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UNA VETERINARIA EN LA BORGOÑA
INFORMACIÓN
Titulo original: Les Vétos
Año Producción: 2019
Nacionalidad: Francia
Duración: 91 Minutos
Calificación: No recomendada para menores de 7 años
Género: Comedia, Drama
Director: Julie Manoukian
Guión: Julie Manoukian
Fotografía: Thierry Pouget
Música: Matei Bratescot
FECHA DE ESTRENO
España: 16 Abril 2021
DISTRIBUCIÓN EN ESPAÑA
Caramel Films


SINOPSIS

En el corazón de la Borgoña, Nico, el último veterinario de la zona, lucha por salvar a sus pacientes, su clínica y su familia. Cuando Michel, su compañero y mentor anuncia su retiro, Nico sabe que la peor parte está por llegar. "No te preocupes, he encontrado a la siguiente generación" Excepto que...la siguiente generación es Alexandra, una recién graduada brillante, misántropa y que no tiene ningún deseo de enterrarse en el pueblo de su infancia. ¿Conseguirá Nico que se quede?...

INTÉRPRETES

CLOVIS CORNILLAC, NOÉMIE SCHMIDT, CAROLE FRANCK, MATTHIEU SAMPEUR, JULIANE LEPOUREAU, LILOU FOGLI, VICTOR ARVEILLER, PAUL ARVEILLER, STÉPHANE RIDEAU, ANTOINE CHAPPEY, CHRISTIAN SINNIGER, CYRIL COUTON

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ENTREVISTA A LA DIRECTORA...
Antes de dedicarte al cine estudiaste literatura... Teniendo en cuenta tu trayectoria, era muy poco probable que dedicaras tu primera película a esas personas que cuidan a los animales... ¿De dónde sacaste la idea de UNA VETERINARIA EN BORGOÑA?...
Me lo sugirió el productor Yves Marmion. Habíamos trabajado juntos en un proyecto que no había tenido éxito pero que había creado un vínculo entre nosotros. Hace unos tres años después de esa colaboración fallida, Yves me llamó para decirme que estaba buscando a alguien para contar una historia sobre los veterinarios rurales. "Es una profesión”, me dijo, “que interesa a todas esas personas cada vez más numerosas preocupadas por el bienestar animal. Estoy seguro de que se puede contar una gran historia". Y añadió que si yo conseguía escribirla, me confiaría la dirección de la película. Me quedé sin palabras: ¡desde niña, mi sueño había sido "dirigir" una película!
Mi puerta de entrada a ese mundo que no conocía eran los sanitarios. Durante años había estado siguiendo a médicos-autores como Martin Winckler, Baptiste Beaulieu o Jaddo, de los que admiraba la pasión, la humanidad y el humor. Cuando empecé a investigar sobre los veterinarios en zonas rurales, descubrí sus condiciones de trabajo, la presión creciente, y encontré el mismo humor, la misma pasión y el mismo heroísmo discreto que caracteriza a esta profesión tan sacrificada.

¿Por qué es así?...
Porque son personas que entregan su vida al servicio de los demás. Trabajan en condiciones difíciles, con horarios enloquecidos, y que reciben salarios que no se corresponden con el enorme esfuerzo que han tenido que hacer para conseguir su diploma ya que se trata de una
de las carreras más difíciles.
Un veterinario rural debe saber tratar a prácticamente todos los animales, domésticos o no, de compañía o salvajes, sin olvidar las especies exóticas. Debe estar disponible día y noche, tanto para asistir a partos como para otras emergencias. Además de ayudar a nacer, también
recae sobre ellos la exorbitante responsabilidad del derecho a la eutanasia que tienen sus "pacientes". ¡Nada más y nada menos! Me enamoré de su profesión, que siguen ejerciendo con pasión y abnegación, a pesar de un estatus que en plena descomposición y de unos clientes que les exigen cada vez más.

