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SINOPSIS
La historia se centra en la apasionante carrera de Marty Reisman, un pasante de apuestas que descubre su pasión por el tenis de mesa. Comenzando en clubes clandestinos, su estilo intrépido y carismático lo llevó a ganar 22 importantes títulos, representando además a Estados Unidos en torneos mundiales, siendo el campeón más veterano en este deporte con 67 años...
INTÉRPRETES
TIMOTHÉE CHALAMET, ODESSA A'ZION, GWYNETH PALTROW, FRAN DRESCHER, KEVIN O'LEARY, TYLER THE CREATOR, SANDRA BERNHARD, ABEL FERRARA, PENN JILLETTE, SPENSER GRANESE, CODY KOSTRO, LUKE MANLEY, MIA HUMBERD-HILF, PHILIPPE PETIT, TONY HAZEL
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INFORMACIÓN EXCLUSIVA
SOBRE LA PRODUCCIÓN...
El nominado al Oscar Timothée Chalamet protagoniza Marty Supreme, un retrato audaz y vibrante de un buscavidas y soñador neoyorquino, obsesionado con convertir un deporte ignorado en su trampolín personal hacia la gloria.
Estamos en 1952, y Marty Mauser está atrapado vendiendo zapatos en la estrecha tienda de su tío en el Lower East Side: un trabajo que no eligió, dentro de una vida que siente como escrita de antemano. El tenis de mesa se ha convertido en su vía de escape. No solo de la tienda, sino del mundo que espera que no se salga del carril: su familia, su barrio, las reglas no escritas sobre quién importa y quién no. El problema es que, en la América de la posguerra, el tenis de mesa goza de poco más respeto que el juego de las canicas, lo que hace que el sueño de Marty parezca una broma para todos excepto para él.
Pero el ridículo no es su único obstáculo. También tiene que lidiar con una madre dominante, una novia embarazada, los bolsillos vacíos y todo el sistema capitalista. Aun así, ni siquiera los vampiros de la industria pueden impedir que Marty se convierta en Marty Supreme, porque para él cada dificultad es un motivo para redoblar la apuesta.
“Marty es un joven ambicioso que quiere ser reconocido como el mejor jugador de tenis de mesa del mundo”, afirma Chalamet. “Y aunque puede que realmente lo sea, por sus circunstancias y por el lugar que ocupa en la vida, no deja de ser un joven mezquino del Lower East Side de Manhattan, al amanecer de los años cincuenta, cuando empieza la historia”.
“Marty es el soñador por excelencia: el sentido de ser un romántico absoluto y un optimista implacable”, explica el guionista y director Josh Safdie, que coescribió el guion original junto a su colaborador habitual Ronald Bronstein. “Es una historia de madurez que explora cómo, en la juventud, una individualidad intransigente puede ser a la vez liberadora y limitante. Para Marty, su fe ciega en el sueño lo conduce, de forma indirecta, al verdadero autodescubrimiento… a un cambio real”.
Con su séptimo largometraje, que culmina una trayectoria de diecisiete años iniciada con su debut en solitario como director, Mi adorable ladrona, adquirida por IFC y estrenada en el Festival de Cannes en 2008, Safdie lleva su inconfundible estilo cargado de adrenalina y peso emocional a esta épica historia de alcance global. El resultado, investigado y desarrollado a lo largo de muchos años, es una experiencia fresca, divertida y a toda velocidad: un viaje electrizante que va del Lower East Side a Londres, París, Tokio y las Grandes Pirámides, y de vuelta.
Con una impecable artesanía de un equipo de colaboradores talentosos y un casting repleto de estrellas, entre ellos Gwyneth Paltrow, Tyler Okonma (Tyler, the Creator en su debut en un largometraje), Kevin O’Leary, Abel Ferrara, Fran Drescher, Emory Cohen y la revelación Odessa A’zion en el papel de Rachel, la novia indomable de Marty, Marty Supreme es una carrera desenfrenada a través de la obsesión y el espectáculo, tan audaz y estimulante como su protagonista.
“El compromiso de Marty con su sueño se apoya en la fe en sí mismo, pero al final es la fe de los demás la que resulta más importante”, afirma Safdie. “Toda su vida se sostiene sobre la creencia. Quienes creen con él se suman al viaje; quienes no, simplemente quedan arrollados. Marty Supreme lo acompaña a lo largo de este recorrido sisífico hasta alcanzar ese lugar”.
DESARROLLANDO LA HISTORIA...
