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SAMSARA
INFORMACIÓN
Titulo original: Samsara
Año Producción: 2023
Nacionalidad: España
Duración: 113 Minutos
Calificación: Autorizada para todos los públicos
Género: Drama, Documental
Director: Lois Patiño
Guión: Garbiñe Ortega, Lois Patiño
Fotografía: Mauro Herce, Jessica Sarah Rinland
Música: Xabier Erkizia
FECHA DE ESTRENO
España: 20 Diciembre 2023
DISTRIBUCIÓN EN ESPAÑA
Atalante Films


SINOPSIS

Si un alma abandona un cuerpo para encontrar otro, ¿qué siente? ¿Cómo suena? La última película de Lois Patiño (Lúa vermella, Costa da Morte) está dividida en dos: dos mundos, dos sistemas de creencias, dos experiencias y vidas interiores. Lo que las une es un hilo cósmico. La historia empieza cerca de una cascada milagrosa en el sudeste asiático y viaja a un pueblo pesquero en el este de África. Su ruta es un puente que no está en ningún mapa, y que quizás sólo el cine puede intentar trazar...

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Documental

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- Seminci de Valladolid 2023
- Festival de Berlín 2023

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NOTAS DEL DIRECTOR...
   Samsara profundiza en algunas constantes que he ido explorando en mi trabajo: la reflexión sobre la relación entre el ser humano y el paisaje, un interés antropológico centrado especialmente en lo mítico y espiritual o la voluntad de llevar al espectador a una experiencia íntima y meditativa. En mis películas anteriores, he desarrollado conceptos que tienden a “vaciar” la imagen, como la distancia, la duración o la inmovilidad. Las figuras humanas aparecen en estas películas muy alejadas o paralizadas, sugiriendo, de alguna manera, una desaparición, un diluirse del ser humano en el paisaje. En Samsara sigo trabajando desde el concepto freudiano de “sentimiento oceánico”: sentirse formar parte del Todo, como la gota de agua forma parte indivisible del Océano, una idea de comunión espiritual presente también en el concepto de Iluminación budista que el proyecto explora.
  En Samsara quería llevar el “vaciamiento” de la imagen un paso más allá y explorar más profundamente la idea y la representación de lo invisible en el cine. Así es como pensé en hacer una película para ver con los ojos cerrados. Quería también aproximar aún más la experiencia cinematográfica a la meditativa y que la sala se convirtiera en un espacio de meditación colectiva. Me interesa, por otro lado, la multiplicación de la imagen que provoca el gesto de cerrar los ojos, ya que el sonido evocará imágenes diferentes a cada espectador. Así como la experiencia perceptiva singular derivada del hecho de que sea el párpado, empapado de luz, el que se convierta en pantalla. El Libro tibetano de los muertos -una descripción detallada de lo que nos encontraremos en el más allá- me pareció un lugar óptimo para desarrollar esta propuesta cinematográfica de ojos cerrados, por ser un espacio espectral, donde lo evanescente y fugaz adquiere mayor presencia.

SOBRE LA PELÍCULA...
  Si un alma abandona un cuerpo para encontrar otro, ¿qué siente? ¿cómo suena? La última película de Lois Patiño (Lúa vermella, Costa da Morte) está dividida en dos: dos mundos, dos sistemas de creencias, dos experiencias y vidas interiores. Lo que las une es un hilo cósmico. La historia empieza cerca de una cascada milagrosa en el sudeste asiático y viaja a un pueblo pesquero en el este de África. Su ruta es un puente que no está en ningún mapa, y que quizás sólo el cine puede intentar trazar. Al público sólo se le pide que cierre los ojos y viaje con él.
  En Laos, un joven llamado Amid atiende a una mujer moribunda y lleva su barca por el río Mekong. Un día conoce a un monje novicio, Bee An, que le pregunta por un libro que lleva. Amid le explica que es el Bardo Thodol, o Libro Tibetano de los Muertos, y que se lo ha estado recitando a la mujer. “Es un libro que alguien tiene que leerte”, dice Amid. Regresa junto a la mujer y la ve despedirse de sus pertenencias. La vida adulta de Amid comienza cuando la de ella está a punto de terminar. Le echa gotas de agua en la mano para despertarla. “¿Qué puedo hacer”, le lee Amid, “¿ahora que estoy muerta?”. Con un grupo de monjes del templo de Bee An, Amid viaja río abajo hasta las cataratas de Kuang Si. Mientras están allí, la mujer fallece.
  Otra gota, otra mano. La historia se traslada a Tanzania, donde la niña Juwairiya se despierta con la noticia de que ha nacido una cabra. La llama Neema, palabra árabe que significa “bendición”.
  Juwairiya vive con su familia en Uroa, un pueblo en la costa oriental de Zanzíbar. Las mujeres cultivan algas y fabrican jabón, los hombres se dedican a la pesca. “La vida es cambio”, explica la abuela de Juwairiya. Hay regeneración en el aire.