¿Cómo diste con la estructura de tu guión?...
Empecé buscando a mis personajes y después llegó la historia. Después de documentarme, el primer personaje que encontré fue Nico, un veterinario de 45 años que lucha por conciliar su vida laboral y familiar. Me gustan las historias de familias. De hecho son una de mis obsesiones de autor... Cuando tuve a mi "Nico", imaginé que se estaba ahogando, y que para no hundirse debía buscar un socio. Se convirtió en una historia de transmisión... Tenía un punto de partida.
Después, el personaje de Alex llegó muy rápidamente.

¿El personaje de Nico se inspira en alguien que conocías?..
No, pero digamos que tiene elementos de varias de mis figuras paternas y de esos sanitarios que me inspiraron. Y después, cuando llegué al Morvan para buscar localizaciones, conocí a un veterinario que, aunque un poco más joven que “mi” Nico, ¡tenía el mismo perfil! Eso prueba que si tienes una idea precisa y sólida de un personaje, eso quiere decir que existe en la realidad aunque aún no lo conozcamos.

¿Y el personaje de Alex?...
El personaje de Alex lo ideé como lo mejor que podía pasarle a Nico, pero con un exterior nada halagüeño. Ella no se parece a mí, pero tiene muchas cosas mías. Quise que tuviera esa faceta romántica y obtusa a la vez que yo tenía a los 15 años y que todavía me queda, ¡a pesar de que ya he cumplido 30! (risas)

¿Cómo construiste tu película para darle esa faceta tan real, tan concreta?...
Sabía que tenía que estructurar mi historia con anécdotas, pero también sabía que no debía abusar de ellas para no perder de vista mi verdadero propósito. Así que decidí centrarme en algunos animales como el ratón, el zorro, la vaca y el perro Thor, que pueden considerarse personajes de la película por derecho propio. Y todos los demás hicieron las veces de “extras".
Su cometido es dar vida a la clínica.

¿Estabas familiarizada con esos animales?...
La verdad es que no. Aparte de Thor, el perro de caza, que me inspiró un perro que conozco y que vive una vida doméstica para la que no está hecho. El zorro apareció en la historia después de un sueño. Crecí en la ciudad, sin mascotas, y mi perspectiva sobre ellos cambió mientras escribía, me ha vuelto a conectar con algo que había perdido hace mucho tiempo.

¿Hubo escenas "peligrosas" a la hora de rodar?...
No se puede decir que fueran peligrosas pero sí delicadas. La escena del parto, por ejemplo, fue muy complicada. Me preocupaba mucho porque era una de las escenas fundamentales de la película, la que cambia todo para Alex. Habíamos planeado hacer un montaje falso y fabricar patas falsas de ternero por si acaso. Pero en el fondo de mi corazón quería que fuera una escena real. Tuvimos muchísima suerte. Cuando llegamos al Morvan, encontramos el establo que nos serviría de escenario. En el interior, había 15 vacas y todas iban a tener su primer parto. Es lo que queríamos porque esas vacas suelen necesitar la ayuda de un veterinario para parir. Todas tenían que parir durante el rodaje, así que era perfecto. Y luego, a medida que pasaban las ecografías de control, el veterinario, que también era nuestro asesor, redujo el número de vacas que encajaban con nuestras fechas: ¡de 15, pasamos a 5, después a 3, y luego a una! Llegó la fecha, un viernes. Noémie no podía venir el domingo. Estábamos muy preocupados. Y luego, Maxime, nuestro asesor, nos dijo que debíamos estar preparados, que el parto era inminente. Instalamos la iluminación en el establo y esperamos fuera, en la mesa de control, y poco a poco todo el mundo empezó a contar historias de nacimientos, fue precioso lindo. Después, Maxime nos dijo que había llegado el momento. Entramos con un equipo reducido, en un silencio casi religioso, para no asustar a la vaca. Noémie se había preparado, y vivió el parto de principio a fin. De hecho, ella misma hizo algunos gestos. La toma que quería a toda costa era la primera mirada del recién nacido a la que le había traído al mundo, y pudimos filmarla. La emoción nos embargó a todos. Todos empezamos a llorar en silencio en nuestros pañuelos. Noémie hizo gala de una sangre fría admirable. ¡Ni se mareó ni se desmayó! (risas)