Safdie se enganchó al tenis de mesa desde muy joven, enfrentándose a su padre y escuchando las historias de su tío sobre los grandes inadaptados del Nueva York del siglo XX que gravitaban en torno a este juego. Una tarde, su esposa rebuscaba en una caja de libros de un dólar en una tienda de segunda mano cuando encontró un libro escrito por un prodigio judío neoyorquino del tenis de mesa llamado Marty Reisman. Safdie, ocupado en aquel momento terminando Diamantes en Bruto, no lo leyó de inmediato; pero cuando finalmente lo hizo, se le reveló un mundo mucho más extraño y emocionante de lo que jamás habría imaginado. Pronto empezó a presionar a su tío para que le contara historias sobre el club de tenis de mesa de Lawrence, el legendario epicentro de la escena del ping-pong en Nueva York. Él y su esposa (Sara Rossein, productora ejecutiva e investigadora) acabaron sumergiéndose por completo en ese universo, devorando cada historia, clip y fragmento de archivo que encontraban sobre el deporte y sus personajes olvidados.
En el Nueva York de los años cincuenta, el tenis de mesa dio lugar a una subcultura poblada de conspiradores, genios y marginados: se jugaba en trastiendas llenas de humo, fiestas en áticos, centros YMCA, residencias universitarias de la Ivy League y edificios de vecindad del centro. Era rápido, feroz y completamente ignorado por la corriente dominante. Fue entre estos marginados, estos adultos que faltaban a clase, donde Safdie y Bronstein encontraron un nuevo cauce para su amor persistente por los personajes defectuosos y la construcción de mundos poco ortodoxos. “Quienes destacaban en el tenis de mesa solían ser personas que no encajaban en ningún otro sitio”, afirma Safdie. “No era un deporte respetado, así que, de forma natural, atraía a raros, puristas, obsesivos. Cuando leí que llenaba estadios en el Reino Unido y en toda Europa, comprendí que era perfectamente plausible que un chico en 1952 creyera de verdad que podía convertir ese juego en una vida de fama y gloria”.
De la investigación surgió rápidamente un personaje que desbordó los límites de cualquier historia real. Alguien guiado por una ambición ciega y llena de contradicciones: egocéntrico y entrañable, luchador y talentoso, canalla y romántico a la vez. Un joven que se rebela contra el sistema y que, como todos a su alrededor en el Nueva York de su época, se busca la vida para hacerse con su parte del premio. “Queríamos tomar la idea misma de la ambición —la confianza, el hambre, la necesidad de demostrar quién eres según tus propias reglas— y construir algo más grande”, dice Safdie. “Llevarla hasta su límite”.
Antes de que se escribiera una sola línea de diálogo, Josh se puso en contacto con Timothée, a quien había conocido y con quien había conectado en una fiesta de Good Time: Viviendo al límite en 2017, apenas unos meses antes del estreno de Call Me by Your Name, cuando la trayectoria del joven actor estaba a punto de despegar. Con los años, mantuvieron un contacto constante y forjaron una amistad basada en su experiencia compartida como jóvenes entusiastas con los ojos abiertos del Nueva York que soñaban con hacer cine. “Sabía que estaba enfoncándose en ir a por todas, decidido a convertirse en el mejor… pero también sabía que podía atragantarse de risa con un perrito caliente ante las bromas más tontas. Había en Timmy una seriedad muy particular que encajaba a la perfección con el soñador ingenuo y frontal que empezábamos a crear”.
“Josh es el tipo de director a cuya puerta llevo llamando siete años”, dice Chalamet. “Con él no puedes planificarlo todo en exceso. Sus películas se hacen sobre la marcha. Normalmente, una película de este tamaño se planifica al milímetro, pero la estrategia de Josh consiste en planificarlo todo hasta que se convierte en un caos”.
Al construir el personaje de Marty Mauser, Safdie y Bronstein no estaban interesados en crear un mito. Buscaban algo más honesto: cómo es realmente perseguir un sueño que nadie más comparte. El precio de creer. Los riesgos que nadie ve. Las humillaciones que se soportan. El coste personal del fracaso cuando toda la identidad de una persona está fusionada con una sola ambición.
“Perseguir un sueño que la sociedad no respeta, ni siquiera finge comprender, exige una forma de convicción extrema”, afirma Bronstein. “El ego tiene que evolucionar hasta convertirse en una especie de exoesqueleto, capaz de protegerse de ser aplastado por el peso de la indiferencia colectiva”.
Safdie y Bronstein se sintieron atraídos por la idea de utilizar a Marty como vehículo para explorar un ideal profundamente estadounidense: el del individuo solitario y decidido que avanza a contracorriente de la historia, en este caso, en la estela de la Segunda Guerra Mundial. A través de la competición internacional y sus viajes al extranjero, Marty se enfrenta a Koto Endo, un jugador japonés y aspirante a héroe nacional (interpretado por Koto Kawaguchi, ganador en la vida real del Campeonato Nacional Japonés de Tenis de Mesa para Personas Sordas). Endo se convierte en el rival casi espiritual de Marty, y Marty Supreme pasa a ser, en parte, una historia sobre la compleja interacción entre el triunfalismo estadounidense y el individualismo férreo, y la búsqueda japonesa de supervivencia y renovación autodeterminadas en la posguerra.
