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SINOPSIS
Después de que su jefe, un industrial multimillonario, sea asesinado delante de él, Cole Reed se ve obligado a cargar con la culpa del crimen, lo que le obliga a huir mientras trabaja para descubrir una conspiración internacional...
INTÉRPRETES
JASON STATHAM, ANNABELLE WALLIS, ADRIAN LESTER, RAMON TIKARAM, ARNAS FEDARAVICIUS, LEE CHARLES, ROLAND MOLLER, JASON WONG, CHANEIL KULAR, RUMI SUTTON, BEN CARTWRIGHT, TOM CHRISTIAN, STEVEN BLADES, SIMON KLUTH, CAROLINE GLASS
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HORA DE EMBARCAR...
Una mirada transmite más que mil palabras y EL MOTÍN arranca con los ojos de Cole Reed haciendo un barrido en busca de posibles amenazas. Reed es un guardaespaldas disciplinado y leal, que no se achanta ante una pelea. Todo lo contrario, de hecho. Le planta cara al peligro, sobre todo si la vida de personas inocentes está en juego. Siempre va dos pasos por delante porque le gusta tenerlo todo bajo control y poder mover ficha en caso de que algún inconsciente se atreva a interponerse en su camino. Cuando conocemos a Reed, está en la fiesta de jubilación de Tibu Campallo (Ramon Tikaram, Kaos, This Life). Por su relación, percibimos que tienen mucha confianza, más que compañeros de trabajo o jefe y empleado, son grandes amigos.
No obstante, la celebración se torna en tragedia cuando sufren una emboscada y Tibu es asesinado a sangre fría. Reed se embarca en una misión de venganza para honrar la muerte de su amigo. Una misión que le lleva a adentrarse en hostiles aguas internacionales.
Esta historia, que toca temas como la justicia, la venganza, la lealtad y la importancia de proteger a los inocentes, surge de la mente del productor Marc Butan (El piloto, Ad Astra). «Se me ocurrió la idea después de rodar El piloto con el director Jean-François Richet. Nos pusimos a pensar en situaciones que enfrentaran al protagonista a obstáculos infranqueables. Nos gustó la idea de ambientar la acción en un entorno cerrado, así que empezamos a darle vueltas a diferentes planteamientos y lugares donde podría estar atrapado un protagonista que no fueran demasiado típicos. De ahí pasamos a hablar de los barcos de mercancías y lo vimos claro. Después pensamos en las circunstancias que lo hubieran llevado hasta allí. ¿Qué le hubiera hecho subirse a ese barco? ¿Cómo acaba ahí?».
Al visualizar la acción, el director Jean-François Richet (El piloto, Mesrine) pensaba en un único protagonista capaz de meterse en la piel de un héroe de este calibre: el mítico Jason Statham (cuyas películas han recaudado más de dos mil millones de dólares en taquilla). «Jason me vino a la cabeza de inmediato. Una cosa es tener el guion, pero el filme cobra vida en el momento en que le pones cara a los personajes. Cuando Jason aceptó el papel, empecé a hacerme ilusiones porque sentí que empezaba a materializarse EL MOTÍN. En realidad el proceso fue rapidísimo: le mandamos el guion el viernes, se lo leyó durante el fin de semana y el lunes ya estábamos haciendo planes. Rodar una película se puede hacer muy cuesta arriba según las circunstancias, pero con Jason todo fue como la seda. EL MOTÍN es Jason Statham. Él es sinónimo del filme».
Statham (saga Fast & Furious, Megalodón) comenta que le atraía la idea de trabajar con Richet. De hecho, no hubiera confiado en ningún otro realizador para llevar una historia como esta a la gran pantalla. «Jean-François es un director increíble. Tiene un estilo muy personal que me encanta y me han impresionado mucho sus películas anteriores. Trabajar con él ha sido una experiencia muy positiva. Apuesta por rodar las escenas con actores, trabajando con la cámara para captar la realidad, en lugar de tirar de los efectos por CGI. Me quito el sombrero por ese planteamiento».
Statham añade, «Hay muchos directores que van trabajando un poco sobre la marcha, pero él parte de una idea ya formada, por lo que todo va sobre ruedas. En una o dos tomas, lo clava. Trabaja con un equipo de primera y ha sido una experiencia fantástica».
Butan comparte su opinión. «Esta es la segunda película en la que trabajo con Jean-François como director. Es muy dinámico en el rodaje. Tiene un don innato para visualizar las secuencias de acción. Sabe cómo quiere que quede el montaje, escena por escena. Cuando has rodado con alguien, ya conoces sus ritmos y cómo darle lo que necesita».