¿Cómo hiciste las escenas con el zorro?...
Sabía que se puede domesticar a los zorros, pero lo que desconocía es lo miedosos que son. Nuestras entrenadoras, Muriel Bec y Lisa Humblot, hicieron milagros con Trollus, su zorro, que habían adoptaron cuando era un cachorro. Para ellas, este joven macho controló su miedo, aceptó tener a un pequeño equipo a su alrededor y logró mantenerse firme durante las tomas. ¡Pero había que ir muy deprisa! Yo no lo sabía, pero la mayoría de los animales sólo se dejan "llevar" con el único propósito de hacer feliz a su "amo". ¡Es increíble todo lo que pude aprender y comprender sobre la inteligencia animal haciendo esta película!

¿Escribiste el guion pensando en los actores?...
No, pero cuando terminé el guión, el primer nombre que surgió para el papel de Nico fue el de Clovis Cornillac. El consenso en torno a su nombre fue tal que creo que hubiéramos abandonado el proyecto si él no hubiera aceptado. Clovis es un actor al que adoro. Cuando era adolescente, vi todas sus películas con mi madre, que también es fan suya. Después de enviarle un mensaje de texto, quedamos para comer. ¡Ese día yo estaba casi tan estresada como el día de mi boda! (risas)
Hay un fenómeno llamado "Clovis Cornillac". Cuando fuimos a buscar localizaciones en el Morvan y nos preguntaron quién iba a actuar en la película, en cuanto mencionamos su nombre, la cara de la gente se iluminaba inmediatamente. Además de ser un comediante increíble, que ha hecho giras por todo el país, creo que siempre deja muy buenos recuerdos donde quiera que va. En un plató, es un socio fantástico y tremendamente considerado con sus compañeros. Es divertido, paciente y sabe cómo elevar la moral de las tropas. Contar con
él en mi primera película ha sido una enorme suerte para mí. Me emociona que haya depositado su confianza en mí.
Para interpretar a Alex, has elegido a Noémie Schmidt...
Conocía el trabajo de Noémie en VERSAILLES y en EL SR. HENRI COMPARTE PISO, y me quedé impresionada en las pruebas que hizo para nosotros. Para el papel de Alex, también se necesitaba una actriz capaz de interpretar con un ratón en el hombro, que no es el caso de todos los actores, pero Noémie ya lo había hecho: así que pedirle que interpretara a Alex era una elección obvia desde todos los puntos de vista. En el plató, nos asombró con su amabilidad, su disponibilidad y sus agallas, sobre todo en la escena del parto.

¿Por qué eligió a Michel Jonasz para el papel de Michel?...
¿Por la similitud de nombres? En cualquier caso, el nombre de Michel Jonasz, que también es uno de los monstruos sagrados de mi infancia, surgió casi inmediatamente. Nos conocimos y después de dos horas tomando té chino, me dio su consentimiento. Este papel le gustaba mucho porque me confesó que uno de sus sueños había sido convertirse en cirujano y que seguía siendo un apasionado de la medicina de todo tipo. Todo el mundo lo sabe, pero podemos repetirlo: además de ser uno de los mejores cantautores, Michel también es un actor magnífico. Tiene una técnica sin fallas y una enorme precisión en sus gestos. Es impresionante.