“El sueño americano es un relato de enorme poder, y después de la guerra soñar a lo grande se convirtió en una sensación internacional, junto a esta nueva idea de que los individuos hacen la historia y desempeñan un papel crucial en la configuración y reconfiguración del mundo”, señala Safdie. “Marty representa la confianza, la arrogancia y la ambición que Estados Unidos expresó en los años posteriores a la guerra”.
Pero el camino hacia los sueños de Marty, como el país del que procede, está pavimentado de autoengaño, y el viaje que se despliega es divertido, caótico e imprevisible. Marty es un pararrayos de energía, y la película vibra a su ritmo. Con todo su desorden, resulta irresistible: no puedes evitar ponerte de su lado y animar su determinación implacable por triunfar.
LOS PERSONAJES SECUNDARIOS...
En Marty Supreme, Safdie y Bronstein presentan un auténtico panteón de personajes secundarios inolvidables, interpretados por un casting coral que combina figuras consagradas, debutantes y cameos inesperados, todos ellos orbitando alrededor de la carrera febril de Marty hacia la gloria. La fuerza de su personalidad embriaga a cuantos lo rodean: desde una acaudalada pareja estadounidense que conoce durante sus viajes, hasta su novia casada Rachel y su mejor amigo y compañero de fechorías, Wally, taxista de profesión.
Safdie sacó a Gwyneth Paltrow de su semiretirada para interpretar a la inolvidable Kay Stone. Antiguamente una estrella de Hollywood, Kay cambió hace tiempo su carrera por la comodidad y la seguridad del matrimonio con el rico industrial Milton Rockwell. “Hay una tragedia en Kay, en la vida que eligió, en aquello con lo que se conformó… Kay es una mujer muy compleja que se ha retirado de la vida pública y, al mismo tiempo, se ha replegado sobre sí misma”, explica Paltrow, ganadora del Oscar a la Mejor Actriz en 1999 por Shakespeare enamorado. “Sabe que su relación con Marty es transaccional, pero también es un salvavidas. Él despierta algo en ella que creía perdido desde hace mucho tiempo. Hay una tristeza real en ver a alguien perseguir aquello a lo que tú ya renunciaste”.
Kevin O’Leary, conocido por millones como Mr. Wonderful gracias a Negociando con tiburones, debuta en el largometraje interpretando a Milton Rockwell, un magnate de las estilográficas que actúa tanto como benefactor de Marty como su némesis. Se trata de una interpretación feroz que subraya el talento de Safdie para situar a figuras reconocibles en contextos sorprendentemente nuevos. “Josh me dijo: estamos buscando a un auténtico ‘imbécil’”, comenta O’Leary. “Y ese eres tú”.
También debuta en el cine con Marty Supreme el querido artista de hip-hop Tyler, the Creator, nacido Tyler Okonma, que da vida a Wally, el mejor amigo de Marty y su compañero de cómplice en el submundo del tenis de mesa de la ciudad de Nueva York. Natural de Los Ángeles, Okonma ya conocía a Timothée Chalamet y conoció a Safdie en 2017, tras uno de sus conciertos en Nueva York. Tyler era fan del cine de Safdie, y ambos mantuvieron el contacto con la idea de colaborar en un proyecto futuro.
Safdie y Okonma se fueron poniendo al día a lo largo de los años, pero no fue hasta 2023 cuando Safdie le entregó el guion de Marty Supreme al ocupado artista. Wally fue uno de los primeros personajes que Safdie y Bronstein escribieron, y querían que Okonma aportara al papel su energía eléctrica, difícil de contener.
“Le dije a Josh: si me quieres en tu película, cuenta conmigo”, afirma Okonma. “Lo que necesites: confío en tu gusto y me entusiasma formar parte de esto”.
Quien firma una interpretación revelación como Rachel Mizler es Odessa A’zion, que impresionó a Josh con una lectura maníaca y desesperadamente romántica de una escena de cinco páginas repleta de monólogos encadenados. Según Safdie: “Estaba nerviosa, emocional, herida y, aun así, transmitía una confianza inexplicable. Odessa arrasó la escena y añadió de inmediato una enorme riqueza de matices al personaje”.
Rachel es la mayor aliada de Marty, otra soñadora atrapada en un conjunto de circunstancias predeterminadas. Juntos forman una especie de Bonnie y Clyde del Lower East Side, dispuestos a morir por lo que quizá sea, o quizá no, la libertad. “Rachel es una especie de sabelotodo, como Marty. Sabe moverse y defenderse en un mundo y en una época en los que para las mujeres era especialmente difícil hacerlo”, explica A’zion. “Su conexión con Marty es tan fuerte que permanece fiel a él incluso cuando él está ausente de su vida. Rachel es la única persona a la que Marty no puede embaucar. Ella ve a través de él cuando nadie más es capaz”.
