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SINOPSIS
Una madre soltera y a sus dos hijas en su llegada a Taipéi, donde abren un sencillo puesto de fideos en un bullicioso mercado nocturno de la capital taiwanesa. Cada una de ellas deberá encontrar una manera de adaptarse a esta nueva vida sin que ello afecte a la unidad familiar...
INTÉRPRETES
JANEL TSAI, SHIH-YUAN MA, NINA YE, TENG-HUI HUANG. AKIO CHEN, XIN-YAN CHAO, TENG-HUNG HSIA, ESTHER K. CHAE, BLAIRE CHANG, REN HANAMI, KYRIE INMAN, GOOGOO THE MEERKAT, JAMES TANG
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ENTREVISTA AL DIRECTOR...
LA CHICA ZURDA es tu segunda película en solitario, veintiún años después de TAKE OUT, con Sean Baker. ¿Por qué ha pasado tanto tiempo entre ambas?...
Un día le conté a Sean que mi abuelo siempre decía que la mano izquierda era la mano del diablo, que fue la semilla de la que finalmente surgió LA CHICA ZURDA. Fuimos a Taiwán para explorar esta idea y tomamos muchas fotos con las que luego montamos un vídeo. Sin embargo, en aquel momento, el proyecto nos pareció demasiado ambicioso: tenía demasiados personajes y lugares y no teníamos los medios para llevarlo a cabo. Tuvimos que cambiar de idea y rodamos TAKE OUT en su lugar. En 2010, regresamos a Taiwán y terminamos la primera versión del guion e incluso comenzamos el casting. Pero, como era una película en mandarín que se desarrollaba en Taiwán, recibir financiación de Estados Unidos resultó imposible y volvimos a poner en pausa el proyecto. A lo largo de los años, seguí colaborando en las películas de Sean —STARLET, TANGERINE, THE FLORIDA PROJECT, RED ROCKET— pero nunca llegué a abandonar esta historia. Tras el estreno de RED ROCKET en Cannes, compartimos el guion con Le Pacte e inmediatamente vieron que tenía mucho potencial. Y ahí fue cuando pudimos dar vida a LA CHICA ZURDA.
¿Es LA CHICA ZURDA una película autobiográfica?...
Es una historia muy personal. La película nace de un recuerdo muy vivo de mi infancia: mi abuelo me dijo un día que no usara la mano izquierda porque era la mano del diablo. Cuando nos pusimos a escribir LA CHICA ZURDA comencé a recopilar diferentes historias; algunas de amigos míos, otras de mi familia, otras incluso de desconocidos. Uno de los giros de la película está basado en la historia de una amiga que había vivido una experiencia similar. Fue una historia que me conmovió profundamente de una manera que no esperaba. Me vi muy atraída por esa tensión que existe en las familias tradicionales, por cómo el miedo al juicio o al rechazo puede llevar a enterrar secretos durante años. Por eso decidimos incluir este giro: la familia parece llevar una vida ordinaria a simple vista, pero, en realidad, esconde algo profundo.
Más allá de una historia familiar, ¿dirías que también es una película sobre la cultura del secreto entre las mujeres? Independientemente de su generación, todos los personajes principales ocultan cosas...
Sin duda. En la cultura china en particular, es muy importante guardar las apariencias. Siempre hay que mostrar lo mejor de uno mismo a la gente y, sobre todo, se evitan mostrar a toda costa cosas feas de las que uno podría avergonzarse. Es algo bastante específico de esa cultura y es algo que intentamos mostrar desde la perspectiva de cada personaje. Más concretamente cuando estamos en las escenas de I-Jing, la niña pequeña, que están filmadas a su altura mientras deambula por el mercado nocturno. Lo mismo ocurre con I-Ann, su hermana mayor, que ante todo quiere ser ella misma… Al final, todas recorren su propio camino, en el que fundamentalmente tratan de sobrevivir, cada una a su manera.
Más aún cuando, a excepción de Johnny, los personajes masculinos las tratan de una forma casi hostil...