Statham no solo participa como protagonista, sino que compagina también la función de productor de EL MOTÍN a través de su empresa Punch Palace. «Me encanta enterarme de todas las complejidades que surgen a la hora de llevar una película a la gran pantalla. Tengo claro el tipo de producciones en las que quiero trabajar y la gente con la que quiero colaborar, y participar como productor me permite ser muy selectivo en ese sentido. Trabajar en el lado de la producción también te hace ser mucho más consciente del gran esfuerzo que esto conlleva, porque eres partícipe de todas las dificultades y los escollos que van surgiendo por el camino».
La directora de casting se decantó por Ramon Tikaram para el papel de Tibu, quien le daría la réplica al Cole de Statham. «Tibu Campallo es un magnate naviero que lleva años construyendo su imperio, y cuando le conocemos está a punto de jubilarse», comenta Tikaram. «Recuerdo que en Tailandia visité un sitio que se llama Ao Nang, donde había un montón de barcos para turistas que estaban captando clientes. Me imaginé que Tibu habría empezado llevando a turistas de una isla a otra. De ahí, pensé que se habría pasado a las mercancías y luego ya se montó un imperio. La clave más importante para entender a Tibu es que, para él, los valores morales son más importantes que los beneficios. No quiere hacer nada que pueda dañar al medioambiente ni a los seres humanos. Es un hombre bueno, y esa característica me atrajo mucho a la hora de trabajar el personaje».
Tikaram confiesa que también le atrajo la oportunidad de trabajar con Jason Statham. «Obviamente me ilusionaba la idea de ver en acción a una superestrella de su calibre. Jason es un hombre sereno pero firme y, al igual que su personaje, no muestra los sentimientos. No obstante, en mi primer día en el set, vino a buscarme y me dijo que le había encantado mi prueba de casting. Que el protagonista y productor te diga algo así, te tranquiliza. Así ya empiezas con buen pie. Hemos compartido algunas escenas muy emotivas porque nuestros personajes son muy amigos, pero también nos lo hemos pasado bien fuera del rodaje. Me llevo el recuerdo de nuestras partidas de ajedrez. Eran momentos de asueto, en los que estábamos los dos relajados, pasándolo bien. He decir que me metía unas palizas tremendas, ¡el ajedrez se le da mucho mejor que a mí!».
Todo thriller que se precie necesita un malo a la altura de la historia y Roland Møller lo borda. Interpreta al capitán Marko Madsen, un hombre con una presencia imponente que se maneja de maravilla en el campo de batalla y en mar abierto. Transmite una autoridad inquietante y amenazadora y sabe manipular a su antojo, mostrándose a veces encantador, otras despiadado. Cual depredador, mide a las personas que tiene alrededor para identificar sus debilidades antes de lanzar su ataque. Es un gran capitán que inspira lealtad en su tripulación y casi podría decirse que es el opuesto al personaje de Statham, aunque, mientras que Cole Reed se guía por la moral, Marko tiene intereses mucho más oscuros. Møller se trabajó mucho conseguir el papel.
«Me reuní con mis agentes y les dije que quería hacer más personajes de acción. Uno de ellos me comentó que Jason tenía una película nueva entre manos, así que me puse en contacto con Jean-François, pero antes de que se reuniera conmigo me pidió que le mandara algunos ejemplos de mi trabajo. ¡Le pedí al doble de The Rock que me recomendara! En las películas de acción todo tiene que ir muy bien atado porque se pueden torcer muchas cosas. Por eso es tan importante contar con gente que sabe lo que hace. Cuando conocí finalmente a Jean-François nos llevamos de fábula».
Richet añade, «Møller aporta una energía increíble; parece un animal salvaje, como un león o un lobo. Es muy visceral. El público no suele ponerse del lado del malo, pero ha conseguido hacer que este personaje resulte divertido y los espectadores lo gozan con él».
Møller estaba tan contento de haber logrado el papel que no pudo contenerse al conocer al protagonista. «El día que llegué al set y vi por primera vez a Jason, me emocioné tanto que cuando vino a saludarme, le di un abrazo. Fue un poco raro por mi parte, pero es un tipo muy majo. Creo que mi personaje y el suyo se parecen. Tienen un pasado similar y por eso se respetan».
Aunque Reed bien podría valerse solo ante la tripulación entera de Marko, nunca está de más contar con ayuda externa. En EL MOTÍN esa colaboración le viene de la mano de Annabelle Wallis en el papel de Angie Ellis, una mujer de carácter indomable, dura como el acero. Esta luchadora nata se maneja de maravilla en los barcos, es una buena líder y, además, es una madre entregada y cariñosa. Angie es muy consciente del conflicto que supone haberse embarcado en esta aventura con Reed, ya que, por un lado, necesita sacar adelante a su familia pero por otro, se siente culpable por dejar atrás a su hija. Más adelante, cuando acaba envuelta en un mortífero juego del gato y el ratón, aflora su verdadero instinto de supervivencia y lucha por proteger a los que no tienen la capacidad de defenderse por sí solos.