En una historia que cuenta con más de cien personajes, Marty Supreme incluye interpretaciones secundarias de Fran Drescher, Abel Ferrara, Sandra Bernhard, Géza Rôhrig, Larry “Ratso” Sloman, Fred Hechinger, David Mamet, Penn Jillette, Timo Boll (el Michael Jordan del tenis de mesa europeo), Isaac Mizrahi, Philippe Petit, Pico Iyer, Levon Hawke, Hailey Gates, Paul Grimstad, Ted “El hombre de la voz dorada” Williams y la leyenda del baloncesto George “The Ice Man” Gervin, que interpreta una versión ficcionada de Herwald Lawrence, cuyo legendario salón de ping-pong en la esquina de la calle 54 con Broadway fue el primer negocio de propiedad afroamericana en Times Square.
EL EQUIPO CREATIVO...
Marty Supreme reúne a algunos de los artistas secundarios más talentosos del cine actual: una combinación de colaboradores de larga trayectoria y veteranos de la industria ampliamente reconocidos que se incorporan por primera vez. Con una visión compartida, el equipo construyó un mundo de gran escala, meticulosamente elaborado, que abarca múltiples países y continentes, fruto de un proceso creativo inusualmente colaborativo y estrechamente cohesionado.
Desde que unieron fuerzas en 2009 con Busquen algo de romero, Josh Safdie y Ronald Bronstein han desarrollado una profunda sintonía creativa como guionistas a lo largo de cinco largometrajes. “Nuestra colaboración es básicamente una amistad a largo plazo disfrazada de pelea creativa”, dice Bronstein. “Cada idea tiene que sobrevivir a ser despedazada y reconstruida a través del cerebro del otro. Es hostil, invasivo, muy íntimo. Al final, ya no sé dónde termina mi voz y empieza la suya”. Josh añade: “Los personajes dictan lo que van a hacer. Y la única forma de manipularlos es afectar a sus historias de fondo. No es raro que nos encontremos discutiendo durante días sobre qué le ocurrió a un personaje cuando tenía siete años”.
Esa sintonía se extiende también a la posproducción, donde Safdie y Bronstein montan la película juntos. “En cuanto entramos en la sala de montaje, cualquier reverencia por el guion desaparece, hasta el punto de la autoanulación”, afirma Bronstein. “Es como si ahora fuéramos arqueólogos que descubren un enorme yacimiento de material en bruto, y nuestra tarea consistiera primero en dotarlo de intención: darle forma hasta que se convierta en algo que nos resulte nuevo”. Ambos comparten además un miedo casi compulsivo a aburrir al espectador, un temor que nace de un profundo respeto por su atención, pero que acaba mutando en algo más cercano al pánico. Safdie añade: “Creo que gran parte de la tensión que la gente siente en nuestro trabajo procede en realidad de una pulsión obsesiva por mantener cada momento vivo, por miedo a que, de lo contrario, muera”.
La directora de casting y especialista en street casting Jennifer Venditti desempeñó un doble papel en Marty Supreme, combinando actores profesionales y no profesionales. A partir de un proceso iniciado en Ni el cielo sabe que… (el primer largometraje de Venditti y su primera colaboración con Safdie), y desarrollado posteriormente en Good Time: Viviendo al límite y Diamantes en Bruto, la visionaria del casting buscó y seleccionó en la calle cientos de rostros inolvidables para Marty Supreme. En palabras de Safdie: “El trabajo de un director se ve aliviado por un gran casting. Por suerte, en Jen he encontrado una colaboradora que también es narradora. Una persona sensible que entiende que un rostro y una voz pueden contar una historia entera con una sola línea de diálogo”.
“Para nosotros, el casting es un portal hacia la humanidad: Josh y yo compartimos una misma sensibilidad y vemos cine en la vida cotidiana”, dice Venditti. “Tenemos un amor auténtico por los personajes de Nueva York y por su humanidad. Estamos obsesionados con las personas y sentimos el mismo interés por el talento consagrado que por los no profesionales”.
Venditti inició su carrera en el mundo de la moda, viajando por todo Estados Unidos para distintas marcas en busca de sujetos poco convencionales que destilaran una autenticidad sin pulir. Antes de fundar su agencia de casting con sede en Nueva York, JV8INC, Venditti dirigió el largometraje documental Billy the Kid (2008), centrado en un adolescente de un pequeño pueblo de Maine, que se estrenó en South by Southwest el mismo año en que Bronstein presentó su propio debut como director, Frownland. Durante el festival, Venditti descubrió a Safdie en un parque de Austin; al darse cuenta de que compartían amistades en Nueva York, ambos iniciaron una relación que pronto se convirtió en amistad. Safdie acabaría recurriendo a las innovadoras técnicas del street casting de Venditti en su largometraje de 2014 Ni el cielo sabe qué…, el primer largometraje de Venditti y su primera colaboración profesional con Safdie. A través de JV8INC, Venditti continuó encargándose del casting de proyectos para cineastas como Mike Mills, Andrea Arnold, Nathan Fielder, Park Chan-wook y Yorgos Lanthimos.
