que la maravilla puede encontrarse si sabes dónde mirar— son atemporales, cada generación de niños se enfrenta al mismo desafío de crecer en un mundo que a menudo parece decidido a extinguir la imaginación. Necesitan que se les recuerde que la magia es real si eliges creer en ella.
  El camino de adaptar esta historial al cine comenzó hace casi veinte años, cuando la productora Pippa Harris, de Neal Street Productions, reconoció por primera vez el potencial cinematográfico del mundo encantado de Blyton. “Me puse en contacto con los editores para conseguir los derechos hace 18 años”, señala. “Era un libro que había leído de niña. Cuando me convertí en madre, se lo leí a mi hija, y después ella lo leyó sola cuando fue un poco mayor. Ha formado siempre parte de mi vida y algo que siempre he querido convertir en película”.
  Durante este proceso, el patrimonio de Blyton fue vendido a Hachette. Tras la venta, la productora, ahora acompañada por el productor Nicolas Brown, volvió a intentarlo y obtuvo finalmente los derechos en 2013.
  Los dos productores le enseñaron el proyecto a Danny Perkins, que en ese momento dirigía Studio Canal en el Reino Unido. Acababan de producir Paddington, que había demostrado el interés por películas familiares que homenajeaban su material original y, al mismo tiempo, conectaran con el público actual. “Aún no habíamos estrenado la película, pero buscábamos más historias similares”, comenta Perkins. “Siempre me había encantado esta saga. Era el libro favorito de mi hermana y crecimos con él”.

EL GUION PERFECTO...
  Con los derechos y la financiación ya asegurados, comenzó la búsqueda de un guionista capaz de encontrar la clave de la adaptación. Necesitaban a alguien que comprendiera tanto el respeto que exige un clásico tan querido como la necesidad de hacerlo sentir fresco y relevante para las familias de hoy.
  Simon Farnaby había construido su reputación en el ámbito de la comedia para adultos, trabajando en series como Horrible Histories, Yonderland y Ghosts, además de coescribir Mindhorn.
  También apareció como actor en Paddington, donde interpretó al guardia de seguridad Barry. Sin embargo, fue su trabajo como coguionista junto al director Paul King en Paddington 2 lo que puso de manifiesto su talento para la narración familiar.
  La aclamada secuela, que obtuvo nominaciones a los BAFTA a Mejor guion adaptado y Mejor película británica, demostró que su ingenio y su calidez podían trasladarse con gran naturalidad al cine infantil. Habiendo trabajado estrechamente con él en las películas de Paddington, Perkins vio que era alguien que entendía cómo adaptar obras clásicas de la literatura infantil sin sacrificar su esencia. “Empecé a hablar con él sobre escribirla ya por entonces y el proceso de desarrollo fue muy largo”, explica.
  “Cuando nos conocimos hace más de diez años, pensamos que era perfecto para el proyecto”, añade Harris. “Le encantaba el libro y la idea de una historia que celebra la imaginación infantil y la naturaleza. Su guion no habla sobre los peligros de la tecnología, sino que transmite que hay que encontrar un equilibrio. Cualquier infancia feliz tendrá algo de tecnología, pero también necesita momentos para que los niños salgan y corran libres por el bosque”.
  Para Farnaby, el proyecto llegó en un momento en el que se preguntaba cómo había evolucionado el entretenimiento infantil en la era digital. “Cuando era niño, todo lo que hacía era jugar en el bosque, hasta el punto de que mis padres nunca sabían dónde estaba”, recuerda. “Supongo que quería transmitir esa sensación de la magia infantil, la idea de dejar los dispositivos a un lado y salir a jugar entre los árboles”.
  Confiaba en su capacidad para desarrollar los elementos fantásticos de las historias de Blyton, pero fue precisamente este aspecto del relato, revelado gracias a su esposa, lo que le dio una dirección clara para su adaptación.
  De hecho, fue durante la pandemia cuando fue consciente de lo que los niños estaban perdiendo. Como tantos padres que vieron a sus hijos atravesar el confinamiento frente a una pantalla, pudo comprobar de primera mano el deseo de algo más tangible, inmediato y salvaje. La preocupación por la desconexión de los niños con la naturaleza y el juego al aire libre quedó integrada en el corazón de la adaptación. Los Thompson son una familia que lucha con un problema muy actual: demasiado tiempo frente a las pantallas, muy poca conexión entre sus miembros y una progresiva pérdida del asombro infantil ante el mundo digital. El descubrimiento del El Árbol Muy Muy Lejano se convierte así no solo en una gran aventura, sino también en una forma de sanación.
  “Sabía que el árbol se sostendría por sí solo, de alguna manera”, explica Farnaby. “Confiaba plenamente en los mundos que visitaríamos. Pero una película necesita tener corazón. Los libros son episodios de aventura maravillosos tal y como son, pero carecen de una evolución emocional que les conecte”.
  La naturaleza de los libros supuso al mismo tiempo una oportunidad y un desafío. Con cuatro novelas repletas de aventuras en diferentes mundos, Farnaby disponía de una gran cantidad de material. El reto consistía en elegir qué tierras mágicas incluir y construir un arco narrativo cohesionado que pudiera sostener un largometraje sin perder el espíritu caprichoso, explorador y lleno de maravillas que caracteriza a los libros.
  “Tiene una capacidad increíble para hacer que algo sea divertido y sincero al mismo tiempo, y para dotarlo de emoción y sensibilidad sin caer en lo cursi ni en los clichés”, comenta Claire Foy, que interpreta a Polly, la madre de la familia. “Te hace llorar y reír a la vez. Siempre está pensando en cómo mejorar algo, hacerlo diferente o más divertido. Aparece en la película y además la ha escrito, así que nunca deja realmente de trabajar en ella”.
  Se sumó al proyecto Andrew Garfield, quien interpreta a Tim: “Es muy preciso con su escritura y, al mismo tiempo, muy abierto y receptivo a que otros la hagan suya. Toma una idea y la convierte en algo mil veces más divertido, mejor y más humano. Es el guion más divertido que he leído en mi vida, y sus temas conectaron profundamente conmigo: volver a conectar con la naturaleza y recordar el vínculo que compartimos con ella”.

ENCONTRAR AL DIRECTOR PERFECTO...
  La búsqueda de un director capaz de dar vida al guion de Simon Farnaby llevó al equipo de vuelta a otro colaborador conocido. Ben Gregor había trabajado con Neal Street Productions en el drama histórico Britania, donde demostró ser un narrador visual imaginativo, capaz de equilibrar una gran escala épica con momentos íntimos centrados en los personajes. La serie fantástica, ambientada en el año 43 d. C. durante la invasión romana, requería precisamente la sensibilidad para la creación de mundos que exigiría El árbol mágico muy muy lejano: construir una magia creíble dentro de historias humanas y cercanas.
  Gregor y Farnaby se conocían desde hacía años gracias al mundo de la comedia y compartían una visión similar sobre cómo el humor y la emoción deben ir siempre de la mano. Cuando los productores le enviaron el guion, la respuesta de Gregor fue inmediata y entusiasta.
  “Nos reunimos con muchos directores que nos decían que les encantaba el guion”, recuerda Perkins. “Nos explicó todo lo que no le gustaba y lo que creía que podía mejorar. Conocía a Simon desde hacía mucho tiempo y entendía los temas del universo de la película”.
  Para Gregor, el proyecto tocaba una fibra muy personal. Había crecido con los libros de la autora, o, mejor dicho, había deseado desesperadamente hacerlo. Su hermana tenía un ejemplar muy usado de El árbol mágico muy muy lejano, y el joven Gregor se sentía fascinado por él, aunque el acceso estaba estrictamente restringido.
  “No me dejaban leerlo”, recuerda entre risas. “Mi hermana protegía mucho sus libros, así que tenían una especie de aura prohibida. Fue increíble que por fin me permitieran leerlo”.
  De hecho, se encontraba en el rodaje de Britania cuando recibió el guion por primera vez. Recuerda que aquel día estaba filmando con un águila que, como cualquier gran estrella de la interpretación, tenía una hora límite de trabajo fijada a las cinco de la tarde. Mientras el equipo se apresuraba a preparar los planos antes de que el ave se retirara a descansar, Gregor pasaba páginas del guion con auténtica fascinación.
  “Estaba completamente dividido entre no poder dejar de leerlo y tener que darme prisa con el águila”, explica. “Me pareció una historia tan imaginativa y, al mismo tiempo, tan imposible de filmar”. Por supuesto, Gregor interpretó esto último como un desafío. “Simplemente quería involucrarme y descubrir cómo podíamos hacerlo realidad”.
  El desafío era considerable, incluso intimidante. Cómo se podía crear una película que honrara la ambición y la magnitud de la imaginación de Enid Blyton, manteniéndose al mismo tiempo anclada en los personajes y en la emoción.
  Los mundos del árbol necesitaban sentirse como mundos completos, cada uno con su propia lógica interna y lenguaje visual, pero formando a la vez un conjunto coherente.
  Fundamental para hacer realidad la visión de Gregor fue encontrar a una productora con la imaginación y la experiencia necesarias para afrontar el reto de llevarla a cabo con un presupuesto relativamente modesto. Piers Tempest Perkins había trabajado con la productora Jane Hooks en la película The Greatest Days. La experiencia había sido tan positiva que estaba decidido a volver a colaborar con ella, y El Árbol Muy Muy Lejano era el proyecto perfecto para aprovechar al máximo sus capacidades y experiencia.
  “Reunirlo todo fue una tarea increíble”, explica Perkins. “Jane fue brillante trabajando en conjunto con el equipo de Neal Street. Era un fantástico equipo de producción que logró una escala para una producción independiente sin precedentes”.