En la sociedad taiwanesa se percibe a los hombres como los jefes de familia, pero, en realidad, a menudo son las mujeres, como Shu-Fen, quienes soportan el peso emocional y marcan en silencio la dirección que la familia toma. Incluso Johnny, el único personaje que muestra verdadera amabilidad hacia Shu-Fen y sus hijas, se mantiene al margen. Los hombres están presentes, pero son las mujeres quienes realmente mantienen la unidad de la historia.
Entonces, el proyecto de LA CHICA ZURDA se inició antes de rodar TAKE OUT, película que se inscribe formalmente en el cinéma verité. Esta nueva película se acerca mucho más al carácter de las películas de Sean Baker en las que has colaborado: una historia social realista narrada en una atmósfera más irreal...
LA CHICA ZURDA es más similar a TAKE OUT de lo que se podría pensar en principio, especialmente en su forma de seguir a los personajes. No obstante, sí que es una historia de un registro diferente, más cercano al relato íntimo de una familia. TAKE OUT lo es también, a su manera, pero en forma de documental; está inspirada por el tiempo que pasamos durante su desarrollo con la comunidad de inmigrantes chinos. LA CHICA ZURDA, por su parte, se basa en un proceso similar: se basa en mis andanzas por el mercado nocturno de Taiwán y en las amistades que hice allí con la gente. De hecho, el personaje de I-Jing está inspirado en una niña real que conocí allí.
Los lugares en los que filmas tienen una gran importancia en tu trabajo. Uno podría preguntarse si no influyen en cada proyecto incluso antes de tener la idea para una historia. Quizá aún más en este caso concreto: tú también eres taiwanesa aunque exiliada desde hace mucho tiempo en Estados Unidos. ¿Ha sido esta película una forma de reconectar con tus raíces?...
En todas nuestras películas los lugares son personajes con todas las de la ley, y en esta película esto es especialmente cierto. Durante mi infancia en Taiwán el mercado nocturno era un sitio completamente normal para mí, pero, después de vivir en Nueva York tantos años, todo cobró un sentido muy especial. Rodar la película en Taiwán fue redescubrir la belleza de mi país natal. El equipo de fotografía a menudo me preguntaba por qué quería captar ciertos detalles —el revestimiento verde sobre el que caminan las chicas al salir de la casa de empeños o la música clásica que se escapa de un camión de la basura para pedirle a la gente que saque sus desperdicios—. Son pequeños detalles del día a día, pero son cosas tan típicamente taiwanesas que hoy las encuentro magníficas.
LA CHICA ZURDA se desarrolla en un universo sensorial, muy colorido, cuando en realidad el guion tiende a un tono más melancólico. ¿Por qué ha sido esencial este contraste para la película?...
Ese contraste ha sido intencional. LA CHICA ZURDA se desarrolla en un mercado nocturno: un lugar lleno de luces, sonidos, colores y vida. Sin embargo, bajo esta vitalidad sensorial se esconde una historia llena de silencio, represión y dolor no expresado. Quería que la película reflejara lo que muchas personas hemos vivido en familias taiwanesas: a simple vista todo parece normal y corriente, pero en el fondo hay emociones muy profundas que luchan por salir a la superficie. Esta tensión entre un exterior colorido y una tristeza interior silenciosa me parecía esencial. Recuerdo que cuando terminamos el rodaje de la escena del cumpleaños, donde tres generaciones se enfrentan finalmente entre sí, muchos extras acabaron llorando. Fue un momento muy emotivo, capturado en un escenario realista y auténtico. A Sean y a mí siempre nos han gustado las películas como SECRETOS Y MENTIRAS, de Mike Leig; relatos que revelan lo que se oculta tras el velo de la vida cotidiana.
Hablemos del casting. A diferencia de las películas de Sean Baker, donde abundan los actores amateur, para el reparto has contado con actores muy conocidos en Taiwán...