Venditti fue la responsable del casting de la exitosa serie de HBO Euphoria, por la que fue nominada a un premio Primetime Emmy al Mejor Casting en una Serie Dramática; su instinto para el street casting dio lugar a varios descubrimientos que lanzaron carreras, entre ellos Hunter Schafer, Sasha Lane y el ya fallecido Angus Cloud.
“No hay artificio cuando alguien se apropia plenamente de quién es, y eso es lo que siempre busco cuando hago casting de intérpretes desconocidos”, explica Venditti. “Todo parte de la experiencia vivida: a veces es áspera, otras pueden resultar bellísima de observar. Tomamos personas no profesionales y las introducimos en este mundo ficticio. Su autenticidad distintiva es la alquimia”.
En una fase temprana del proceso, Safdie envió a Venditti unas fotografías de personas que aparecían en segundo plano en una imagen de Ernst Haas. “Hablamos de cómo solo ese rostro ya te dice que estamos en los años cuarenta o cincuenta. No hay nadie en el planeta a quien le duela más que a Jen ver un rostro anacrónico en pantalla… ¡aunque sea en el fondo! Hemos pasado más de una década recorriendo las calles y subculturas de Nueva York. Jen había desarrollado una base de datos increíble con todas las personas a las que no habíamos elegido a lo largo de los años. Puso toda la carne en el asador para ayudarnos a transportarnos a un tiempo que ya no existe. Con rostros que no han evolucionado hacia la homogeneidad, rostros singulares que rezuman historia. Sabía que, si percibías la historia en el rostro de alguien, la percibirías en general, y esa sensación trasladaría al espectador”.
Para una película con cientos de papeles, todos ellos considerados vitales por Safdie y Venditti, Venditti empleó un enfoque dual: el casting tradicional de estrellas e intérpretes formados, combinado con el proceso del street casting que ha perfeccionado a lo largo de muchos años. Esta mezcla distintiva de rigor convencional y descubrimientos sobre el terreno en la ciudad de Nueva York se ha convertido en una seña de identidad de la colaboración entre Safdie y Venditti, donde cada rostro importa y los figurantes poseen la presencia de estrellas de cine.
El equipo de casting rastreó la ciudad en busca de rostros en Coney Island, parques urbanos, mercados de agricultores y ferias callejeras, así como en clubes de tenis de mesa de los cinco distritos. Para una escena especialmente memorable ambientada en una bolera de Nueva Jersey, Venditti eligió a jóvenes que descubrió en una convención de coleccionistas de cromos deportivos. Para las secuencias rodadas en el extranjero, incluida una reunión de periodistas en Londres, Venditti y su equipo buscaron rostros en Tea & Sympathy, un punto de encuentro del West Village popular entre expatriados británicos.
“Lo mejor de trabajar en una producción neoyorquina como Marty Supreme es que el proceso de búsqueda está literalmente a la vuelta de la esquina”, afirma Venditti, que contó con cinco ojeadores de calle y dos asistentes de casting para ayudarla en este proceso complejo y laborioso.
La diseñadora de vestuario Miyako Bellizzi, colaboradora creativa constante y colega cercana, responsable del vestuario de Good Time: Viviendo al límite (uno de sus primeros largometrajes) y Diamantes en Bruto, estuvo a la altura del desafío, localizando y diseñando miles de prendas específicas de época —almacenadas en tres plantas de un espacio de casi 3000 metros cuadrados a lo largo de la producción— para vestir a los cientos de personajes de múltiples nacionalidades que pueblan las escenas ambientadas en Nueva York, Londres, París, Sarajevo, Egipto y Tokio.
Para Bellizzi, la apariencia de Marty debía reflejar tanto sus aspiraciones como su realidad socioeconómica. Marty procede de la clase trabajadora, pero disfruta vistiéndose bien, especialmente cuando viaja al extranjero en su empeño por convertirse en campeón mundial de tenis de mesa.
“Marty tiene 23 años en la película y cree que lo sabe todo. Aún está intentando descubrir quién es como hombre, mientras quiere que la gente piense que tiene más dinero del que realmente tiene”, explica Bellizzi. “No carece de estilo, y acaba cambiando de vestuario muchas veces a lo largo de la película. Quería mostrar a alguien que intenta ser adulto, este tipo lanzado y cosmopolita, pero que en el fondo sigue siendo un niño pequeño metido en un traje de hombre”.