«Llevaba tiempo queriendo hacer una película de acción», comenta Wallis. «Angie me recuerda al personaje de Sandra Bullock en Speed. Se ve envuelta en una situación caótica pero no pierde su lado encantador y femenino por mostrarse firme y dinámica. No le hace falta ponerse masculina para transmitir que es un personaje fuerte. Participar en esta película ha sido una oportunidad única y me ha encantado trabajar con una de las estrellas de acción más populares del planeta. Con Jason Statham de protagonista sabía que apostaba sobre seguro».
PRIMERA ESCALA, PINEWOOD...
El rodaje empezó en Londres, cuando el reparto y el equipo técnico se trasladaron a los reconocidos estudios Pinewood para filmar varias escenas nocturnas, entre ellas la secuencia de la fiesta de jubilación de Tibu y la terrible emboscada en la que es asesinado.
«Esas escenas fueron increíbles», comenta Statham. «Russell [De Rozario] y el equipo de arte crearon unos sets impresionantes. En realidad, el diseño de producción en general es excepcional».
Wallis añade, «Los primeros días rodamos en los míticos estudios Pinewood. El equipo de arte diseñó unos decorados espectaculares que te metían de lleno en el mundo de los personajes. Se lo curraron muchísimo y se nota en el resultado, que es excepcional. Recuerdo que estaba muy emocionada y me sentía muy afortunada por estar allí».
Los impresionantes decorados que se construyeron en Pinewood, incluida una calle tailandesa llena de tiendas, puestos tradicionales y bares, así como el interior del buque de carga y los contenedores, son obra del diseñador de producción Russel De Rozario (Kick-Ass: Listo para machacar, Argylle) y su equipo. De Rozario y Statham habían trabajado antes en varias ocasiones (Statham suele contar siempre con el mismo equipo) y fue esa relación anterior la que hizo que se sumara al proyecto. «Conozco a Jason desde hace mucho y siempre nos hemos llevado de fábula. Cuando me llamó para hablarme de EL MOTÍN enseguida me picó la curiosidad».
A De Rozario también le pareció interesante colaborar con el director. «Me gusta mucho el trabajo de Jean-François. Me encantaron sus versiones de Asalto al distrito 13 y El emperador de París, que tienen una estética muy impactante. Ha sido un placer trabajar con él porque es muy cercano y me ha ayudado mucho. Dicho lo cual, como es buen director, también me dio libertad para ir a mi aire».
Fue precisamente este enfoque colaborativo el que dio lugar a los decorados y diseño de producción que tanto entusiasmaron a Statham y Wallis. «Optamos por pensar a lo grande para atraer al público. Puede que las calles tailandesas que construimos no fueran del todo realistas, pero, y aún a riesgo de sonar pretenciosos, te transmiten la sensación de estar ahí, como cuando lees una buena poesía. Empiezo por lo que me pide Jean-François y luego voy un poquito más allá, sin perder nunca de vista que se trata de una película de acción, así que los decorados no pueden acaparar el protagonismo. Al utilizar un enfoque realista conseguimos que el público se concentre en lo que está pasando en la pantalla. Para mí es como trabajar en una escultura gigante».
Por supuesto, las «esculturas» de De Rozario tuvieron una buenísima acogida entre el reparto y el equipo. «Llegar al plató y ver a todo el mundo contento, me dio muy buen rollo. Construimos el interior del barco aquí en los estudios Pinewood y me encantó ver cómo se ponían manos a la obra y conseguían sentir que estaban en alta mar a pesar de estar en una nave industrial en un plató gigante».
La secuencia más importante del primer acto también se rodó en Pinewood. La emboscada y el asesinato de Tibu que no solo da lugar a una conmovedora y dolorosa despedida entre dos amigos, sino que además obliga a Reed a huir para descubrir la verdad.
«A lo largo de mi carrera he tenido que morir de todo tipo de formas», bromea Tikaram sobre la escena en la que es tiroteado por la policía corrupta tailandesa. «Soy muy consciente de toda la planificación y el cálculo milimétrico que conllevan estas escenas, por no hablar del maquillaje y las prótesis. Lo considero un verdadero arte. Tengo muchísimo respeto por todas las cualidades y habilidades que se necesitan para hacer este trabajo».
Mientras busca pistas en los cuerpos de quienes han intentado asesinarlo, Reed encuentra unos pases de tripulación del buque de carga Artemis, perteneciente a su difunto amigo. Reed se dirige al puerto, convencido de que en el barco encontrará respuestas sobre quiénes mataron a Tibu, además de ofrecerle una vía de escape del cerco que empieza a estrecharse a su alrededor. A bordo destapará un impactante y oscuro secreto.
A TODA MÁQUINA...