UNA VETERINARIA EN BORGOÑA se rodó en el Morvan. Es una región que acoge pocos rodajes...
Al principio debíamos instalarnos en el Jura pero estaba demasiado lejos de Muriel Bec, que tenía que traernos a todos los animales desde su casa. Así que intentamos acercarnos a ella y pensamos en el Morvan y en su parque natural Visitamos bastantes pueblos, sin encontrar lo que buscábamos, hasta que Yves Marmion vio una foto de la plaza de Mhère en la guía Michelin. Fue el último pueblo en el que paramos, ¡y era perfecto! Su plaza y su ayuntamiento se asemejaban a un escenario de western. Exactamente lo que yo que estaba buscando. Para rodar en scope, era ideal. Después, recorrimos la zona y descubrí la región con la que había soñado, todo repleto de verde y de agua.

Es tu primera película, la realización de un sueño de infancia. ¿Cómo lo has vivido?...
Estaba deslumbrada, incrédula y aterrorizada al mismo tiempo, hasta el primer día de rodaje. Pero la alegría que había en el set se impuso, incluso en los momentos más duros, sobre todo gracias al equipo con el que el que tenido la suerte de trabajar. Además, Yves Marmion no me dejó ni a sol ni a sombra. Me acompañó de un extremo al otro de esta aventura. En esta película, él ha sido la figura tutelar que necesito cada vez que hago algo. Mi carrera profesional está marcada por personalidades como la suya.

¿Tenías en mente algún modelo de película?...
No exactamente. Hay muchas películas francesas que me encantan y que me han construido como persona, pero que pertenecen a universos distintos al de UNA VETERINARIA EN BORGOÑA. No tenía ninguna referencia. Ni siquiera había visto UN DOCTOR EN LA CAMPIÑA de Thomas Lilti, que vi después. Solo sabía que quería hacer una comedia que fuera al mismo tiempo amable, sólida y realista, que no traicionara la realidad sobre el terreno.

Como directora de tu ópera prima, ¿has sentido miedos y grandes emociones?...
Sí, un montón. Por ejemplo en la primera toma, cuando oí "acción" por primera vez. O la primera noche de rodaje con un montón de extras y donde nada funcionaba. Fue Michel Jonasz quien mantuvo la moral del plató en todo momento ¡haciendo reír a la gente. También la escena del parto, que, en términos de timing, fue un verdadero milagro. Pero la secuencia que más me conmovió es una de las últimas. Es la escena en la que Noémie, después de que le digan que puede trabajar en el laboratorio de sus sueños, se da cuenta de lo que ha perdido al irse del Morvan. Ese era el meollo de la historia: encontrar su lugar en el mundo, encontrar su tribu. Noémie hizo que se me llenaran los ojos de lágrimas. Ocurrió algo muy fuerte, indefinible.

Has hecho una película que se desarrolla en el campo francés y tú, la hija de André Manoukian, ¿eliges acompañarla de música anglosajona? ¿Es porque te gustan las contradicciones?...
(Risas) En absoluto. Resulta que para esa película quería música folk. Tenía en mente a Jimmy de Moriarty. Y tuve la suerte de poder utilizarlo con otras dos piezas de este grupo que me gusta muchísimo. Abrir y cerrar la película con la voz de Rosemary Stanley es un gran triunfo para mí. Después, le pedí a Mattéi Bratescot que compusiera una banda sonora con el mismo espíritu. UNA VETERINARIA EN BORGOÑA no era la película adecuada para trabajar con mi padre. Pero espero contar con él en la próxima.

¿Cuál es el mensaje de tu película?...
Que los "veterinarios" son personas indispensables. Y que necesitan ayuda.

¿A quién se dirige UNA VETERINARIA EN BORGOÑA?...
A todo el mundo. Es una historia familiar, de heridas que cicatrizan y de solidaridad. ¡Todos los que vayan a sentirse mejor al verla están invitados!

¿Qué ha cambiado esta película en tu vida?...
He crecido un poco. He aprendido a decir "no", algo que me resultaba difícil. ¡Y por encima de todo, he comprendido que sólo quiero dedicarme a esto!