En las películas de Sean era muy común que hiciéramos el casting en la fase de preproducción, ya en el lugar de rodaje: íbamos conociendo a gente de la zona y muchos de ellos acababan formando parte de la película. En Taiwán, en cambio, teníamos tan poco tiempo de preparación que no pude permitirme el lujo de hacer un casting de esas características. En su lugar, recurrí a Instagram. Así fue como descubrí a la modelo Shih-Yuan Ma e inmediatamente sentí que tenía la presencia que el papel requería. Para el papel de Shu-Fen, la madre, me fue algo difícil encontrar una actriz de cuarenta o cincuenta años. Al cabo de un tiempo vi una entrevista de Janel Tsai, una modelo que ahora había ganado cierta popularidad como actriz de televisión, en la que decía que quería asumir papeles más exigentes. Aproveché la oportunidad y la contacté.
LA CHICA ZURDA está, por supuesto, muy íntimamente relacionada contigo, pero también está profundamente arraigada a la cultura china. ¿Qué te impulsa a abordar estas identidades? Y, más aún, ¿a filmar personajes que luchan contra el peso de sus tradiciones culturales?...
Porque es algo que muchos de nosotros sufrimos en silencio: la tensión entre la identidad personal y las expectativas culturales. Yo crecí en Taiwán y luego me mudé a Estados Unidos, no para huir, sino para buscar más espacio para explorar quién soy. En Taiwán, especialmente para las mujeres, hay toda una serie de reglas tácitas sobre cómo hay que comportarse y sobre los caminos que se consideran aceptables; pero estas expectativas también calan en nosotras de manera significativa. Con LA CHICA ZURDA quería explorar esta complejidad: la tensión entre tradición e individualidad. Espero que la película lleve a la gente a reflexionar sobre sus orígenes y también a sentirse capaces de trazar su propio camino, sin importar la dirección.
ENTREVISTA A SEAN BAKER...
Parece difícil disociarte de Shih-Ching Tsou, ya que lleváis mucho tiempo colaborando y estáis muy implicados en vuestras películas en común. De hecho, eres coguionista y editor de LA CHICA ZURDA. Partiendo de esa base, ¿qué es lo que hace que esta película sea realmente suya?...
Me abstuve completamente de todo lo relacionado con la producción física: no estuve presente ni un solo día en el rodaje. Fue, por tanto, ella quien hizo el casting, quien reunió a todo el equipo técnico y, obviamente, quien la dirigió. Antes del rodaje, estuve en Taiwán con ella mientras escribíamos los primeros borradores del guion para, más tarde, pulirlo hasta que estuviera listo para rodar. Después, me mantuve al margen del proceso hasta que me enviaron los brutos. En realidad, fue muy extraño montar la película porque era la primera vez que lo hacía para otra persona; más aún porque, a pesar de haber coescrito el guion, no tenía ningún control sobre la película.
Sin embargo, seguiste de cerca la evolución de LA CHICA ZURDA Desde el primer borrador del guion...
Empezamos a escribirlo hace muchos años. Todo estaba ya ahí. Sin embargo, el control del guion se me terminó escapando. Lo escribimos en inglés, pero, una vez traducido al mandarín, hubo algunos matices que se introdujeron en los diálogos. Y, por supuesto, entre el momento en que empezamos a escribirlo y el momento en que fuimos a Taiwán para una larga estancia hubo también ajustes. En cualquier caso, el guion es muy cercano a la intención original.
Que haya sido escrito en inglés no es un detalle menor: la mayoría de tus películas hablan de una comunidad o de una identidad específica. LA CHICA ZURDA está profundamente arraigada a la cultura china. ¿Tuvo esto un impacto en el proceso de montaje?...
Sí y no. LA CHICA ZURDA no es mi primera inmersión en la comunidad china. Ambos codirigimos TAKE OUT, que fue su predecesora en ese sentido. En cuanto a la cultura china, ya empezamos a integrarla desde la escritura del guion. Por otro lado, no hubo muchas improvisaciones de los actores en LA CHICA ZURDA. Una vez que los brutos se subtitularon en inglés, cogí el guion y lo seguí escrupulosamente para el montaje. Al final, solo se hicieron unos pequeños ajustes en postproducción con la autorización de Shih-Ching, que creo que confía bastante en mi criterio. Pero sí, obviamente, esa conexión cultural estaba presente, aunque solo fuera por la idea central de una niña a la que regañan por usar la mano izquierda o por el peso de los secretos… Todo esto vino de Shih-Ching, solo teníamos que encontrar cómo construir una estructura narrativa lineal alrededor de estos elementos.