Para la película, Bellizzi tuvo que vestir a cientos de personajes: algunos con papeles importantes, otros con apariciones breves, y muchos como extras en escenas multitudinarias, abarcando desde la vida en los edificios de vecindad del Lower East Side hasta la alta sociedad del Upper East Side, pasando por varios viajes al extranjero para abarrotados campeonatos de tenis de mesa. “Llegábamos a hacer hasta cien pruebas de vestuario diarias en el taller para poder seguir el ritmo de extras en algunas de las escenas más grandes”, comenta Bellizzi, que junto a su equipo de asistentes creó tableros de referencias visuales para cada secuencia. “Los personajes de fondo son tan importantes para Josh como los protagonistas. Debíamos tener en cuenta distintos países, culturas y tipos de cuerpo. Josh y yo nos obsesionamos con la idea de que la gente viste ropa que lleva años teniendo: que la moda evoluciona lentamente y que la ropa de 1952 aún arrastraba huellas de los años cuarenta”.
Una de las pocas excepciones a esta lógica es Kay Stone, la esposa del rico industrial interpretada por Gwyneth Paltrow, que irrumpe con una elegancia marcada por la última alta costura de la época. “La primera vez que vemos al personaje de Gwyneth es en Londres, a comienzos de los años cincuenta, así que investigué el estilo continental de la posguerra, que era muy distinto de cómo vestía la gente adinerada en Estados Unidos en aquel momento”, explica Bellizzi. Para vestir a Kay Stone, recurrió a vestidos vintage procedentes de casas de vestuario de todo el mundo. “Gwyneth ya es un icono de por sí, y su vestuario en cine es de lo más comentado de su generación”.
Miyako quería prendas del New Look de Dior para el personaje de Paltrow, pero muchos de los vestidos que se conservan pertenecen a coleccionistas privados y no pueden alquilarse para rodajes. “Puedes pedir prestada alta costura vintage de 1951 durante 24 horas en París, pero cuesta 10.000 dólares porque son piezas extremadamente raras, y muchas están literalmente deshaciéndose”, señala Bellizzi.
Su solución fue visitar el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, donde estudió prendas Dior originales de su archivo de vestuario. A partir de ahí, recreó esos diseños con sus propias manos, otorgándole a Kay Stone el glamur continental que la distingue de las masas bulliciosas que pueblan Marty Supreme.
Safdie añade: “Miyako cree que un conjunto extendido sobre una cama puede ser tan revelador como las palabras que salen de la boca de un personaje. Como las mejores colaboradoras, su trabajo y su preparación ayudan a dar forma al mundo de la película. A menudo me enviaba la imagen de una solapa que desencadenaba una conversación sobre la relación de Marty con un sastre del barrio, con su propia imagen, con su vanidad. Son conversaciones que van más allá del diseño de vestuario: en esos momentos, ella también es guionista, coach de actores y directora”.
El dos veces nominado al Oscar Darius Khondji, que vuelve a reunirse con Safdie tras su colaboración en Diamantes en Bruto, rodó Marty Supreme en película de 35 mm utilizando cámaras Arriflex y lentes anamórficas vintage. La cámara se desliza al compás de la energía del filme, manteniéndolo sorprendentemente eléctrico. Khondji ha creado una obra rica, honesta y vibrante, en la que las personas se sienten intensamente vivas. Apodado en su día “el Príncipe de la Oscuridad”, vuelve a demostrar que no teme empujar los límites, permitiendo que la luz se desvanezca en la sombra y establezca un tono dramático y, a la vez, inesperadamente lúdico.
“Hay pocos románticos que haya conocido en la vida cuyo día entero pueda transformarse al ver un rostro único acechando en la sombra de un edificio al caer la tarde”, dice Safdie. “Con Diamantes en Bruto buscábamos cierta tosquedad, una belleza descarada. A Darius le dije que, en esta ocasión, quería recuperar ese espíritu, como si lo estuviéramos descubriendo en 1952”.
“Los rostros de esta película parecen sacados de un cuadro de Daumier; los intérpretes que Josh y Jennifer encontraron eran increíbles de fotografiar con nuestras lentes de 360 mm”, afirma Khondji. “Hay más de cien personajes destacados en Marty Supreme: cada día llegaban al set actores distintos con estos rostros inolvidables”.
Khondji, que ha filmado películas para David Fincher, Paul Thomas Anderson, Ari Aster, Bong Joon Ho y Alejandro González Iñárritu, se sintió atraído por Marty Supreme por su guion explosivo y su energía implacable, combinados con el enfoque transgresor de Safdie en la cinematografía. “He trabajado con muchos directores y me sorprendió hasta qué punto Josh tenía las escenas claras en su cabeza antes de rodarlas”, comenta Khondji. “Cada director tiene su propia manera de trabajar, pero Josh posee una forma obsesiva e intuitiva de hacer cine. Desde el punto de vista estilístico, sabe que normalmente no se capturan planos abiertos con lentes largas… pero las reglas no le importan”.
Para los absorbentes partidos de tenis de mesa de la película, Khondji utilizó varias cámaras y lentes angulares de manera simultánea para captar el vertiginoso ir y venir del juego. “A veces estábamos directamente en la línea de fuego, con dos cámaras rodando una frente a la otra, una de ellas escondida entre dos actores”, explica Khondji. “Tenía la sensación de estar haciendo cine documental, fotografiando lo que sucedía ante nosotros en el limitado tiempo del que disponíamos para rodarlo”.