  Pero, más allá del desafío de concebir y dar vida a tantos mundos diferentes dentro del plazo y el presupuesto establecidos, la pregunta clave para una película familiar en la era moderna era. Cómo conseguir que se sintiera atemporal y contemporánea, honrando el material original y, al mismo tiempo, conectando con las familias y los niños hoy.
  “Ben tiene una imaginación extraordinaria”, afirma Harris. “Entiende perfectamente que, para que el público se pueda dejar llevar por el espectáculo, tiene que conectar con el viaje de los personajes. Eso es lo que realmente los conduce a través de la historia. Por eso se centró en trabajar con los actores y obtener de ellos las mejores interpretaciones posibles, mientras que, al mismo tiempo, la otra mitad de su cerebro estaba creando a su alrededor esta hermosa serie de mundos en los que se adentran”.
  “El primer paso fue preservar toda la ambición y no simplificarla”, explica Gregor. “Por supuesto, eso provocó caras de asombro por todas partes. Como película independiente, teníamos que ser realmente ingeniosos, pero también ambiciosos”.
  Ayudó mucho que Gregor y Farnaby ya hubieran trabajado juntos antes. “Comparten esa sensibilidad creativa y eso fue una ventaja enorme porque les permitía entenderse muy rápido”, señala Brown. “Además, tienen una relación que se basa en un profundo respeto mutuo, algo que no siempre vemos entre guionistas y directores”.
  “Nos conocemos desde hace mucho tiempo”, dice Farnaby. “Es una persona muy tranquila y nunca se estresa. Un rodaje puede ser un lugar con mucha tensión, pero siempre consigue que sea divertido y su entusiasmo es tremendamente contagioso. Entiende la comedia y tiene una enorme sensibilidad emocional. Siempre termina haciéndose llorar a sí mismo”.
  “Ben es básicamente un niño grande, en el mejor sentido”, sonríe Foy. “Consigue emocionar a todo el mundo. Tiene un sentido del humor muy especial y además comprende el contexto emocional de la película y quiere que esté arraigado en la realidad. No sé muy bien cómo lograba vivir en esos dos mundos al mismo tiempo”.
  “Es un director muy divertido”, añade Rebecca Ferguson. “Tiene una sensibilidad y una intuición extraordinarias, ya sea en lo relacionado con el ritmo, el humor, la respiración o el canto”.
  La actriz comenta: “Me hizo darme cuenta de que a veces estaba siendo graciosa sin ser consciente; en realidad, solo lo estaba imitando a él. Prácticamente todo mi trabajo de interpretación consistió en imitarle”.
  El enfoque de Gregor hacia la producción fue profundamente colaborativo, basado en la idea de que todas las personas implicadas, desde los diseñadores de vestuario hasta los constructores de decorados o el equipo de efectos visuales, debían sentirse cocreadores en lugar de simples ejecutores de una visión predeterminada. Quería que El Árbol Muy Muy Lejano se sintiera un trabajo artesanal, creada con mimo e imaginación por una comunidad de artistas que trabajaba unida para alcanzar un mismo objetivo mágico.
  No se trataba solo de una filosofía de dirección, sino también de una estrategia de realización cinematográfica. Gregor comprendía que una película que pide al público creer en seres feéricos y en tierras mágicas que giran en la cima de un árbol gigantesco solo podía funcionar si cada elemento se percibía cuidado, lleno de texturas y auténtico.
  “Va todo muy rápido”, dice Garfield. “Está lleno de ideas y es increíblemente receptivo a las de los demás. Quiere que el talento de todo el mundo forme parte de la película: los diseñadores de vestuario, los escenógrafos, los constructores, los técnicos de iluminación. Puedes percibirlo en cada textura, en cada objeto de atrezo, en cada decorado. Es maravilloso y tiene una energía desbordante. Es la persona perfecta para llevar el timón de este barco”.
  “Se aseguró de que todo el mundo entendiera la magnitud de lo que estábamos intentando lograr”, explica Perkins. “Cuanto más amor se pone en una película, más se percibe en la pantalla. Por eso reunía al equipo para mostrarles cómo avanzaba todo, e incluso proyectábamos imágenes del rodaje para todos los presentes en el set”.
  La preproducción se convirtió en un auténtico laboratorio de invención. En un rincón, los artesanos pasaron meses creando setas individuales para el bosque encantado, cada una diferente de las demás y concebida para parecer surgida orgánicamente de la imaginación de Blyton. El departamento de vestuario trabajó en los intrincados detalles del atuendo de Señor Cazuelas, compuesto por ollas y sartenes que, por razones de grabación de sonido, no podían hacer ruido real, y en el brillo tan especial del vestido de Seditas. Y se les animó a aportar sus propias ideas y su visión sobre cómo debían ser estos personajes y estos mundos.
  “Cuando entrabas en los talleres veías a gente fabricando setas y les preguntabas si sabían lo que estaban haciendo’”, explica Gregor. “Te decían que no, que simplemente estaban haciendo la tarea que les habían asignado ese día. Así que reuní todas las presentaciones que habíamos preparado para la película, junté a todo el equipo y se las enseñé. Les mostrábamos referencias y montajes para que entendieran cómo iba a ser la película”.
  El objetivo era crear un sentimiento auténtico de pertenencia y de implicación compartida. Cuando quienes fabricaban las setas podían ver sus creaciones en pantalla, cuando comprendían cómo esos meses de minucioso trabajo contribuían a la historia y a la magia de la película, se sentían inspirados para ir aún más lejos y alcanzar nuevos niveles de creatividad y artesanía.
  Gregor añade que “todo el mundo estaba muy motivado y quería aportar sus propias ideas. Fue realmente increíble. Parecía que todos estaban plenamente implicados y, gracias a ello, la magnitud de lo que podíamos lograr era muchísimo mayor”.

TEMÁTICA ATEMPORAL, RELEVANCIA ACTUAL...
  El árbol mágico lejano de Enid Blyton siempre ha hablado sobre el deseo de vivir aventuras y el poder transformador de nuestra imaginación. Sin embargo, el reto consistía en identificar qué elementos de las historias escritas por la autora en 1940 conectarían con más fuerza con el público hoy y cómo honrar el material original al tiempo que lo hacían dialogar con las dificultades específicas de las familias actuales. Andrew Garfield lo resume de forma sencilla: «Es una historia preciosa sobre la familia, el amor, la imaginación y la importancia de reconectar con las cosas que realmente importan en la vida».
  La respuesta surgió a partir de una realidad contemporánea que padres y madres de todo el mundo reconocerán fácilmente: la creciente desconexión de los niños con la naturaleza, el juego al aire libre y las relaciones personales, sustituida cada vez más por la atracción hipnótica de las pantallas y los mundos digitales.
  «Es una historia sobre la lucha de una familia por preservar la alegría dentro de su familia y protegerla frente al avance de la tecnología y de todas las dificultades que padres e hijos afrontan para conectar», explica Gregor. «La película es una invitación a hacer cosas en la vida real. Hoy todo sucede a través de una pantalla, pero salir al mundo, vivir experiencias auténticas en la naturaleza y descubrir lugares nuevos es lo que realmente te hace sentir vivo. Lo que queríamos hacer era recordar a la gente que salir a divertirse sigue siendo una gran idea».
  No obstante, fueron muy cuidadosos a la hora de no convertir la tecnología en la villana de la historia. La película busca ofrecer una visión más matizada y honesta de la realidad contemporánea.
  «Nos parecía importante dejar claro que la tecnología no es algo malo», afirma Harris. «De hecho, Joe utiliza la tecnología para ayudar al grupo a salir de uno de los aprietos en los que se meten. Gira en torno al equilibrio y a ser conscientes de la importancia de que los niños puedan pasar tiempo en contacto con la naturaleza. Ese mundo natural es un personaje más de la película».
  Esta capacidad de los niños para conectar con la naturaleza, esa libertad para explorar, equivocarse y, sobre todo, descubrir, se convirtió en uno de los pilares fundamentales de la película.
  «Cada vez tenía más claro que eso era realmente de lo que trataba la película», explica Gregor. «Los niños buscan todo tipo de aventuras en estos mundos mágicos. En el proceso, ganan confianza en sí mismos y descubren quiénes son realmente».
  Por espectaculares que resulten los elementos fantásticos, estos siempre están al servicio de la realidad emocional de una familia que aprende a reencontrarse. “Era importante que estuvieran vinculados emocionalmente al viaje de los niños”, señala Gregor.
  La película plantea una pregunta que resulta especialmente relevante en nuestros días: en un mundo lleno de distracciones digitales infinitas, cómo preservamos la magia de la infancia; cómo ayudamos a los niños, y a nosotros mismos, a recordar que las aventuras más profundas no suceden en una pantalla, sino en los bosques y jardines, en las conversaciones y los vínculos humanos, en la experiencia impredecible e irrepetible de estar plenamente presentes en el mundo real.
  “El Árbol Muy Muy incluye un árbol mágico», concluye Gregor. «Pero el mensaje de la película es que cualquier árbol puede ser mágico. Adentrarse en el bosque es mágico. Pasar tiempo con tu familia es mágico. Apartar el teléfono móvil por un rato es mágico. La magia puede estar en todas partes, si sabes dónde buscar”.

LOS ASTROS, A VECES, SE ALINEAN...
  Hacer una película sobre un árbol mágico habitado por seres mágicos requería actores capaces de dar autenticidad emocional a lo fantástico, que hicieran creer al público tanto en la maravilla de los mundos encantados como en las muy reales dificultades de una familia que intenta volver a conectar. El reparto supuso una extraordinaria convergencia de talento: nominados al premios y actores de carácter muy queridos por el público, estrellas emergentes y leyendas del teatro, todos ellos respaldados por tres jóvenes intérpretes que dejan su huella en una gran producción cinematográfica.