ENTREVISTA A CLOVIS CORNILLAC...
¿Por qué has querido participar en esta aventura?...
Cuando releí el guión, me enganchó su título: UNA VETERINARIA EN BORGOÑA. En los 35 años que llevo haciendo cine, era la primera vez que veía un proyecto que hablaba de una profesión tan popular entre los niños, y que, personalmente, siempre he admirado por la abnegación que exige a los que la practican, ¡porque los animales no pueden dar las gracias! ¡Que nadie hubiera pensado en convertir a esas personas en protagonistas de una película me pareció alucinante! Incluso antes de abrir el guión, la idea ya me parecía genial. Cuando lo leí, seguía igual de entusiasmado.

¿Por qué?...
Me pareció muy inteligente que se centrara en la profesión de veterinario en zonas rurales porque no la conocemos bien. Es variada porque las enfermedades y las técnicas son evidentemente distintas según tengas delante a un toro, una oveja o una gallina. Es menos lucrativo de lo que se piensa, debido a las dificultades económicas del mundo rural, y extenuante, por la disponibilidad que exige y las largas distancias que hay que recorrer entre dos visitas. ¡No es de extrañar que el abandono del campo por parte de los médicos también afecte a los veterinarios!
La mezcla de todas esas características daba al escenario una tensión real, especialmente porque Julie Manoukian lo había construido de manera muy inteligente en torno a una historia de transmisión, entre un veterinario veterano que se viene abajo y una joven graduada sin experiencia a la que quiera convencer de quedarse y ayudarlo... Yo añadiría que, además de su contenido, que me pareció fascinante, UNA VETERINARIA EN BORGOÑA tenía la factura que me gusta: sencilla, sin pretensiones, a la imagen del ser humano.

¿Tienes que amar a los animales para hacer un papel de veterinario?...
Afortunadamente, para hacer bien un papel, no es necesario que disfrutes haciendo lo que se exige de ti. Espero haber resultado creíble en todos los personajes de impresentables y asesinos que he interpretado en mi carrera. ¡Sin embargo, puedo asegurarte que matar, robar o comportarse como un bastardo no es lo que más me gusta! (Risas) Ser actor significa saber ser un experto en todos los oficios, curioso y también un prestidigitador. Incluso si se trata de un personaje completamente ajeno a ti, debemos hacer creer que somos a quien encarnamos. A veces tenemos el placer infantil de convertirnos en un villano. Inventar y recomponer suele dar muchas satisfacciones. Dicho esto y volviendo a la película, me encantan los animales e interpretar a Nico ha sido maravilloso.

¿Te documentaste para ejercer tu profesión antes del rodaje?...
Sí, un poco. Pasé varios días con un veterinario. Vi cómo trabajaba, pero sobre todo observé su comportamiento psicológico. De hecho, lo que me interesa de un profesional cuyo trabajo exige una gran habilidad manual no consiste solo en reproducir sus gestos lo más fielmente posible sino transmitir lo que no es consciente, su estado de ánimo por ejemplo, o su humanidad. Aprender a hacer un movimiento es bueno, pero, como siempre lo haremos menos bien que un profesional experimentado, sabemos que en el rodaje contaremos con dobles para los primeros planos. De todas formas, la reproducción mimética de uno u otro gesto es lo que otorga credibilidad a un personaje, sino su actitud general. En este caso, se trata de cómo un veterinario se relaciona con los animales, cómo les habla. Esto es lo que, a mi manera, he intentado reproducir. Capturar la esencia de las cosas y hacerla, por así decirlo, palpable, es lo que da realismo a un papel, lo que le otorga veracidad.