ENTREVISTA AL DIRECTOR...
A lo largo de su carrera como cineasta, ha realizado películas ambientadas en Galicia y sus alrededores, su tierra natal. Para Samsara rodó en Laos y Tanzania, donde transcurre gran parte de la historia. ¿Cómo cambió esto su enfoque como cineasta y qué le atrajo originalmente de estos lugares?...
Samsara fue diferente en muchos sentidos, pero yo quería eso. Quería cambiar mi metodología, mi forma de trabajar. Esto no es Galicia, de donde vengo. No trabajo en mi cultura, estoy fuera de ella, pero vuelvo a retratar culturas que aportan perspectivas diferentes a la dominante, la occidental. Al llevar esa diversidad a la pantalla, creo que es importante que no perdamos la riqueza de lo diferente.
Cuando hago una película, siempre quiero explorar el lenguaje cinematográfico, la forma cinematográfica. Para Samsara, mi primera idea fue hacer una película que se viera con los ojos cerrados. Luego, cuando leí El libro tibetano de los muertos, pensé que podría ser interesante vincular esta experiencia con un viaje por el bardo, el concepto budista del estado intermedio o de transición.
Para ello necesitaba dos lugares y dos cuerpos por los que moverme. Para introducir esa creencia en la reencarnación, el primero tenía que ser un país budista, así que me decidí por Laos. Visité Luang Prabang, la capital cultural, donde hay cientos de templos, aunque no tenía ni idea de que encontraría uno con 300 monjes estudiantes. Poco después de rodar en Laos, me pidieron que impartiera un taller de videoarte en Tanzania. Había estado buscando un lugar que ofreciera un contraste cultural en todos los sentidos: el paisaje, las creencias, las religiones, incluso la actitud de la gente. Así que fue por esta causalidad (que me invitaran al taller) como encontré Zanzíbar, y así encontré un camino para la película.

Captar culturas diferentes, especialmente como cineasta occidental, puede ser delicado. ¿Fue prudente a la hora de incluir estas comunidades y tradiciones? ¿Cambió de algún modo su proceso?...

Era muy consciente de ello. Una cosa buena de este proyecto, en este sentido, es que es de bajo presupuesto, así que éramos muy poca gente. Sólo cuatro personas viajamos desde España: el director de fotografía, el sonidista, la productora y yo. El resto del equipo, producción, ayudante de sonido y ayudante de cámara, eran todos locales. Y juntos revisamos el guion muchas veces, comprobando también con los actores los diálogos para asegurarnos de que no apareciera nada delicado o incorrecto. Intentábamos eliminar nuestra perspectiva en la medida de lo posible. Además, Laos es un país comunista de partido único, así que no es fácil conseguir que aprueben un guion. También tuvimos que contar con la presencia de una funcionaria del gobierno en el rodaje.
En gran medida es un documental. Estábamos en una posición de observación. Quería mostrar un contraste entre estos lugares, pero también con nosotros, la cultura occidental. Más que incidir en la realidad, la recibimos, y dentro de esa realidad hicimos una microficción para construir una pequeña narrativa.

En una entrevista con Film Comment mencionó la noción de Freud de "sentimiento oceánico". ¿Cómo ha influido esta idea en su trabajo y dónde la ve en Samsara?...

Creo que, en general, ese concepto podría ser el más esencial de mis películas. La sensación que me gustaría que el público se llevara a casa es esa sensación, la de que todos formamos parte de lo mismo. Creo que está presente en muchas ramas míticas de las religiones, como el sufismo o el misticismo católico, y también, por supuesto, en el bardo. Uno de los conceptos clave del Bardo Thodol, o Libro tibetano de los muertos, es reconocer toda luz como tu propia luz, todo sonido como tu propio sonido. En esta película va más allá, en el sentido de que estamos conectando culturas muy diferentes con la idea de un alma que viaja de un cuerpo a otro. En cierto sentido, es un pequeño intento de traer más fraternidad, y creo que eso es algo bueno que intentar generar.
Siempre nos interesa algo que no entendemos. Todas las culturas y religiones intentan dar respuestas provisionales a lo desconocido en forma de mitos y creencias. Una de las preguntas más importantes es la cuestión de qué hay después de la vida. Estos mitos, estas historias aparecen para intentar calmar la ansiedad por la muerte que tenemos todos. En Samsara, quería centrarme en la respuesta budista a ese misterio. En el Bardo Thodol, un libro que está pensado para que te lo lean antes de morir, los budistas tienen trazada una experiencia muy compleja y completa. Dice: esto es lo que va a pasar, no hay nada desconocido, no tengas miedo, todo forma parte de ti.
De nuevo, es el sentimiento oceánico.

Hay una secuencia en el centro de Samsara que es pura inmersión cinematográfica. Incluso pide al público que cierre los ojos. ¿Qué inspiró esta elección?...
Ya conocía algunos experimentos con la luz, como la Dreamachine de William S. Burroughs. Después, en Madrid, asistí a una experiencia sonora de Francisco López, un artista sonoro, en la que había que tener los ojos cerrados. Otra influencia fue el artista de la luz James Turrell. Vi una obra suya en Los Ángeles llamada Light Breathing. Está estructurada como un espacio de luz infinita en el que la luz y el color cambian. La intensidad de la luz entra y sale, así que sientes como si la luz respirara y tú la respiraras.
Esa idea me pareció asombrosa. Quería explorarla en el cine. Pensé que si poníamos una secuencia muy experimental y sensorial en un documental narrativo, ese tipo de contraste podría funcionar muy bien. Es una idea que quiero seguir en nuevas películas, ir con esta alma a través de diferentes cuerpos. Y siempre haciendo el viaje con los ojos cerrados cuando viajamos de un cuerpo a otro.

Idealmente, ¿le gustaría que Samsara se viviera con público?...
Tengo mucha curiosidad. Me gusta la idea de que una sala de cine se convierta en una experiencia meditativa colectiva durante 15 minutos. En cierto modo es muy íntimo, estás dentro de tu cuerpo escuchando, pero al mismo tiempo sabes que hay personas a tu alrededor en la misma situación. Creo que puede ser muy poderoso.

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