  “Los astros se alinearon literalmente”, afirma entusiasmado Perkins. «Cuando tienes en el reparto actores tan talentosos como Andrew Garfield o Claire Foy en los papeles principales, es imposible que no ocurra. Siempre tuvimos un gran guion, un gran director y un equipo creativo muy sólido. Estos actores elevan todo eso”.
  El proceso comenzó con la búsqueda del corazón de la familia, los padres cuya crisis de confianza en las decisiones que han tomado impulsaría la historia. Nos condujo a Andrew Garfield, un actor cuya versatilidad abarca desde los grandes espectáculos de superhéroes hasta los dramas más íntimos, y que recientemente recordó al público su talento tanto para la comedia como para la emoción en películas como Spiderman: No Way Home o Vivir el momento.
  Para Farnaby, el actor británico representaba algo esencial del personaje de Tim Thompson. “Cuando se incorporó al proyecto, recuerdo que pensé lo afortunados que éramos de que estuviera dispuesto a participar”, comenta. “Nos reunimos con él, y quería hablar sobre la naturaleza de la historia y la idea de haber perdido la capacidad de jugar. Cuanto más profundizábamos en ello, más entusiasmo mostraba”.
  Desde el principio, abrazó el espíritu de trabajo colaborativo del proyecto. “Estuvo claro muy, muy pronto que iba a ser una experiencia divertida, lúdica y colaborativa, en consonancia con el mundo de Chitty Chitty Bang Bang que estamos creando”, afirma.
Además, para Polly Thompson necesitaba una actriz capaz de igualar la calidez de Garfield, al tiempo que aportara su propia complejidad a una mujer dividida entre la ambición profesional y el instinto maternal.
  Claire Foy, actriz reconocida por su capacidad para transmitir fortaleza y vulnerabilidad, fue la elección perfecta. “No había participado nunca en una película familiar”, explica. “Este guion me hizo reír mucho y, como madre, había vivido muchas situaciones familiares. Además, tiene mucho humor tanto para adultos como para niños. Me pareció una idea muy refrescante como espectadora también de películas infantiles. Me parecía una historia muy nostálgica, una de esas películas que me hubiera gustado ver cuando era joven”.
  El espíritu de trabajo colaborativo también conquistó a la actriz y, según explica Farnaby, el guion acabó adaptándose a las cualidades particulares de ambos intérpretes. “Reescribimos bastantes momentos pensando específicamente en Andrew y Claire, para ajustarlas mejor a su sensibilidad”, comenta.
  El reencuentro de ambos actores incluyó además una nueva capa de conexión a la producción. Ambos habían trabajado juntos en Una razón para vivir, de Andy Serkis, y estaban encantados de retomar su colaboración profesional.
  “Desde que trabajamos en ese proyecto hemos mantenido el contacto”, explica Foy. “No parece que haya pasado tanto tiempo, pero es un privilegio dedicarse a algo que te permite entrar y salir de la vida de la gente y volver a trabajar juntas”. Entre risas añade: “Y aceptó volver a trabajar conmigo, lo cual fue una gran ventaja”.
  De hecho, Garfield pensó en ella cuando leyó el guion, mucho antes de que ella se sumara al proyecto. “No sé exactamente por qué, pero mientras lo leía imaginaba a ella en el papel”, recuerda. “Me encanta trabajar con Claire, compartir tiempo con ella y estar cerca de su energía. Hemos desarrollado un nivel de confianza y comodidad muy bueno”.
  Construyeron un retrato de la paternidad moderna que resulta al mismo tiempo específico y universal. Los Thompson son una pareja que está agotaba por las exigencias de la vida contemporánea, desconectada tanto entre sí como de sus hijos, pero profundamente entregada a su familia.
“El padre está obsesionado con ser un buen padre, pero siente que fracasa, y creo que es una sensación por la que pasan todos los padres”, explica Garfield. “Está atravesando una crisis porque percibe cómo las pantallas están absorbiendo el alma de sus hijos y no sabe cómo detenerlo. Se esfuerza muchísimo por reconectar con ellos y conseguir que vuelvan a conectar entre sí, pero parece estar librando una batalla perdida”.
  Para Ben Gregor, ambos se convirtieron en la columna vertebral de la película. “Hay una energía entre ellos que resulta muy contagiosa”, señala. “La tragedia de la historia es que estos padres se esfuerzan de verdad. Son buenos padres, pero los niños simplemente no están dispuestos a escucharlos”.
  La aventura no es menos extraordinaria que la de sus hijos. Los espectadores adultos de El Árbol Muy Muy Lejano van a encontrar una enseñanza en la manera en que los padres abrazan una nueva aventura.
  “No se trata de decir que todos deban hacer exactamente lo que ellos hicieron”, explica, en referencia al camino que lleva a los Thompson hasta un granero en ruinas y una granja de tomates. “Pero sí de encontrar y seguir tus propios sueños, sean grandes o pequeños. Y eso tiene que ver con reconectar con la imaginación”.

TRES JÓVENES TALENTOS...
  El éxito de El Árbol Muy Muy Lejano recae, en última instancia, sobre los hombros de tres jóvenes intérpretes encargados de dar vida a Beth, Joe y Fran, los hijos del clan Thompson.
  El reto era enorme porque debían encontrar tres niños capaces de sostener una gran película familiar, compartir pantalla con actores consagrados, afrontar complejos arcos emocionales y convencer al público tanto de los conflictos familiares como de la magia y el asombro de este universo. Y, sobre todo, debían parecer hermanos de verdad.
  La búsqueda fue exhaustiva y meticulosa. Junto a las directoras de casting Lucinda Syson y Natasha Vincent, desarrollaron una amplia búsqueda e incorporaron a Verity Naughton, que contaba con una amplia experiencia en la selección de jóvenes talentos y entendía perfectamente las exigencias particulares del cine familiar. Visitaron escuelas de interpretación de todo el país en busca de actores jóvenes capaces de afrontar las demandas técnicas de una producción compleja sin perder naturalidad ni autenticidad emocional.
  “Hicimos audiciones abiertas y pusimos muchos anuncios”, explica Harris. “Los niños podían grabar sus propias audiciones. Fue una búsqueda muy amplia. Trabajó con los candidatos más prometedores en talleres prácticos porque era importante para él ver cómo seguían las indicaciones, cómo se relacionaban con los demás niños y hasta qué punto eran capaces de empatizar y comprender el lenguaje del guion. Fue un proceso largo, pero creo que resultó muy exitoso”.
  “Desde el principio siempre comentaba que, si los niños no funcionaban, la película no funcionaría’”, comenta Ben Gregor. “No importaba lo demás porque, si los niños no convencían, nada tendría sentido”.
  Delilah Bennett-Cardy fue la actriz escogida para interpretar a Beth, la hija mayor, una adolescente atrapada entre la infancia y la adolescencia, avergonzada por el traslado de su familia al campo y desesperada por recuperar su vida y sus amistades en Londres.
  La más joven del reparto, Billie Gadsdon, aportó la energía perfecta para Fran, una niña tranquila y observadora que será la primera en descubrir el árbol. Por su parte, Phoenix Laroche completó el trío como Joe, el hermano mediano, que intenta gestionar sus propias inseguridades refugiándose en la tecnología que tanto le apasiona, mientras busca su lugar entre sus dos hermanas.
  “Con Phoenix y Billie teníamos claro, desde muy pronto, que la película debía pertenecerles a ellos”, explica Ben Gregor. “Delilah fue un hallazgo interesante, porque vimos a muchos talentos jóvenes increíbles que estaban preparados para interpretar a Beth y parecían perfectos para el papel. Sin embargo, muchos tenían una energía adolescente enfadada que resultaba demasiado intensa. Ella era la Beth más joven que vimos, pero tenía exactamente el tono adecuado”.
  “No podríamos haber tenido más suerte con Delilah, Billie y Phoenix”, afirma Harris. “Me parece increíble que se parezcan tanto a sus personajes. No hay una gran diferencia de edad entre ellos, pero Delilah es un poco mayor y realmente cuida de los otros dos hasta cierto punto. Además, han desarrollado una relación fantástica con Andrew y Claire. Han formado una pequeña familia y las secuencias juntos tienen una naturalidad increíble”.
  Para Farnaby, que ya había trabajado con actores jóvenes en Paddington, el talento de los tres estuvo claro desde el inicio.
“Es mérito del equipo de casting de esta película y, por supuesto, de Ben, Andrew y Claire, que estuvieron increíbles con los niños, que lograran formar una auténtica unidad familiar”, comenta. “Pero los niños son simplemente muy talentosos”.
  Todos aportaron algo único a sus personajes. Delilah, como la mayor de los hermanos, tuvo que sostener la dinámica familiar mientras acompañaba la evolución de Beth, que pasa de ser una adolescente resentida a redescubrir la fascinación por la aventura y el valor de la familia.
Phoenix debía conseguir que la obsesión de Joe por los videojuegos, así como su progresiva apertura a una vida menos dependiente de las pantallas, resultaran creíbles y naturales.
  Y Billie, la más joven, afrontaba quizás el reto más complejo de todos. Fran es la puerta de entrada del público al universo mágico de esta historia, por lo que sus reacciones debían transmitir auténtico asombro y curiosidad. Al comienzo de la película, es una niña extremadamente tímida, casi incapaz de hablar porque detesta escuchar su propia voz, pero poco a poco debe ganar confianza en sí misma de forma convincente, sin caer en una madurez excesivamente precoz.
  “Me fascina lo que son capaces de hacer”, asegura Foy. “Phoenix es un auténtico artista del entretenimiento y saber cómo entretener a todo el mundo durante todo el día. Billie es la persona más dulce y humilde del grupo; tiene una madurez sorprendente en todo lo que hace. Y Delilah es exactamente la persona que me gustaría ser. Tiene muchísimo estilo y parece que haya leído todos los libros que se han escrito. Estoy muy orgullosa de compartir esta aventura con ellos”.