Si bien algunos de los interiores del barco se rodaron en Pinewood, el director sabía que para darle realismo a la película, sería fundamental captar toda esa locura marítima en un escenario real. Aquí es donde entra en escena el Skylight, un enorme buque atracado en Malta de 150 metros de eslora con capacidad para 10,000 toneladas de carga.
«Desde el principio Richet insistió en que rodáramos en un buque de carga real para añadir más autenticidad», recuerda Butan. «A todos nos parecía que era una idea estupenda. Queríamos rodar todo lo que fuera posible en el océano en lugar de en un plató sobre un fondo azul, porque queríamos que resultara más real, auténtico y peligroso. Es muy emocionante trabajar así y las condiciones han sido espectaculares».
Sin embargo, dar con una localización flotante en la que rodar toda esa acción trepidante fue más complicado de lo que el equipo pensaba. «Lo más difícil fue dar con el propio barco», comenta Richet. «Nos llevó meses. Visitamos numerosos buques por todo el mundo pero no conseguíamos cuadrar calendarios. En cuanto vi el Skylight supe era exactamente lo que quería. Fue una suerte encontrarlo».
Butan añade, «Fue un todo un desafío encontrar el carguero. Casi diría que ha sido lo más difícil de toda la película. Llegamos a acuerdos con tres o cuatro buques, pero luego surgieron complicaciones y nos quedamos sin ellos por diferentes motivos. ¡De hecho empezamos la película sin tener un barco real donde rodar! Cuando por fin encontramos el Skylight, nos pusimos todos muy contentos».
Statham quedó realmente impresionado cuando conoció a su imponente coprotagonista. «Los buques de carga son mucho más grandes de lo que uno se imagina, porque normalmente los ves a lo lejos, sobre el horizonte. Cuando te acercas, ves que son enormes. Te vuela la cabeza porque son como islas flotantes. Da mucha impresión verlos en persona».
Pero los desafíos no terminaron ahí. Ahora que ya tenían el barco, el equipo técnico tuvo que ingeniárselas para rodar las escenas correspondientes en una embarcación gigantesca. «Estuvimos rodando durante cuatro o cinco semanas en el carguero, ya que la mayoría de la acción principal se desarrolla ahí», recuerda Richet. «Había muchísimas zonas y sectores (la cubierta es completamente diferente de los camarotes), así que eso me dio la oportunidad de explorar varias localizaciones. No obstante, el rodaje fue muy complicado porque hacía muchísimo calor en el interior, la sala de máquinas era muy ruidosa, las escaleras muy precarias. Vaya, ¡un entorno único!».
A pesar de todas estas vicisitudes, a sus protagonistas les encantó trabajar allí. «Rodar en un buque real no es nada práctico», admite Statham, «pero lo hace más interesante, ya que tienes la oportunidad de ver cómo es la maquinaria real con la que estás trabajando. Es infinitamente mejor que rodar en un plató porque estás en el mar, hueles los humos, el acero oxidado… y todo ello le aporta matices que puedes aprovechar en tu interpretación. No se trata tanto de actuar sino de reaccionar ante un entorno que te envuelve. Ha supuesto una gran ventaja añadida al rodaje».
Wallis coincide. «Ha sido muy especial rodar en una localización real. Era como trabajar a la antigua usanza porque sentías la suciedad y la roña. Ese barco tenía una historia, un pasado, unas sensaciones que son imposibles de recrear en un plató. Por otro lado, la meteorología y las fuerzas de la naturaleza también fueron otro factor a tener en cuenta. Un día el mar está tranquilo y puedes mantenerte en pie mientras dices tus frases, pero al día siguiente hay viento y sientes como si fueras a echar a volar, así que tienes que adaptarte a las condiciones. ¡Estoy segura de que parece que la mitad del elenco vamos dando tumbos en la pantalla!».
El intérprete del viejo lobo de mar y capitán del barco quedó igualmente encantado con el emplazamiento tan particular. «Estar en un barco de verdad en mitad del océano aporta una dimensión adicional a la interpretación», afirma Møller. «Me permitió meterme aún más en el papel del capitán. Incluso recibí un curso intensivo sobre cómo navegar en barco. Me hice muy amigo del capitán de verdad y, antes de empezar a rodar, salí al mar un par de veces con él. Una día estábamos en el puerto, salía el sol y disfrutábamos de un precioso amanecer cuando de repente sonó una sirena muy fuerte y pensé “¿Quién es el idiota que está tocando la bocina y despertando a toda la tripulación? ¡Me di cuenta de que era yo! La sirena estaba justo a la altura de mi muslo y sin querer me había apoyado en ella, ¡ese día saqué a todo el mundo de la cama!».
Las sirenas ocultas no fueron las únicas particularidades de trasladar al equipo a un buque de carga auténtico. Las medidas de seguridad eran, como es lógico, primordiales para rodar en un plató flotante. «La seguridad era importantísima durante el rodaje en el barco», confirma Richet. «No podías ir por donde te diera la gana y tenías que pensar bien cada escena porque podía ser peligroso. Dentro del barco hay muchísimo ruido y la luz cambia rápidamente. Había mucha presión en este sentido».