¿Qué fue lo más difícil para ti en este plató?...
En un rodaje, nada es realmente difícil, porque se trata de un juego y no de la vida real. ¡Ser un veterinario al límite de sus fuerzas y serlo en la realidad no es lo mismo! Entre reconstruir una operación en una película y realizar una operación real, no hay color. Así que debemos relativizar. Los riesgos que corre un actor, ya sean físicos o psicológicos, no tienen nada que ver con los que corre la gente en la vida real.
En un rodaje, nos limitamos a tener cuidado y escuchar a los profesionales. No te comportas de cualquier forma ante un toro y explorar el culo de una vaca impone ciertas precauciones. Te puede patear o caer encima de ti y asfixiarte. Sin embargo, si eres lo suficientemente intuitivo, sentirás el peligro. Yo no tuve miedo, pero tuve cuidado. De hecho, el mayor riesgo que corren los veterinarios rurales no son los animales por muy impresionantes o salvajes que sean, ¡es su coche! Los veterinarios pasan mucho tiempo en la carretera. Como están cansados y obsesionados con llegar a tiempo, están todo el tiempo a merced de un accidente.

¿Qué escena que has rodado te ha gustado más?...
Me resulta difícil elegir una. La aventura de una película es su conjunto. Todo es relativo. Si una secuencia te gusta, suele ser porque la anterior te ha dado más problemas. ¡Y también lo contrario! Es como la vida misma. Las buenas y las malas noticias se experimentan de manera diferente según el momento. Si a un niño que llora porque tuvo más miedo por caerse que por hacerse daño, le dices que viene su primo o que su merienda está lista, dejará de llorar inmediatamente. ¡Y sin embargo, no son noticias realmente importantes!

¿Conocías el Morvan?...
No. Lo descubrí y disfruté mucho rodando en esa zona. Es una región hermosa, una de las menos pobladas de Francia. Su naturaleza es sublime, sus valles muy suaves, pero, paradójicamente, la vida cotidiana es dura. Su clima es continental. Los inviernos suelen ser muy fríos y los veranos sofocantes. Los habitantes son acogedores, adorables y también muy fuertes, porque se necesita una gran entereza para vivir allí. Los habitantes viven dispersos, las distancias entre granjas y pueblos son considerables. Para quedarse allí, hay que amar la soledad. Hay muchas casas a la venta. El escenario es muy importante para un actor. Desempeña un papel importante su forma de entender a su personaje. En UNA VETERINARIA EN BORGOÑA, el Morvan era absolutamente perfecto. Todos nos alojamos en un camping junto a un lago. Los amaneceres con niebla eran mágicos. No pasábamos frío. Era genial. Estábamos como en un campamento de verano (risas).

Para continuar con el vocabulario de “campamento de verano”, ¿cómo era tu “jefa"?...
Julie es una mujer dulce pero también rockera. Se comporta como una abuelita que se ocupa de todo el mundo. Confía en los demás. No obliga a nada. Su benevolencia tiene aún más mérito ya que se trata de su primera película. Supo rodearse de un equipo técnico cinco estrellas.
La primera vez que vi a Julie, le dije: "Tu película me interesa muchísimo, pero antes de darte mi respuesta definitiva, dime quién será tu director de fotografía". Era Thierry Pouget. ¡Un as de su profesión! Dije que sí de inmediato. En una película, el director de fotografía es uno de los hombres clave. La luz y los encuadres deben ser hermosos. Incluso Ken Loach que muestra mucho la miseria y las injusticias del mundo en sus películas, le concede mucha importancia. Es fundamental: una película no es un telefilm. Aunque sea realista, tienen que ser más hermosa que la vida. La estética de una película se dirige al subconsciente de los espectadores. Además, rodábamos en un paisaje campestre precioso, ¡así que no había que estropearlo! (risas)

¿Qué tipo de actor eres en el plató? ¿Consigues olvidarte de que también eres director?...
Sí, totalmente. En general, cuando trabajo como actor en la película de otra persona, soy un soldado. Me pongo al servicio de la mirada y la visión del director... Escucho lo que me dice y trato de cumplir lo mejor posible lo que me pide. Mi objetivo es que todo salga bien y que todos estén contentos, el director, mis compañeros y todos los técnicos. Pero si me piden mi opinión, la doy.