LA CHICA ZURDA tiene una gran similitud con tus películas en el uso de decorados naturales a partir de los cuales se construye una estética...
Absolutamente. Esta película nace de nuestro deseo de contar una historia que se desarrollara en el mercado nocturno de Taiwán. Fue el motor que impulsó la película. Así, adaptamos las ideas que teníamos para hacer que esta familia tuviera un puesto en el mercado. Por supuesto, sabíamos que la energía y la vida que emana de este lugar lo haría particularmente cinematográfico: tiene una animación permanente, tiene luces propias, tiene la comida que se hace al momento y, más aún, tiene todos esos colores. Sabíamos que todo esto, sumado además a la fatiga de esa vida nocturna de hormiguero, sería emocionante y gratificante en la pantalla.
Es también un rasgo de tu trabajo: tus películas a menudo se inspiran en el propio entorno, como ocurre con las historias de la gente que has conocido. En el caso de LA CHICA ZURDA, hay además un aspecto autobiográfico de Shih-Ching. ¿Fue esto una ventaja o un inconveniente a la hora de coescribir y editar esta película?...
No realmente. Como en todas las demás películas en las que he trabajado, partíamos del deseo de contar una historia que tuviera un dimensión muy humana, con personajes muy encarnados. En mis películas, efectivamente, me gusta extraer la autenticidad de cada detalle; y aquí ocurrió lo mismo, solo que nos basamos en las vivencias de Shih-Ching para construir la historia y para dramatizarla. Pero, en realidad, yo no sé qué partes de la historia ha sacado de su vida. Sé que ella quería que se abordara la cuestión de la desigualdad entre hombres y mujeres en la sociedad, porque es algo que ella sufrió durante los años que vivió en Taiwán y que dejó en ella cierta frustración. La última parte de LA CHICA ZURDA es sin duda una catarsis para ella.
También es en esta última parte donde aparece un giro de guion que lleva a reconsiderar toda la película desde otro punto de vista...
Queríamos que la película jugara con esa idea. Pero es algo que he hecho en todas mis películas. Me gusta la idea de que, al descubrirse algo en una historia, haya una segunda visión que dé un sentido diferente al conjunto; a la vez que, de antemano, se pueden sembrar pistas en diferentes momentos de la historia y que, en realidad, todas esas pistas que conducen al giro de guion estén diseminadas y, una vez se revela la verdad, todo cobra otro sentido. Además, esa revelación de la verdad es lo que libera a los personajes.
¿Es eso lo que llevó a que este giro se introdujera en la secuencia de la celebración del cumpleaños que está filmada y editada de manera diferente al resto de la película?...
Por supuesto. De hecho, es la única escena de la película que está delimitada por fundidos a negro. Tenía que desarrollarse en tiempo real. De hecho, agradecí mucho que Shih-Ching hubiese rodado tantísimas tomas de la secuencia porque no podía permitirme que hubiera errores de continuidad. Del mismo modo, necesitábamos que todos los personajes estuvieran presentes para hacer que los espectadores tengan la impresión de formar parte de los comensales. Es el eje más importante de la película, un tercer acto en sí mismo...
¿LA CHICA ZURDA confirmaría también un nuevo acto en tu propia trayectoria como cineasta? Después de ANORA, donde apareces por primera vez como único guionista de uno de sus títulos, esta es la primera película dirigida en solitario por una de tus colaboradoras más cercanas. ¿Supone esto un cambio en vuestros caminos?...
Totalmente. Pero es una idea que llevaba mucho tiempo rondándome la cabeza. Tanto Shih-Ching como Chris Bergoch, mi otro coguionista recurrente, y yo siempre hemos dicho que, aunque trabajemos juntos y estemos muy orgullosos de nuestras películas, cada uno terminaría dirigiendo las suyas propias. Durante años hemos construido un espacio de trabajo común donde desarrollar nuestras visiones personales para poder expresarlas plenamente algún día. Por eso estoy muy contento de que Shih-Ching haya podido dar vida a su historia.
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