«No es un plató, es un barco que se mueve, está vivo», recuerda Møller. «Había que pisar con cuidado. En los primeros días se me ocurrió hacer pequeños entrenamientos y ejercicios como subir y bajar las escaleras o abrir las puertas, así no parecería un novato cuando empezáramos a rodar. Diría que el propio barco nos ayudó también a compenetrarnos. En un estudio cuando se escucha “¡Corten!”, la gente desaparece y se retira a su camerino, pero aquí no tenías dónde ir. Eso hizo que pasáramos más tiempo juntos y acabáramos formando una pequeña familia».
Para Wallis, rodar la escena clave cuando Angie se topa por primera vez con Cole en la sala de máquinas fue especial por varios motivos. «Nunca había estado en un entorno como ese. Es un barco que llevaba funcionando más de 10 años y hay muchas historias acumuladas ahí. Además, el ruido, la mugre, el rugido del motor, todo ello ayuda a darle forma a tu trabajo. Por otra parte, hace muchísimo calor ahí abajo, acabas sudando y tienes que mantener la cabeza fresca para dar una buena interpretación».
La otra razón por la que la escena en la sala de máquinas causa impresión tanto para el reparto como para el público es porque Reed y Ellis destapan el oscuro y turbio secreto que esconde el Artemis: la trata de seres humanos.
«Mientras investigábamos sobre los buques de carga descubrimos que la trata de seres humanos es un problema real que existe en el sudeste asiático, así que pensamos, “¿Y si el protagonista se topa con estas personas?”», explica Butan.
Después de colarse a bordo usando la documentación de uno de los asesinos muertos, Reed (Statham) está registrando el barco en busca de pistas sobre la muerte de Tibu cuando de repente oye unos golpes secos que provienen de uno de los contenedores. Al inspeccionarlo más de cerca, localiza el origen del sonido y, tras forzar una puerta cerrada con llave, descubre a una veintena de refugiados aterrorizados y desnutridos. Los ocupantes están aterrorizados y se abalanzan sobre Reed, quien intenta tranquilizarlos como puede. Lo que comenzó como una traición personal se ha convertido ahora en algo mucho más grande: una conspiración internacional con consecuencias en el mundo real.
En medio de todo ese tumulto, Ellis, que está haciendo guardia cerca, oye el alboroto. «Mi personaje escucha un ruido extraño y baja a investigar», continúa Wallis. «Y entonces se encuentra con aquellos migrantes que están siendo objeto de tráfico en una operación de trata de personas. Cuando voy a avisar a los demás, Cole me empuja hacia atrás y me apunta con una pistola para que me calle porque el peligro nos acecha. Angie es una tipa dura, pero ve algo en él que le hace pensar que es de fiar. Cuando dice que les va a ayudar, le cree. Me preocupaba esa escena porque no tenía del todo claro que una mujer como ella fuera a confiar en ese hombre de primeras. Pero al trabajar con Jason lo entiendes y, de hecho, confías».
Para Richet, el encuentro entre estos dos personajes es lo que hace que EL MOTÍN funcione. «Mi propósito siempre es que el público entienda qué mueve a los personajes», explica Richet. «Angie (Wallis) tiene una hija, como yo, y ambos tenemos claro que haríamos lo que fuera por ella. Cole (Statham) es un hombre bueno y justo. Son estos personajes los que sostienen la película».
Y con este giro de guion, Reed y Ellis tienen un nuevo objetivo: proteger a los indefensos y sacar del barco a ese grupo de migrantes para ponerlos a salvo, además de cumplir con sus respectivas misiones originales. Para Cole, el objetivo es descubrir al asesino de Tibu y desarticular la red criminal internacional desde dentro. Para Angie, es volver a casa sana y salva para reencontrarse con su hija. Hay muchísimo en juego y, por tanto, las cosas van a ponerse aún más serias.
ACCIÓN A RAUDALES...
Cuando arranca el tercer acto del filme, la acción alcanza cotas máximas a bordo del Artemis y ahí es donde entra en juego contar con un director que se mueve como pez en el agua entre puñetazos y balas. «Tengo muy buenos recuerdos de las escenas de acción de EL MOTÍN», comenta Richet. «Lo teníamos todo estudiadísimo. Las secuencias tenían su complicación, pero me lo pasé en grande rodándolas y estoy muy contento con el resultado».
Richet no hubiera conseguido plasmar su versión sin el director de la segunda unidad, Steve Griffin (Mad Max: Furia en la carretera y Fast & Furious 9). «Todo el mundo sabe que Steve es un crack y ha sido una gozada colaborar con él en esta producción», comenta Richet.