  “Son el tipo de personas con las que disfrutas pasando el tiempo entre toma y toma”, añade Garfield. “Me gusta saber en qué están pensando. Son tan divertidos y agradables que sientes que simplemente estás pasando el rato con amigos a los que quieres. Es curioso, porque son niños, pero todos nos llevamos de manera genuinamente fantástica. Además, creo que aman la interpretación. No están actuando, están viviendo las escenas. Se establece una conexión muy profunda con su propia humanidad. Todo resulta muy natural y auténtico. Escuchan, reaccionan y responden de verdad”.
  Para Ben Gregor, trabajar con los intérpretes tan jóvenes fue una de las grandes satisfacciones del proyecto. Su enfoque como director consistía en tratarlos con respeto, confiando en su inteligencia y capacidades, sin hablarles con condescendencia ni simplificar en exceso las indicaciones.
“Intenté que el rodaje fuera lo más acogedor posible e intentamos rodar las secuencias con los niños rápido porque quería mantener un ambiente ligero, divertido e incluso un poco alocado. Pero estos niños eran muy buenos improvisando y aportaron muchísimo a sus personajes”, explica el director.
  Garfield coincide plenamente: “No necesitan que los estés guiando constantemente. No son como gatos a los que hay que perseguir para mantener el control. Son muy profesionales y actores talentosos. Los tres saben improvisar, reaccionar y escuchar perfectamente. Son compañeros increíbles y, además, es un placer pasar tiempo con ellos”. Un sueño hecho realidad.
  Para los actores jóvenes, conseguir un papel en este proyecto fue como ganar un billete dorado. Los tres conocían la obra de Enid Blyton y la posibilidad de dar vida a estos personajes suponía la oportunidad de sus vidas.
  “Cuando leí el guion por primera vez pensé que era fantástico”, recuerda Phoenix Laroche. “Me encantó leer sobre el País de los Hechizos, el País de los Cumpleaños y el País de las Golosinas. Disfruté muchísimo cada parte de la historia”.
  Laroche incluso encontró una excusa para coger prestadas las gafas de realidad virtual de su padre para comprender mejor a Joe. “Como Joe es un apasionado de los videojuegos, mi padre me dejó usarlas”, comenta entre risas. “Eso me ayudó a entender quién era Joe y también lo hizo la ropa. Yo normalmente llevo camisas y pantalones de lino, no uso las sudaderas que lleva Joe”.
  El vestuario también fue clave para que Delilah Bennett-Cardy encontrara su personaje. “Beth lleva mucha ropa oscura y ancha, muy diferente a la que uso”, explica. “Me ayudó a sentir esa transformación cuando me metía en el personaje. Pero Beth también es muy fuerte y sabe lo que quiere, y me gusta pensar que comparto esa característica con ella. Es una faceta del personaje que me encanta”. La actriz recuerda además haber leído los libros de Enid Blyton cuando estaba en el colegio.
  “Siempre me impresionaron muchísimo. Recuerdo que salía al patio y mis amigos y yo imaginábamos que estábamos entrando en esos mundos mágicos”. Por eso, descubrir el guion fue una auténtica alegría. “Recuerdo que me hizo reír muchísimo”, afirma. “Es un guion divertidísimo y los personajes tienen muchísima vida. Parecía que saltaban de las páginas”. Son una familia dentro y fuera de la pantalla
  Billie Gadsdon guarda un recuerdo especialmente cariñoso de la experiencia compartida con el resto del reparto. “Todos los actores eran encantadores y nos divertimos muchísimo rodando. Al principio de la película filmamos una guerra de agua con toda la familia y todos los niños nos aliamos contra el padre”.
  Esa buena relación y complicidad entre los intérpretes reflejaba precisamente lo que la película necesitaba: la sensación de una familia real, imperfecta pero unida, cuya conexión se fortalece a través de la aventura, la imaginación y el descubrimiento compartido.
  “Sin duda ganamos nosotros”, declara Delilah Bennett-Cardy entre risas. “Pero Phoenix terminó empapado”. El resto del reparto tampoco escatima elogios hacia sus compañeros de reparto más jóvenes. Cuenta Rebecca Ferguson: “Se entregaron al proyecto con autenticidad, entusiasmo y toda su imaginación. Eran rápidos, ingeniosos y consiguieron hacerme reír mucho más de lo que esperaba”.
  A esta opinión se suma Nicola Coughlan, que interpreta a Seditas: “Adoro por completo a esos niños. Son el corazón de la película y nosotros estamos simplemente para apoyar lo brillantes que son. Todos tienen una naturalidad increíble, hasta el punto de que parece que ni siquiera están actuando. Hacen que todo sea más fácil”.

EL REPARTO CRECE...
  Más allá de la familia, la película necesitaba un reparto capaz de dar vida al universo de personajes fantásticos creados por la autora. El resultado fue un conjunto de intérpretes que combinaba actores reconocidos muy queridos de la cultura británica, prestigiosos actores de carácter y artistas capaces de desaparecer por completo bajo pelucas y extravagantes vestuarios sin perder la autenticidad emocional de sus personajes.
  El proceso acabó convirtiéndose en una auténtica mezcla de talento, con grandes nombres deseosos de participar en una producción que prometía tanto un reto artístico como una experiencia repleta de diversión.
  Nonso Anozie, que interpreta a Cara de Luna, el entrañable habitante de rostro redondo reconoció de inmediato la extraordinaria calidad de este reparto. “La película reúne al mejor del talento británico”, afirma. “Jennifer Saunders, Mark Heap, Simon Russell Beale, Lenny Henry y Michael Palin. Es un reparto increíble, lleno de actores con muchísimo talento, pero también muy cercanos, cálidos y encantadores”.
  Para Farnaby, ver cómo el reparto iba tomando forma fue casi surrealista, especialmente cuando actores que habían definido la comedia y el drama británicos durante décadas aceptaron interpretar hadas y criaturas mágicas. “Para muchas de estas personas, se trataba de recordar cuánto habían amado y disfrutado estos libros. Espero que el espíritu del guion consiga capturar ese sentido de la maravilla y la aventura. Me gustaría pensar que todo se debía a mi guion, pero sospecho que también tuvo bastante que ver Enid Blyton”.
  Sin embargo, Harris atribuye a Farnaby más mérito del que él mismo está dispuesto a reconocer. “Para algunos miembros del reparto, los mundos mágicos eran un atractivo irresistible, pero creo que fue este guion lo que consiguió reunir a todo el elenco”, explica. “Atrajo a todos porque adoraban el humor de Simon. Tiene una sencillez encantadora, pero debajo hay muchísimas capas, una gran profundidad emocional y momentos realmente conmovedores”.
  Jennifer Saunders aportó su afilado talento cómico al personaje de la Abuela. El peculiar don de Mark Heap para construir personajes excéntricos encontró su expresión perfecta en el papel del Señor Bum Bum.
  Mientras tanto, Rebecca Ferguson, recién salida de producciones de gran éxito como Dune y Misión Imposible, interpreta a uno de los personajes más memorables y maliciosamente divertidos de esta aventura fantástica.
  Cada actor aportó su indudable talento y un entusiasmo real por el material y un profundo respeto por lo que la película buscaba. El resultado era un reparto muy coral en el que incluso los papeles más pequeños están plenamente desarrollados, donde cada criatura mágica posee personalidad y corazón, y en el que los actores secundarios elevan la producción gracias a su compromiso y maestría interpretativa.
  Antes de empezar el rodaje, todo el reparto se reunió para una lectura conjunta del guion y definir el tono de lo que estaba por venir. La energía fue inmediata e innegable. “Fue una experiencia increíble reunir todas esas voces y escucharlas juntas”, recuerda Nonso Anozie. “Era una auténtica sinfonía de talento”. Escuchar el guion de Farnaby en las voces de un reparto tan extraordinario generó una sensación de emoción y posibilidades. “Fue una experiencia especial”, afirma Jessica Gunning. “Todo el mundo en la sala sentía que estaba ocurriendo algo mágico, y al final no quedó ni un solo ojo seco”.
  Aquella lectura de guion se convirtió en la hoja de ruta de la producción, un recordatorio de por qué cada uno de sus participantes había decidido embarcarse en el proyecto y de lo que estaban intentando crear juntos. Sirvió para generar confianza entre los actores, revelar la profundidad emocional del guion y confirmar lo que todos esperaban: la historia tenía el potencial de convertirse en algo especial.

LOS HABITANTES DEL ÁRBOL MÁGICO...
  Los habitantes mágicos de El Árbol Muy Muy Lejano planteaban desafíos tanto en el proceso de casting como en la interpretación. Los actores tenían que dotar a los seres fantásticos de una verdad emocional auténtica sin perder nunca de vista su naturaleza extraordinaria. Y, sobre todo, tenían que transmitir la sensación de formar una familia propia; una comunidad elegida que acogiera a los niños Thompson como si fueran parte de ella.
  Nicola Coughlan aportó calidez y una auténtica sensación de magia al personaje de Seditas, la hada que se convierte en la primera amiga de los niños dentro del árbol. Su elección para interpretar este papel pareció algo destinado a suceder.
  “Era como si Seditas estuviera hablándonos directamente desde la pantalla”, comenta sobre la primera prueba de la actriz. “Su voz es cautivadora y es una intérprete muy generosa. Tenía que convertirse en la amiga de Fran y en el rostro más cálido y acogedor de la comunidad. Creo que esa calidez hace especial esta película”.
  Por su parte, Coughlan se enfrentó al papel con una mirada fresca, ya que no había crecido leyendo los libros de Enid Blyton. Eso le permitió descubrir al personaje sin ideas preconcebidas. “Creo que me hubiera sentido más intimidada si hubiera crecido leyendo estas historias”, afirma entre risas. “Posee esa magia especial que tienen todos los buenos libros infantiles: permite que los niños sean libres. Es un mundo sin reglas de adultos”.
