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NOTAS DEL DIRECTOR...
El guion de Omaha, de Robert Machoian, llegó a mí en un momento en que sentía la necesidad imperiosa de entregarme por completo a una película, a una historia y a un personaje con los que conectara profundamente. Aunque, irónicamente, lo único que tengo en común con el viaje de estos personajes es la base sobre la que se construye su experiencia: el amor familiar. Esta verdad universal se hace más evidente que nunca en una historia donde un padre tiene que enfrentarse a lo impensable por el bien de sus hijos. Todos somos hijos o padres. Si hemos tenido la suerte de tener padres que nos querían y hemos sobrevivido a la relación con ellos, por muy complicada que fuera, está en nuestra naturaleza eterna amar y proteger a esos padres o esos hijos. Omaha subraya esa fervorosa naturaleza humana. Es un retrato de la humanidad de un padre en el peor de sus momentos.
He sido padre casi toda mi vida adulta. Yo tenía 23 años cuando tuvimos a nuestro primer hijo. La mayor parte del tiempo me he sentido como un niño criando a otro niño: sin preparación, sin certezas, sin saber muy bien cómo hacerlo. Pero en todo momento he sentido la verdad más profunda que he conocido nunca: que haría cualquier cosa por mis hijos. Nuestra sociedad ha puesto sobre los hombros de los padres el peso de ser los que proveen. Y, aunque es un papel que me tomo muy en serio —y que no podría ejercer sin mi mujer y el equipo que formamos—, esta película cuenta una historia más profunda. ¿Si fallas como proveedor, has fallado como padre? ¿Dónde reside el valor verdadero de nuestro amor? Y, por último, si para darle a tu hijo lo mejor, tienes que tomar una decisión impensable, ¿podrías tomarla? ¿O acaso deberías?
Después de haber hecho la película, todavía no sé la respuesta. Lo que sí sé es que Omaha me ha dado la oportunidad de explorar el nivel más profundo de la paternidad y de enfrentarme a una realidad que otros padres han vivido. A través de su dolor, su amor y su inimaginable realidad, la película pone rostro a un momento que ocurrió de verdad. Y no podemos apartar la mirada: esto ha sucedido en la vida real. ¿Quiénes era esos padres? ¿Con qué dificultades bregaban? Omaha me permitió ir más allá del juicio irreflexivo y acompañar a una familia en su viaje por el oeste estadounidense, rumbo a una decisión que cambiará para siempre su destino.