Statham, que se ha convertido en uno de los mayores referentes de la acción en el cine contemporáneo, se ha ganado a pulso su reputación por la precisión y autenticidad que transmite en sus actuaciones. El intérprete también se deshace en halagos hacia los técnicos. «Steve Griffin y su equipo tienen muchísimo talento. Podría parecer que en el género de la acción está todo hecho, que las mismas coreografías se han visto de mil maneras distintas, pero ellos han conseguido innovar. Han hecho un trabajo excepcional. Creo que los especialistas no están nada reconocidos y su labor es esencial para que una película resulte creíble. Sin ellos, lo que vemos en pantalla no llegaría igual al público. Ellos son los que se curran las escenas, las desarrollan, las montan y nos garantizan que son seguras. Tienen una responsabilidad mayúscula. Sin el equipo de los especialistas, no habría películas de acción».
Griffin siente el mismo respeto por el protagonista. «Trabajar con Jason es increíble. Nos lo hace todo muy fácil y es muy abierto y colaborativo. Se vuelca con el proceso, sobre todo en la fase de preparación cuando repasamos todo lo que queremos rodar. Borda las escenas especiales, aprende rápido y se lo pasa pipa. Ha sido una suerte enorme contar con él».
Richet comparte la opinión de Griffin sobre Statham. «Jason quiere hacerlo todo sin contar con dobles, lo cual está genial porque no me gusta no poder mostrar la cara de los actores ni hacer primeros planos en las escenas de acción. Es un claro indicador de que el protagonista no es quien rueda las escenas y el público se da cuenta inmediatamente. No es el caso con Jason porque él interpreta todas las peleas y las persecuciones al volante. Y encima las disfruta como un niño».
Es mencionar las escenas de acción de EL MOTÍN y a Statham se le ilumina la cara. «Quizá suene un poco infantil, pero me da mucho subidón pensar en las escenas de acción y cómo las vamos a rodar», explica Statham ilusionado. «Hay algunas secuencias muy violentas, pero en ningún caso me parece que esa violencia sea gratuita. Y después algunas otras son bastante retorcidas».
Statham no es el único que ha disfrutado de las escenas de acción. Møller también estaba a tope. «Llevo mucho peor los ratos muertos. ¡Las secuencias arriesgadas las haría hasta gratis!».
Wallis no quería ser menos que los intérpretes masculinos y ha rodado el mayor número posible de las escenas de acción. «Siempre estaba dispuesta a ir un paso más allá. Quería hacer las secuencias, sobre todo porque sabía que contábamos con un equipo de especialistas de primera. Me encanta el deporte y soy una persona muy activa. Creo que los intérpretes tenemos que ser conscientes de que nuestro cuerpo es nuestra herramienta de trabajo, así que es necesario tenerlo siempre a punto. Cuando me ofrecieron el papel en EL MOTÍN empecé a hacer ejercicios de fuerza, era la primera vez que me ponía con las pesas y lo disfruté mucho. También me metí más caña con el cardio para aumentar la resistencia y ser más hábil. Todos esos esfuerzos merecieron la pena al ponernos a rodar porque estaba lista para lo que me echaran».
Si bien las escenas de acción son de alto voltaje, el momento cumbre es una espectacular pelea en tres actos entre Reed (cuando el personaje de Statham descubre que el capitán del barco participó en el asesinato de Tibu) y Madsen, interpretado por Møller. Los golpes empiezan en la cubierta del Artemis, antes de trasladarse a una pasarela que se extiende sobre un océano revuelto y termina en un segundo barco, comandado por piratas. «Nos estábamos balanceando sobre esa pasarela entre dos barcos, uno con un hacha y el otro con un cuchillo. Poca broma. Todo esto en mitad del mar», recuerda Statham. «Roland lo clavó. Muchos intérpretes pasan de las escenas más físicas, pero en su caso ocurre todo lo contrario».
Griffin explica cómo diseñaron la prodigiosa secuencia. «Sabíamos que había que cuidar todos los detalles porque la escena se compone de tres partes: la pelea empieza en el carguero, se traslada a la pasarela por la que se suele subir al barco, que se movía sin control, y acaba en otro barco donde Jason se carga al capitán de una forma muy sádica e inesperada. (¡Digamos que le da una vuelta de tuerca a los fusiles de pesca!) Es una pelea épica. Rodamos todo lo que pudimos de la forma más realista posible. Estábamos en un carguero y estábamos en el mar. Hemos intentado evitar los efectos visuales porque tengo la sensación de que sacan mucho al público de la película. Al rodar de esta forma, lo que se ve en pantalla resulta mucho más emocionante y agobiante».
Una de las claves de la escena era la pasarela, que de primeras parece totalmente inocua. «La fabricamos en el taller de Pinewood y nos la trajimos al rodaje», explica Griffin. «La clave está en que necesitábamos que hiciera cosas que no hacen las pasarelas normales porque queríamos usarla en uno de los momentos álgidos del filme.