Y en lo que se refiere a los diálogos, ¿los respetas?...
Cuando son buenos, sí. Ese fue el caso de los de Julie. Diálogos, guión, lo había escrito todo maravillosamente bien. Sus personajes tenían una trayectoria y su historia discurría con momentos álgidos y momentos más tranquilos para que el espectador pudiera respirar, pero sin resultar demasiado blandos para no arriesgarnos a aburrirlos. Ella había comprendido de forma instintiva, lo que es raro en los directores primerizos, que uno no debe decir ni añadir demasiado. Su texto no tenía ninguna redundancia. Era potente, sin poses, ni demasiado dramático, ni demasiado cómico, solo cuando era necesario.

Cuando ves la película, tienes la impresión de que todos sus actores han actuado con el mismo propósito...
Me encanta que se note porque ha sido así. Fue Julie quien supo unirnos. A pesar de ser una directora novel, ha conseguido algo en lo que tropiezan muchos directores experimentados y que es fundamental para la credibilidad de una película: conformar un equipo homogéneo y fraterno. Trabajamos como en el teatro, con espíritu de troupe. No conocía a Noémie Schmidt: para mí ha sido "la" revelación de la película. Obviamente, interpretar al marido de Lilou Fogli, que es mi esposa en el mundo real, me divirtió
mucho. Y sobra decir la satisfacción que he experimentado dando la réplica a ese monstruo de humanidad, humor y verdad que es Michel Jonasz.

¿Cómo te sentiste cuando viste terminada UNA VETERINARIA EN BORGOÑA?...
La verdad es que me sentí muy feliz. Es como el guion que había leído: familiar y tierna. Es para todo el mundo. Aprendemos muchas cosas, sobre la desertificación del campo, la vida tan dura de los que viven allí, los veterinarios, claro, pero también los agricultores. La vida no se sobrelleva. No existe la autocompasión. Solo la pasión.


ENTREVISTA A NOÉMIE SCHMIDT...
¿Cómo aterrizaste en este proyecto?...
De la manera más sencilla. Releí el guión, lo leí, me gustó y fui a hacer las pruebas. Cuando supe que me habían elegido, salté de alegría. Que yo sepa, no existe ninguna película sobre las condiciones de vida y de trabajo de los veterinarios rurales. Me alegró mucho de que el guión contara con todo tipo de animales. Los animales me fascinan. Verlos me inspira. Crecí en un pequeño pueblo de montaña en Suiza, con una madre bióloga, apasionada por todo lo vivo. De niña, pude observar y conocer muchas especies, animales y plantas diferentes.
UNA VETERINARIA EN BORGOÑA, que se desarrolla en el campo, me transportó a mi infancia. Aprendí mucho de los veterinarios que nos acompañaban en el plató. Un animal enfermo en una granja es una preocupación emocional para su dueño, pero por encima de todo es una pérdida de ingresos. Por lo tanto, hay que acudir a ayudarlo lo antes posible. Esto exige que en el campo, los veterinarios estén disponibles las veinticuatro horas del día. Son sanitarios y psicólogos. Su trabajo, como el de los médicos, se enmarca en el ámbito del sacerdocio.

Para interpretar a Alex, ibas a tener que convivir con un ratón. ¿La idea te asustaba?...
Ni me asustaba ni me daba asco porque me encantan los ratones. De pequeña crie muchos ratones. Incluso tuve doce al mismo tiempo. Son animales muy cariñosos, muy inteligentes y muy limpios. Es gracioso porque en el último cortometraje que hice también tuve muchas escenas con ratones. Era la historia de una joven que conocía a personas sin hogar en París. Durante una escena, hago que el ratón beba de mi boca. La escena es inquietante, me encanta.
El hecho de que al principio de UNA VETERINARIA EN BORGOÑA Alex viva con uno de esos pequeños roedores dice mucho de ella. Es un personaje atípico. Se siente más cómoda con los animales que con los seres humanos. De hecho, tener un ratón es una forma de mantenerlos alejados. Es una chica que
tiene rabia, bastante rebelde. Tiene una historia personal difícil; perdió a sus padres muy joven y creció con un tío bastante ausente así que es bastante asocial aunque conserva una faceta muy infantil. En el fondo, Alex es una chica salvaje con un corazón de oro. Me llega al corazón.