  La actriz también tenía muchas ganas de trabajar con Farnaby porque admiraba mucho su trabajo. “Tenía ganas de trabajar con él porque PADDINGTON 2 me parece una obra maestra. Pienso que cuando lees un guion y de inmediato sabes cómo interpretarías al personaje es una señal de que debes confiar en tu instinto”.
  Como Seditas, Nicola Coughlan encarna la alegría y el optimismo en estado puro. Es un personaje que ve oportunidades en cualquier situación y que desea compartir ese espíritu de asombro con quienes la rodean.
  “Quiero muchísimo a Seditas”, afirma Coughlan. “Se entusiasma con el mundo y que aprecia profundamente el lugar en el que vive. Es una mujer en un mundo de chicos y eso fue muy divertido de explorar. Creo que cuando conoce a los niños, redescubre la alegría de la infancia y quiere disfrutar al máximo con ellos. Es un auténtico placer poder interpretarla”.
  En la dinámica social de El Árbol Muy Muy Lejano, Seditas también desempeña un papel delicado, gestionando con inteligencia y elegancia las distintas personalidades que la rodean.
  “Tiene que mantener a todos más o menos bajo control”, comenta entre risas. “Cara de Luna cree que él es el líder, mientras que Seditas piensa que es ella, así que fue muy divertido jugar con esa dinámica. En ese mundo ella tiene mucho peso y está llena de alegría”.
  Dar vida a Cara de Luna planteó probablemente el mayor desafío visual para toda la producción. En los libros de Enid Blyton, se le describe con una enorme cara redonda como la luna, una imagen que funciona perfectamente en la página escrita, pero que en acción real corría el riesgo de resultar inquietante o parecer una caricatura.
  Ben Gregor necesitaba encontrar una forma de sugerir la apariencia característica del personaje sin comprometer la conexión emocional que los niños y el público debían sentir con él.
  “Quería interpretaciones reales de los niños y no quería que estuvieran actuando frente a cosas abstractas”, explica Gregor. “Quería que Cara de Luna tuviera un rostro de verdad en lugar de ser una enorme cabeza extraña. Se me ocurrió que podíamos crear la forma de la luna mediante una gigantesca pieza de cabello que llevaría Nonso”.
  La diseñadora de peluquería y maquillaje Karen Hartley-Thomas creó una gran peluca blanca inspirada en la forma de una luna creciente, permitiendo que las expresiones del actor siguieran siendo visibles y que su interpretación pudiera percibirse plenamente. Anozie se mostró muy agradecido por la atención al detalle tanto en el diseño capilar como en el vestuario, creado por la diseñadora de vestuario Ann Maskrey.
  “Cuando llegas a una producción y ves lo increíblemente talentosos que son todos, desde vestuario hasta maquillaje, la experiencia supera cualquier expectativa que pudieras tener sobre el personaje”, explica. “Muchísimas personas han realizado un trabajo creativo extraordinario, y ahora me corresponde a mí aportar mi propia creatividad para ayudar a contar la historia”.
  Un líder fanfarrón con un gran corazón. A la hora de construir al personaje, Anozie se apoyó tanto en la fanfarronería de Cara de Luna como en la vulnerabilidad que esconde bajo la superficie. “Es el líder del árbol”, señala el actor. “Está lleno de bravuconería y al principio de la película puede parecer poco acogedor. Pero en realidad tiene un corazón de oro y es una persona muy sensible y solo necesita algo de tiempo para que esa faceta salga a la luz”.
  Jessica Gunning, cuyo trabajo reciente en Mi reno de peluche le valió premios BAFTA y Emmy, fue elegida para aportar profundidad al personaje de Doña Lavamucho.
  “Es un auténtico icono”, afirma Ben Gregor. “Su personaje es una especie de líder operativa del grupo. Ella controla la escalera por la que se accede a los distintos países mágicos. No quería que se limitara a lavar ropa y a arrojar cubos de agua a la gente, que también lo hace, sino que fuera una auténtica fuerza motriz de alegría para quienes suben por la escalera. Toda la película trata sobre descubrir algo nuevo y ella genera precisamente esa energía para los niños”.
  Para la actriz, el proyecto conectaba con su amor de toda la vida por la obra de Enid Blyton y con su fascinación por los mundos mágicos. “Siempre me ha encantado y creo que es un universo realmente mágico”, explica. “Siempre me han fascinado las hadas, los mundos fantásticos y la imaginación de los niños. Cuando leí la extraordinaria adaptación, me pareció a la vez muy divertida y profundamente conmovedora”. Gunning se entregó al personaje con el humor y el compromiso que la caracterizan. “Me metí completamente en el papel”, bromea.
  Por su parte, Dustin Demri-Burns aportó una energía muy terrenal al Señor Cazuelas, el personaje con dificultades auditivas que lleva colgadas numerosas cacerolas y utensilios de cocina. Gregor quería que este personaje sirviera como contrapunto a los personajes mágicos más extravagantes.
  “Señor Cazuelas nos devuelve a todos a la realidad”, explica el director. “Quería que aportara una franqueza muy directa que ayudara a que la película mantuviera los pies en la tierra. Es alguien que se encoge de hombros y a quien nada parece sorprender demasiado, lo que crea un contraste estupendo con toda la espectacularidad visual que estábamos construyendo”.
  Demri-Burns abrazó el aspecto físico y cómico del personaje desde el mismo momento en que realizó la audición, decidido a convertirse en una incorporación imprescindible para el reparto. “Insistí mucho en poder participar en esta película”, comenta con su característico humor. “No querían contratarme, pero no les dejé otra opción”. El actor ya había trabajado anteriormente con el director y sabía perfectamente cómo provocarle. “No querían que participara, pero les obligué”, añade entre risas.
Se preparó mucho para su audición. “Lo primero que hice fue ir a la cocina y ponerme una cacerola en la cabeza”, recuerda Demri-Burns. “Sinceramente, habría sido una locura no hacerlo”. Durante el rodaje encontró la clave del personaje en su peculiar desconexión respecto al caos que lo rodea.
  “No oye prácticamente nada por culpa de todas las cacerolas que lleva en la cabeza, y eso lo convierte en alguien ligeramente aislado, como si viviera en su propio mundo. No es gruñón ni malhumorado, pero quizá sí un poco indiferente ante todo”.
  Por último, Oliver Chris aportó una inesperada carga emocional al Señor Cómosellame, el despistado personaje incapaz de recordar su propio nombre. El personaje tenía potencial para ofrecer algo mucho más profundo que un simple alivio cómico.
  “Da la sensación de que se está volviendo loco y ni siquiera puede recordar su propio nombre, y hay algo muy triste en eso”, explica Ben Gregor. “Oliver supo aportar una melancólica belleza al personaje y, al mismo tiempo, es divertidísimo. Como ocurrió con todos los demás actores, aportó humanidad al papel, y es precisamente esa calidez y ese sentido de humanidad lo que atrae a los niños y hace que se sientan parte de este grupo”.
  El actor se tomó su papel muy en serio. “En realidad, esta es una película sobre un hombre que ha olvidado su nombre”, bromea. “De hecho, ese es el verdadero motor de El Árbol Muy Muy Lejano”. Este papel adquirió un significado muy personal para él de una manera inesperada.
  No había crecido leyendo los libros de Enid Blyton, pero su hija los había descubierto recientemente. “Cuando me hablaron de la película, me di cuenta de que mi hija estaba escuchando el audiolibro. Así que pasé de no saber prácticamente nada sobre la historia a escuchar fragmentos sin parar. Cuando me llegó esta audición, supe que tenía que hacer algo muy divertido porque mi hija se volvería loca de emoción si pensaba que yo iba a vivir en este mundo. Llegué a casa, le dije que había conseguido el papel y sus ojos se iluminaron. Es maravilloso formar parte de algo tan importante para ella”.
  Chris trabajó con Gregor para encontrar una versión del personaje que resultara nueva y original sin perder la esencia de la creación de Blyton. “Quería que el personaje fuera un poco diferente al de las novelas, que aparece como un hombre mayor, gruñón y sentado en una mecedora”, explica Chris. “Le gustó mucho algo que hice en las pruebas, que era una especie de falso gurú místico, así que decidimos seguir por esa línea. Es un hombre que cree que lo sabe todo, pero que en realidad no sabe absolutamente nada”.
  Por su parte, Hiran Abeysekera aportó una profundidad emocional al personaje de Duende Enfadado, cuya furia provoca gran parte del caos cómico que reina en El Árbol Muy Muy Lejano. La elección de Abeysekera fue especialmente inspirada porque el actor es exactamente lo contrario a su personaje. “El Duende Enfadado es uno de esos personajes que gustarán al público”, comenta Gregor. “Creo que todo el mundo va a disfrutar enormemente de su interpretación. Es de Sri Lanka y probablemente la persona menos enfadada del mundo, pero aporta al personaje una energía completamente desquiciada que me fascinaba”.
  Para Abeysekera, el papel ayudó a cerrar un círculo muy especial en su vida. Creció en Sri Lanka hablando cingalés, su lengua materna, y los libros de Enid Blyton desempeñaron un papel fundamental en su aprendizaje del inglés. “Mi madre solía leérmelos y ponía voces diferentes para todos los personajes”, recuerda.
  Para la ira de su personaje, el actor comenta: “Tuve que recurrir a mi pozo infinito de odio, que mantengo oculto de todo el mundo”, bromea. “Todavía intento descubrir por qué se enfada tanto. Quizá antes era un duende feliz y le pasó algo”.