El compositor Daniel Lopatin (Oneohtrix Point Never), responsable de las bandas sonoras de Good Time: Viviendo al límite y Diamantes en Bruto, regresa para su tercera colaboración cinematográfica con Safdie. Según relata Lopatin, el nacimiento de la partitura se produjo en varias oleadas: “Primero, el sonido de las pelotas de ping-pong rebotando, que sonaban como mazas generando melodías polirrítmicas, vibrantes y de alta energía. La segunda fue el deseo de escribir una música que se sintiera como una expresión del joven corazón palpitante de Marty, la energía que burbujea desde el interior de un sueño de futuro que aún no se ha cumplido. El anacronismo como una especie de acto inventivo e imaginativo, que representa a Marty como un constructor y un puente entre mundos pasados, presentes y futuros”.
Esta combinación de ostinatos de flauta saltarines de mediados del siglo XX, cálidas líneas corales y de cuerda de corte neoclásico, y sonidos de sintetizador FM propios de los años ochenta, se convirtió en el telón de fondo mítico de la aventura de Marty, mezclando lo real con lo electrónico y ampliando las colaboraciones previas entre Safdie y Lopatin para alinear pasado y presente. La banda sonora, concebida en diálogo con las canciones de pop y new wave de gran alcance de los años ochenta integradas en el guion, cuenta con una orquesta de 30 músicos y un coro de 30 voces, además de colaboraciones de Laraaji, Weyes Blood, un coro infantil y otros intérpretes.
La partitura de Lopatin es una obra colosal y sinfónica que él y Safdie concibieron juntos en una pequeña sala sin ventanas de un estudio neoyorquino llamado The Fishbowl. “Marty Supreme es nuestra tercera película juntos y, a mis oídos, suena como el resultado completo de un lenguaje compartido en el que llevamos trabajando muchos años”, afirma Lopatin. “Nada de nuestra preparación cobra verdadero sentido hasta que entramos juntos en el estudio. Josh se convierte en una especie de productor, concentrándose en lo que ocurre momento a momento, en la energía y la textura. Una vez tengo suficiente timón sobre esos elementos, me marcho y creo algo a medida; pero para ponerlo en marcha e integrarlo en la maquinaria de la película, tenemos que estar juntos”.
“Finalmente, como siempre, Josh y yo debemos estar juntos”, continúa Lopatin. “En una especie de órbita filosófica, día y noche, buscando formas de representar el mapa emocional de la película a través de la música. Esta etapa es casi imposible de describir sin sonar sentimental. Marty Supreme es nuestra tercera película juntos y, para mí, suena como el resultado completo de un lenguaje compartido muy especial en el que llevamos trabajando desde hace muchos años”. Es una obra descomunal y sinfónica, pero, como explica Lopatin, “realizada del modo en que siempre trabajamos: en una pequeña habitación sin ventanas, en algún lugar de esta ciudad”.
Por primera vez se suma al equipo creativo de Safdie el veterano diseñador de producción Jack Fisk, que lleva casi seis décadas diseñando escenarios para películas de Terrence Malick, David Lynch y Martin Scorsese. Amigos de la infancia, Fisk y Lynch fueron los únicos alumnos de su instituto interesados en la pintura. Cuando Lynch fue invitado en 1970 a estudiar en el American Film Institute de Los Ángeles, Fisk se unió a él, pese a tener poco interés en el cine, convencido de que podría encontrar trabajo pintando vallas publicitarias. Desde entonces, Fisk ha acumulado tres nominaciones al Oscar por su diseño de producción en Pozos de Ambición, El Renacido y Los Asesinos de La Luna.
Dividiendo su trabajo en Marty Supreme entre construcciones personalizadas en plató y exteriores intervenidos en distintas localizaciones de Nueva York, el legendario Fisk da vida a múltiples mundos: desde edificios de vecindad y comercios del Lower East Side hasta majestuosas mansiones de la Quinta Avenida y espacios específicos de época, como una bolera, un club de tenis de mesa, una gasolinera, una granja rural, un teatro de Broadway, un hotel londinense e incluso el Wembley Arena.
Fisk nunca había diseñado una producción en la ciudad de Nueva York. Tenía muchas ganas de trabajar con Safdie, tras admirar la ciudad que Diamantes en Bruto había llevado a la pantalla. “Me resultaba emocionante recrear Orchard Street tal y como era hace 75 años, cuando el Sueño Americano aún estaba tomando forma”, afirma Fisk. “Me gustaba Marty porque es un soñador que ve algo más grande que el Lower East Side, y sus habilidades en el tenis de mesa le permiten experimentar un mundo que, para la mayoría de la gente de su edad en los años cincuenta, era inconcebible. Todos, cuando somos jóvenes, soñamos con avenidas más amplias”.