Es una construcción muy bien diseñada, con un montón de cableado. Normalmente para una escena así, hubiéramos trabajado con una grúa, pero claro, en mitad del mar no hay grúa que valga. Así que tuvimos que darle una buena pensada para conseguir montar todos esos cables. Fue un reto enorme».
Hablando de cables, Statham tenía tanto empeño en que la escena resultara realista que hasta le propuso a Richet hacerla sin los amarres de seguridad. «¡Esa pelea, en un barco, en mitad del océano, y Jason me viene con que la quería hacer sin arnés! Por supuesto le dije que no era posible».
Møller también opina que esa es la escena más impactante del filme. «La pelea es mi secuencia favorita. Está tan pensada y tan trabajada que te deja con la boca abierta. Está medido hasta el último milímetro porque no contábamos con mucho espacio y teníamos que aprovecharlo todo. Estamos en pleno océano, moviéndonos sobre una plataforma que se balancea constantemente. El equipo de cámara se lo curró muchísimo. Podrían habernos dicho que les parecía demasiado peligroso. En más de una ocasión y de dos podrían haberse negado a rodar las tomas. Pero no se separaron de nuestro lado. Ese tipo de escenas no son moco de pavo. Son palabras mayores. Son una absoluta locura, pero la verdad es que viene bien estar un poco loco en este mundillo nuestro».
SEGUNDA ESCALA, MALTA...
La mayor parte de la película se rodó en Malta, incluidas las escenas acrobáticas que desafían a la gravedad. Marc Butan desempeñó un papel fundamental en dar con la localización. «Necesitábamos una ciudad que tuviera puerto, nos ofreciera un entorno amigable para rodar y donde hubiera aguas de un azul intenso que pudieran hacer las veces del Océano Índico. También necesitábamos que la diferencia horaria no fuera demasiado grande con respecto a Londres. Barajamos un par de sitios, pero Malta era claramente la mejor opción, ya que contaba con la infraestructura necesaria. Aquí se rodó previamente Capitán Phillips, por lo que ya tenían experiencia en rodajes de películas ambientadas en buques portacontenedores, y las autoridades locales y la Comisión Cinematográfica de Malta se mostraron muy receptivas y nos ayudaron muchísimo».
«Ha sido genial trabajar en Malta», añade Richet. «Nos han abierto las puertas y nos acogido con los brazos abiertos. Hemos podido rodar en el puerto e incluso en los controles de seguridad. Entendieron perfectamente la película que queríamos hacer. Me encantaría volver a rodar aquí, desde luego. La ciudad es preciosa, el mar es espectacular y el país tiene mucha historia. Ha sido una experiencia fantástica».
Para el equipo de EL MOTÍN también fue clave trabajar con técnicos locales que apoyaran a los departamentos que se desplazaron desde Reino Unido. En Malta pudieron contar con grandes profesionales. «El equipo de rodaje local se volcó a tope con nosotros», comenta Statham. «Lo dieron todo y respeto mucho su trabajo. Se han entregado con una actitud fantástica, lo cual es de agradecer teniendo en cuenta que las jornadas de trabajo son largas y muy duras. Mis mejores recuerdos serán para la gente de Malta. ¡Menudos currantes!».
¡Pero no todo fue trabajar! «Me traje a la familia para que pudiéramos disfrutar juntos de este maravilloso entorno», recuerda Statham. «Fuimos al casco antiguo, que es precioso». Wallis coincide, «Hemos tenido mucha suerte de rodar en Malta porque es un país impresionante con una rica historia cinematográfica. Tuvimos la oportunidad de pasear por el plató de Gladiator, donde también se rodaron Troya y Juego de Tronos. Es maravilloso estar en un lugar tan acogedor y dejarse mimar por su excelente comida y restaurantes. Creo que es un lugar muy especial, y me llevo el recuerdo del equipo y de la acogida y calidez de la gente».
DESARROLLO DE PERSONAJES...
Dentro del equipo creativo destaca asimismo la labor de la diseñadora de vestuario Loulou Bontemps, con quien Statham también había trabajado antes. «Hemos colaborado en algunos proyectos anteriores y me gusta mucho lo que hace», comenta el protagonista. «El diseño de vestuario es un elemento muy importante del desarrollo de una película. El estilismo de un personaje y su estética en general nos dice mucho de cómo es la persona que vemos en pantalla. Ella sabe contar una historia con la ropa y los accesorios. Es una gran profesional».