  Mark Heap aportó su característico talento para los personajes excéntricos al papel del estrafalario y fanfarrón hombre de negocios que se oculta en el sótano del País de los Cumpleaños. Conectó de inmediato con el enfoque que Farnaby había dado a la adaptación. “Ha hecho un trabajo magnífico actualizando la historia, pero sin modernizarla en exceso”, explica el actor. “Es divertida y conserva toda esa auténtica esencia de cuento de hadas”.
  Encontrar la voz adecuada para un personaje tan extravagante requirió una preparación poco habitual. “Hace tiempo que no hago teatro en directo, así que prepararme significó averiguar cómo proyectar la voz porque hay muchísimos gritos. Me subía al coche y conducía mientras iba gritando para calentar los músculos. No tengo ni idea de cómo encontré exactamente la voz del personaje, pero el propio nombre ya te da una pista. Creo que, en gran medida, es puro instinto. Encuentras una voz porque simplemente te parece la correcta. No es algo naturalista, es algo mítico.”
  Si los habitantes representan el corazón de la comunidad mágica, los Sabelotodo, interpretados por Sir Michael Palin, Sir Lenny Henry y Sir Simon Russell Beale, aportan solemnidad, humor y un toque de grandeza teatral. Estos tres actores, que son auténticas leyendas por derecho propio, transformaron lo que podría haber sido un breve interludio cómico en una de las secuencias más memorables de la película.
  Para Farnaby, contar con Michael Palin supuso cumplir un deseo de toda la vida. “Es vecino mío y, cada vez que nos vemos, siempre comentábamos que teníamos que encontrar un proyecto para trabajar juntos. Fue fantástico que aceptara el papel”.
  Para los miembros más jóvenes del reparto, trabajar con ellos fue una experiencia emocionante y ligeramente surrealista. Nicola Coughlan tuvo que esforzarse por mantener la compostura al actuar junto a artistas a los que admiraba desde niña. “La secuencia del País de los Sabelotodo fue maravillosa porque soy fan de Monty Python desde que era pequeña, así que poder actuar junto a él fue increíble”.
  La química entre los tres intérpretes surgió de forma inmediata. Cuando llegaron al set apenas necesitaron indicaciones. Simplemente comenzaron a improvisar, alimentándose mutuamente de la energía de sus compañeros de una manera que recordaba a las mejores comedias de reparto.
  “Fue un día divertidísimo de rodaje”, recuerda Perkins. “Llegaron y empezaron a improvisar. Tenía algo muy propio de los Monty Python y había momentos en los que tenías que pellizcarte para creer que actores de semejante calibre estaban dando vida a estos personajes”. Son un alivio cómico brillante, hombres pomposos y convencidos de su propia inteligencia que aseguran saberlo todo, cuando en realidad se limitan a repetir lo que acaban de oír unos segundos antes.
  Michael Palin comprendió enseguida por qué estos personajes resultan tan actuales. “El libro se publicó en 1943, pero son personajes que encajan perfectamente en nuestros tiempos, porque tienen una confianza absoluta en su propia estupidez”. A lo que Simon Russell Beale añade: “Siempre creen que pueden explicártelo todo”.
  Curiosamente, ninguno de los tres actores tenía la misma relación con la novela. Lenny Henry y Simon Russell Beale no la habían leído cuando eran niños, aunque la presencia y el conocimiento cultural de los libros era innegable. “Siempre me decepcionó un poco que ninguno de los niños se pareciera a mí, pero eso no me impidió leerlos”, comenta Henry. “Leí muchos de ellos, aunque nunca El Árbol Muy Muy Lejano”. Russell Beale tampoco estaba especialmente familiarizado, ya que durante su infancia se sintió más atraído por otras historias de la autora. De hecho, se sorprendió mucho con la reacción que recibió cuando les contó a sus amigos que iba a participar en la película. “Todos me decían que era su libro favorito cuando eran pequeños”.
  Palin bromea diciendo que sus dos compañeros eran demasiado jóvenes. “Yo sí leí El Árbol Muy Muy Lejano cuando era niño”, recuerda. “De hecho, incluso tenía un juego de cartas basado en el libro con el que jugaba”.
  Las exigencias técnicas de la secuencia con estos personajes añadieron una nueva dosis de surrealismo al rodaje. Los personajes aparecen como cabezas flotantes con larguísimas barbas entrelazadas, por lo que los actores tuvieron que interpretar sus escenas frente a un fondo azul, cubiertos con amplias telas del mismo color.
  “Es muy extraño participar en algo sin saber exactamente cómo va a verse cuando esté terminado”, explica Michael Palin. “Estamos metidos dentro de una enorme pared de pelo. Sabemos cómo son nuestras cabezas, pero podrían hacer cualquier cosa con nuestros cuerpos y ni siquiera nos enteraríamos”, añade Henry entre risas.
  Para Palin, el atractivo y la magia perdurable de la obra de Enid Blyton reside en su particular capacidad para combinar lo cotidiano con lo extraordinario. “Ella es pura imaginación. Todo comienza con una observación muy precisa de la vida cotidiana, pero luego mezcla esa existencia suburbana y familiar con un mundo mágico que existe más allá. Eso es lo que hace que sus historias funcionen. Nunca sabes lo que vas a encontrar, y cada libro te ofrece algo diferente”.
  Quizá el aspecto más emotivo de la participación de estos tres intérpretes en la película sea lo que representa sobre la evolución de los clásicos y sobre quién tiene la oportunidad de contar esas historias. Para Lenny Henry, formar parte del proyecto tuvo un significado especial. “Es muy bonito formar parte de esto y contribuir a contar la historia, porque está presente en la vida de muchísimos niños. Quieres formar parte de algo así”, afirma. “Y lo digo como alguien que también ha interpretado a un hobbit negro: creo que esa representación es importante”.
  Y Simon Russell Beale añade: “Las grandes historias clásicas son lo suficientemente amplias como para permitir nuevas interpretaciones. No están grabadas en piedra. Respondes a ellas desde tu tiempo y tu realidad, y eso es precisamente lo que hace que sigan funcionando”. Henry también coincide: “Estamos contando esta historia hoy y queremos que se parezca al mundo en el que vivimos hoy”.

DE REGRESO A LA GRANJA...
  Aunque gran parte de la historia transcurre en tierras encantadas y en el propio árbol, necesitaba establecer el mundo rural al que la familia Thompson se ha unido, un lugar que resulta extraño para estos recién llegados de Londres, pero que alberga su propia magia. Dos personajes secundarios sirven de anclaje para esta realidad más terrenal: el granjero, que encarna todo lo desconcertante de la vida en el campo, y la madre de Polly, que representa la ciudad y la atracción de volver a ella.
  Simon Farnaby no quería solo escribir el guion y se reservó un pequeño papel como Brian, el granjero local. Su acento tan marcado y su dialecto indescifrable se convirtieron en un chiste recurrente y la inspiración surgió de una fuente bastante inesperada.
  “En realidad todo el mérito pertenece a Paul King”, comenta Farnaby sobre el director, con quien mantiene una larga relación profesional. “Aunque probablemente no debería decir esto. Solemos hablar de nuestros proyectos y, mientras trabajábamos en Wonka, le pedí que leyera este guion. Me dijo que debería incluir un tipo de persona que ellos jamás hubieran conocido en la ciudad, como por ejemplo un granjero”.
  Fue King quien enseñó a Farnaby un vídeo de uno de los habitantes de la campiña de Oxfordshire que aparece en la serie La granja de Clarkson. Uno de los gags recurrentes de la docuserie es que su acento es tan cerrado que nadie entiende nunca lo que dice. El vídeo despertó inmediatamente la imaginación de Farnaby. “Me pareció muy divertido y creo que ahí mismo se me ocurrió el chiste sobre el wifi”, recuerda el actor entre risas.
  Para Farnaby, tener pequeños papeles en sus proyectos se ha convertido casi en una tradición. Es una manera de formar parte del mundo que ha creado sin tener las exigencias de un papel más importante. “Siempre me gusta hacer un cameo. Nada que pueda ser demasiado pesado”.
  La secuencia gana una capa adicional de calidez y autenticidad cuando presenta a los Thompson a su esposa Bella: el personaje está interpretado por Claire Keelan, su esposa en la vida real. Si el granjero y su juego de palabras representan lo extraña que puede resultar la vida rural, la Abuela de Jennifer Saunders simboliza la voz de la sofisticación urbana y del juicio crítico, la personificación de todo aquello de lo que los Thompson han intentado escapar. Ella está ahí para evaluar su nueva vida y la considera claramente insuficiente.
  Para Claire Foy, trabajar con Saunders supuso cumplir un sueño profesional. “Trabajar con ella era, para mí, un objetivo profesional», afirma Foy. “No sé muy bien qué habré hecho para llegar hasta aquí y tener esta oportunidad, pero así ha ocurrido”, comenta la actriz británica.
  A Andrew Garfield le encantó presenciar el momento de auténtica admiración de Claire Foy cuando Jennifer Saunders apareció en el primer ensayo. “No sabía que Jennifer iba a estar el primer día de ensayos”, recuerda Garfield entre risas. “Se lo dije y se quedó completamente bloqueada, un bloqueo físico. No sabía si sería capaz de hacerlo con ella allí”.
  “La verdad es que me mantuve bastante entera”, confirma Foy. “Lo llevé muy bien. Aunque sí le dije que la quería y la abracé como si nos conociéramos toda la vida”.
  El papel exigía a Saunders interpretar un personaje muy alejado de su calidez y sentido del humor naturales, dando vida a alguien que está fundamentalmente en desacuerdo con la nueva vida y los valores de la familia. “Interpreta a alguien muy desagradable, frío, inhumano y divisivo”, explica Garfield. “No entiende la calidez ni el ambiente acogedor que estamos creando aquí. Pero en la vida real ella es precisamente lo contrario. Es una presencia pura y llena de amor”.