Para recrear el barrio del Lower East Side de Marty, Fisk y su equipo de diseño optaron por no construir este vibrante enclave en un plató. En su lugar, devolvieron su aspecto y atmósfera de época mediante la intervención de fachadas en calles reales de la ciudad. “Hay una presencia fantasmal en el Lower East Side que no tendría el mismo impacto si se recreara en un estudio”, explica Fisk. “Hay algo en el barrio, en sus edificios de vecindad y en sus comercios, que está vivo con el paso de los años, incluso hoy”.
La producción utilizó tres manzanas de Orchard Street para construir el mundo de Marty: desde el estrecho edificio de vecindad que comparte con su madre, pasando por la zapatería de su tío y la tienda de animales donde trabaja Rachel, hasta las calles y callejones circundantes por los que Marty corre para escapar de la policía. A pesar de la modernización y la gentrificación, Fisk se mostró encantado de descubrir que muchos edificios originales seguían en pie.
“Estos edificios fueron diseñados por personas del siglo XIX y nosotros los devolvimos a la década de 1950 a través de sus fachadas e interiores”, comenta Fisk. “A través de los escaparates contemporáneos y los patios traseros, aún puede descubrirse el espíritu antiguo del barrio y su vibrante vida callejera”.
En contraste con la vida obrera y bulliciosa recreada en el Lower East Side, Fisk también retrata el barrio más acomodado de Manhattan en los años cincuenta, el Upper East Side, donde Milton Rockwell y Kay Stone residen en la Quinta Avenida. Para el exterior de la mansión Rockwell, Fisk localizó y transformó un edificio de Manhattan diseñado por Frank Woolworth, fundador de las célebres tiendas Five and Dime.
La atención al detalle de Fisk queda ejemplificada en la creación de Lawrence’s, inspirado en un club de tenis de mesa real ya olvidado que se encontraba en la calle 55 con Broadway, regentado por un elegante hombre originario de Barbados llamado Herwald Lawrence. Apenas existían referencias escritas sobre esta institución más allá de algunas menciones en libros y artículos. Safdie y Fisk, con el apoyo de un equipo de investigación liderado por Rossein, se propusieron localizar planos arquitectónicos de un edificio desaparecido hacía tiempo. Juntos lograron encontrar planos de cada una de sus plantas. Cuando esto aún no fue suficiente, utilizaron todos los esquemas y descripciones disponibles para identificar fotografías del célebre jugador de tenis de mesa Dicky Miles y determinar que habían sido tomadas en Lawrence’s.
Fisk se enfrentó a un gran reto al diseñar las extensas secuencias de tenis de mesa de la película, que se despliegan por Inglaterra, Japón, Francia, Sarajevo y Egipto. Para el Abierto Británico, la producción se hizo con el Meadowlands Arena de Nueva Jersey, donde se instalaron más de 2.700 metros cuadrados de suelo de madera para acoger a decenas de jugadores y miles de espectadores.
Como lo describe Josh: “Jack es cineasta y narrador. Su fe en el proyecto era contagiosa. Cree de verdad en el mundo que estamos construyendo. Cada localización es un lugar con historia, haya existido o no. Él y yo nos mandábamos mensajes hasta las tres de la mañana hablando de qué tipo de pintura se usaba en los edificios de vecindad en los años treinta, porque nada se había repintado entre entonces y el momento en que transcurre nuestra película. Una vez me llamó en pánico: “¿Dónde vamos a encontrar pelotas de 38 mm?”, después de leer que las pelotas actuales de 40 mm sustituyeron a las de 38 mm que se usaban en los cincuenta, hace más de veinte años. Las pasiones de Jack se contagian a todo el equipo. Para él no existe jerarquía. Es un poeta y un romántico. Siente como si tuviera a la vez ocho años y doscientos. Jack es atemporal”.
“Todos, cuando somos jóvenes, soñamos con avenidas más amplias”, dice Fisk, que estudió en la universidad en Nueva York en los años sesenta, pero nunca había diseñado un decorado cinematográfico en la ciudad hasta Marty Supreme. “Me gustaba Marty porque era un soñador que veía algo más grande que Orchard Street, y sus habilidades en el tenis de mesa le permitían experimentar un mundo que para la mayoría de la gente de su edad resultaba inconcebible. Para mí fue muy emocionante recrear la Nueva York de hace 75 años”.
El compromiso obsesivo de este equipo refleja el alma de Marty Supreme: la persecución implacable, casi irracional, de la grandeza. En palabras de Safdie: “Marty Supreme trata sobre un joven consumido por un sueño, un sueño tan aparentemente trivial, tan ridículamente específico, que creer en él exige una fe ciega. No es solo que nadie crea en su sueño; es que creer en el propio sueño resulta, en sí mismo, increíble”.
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