El respeto es mutuo. «No es difícil vestir a Jason porque tiene muy buena percha», comenta Bontemps. «En esta ocasión quería darle un aire cool, pero con ropa que fuera cómoda para que estuviera siempre listo para la acción. Así que a la hora de diseñar su estilismo principal, empecé por una chaqueta Wilson. Quería que se notara que estaba muy usada porque a lo largo de la película le mete mucho tute, entre peleas y navajazos. La teníamos en diferentes versiones y en varias tallas, porque en algunas escenas Jason tenía que llevar un arnés de seguridad y no podía notarse. Además tenía que poder moverse cómodamente llevándolo puesto».
Bontemps también tuvo que lidiar con los inconvenientes de rodar en un barco. «No había mucha luz y hacía un calor del infierno, así que a la hora de diseñar el vestuario hubo que tenerlo en cuenta. Además, cuando estás en un barco no puedes acercarte un momento a comprar algo que se te ha olvidado por lo que había que planificarlo todo al máximo. Algunos días se nos torcieron un montón las cosas, pero siempre conseguíamos sacar el trabajo adelante. Estoy superorgullosa de cómo nos ha quedado».
Bontemps diseñó a conciencia el vestuario de Annabelle Wallis. Sabía que era muy importante clavar su estilo porque muchas veces sería la única mujer en la escena. «Nos decantamos por darle un aire de mujer fuerte pero queríamos que también mostrara su vulnerabilidad. No queríamos que fuera una especie de Lara Croft, sino que se sintiera algo más cercana. Sobre todo porque es madre y tiene ese lado más tierno. Eso lo hemos conseguido con pequeños detalles, toques de color, con diferentes texturas y bisutería. Por ejemplo, lleva un colgante con una foto de su hija y también una pulsera que le hizo la pequeña. Esos detallitos nos dan a entender que tiene un lado más femenino, además de ser una mujer fuerte que reparte tanto como sus compañeros».
A Wallis le gustó mucho la estética de su personaje. «Loulou es una diseñadora de vestuario con muchísimo talento. En algunas producciones el estilismo deja mucho que desear porque no pega nada con los personajes, pero en este caso estoy supercontenta con el resultado. Nos cuenta muchas cosas de cómo es Angie. Comentamos cómo eran las mujeres que se mueven en estos mundos y de cómo mantienen su lado femenino a pesar de estar rodeadas de una mayoría de hombres. En muchas producciones de este tipo las mujeres se presentan como personajes muy masculinos, pero tenía claro que no quería que fuera así en este caso. Las mujeres más fuertes que conozco son muy femeninas».
Bontemps ha trabajado codo con codo con Catherine Heys, la diseñadora de maquillaje y peluquería. «Me encanta trabajar en películas de acción. Este género es divertidísimo porque todo va a un ritmo frenético».
«En EL MOTÍN el principal reto fue trabajar con un vestuario que transmitiera la sensación de que todo el mundo lleva bastante tiempo en ese carguero», añade Heys, «así que no puede parecer que acaben de recortarse la barba. De ahí que nos hayamos decantado por un look más natural, con bastante barba. Por otra parte, no iban a estar limpísimos, porque está todo lleno de mugre. Y luego, para las peleas, trabajé con el departamento de prostética para el tema de los cortes en la cara, las narices rotas y la sangre, porque hay mucha. Y también nos curramos algún que otro balazo en mitad de la frente. Ese tipo de cosas tan divertidas. ¡Me lo he pasado en grande porque me encantan la sangre y el gore!».
FIN DEL TRAYECTO...
Esta es una historia frenética, con acción a raudales, gran intensidad y muchísimo riesgo. EL MOTÍN es una película que hay que disfrutar en el cine y que atraerá a los fans de Statham y de la adrenalina. Podría describirse como una mezcla entre La jungla de cristal y Alerta máxima, con un alcance verdaderamente internacional y un guion que lleva la acción por derroteros inesperados. Statham siempre deja el listón bien alto y en esta ocasión da una interpretación apoteósica convertido en héroe solitario para proteger a las víctimas inocentes y vengar a los muertos. Ahora que el filme va a llegar a las salas, al echar la vista atrás el equipo técnico comenta que nunca olvidará la experiencia de rodar EL MOTÍN.
«Tiene un ritmo trepidante, los personajes son muy especiales y los acompañamos en un viaje único», lo resume Wallis. «De primeras parece únicamente una historia de venganza, pero tiene muchos matices: habla de la codicia, la corrupción y la defensa del honor», añade Statham. «La describiría como una historia de redención moral, de amor perdido y de una reputación vengada», apunta Tikaram. «También demuestra que una persona puede cambiar las cosas. Cole Reed nos muestra que si una persona tiene determinación puede conseguir cualquier cosa que se proponga».
El director comenta que le encantaría volver a adentrarse en este mundo. «Me haría muy feliz, la verdad. Me han caído muy bien estos personajes», dice Richet. Statham no se lo pensaría dos veces, «Respeto mucho a Richet y he disfrutado un montón trabajando con él», comenta. «Repetiría sin dudarlo».
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