  Saunders también aportó su propia visión sobre por qué la obra de Enid Blyton sigue conectando con el público, especialmente en una época marcada por la sobreprotección y la supervisión constante de los niños. “Sigue siendo tan popular porque escribe desde el punto de vista de los niños”, afirma Saunders. “En las historias originales de El Árbol Muy Muy Lejano no se habla apenas de los adultos. Gira en torno a que los niños creen sus propias aventuras y encuentren sus propias ideas y su propia magia. Eso es aún más relevante hoy en día porque los niños están constantemente vigilados y controlados. Les proporciona una sensación de libertad”.
  La química entre Saunders y Foy fue inmediata, estaba construida sobre el respeto mutuo y un sentido del humor compartido. “Nunca había trabajado con Claire Foy y es una auténtica delicia. Tiene una risa maravillosa. Cuando interpretas a una villana, necesitas tener enfrente a alguien que encuentre todo eso bastante divertido”.
  Uno de los aspectos más destacados de la interpretación de Saunders surgió de forma espontánea durante el rodaje. El personaje se llama Frida, pero lo que comenzó como una ligera elección de acento terminó convirtiéndose en algo mucho más pronunciado. “Ni siquiera decidí que fuera alemana”, explica la actriz. “Se llamaba Frida y pensé que quizá podía ser danesa o algo así. Y, como provocó una risa increíble, acabó evolucionando hasta convertirse en un acento alemán. Tengo una amiga que su madre es austríaca y muchas de las expresiones y giros del lenguaje los he cogido de ella”.

LA OSCURIDAD DESCIENDE... BAJO EL SOL...
  Aunque gran parte de El Árbol Muy Muy Lejano se rodó en distintas localizaciones del Reino Unido y en unos estudios cerca de Reading, la producción rodó una de sus secuencias más importantes en exteriores. La producción se desplazó dos semanas hasta Malta para recrear el dominio de Doña Gritona.
  No era simplemente un cambio de escenario. Suponía un cambio de tono, un alejamiento de la calidez fantástica del árbol y de la acogedora campiña inglesa para adentrarse en algo más oscuro, severo y amenazador. Este descenso a las sombras coincidió con el verano en una isla mediterránea, permitiendo al reparto y al equipo disfrutar de ratos junto a la piscina fuera del rodaje.
  Para Nicolas Perkins, la isla ofrecía el contrapunto visual perfecto a la vegetación del Bosque y al colorido fantástico de las demás tierras mágicas. “Es el mundo de Doña Gritona y de repente te encuentras en un castillo seco y polvoriento. Lo divertido de la película es que cada tierra se ve diferente y supone un reto para la producción, pero también forma parte de la diversión de la película: la enorme variedad que ofrece”.
  Sin embargo, hubo un día de rodaje en Malta que tuvimos muchos desafíos meteorológicos. Y era irónico que una producción que se había trasladado a la isla por el sol que ofrecía, Ben Gregor se encontró enfrentándose a la pesadilla de cualquier cineasta: lluvia en un lugar conocido por no tenerla.
  “Estábamos rodando en una preciosa fortaleza y se suponía que debía hacer calor y un sol radiante”, recuerda Gregor. “Nos habían asegurado que en Malta nunca llueve en agosto, pero ese día llovió. El decorado se lo llevaba el agua y tuvimos que refugiarnos. Cuando por fin salió el sol, solo tuvimos un par de horas para rodar todas nuestras escenas y, además, se estaba celebrando un festival de campanas, así que sonaban por todas partes. Todo parecía imposible, pero fue maravilloso. De hecho, las campanas se pueden escuchar en la película porque me acostumbré a ellos durante el montaje y acabaron gustándome”.
  Así resume toda la aventura de trasladar al equipo a la isla: “Malta fue un lugar increíble para trabajar y vivimos una gran aventura allí”. Para el reparto y el equipo, esta etapa del rodaje terminó convirtiéndose en unos días de vacaciones, pero con trabajo. Tuvieron la oportunidad de llevar a sus familias y vivir una auténtica aventura juntos mientras rodaban.
  Entre risas, Nicola Coughlan comenta: “Aunque para los personajes de la película suponía una experiencia terrible, yo disfruté muchísimo del rodaje en la tierra de Doña Gritona”.
  La experiencia del rodaje de Rebecca Ferguson en El Árbol Muy Muy Lejano transcurrió entre los decorados de Malta. La actriz aportó carisma y una auténtica sensación de amenaza a su personaje. Es la antagonista de la historia: una estricta e implacable directora de escuela que dirige un lugar donde los niños pueden quedar atrapados haciendo lecciones para siempre.
  Para Rebecca Ferguson, la oportunidad reunía todos los ingredientes: profesional, personal y práctica. “Interpretar a una villana en una película siempre es emocionante. No hay muchos papeles para adultos en las películas para niños, así que me hizo mucha ilusión dar vida a Doña Gritona. Siempre es divertido interpretar a un personaje malvado porque te permite explorar las partes más oscuras y traviesas de ti misma”.
  Ferguson abordó con una gran complejidad psicológica, comprendiendo la lógica retorcida del personaje y la forma en que justifica su crueldad. “Mi personaje dirige una escuela para hadas que necesitan un poco de disciplina”, dice entre risas. “No quiero decir que es la villana, pero sí es un gran obstáculo que los niños tienen que superar. En su mente, está ahí para enseñarles, pero cree que, para educar a alguien, primero hay que romperlo”.
  Todo el conjunto, el guion, el reparto, la localización y la posibilidad de participar en una película que su hija pudiera ver, hicieron que la decisión fuera muy fácil. “Lo primero que me hizo sentir esa sensación de mariposas en el estómago fue que todavía no había hecho una película que mi hija pudiera ir a ver. Lo segundo fue lo bien escrito que estaba el guion de Simon. Los personajes, así como el trabajo de construcción de los personajes, tienen un componente atemporal. Y luego me dijeron que el rodaje sería en Malta, con sol, piscina y que podía lleva a mi familia. No me lo pensé más”.
  El rodaje en Malta, con su lluvia incluida, el sol mediterráneo y la interpretación de Rebecca Ferguson en el centro de todo, aportó a El Árbol Mágico Muy Muy Lejano la oscuridad que necesitaba. Fue la sombra que permitió que la luz de la magia del árbol brillara con fuerza.

RECREANDO EL UNIVERSO DE BLYTON...
  Desde el principio, se concibió como una producción analógica en una era cada vez más digital. Mientras que la mayoría de las películas de fantasía contemporáneas dependen en gran medida de las pantallas azules y de los efectos de posproducción, el equipo creativo detrás de esta película tomó una decisión: construirlo todo de verdad. Querían hacerlo tangible, permitir que los actores habitaran espacios reales llenos de objetos reales y, a partir de ahí, dejar que el trabajo de efectos visuales se inspirara en esa realidad.
  No se trataba solo de nostalgia, sino de la convicción de que los mundos creados de forma artesanal resultarían más mágicos, más vivos y fieles al espíritu de la autora. La ambición era enorme. Nicolas Perkins comprendió desde el principio que estaban intentando algo audaz para una producción independiente. Había sido responsable del estreno en Reino Unido de El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro, quien le transmitió una filosofía que siempre le había acompañado: había intentado rodar una película de 100 millones de dólares con un presupuesto de 35 millones. “Nuestro presupuesto es algo mayor que ese, pero creo que la ambición del equipo hace que parezca el doble de lo que realmente teníamos”, afirma Perkins.
  Para Harris, la decisión de priorizar los efectos prácticos y la artesanía tradicional no respondía únicamente a una cuestión estética. Era una manera de ofrecer a los jefes de departamento la oportunidad de poner en práctica habilidades que se han vuelto cada vez más raras en el cine contemporáneo.
  “El 90 % de las grandes producciones y franquicias se graban delante de pantallas azules, pero aquí nuestros responsables de departamento estaban fabricando estos mundos mágicos o confeccionando vestuarios fantásticos”, explica. “Pudieron crear estos extraordinarios elementos y objetos, algo que hoy en día no tienen muchas ocasiones de hacer. En cierto modo resulta bastante especial, porque parte de esa artesanía tiene un aire tradicional, pero cuando piensas en grandes películas infantiles como Chitty Chitty Bang Bang o Mary Poppins, esa artesanía forma parte de su encanto”.
  La diseñadora de producción Alexandra Walker se enfrentó al reto único de crear una coherencia visual en una película que viaja desde el Londres contemporáneo hasta la Inglaterra rural y, además, a múltiples mundos fantásticos, cada uno con una personalidad propia. La solución pasaba por establecer unas reglas lo suficientemente flexibles como para permitir la variedad, pero manteniendo una estética unificada.
  “Era fundamental pensar de una forma muy amplia, sabiendo que íbamos a visitar distintos mundos, porque, si no tenías cuidado, podías acabar con estilos visuales excesivamente diferentes que alejaran al espectador de la historia”, explica Walker.
  La clave llegó con una palabra acuñada por Ben Gregor: Blytopia. “Se convirtió en una manera de captar cómo la gente visualiza la nostalgia”, señala Walker. “Nos marcamos algunas reglas. Aunque la película estuviera ambientada en la actualidad, queríamos que todo pareciera de cualquier momento entre los años veinte y los años setenta. Nos daba mucho margen porque transmitía una sensación nostálgica sin quedar anclada a una década concreta”.
  Añade el productor Nicolas Brown: “Este término inventado se convirtió en nuestro punto de referencia para conservar la sensación de que el mundo que estábamos creando en pantalla es, al igual que nuestra experiencia del mundo actual, un acto de imaginación, una forma de ver y sentir que hace que todo resulte un poco más vívido y vibrante. Una vez que teníamos eso, la época en la que se ambientaba dejaba de ser una limitación para nuestra imaginación”.
  Este enfoque atemporal resultaba a la vez familiar y fantástico. Se convirtió en el principio rector de todas las decisiones de diseño. Rebecca Ferguson comprendió de inmediato cómo esta estética reforzaba los temas de la película.
  “La nostalgia se transmite de las generaciones mayores a los niños. Es una obra atemporal. Espero que las familias vayan a verla y experimenten una especie de descarga que reactive su imaginación. Estamos perdiendo la curiosidad y la imaginación, y creo que esta película puede volver a despertarlas y ponerlas en marcha”.
  En el centro físico y emocional de la película se encuentra el propio árbol: antiguo, gigantesco y rebosante de magia. Ben Gregor insistió en que se sintiera arraigado al mundo natural y no como una fantasía artificial.
  “Hay auténticas dedaleras creciendo del árbol”, explica. “Todas las plantas y aves que aparecen son especies autóctonas del Reino Unido. El árbol es un roble, viejo y retorcido, pero no es un árbol fantástico inventado. Quería que la paleta de la naturaleza real estuviera presente en toda la película”.
  Para Alexandra Walker, que había leído los libros cuando era pequeña, diseñar el árbol significaba respetar la magia de la historia con esa constante sensación de descubrimiento en cada nivel.
  “Imaginar cómo sería llegar al árbol fue algo que me marcó. Quería asegurarme de que reflejara ese viaje de subida a través de todos los elementos que los niños adoran de los libros. Llegar a cada nivel y entrar en los hogares de estos personajes es algo verdaderamente mágico. Cuando eres niño, eres muy consciente de que la Doña Lavamucho vive en la parte más alta del árbol, así que tomamos esa idea esencial que Enid Blyton creó y la desarrollamos aún más”.
  El departamento de vegetación, dirigido por Jack Hollins, se enfrentó a la monumental tarea de dar vida al árbol, literalmente. El nivel de detalle botánico y de construcción práctica requerido era diferente a todo lo que había hecho hasta entonces.
  “Era un reto que quería aceptar”, explica Hollins. “Como departamento, nos dio la oportunidad de demostrar todo lo que somos capaces de hacer. Empezamos hablando con Alex y explicándole, paso a paso, cómo se construye un árbol, con qué materiales lo haríamos, de dónde obtendríamos el follaje y cuánto necesitaríamos. Nunca había tenido que profundizar tanto ni describir el proceso con tanto detalle”.
  Cada uno de los mundos necesitaba una personalidad propia y diferenciada, pero al mismo tiempo tenía que formar parte del mismo universo mágico. Para ello, Ben Gregor estableció una serie de principios innegociables.
  “Había ciertas cosas que todos los mundos debían tener en común”, explica. “Tenía que existir un peligro real, algo que en los libros se presenta de forma bastante desenfadada. Queríamos que fuera algo serio, esta idea de que realmente podrías quedarte atrapado en esos mundos. También quería mostrar cómo funcionaban y cómo se desplazaban por el espacio. Mi punto de partida era siempre el mundo natural y mi principio básico era que nada es tan hermoso como la propia naturaleza”.
  Para Simon Farnaby, imaginar estos mundos resultó más sencillo. “Había algunos mundos con ideas tan disparatadas que resultaba difícil encontrar una estética definida”. Sin embargo, hubo una idea especialmente tentadora que tuvo que descartarse porque amenazaba con diluir la identidad propia de la película. “Hubo un momento que habíamos incluido a Papá Noel en la historia”, recuerda Farnaby. “Pero era extraño porque parecía que, de repente, hubieras entrado en una película completamente diferente. Era importante que mantuviera su propia personalidad y no desviarse hacia algo como Toy Story u otro universo que el público ya hubiera visto antes”.
  El País de las Golosinas se convirtió en una prueba perfecta de esa filosofía de arraigar la fantasía en la naturaleza.
“Quería que las golosinas crecieran en los árboles, no que fueran simplemente algo que recogieras del suelo”, explica. “Quería que todo estuviera relacionado con la vida, los árboles y la naturaleza. No hay nada más asombroso ni emocionante que la propia naturaleza, así que quería que estuviera presente en todos los mundos. Ya fuera en la estética pastel inspirada en el K-pop o en la enorme tarta de cumpleaños cubierta de nieve, siempre hay árboles. Los árboles y la vegetación desempeñan un papel en todos los mundos, conectándolos con El Árbol Muy Muy Lejano y, por tanto, también con la familia”.
  “El País de las Golosinas es uno de los lugares que más recuerdo, porque todos esos caramelos colgando de los árboles eran reales”, comenta Nicola Coughlan. “Al final terminamos comportándonos como niños. Nonso Anozie, Dustin Demri-Burns y yo nos pasábamos el día comiendo golosinas. Te dejas llevar completamente y, de verdad, sientes que estás en un lugar mágico».
  Coughlan asegura que cada día de rodaje se maravillaba ante el trabajo realizado por los artesanos de la película. “El diseño de producción aquí es insuperable. Es precioso y transmite una sensación muy artesanal. En un mundo de inteligencia artificial donde todo se genera al instante, esto se sentía tangible y auténtico. El espíritu de Enid Blyton estaba muy presente. Eso se percibe en pantalla porque se nota el cuidado y el cariño que se han puesto en cada detalle”.
  La diseñadora de vestuario Ann Maskrey llevaba años desarrollando ideas para esta película antes de que comenzara el rodaje, trabajando estrechamente con Ben Gregor para encontrar el enfoque adecuado para cada personaje. Tomó una decisión consciente: no sentirse demasiado limitada por las descripciones de Enid Blyton, o incluso por la ausencia de ellas.
  “Realmente no me inspiré demasiado en los libros, más allá de una idea general de quiénes eran los personajes”, explica Maskrey. “La familia apenas está descrita en detalle y, en cuanto a los personajes de El Árbol Muy Muy Lejano, ocurre algo parecido. Por ejemplo, el Señor Cazuelas: el propio nombre ya lo dice, es un personaje cubierto de cazos. Es una declaración sobre quién es, más que una simple descripción”.
  El trabajo tan minucioso de los pequeños detalles se convirtió en una fuente constante de creatividad. Maskrey incorporó infinidad de elementos narrativos en sus diseños, como los botones de resina que llevaban algunos figurantes del País de las Golosinas, creados para dar la impresión de que sus prendas estaban sujetas con caramelos duros.
  Para los actores, el vestuario también fue una herramienta fundamental para descubrir a sus personajes. Nonso Anozie sintió que cada detalle del traje de Cara de Luna le revelaba algo sobre quién era realmente.
  “Como actor, eso es un regalo. Llegar a una producción en la que se ha trabajado con tanto detalle incluso antes de que te pongas en la piel del personaje te proporciona toda la información que necesitas sin esfuerzo”.
  Rebecca Ferguson vivió una transformación similar cuando se puso por primera vez el elaborado vestuario de Doña Gritona, especialmente gracias a su ingenioso cinturón hecho con lápices.
  “Una de las cosas más especiales para mí es poder ponerme la ropa de mi personaje. Ver el trabajo de nuestra diseñadora de vestuario, poder entrar en su taller con ella y ver sus ilustraciones dibujadas a mano. Es increíble ver cada uno de los detalles que ha creado”.
  La colaboración entre Maskrey y la diseñadora de peluquería y maquillaje Karen Hartley-Thomas dio lugar a una visión creativa perfectamente integrada. “Su colaboración es extraordinaria”, afirma Rebecca Ferguson. “Es como una danza, la manera en que trabajan juntas. Es algo increíble”.
  Al final, la cualidad tangible y artesanal de la película no tenía únicamente una finalidad estética. Se trataba de crear un mundo que pareciera verdaderamente mágico precisamente porque era real, un lugar donde la imaginación pudiera tocarse, sentirse y creerse.
  Por supuesto, Ben Gregor también era consciente de que unir todas esas creaciones requeriría un trabajo de efectos visuales extremadamente preciso. Siempre que tenía sentido hacerlo, el departamento de efectos visuales, dirigido por el supervisor Ruslan Borysov, complementó el trabajo de los artesanos de la película con una visión coherente de los efectos generados por ordenador que completarían la transformación mágica de la historia.
  “Creamos nuestro propio estudio de efectos visuales para la película”, señala Gregor. “Hablábamos siempre sobre cómo integrar los elementos reales con los efectos visuales. Quería que los niños pudieran experimentar esa sensación de realidad. Se nota cuando los niños están mirando algo que no es real; su mirada se vuelve distante y, además, es más aburrido para ellos. Queríamos tomar decisiones inteligentes sobre dónde estaban los límites entre lo que sería efectos digitales y lo que sería real”.
  Resume Borysov: “El principal desafío fue la enorme escala del mundo que estábamos creando. Estábamos construyendo un universo entero, lleno de personajes mágicos, entornos inmensos y efectos. Se debía diseñarse con un estilo único que se integrara perfectamente con las imágenes de acción real. Fue increíblemente emocionante ver cómo, con el tiempo, esos mundos se diseñaban y cobraban vida. Como la mayoría de los efectos se realizaron internamente, fue realmente una auténtica labor de colaboración”.
  Para el productor Nicolas Brown, contemplar cómo los distintos departamentos se unían para hacer realidad esta visión, convirtió el rodaje en una experiencia repleta de sorpresas.
  “Los diseñadores de la película, desde los decorados, vestuario, peluquería y maquillaje hasta los efectos visuales, fueron extraordinarios”, afirma. “Los libros ofrecen muy pocas referencias visuales, de modo que casi todo tuvo que ser concebido y creado desde cero: los mundos, los personajes e incluso el propio árbol. Conseguir todo eso en un período corto de tiempo y hacer que además pareciera formar parte de un único universo coherente es algo realmente increíble”.

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