La película cuenta su evolución. ¿Entiendes que termine abandonando su sueño de una vida aséptica en un laboratorio para ir a trabajar al campo en condiciones bastante duras e ingratas?...
El proceso vital de Alex forma parte de un viaje iniciático. Me parece muy bien estructurado. Julie Manoukian la ha escrito con mucha sutileza. Primero hace que Alex vuelva a los lugares de su infancia, por lo que se ve obligada a dejar de ocultar su pasado. A medida que Alex se enfrenta a su pasado van cayendo más barreras. Esta chica intelectual que vivía enfrascada en sus libros y en su soledad, tendrá que abrirse a los demás, aunque sea a su pesar. En términos psicológicos, interpretar este proceso es fascinante. Pero también es un papel muy físico. Auscultar, curar, operar, poner inyecciones, entablillar, suturar, etc... Son todo cosas muy concretas. ¡A mí me vino de perlas porque siempre necesito poner mis energías en algo!

En la película, das la impresión de estar muy segura de tus gestos. ¿Cómo te preparaste?...
Como quería ser lo más creíble posible, pedí que me dieran unas cuantas clases. Antes de empezar a rodar, pude acompañar a algunos veterinarios en sus visitas durante varios días. Fuimos a tratar a un toro que tenía neumonía, a vacunar terneros, a anestesiar gatos, a poner sondas a perros. Me hice una idea de la variedad de su trabajo. Me enseñaron los gestos que iba a tener que hacer en mis escenas. Aprendí muchas cosas. Posteriormente, en el plató, con respecto a cómo se comportan los veterinarios con los dueños de los animales, también me inspiré en el veterinario que cuida a mi gato.

¿Qué escena te impactó más?...
La del parto de la vaca. ¡Nunca pensé que me conmocionara tanto! El veterinario asesor nos había advertido que el parto era inminente, pero no esperábamos que sucediera tan rápido. ¡Afortunadamente, todos estábamos listos en el plató! Me acerqué a la vaca, prestando atención a sus reacciones, pero sin especial aprensión, porque no tengo miedo a los animales. Después, el veterinario me dijo que me diera prisa y que confiara en mí, introduje el brazo para agarrar las patas del ternerito y tiré con todas mis fuerzas. El veterinario me ayudó solo un momento y durante poco tiempo. Cuando vi aparecer la cabeza del recién nacido, mi cuerpo entró en un estado emocional increíble. ¡Acababa de ayudar a traerlo al mundo! Estaba impactada. Una verdadera locura. En el plató todo el mundo estaba fascinado, en un silencio casi religioso. Ocurrió un viernes por la noche. Me quedé como "drogada" todo el fin de semana. Creo que esa escena me ha marcado para toda la vida.

¿Este rodaje ha cambiado tu imagen de los veterinarios rurales?...
A decir verdad, como no los conocía, no tenía una imagen preconcebida. Pero después de conocerlos en este rodaje siento un gran respeto por ellos. Trabajan sin importar el tiempo que haga y a menudo en condiciones precarias, con frío y barro. Su trabajo es muy físico, muy agotador y muy técnico. Para ejercerlo, hay que tener muchísimos conocimientos científicos y médicos, pero también mucho sentido común. Es aún más difícil para las mujeres veterinarias que deben hacerse respetar en un entorno mayoritariamente masculino.

¿Cómo fue tu colaboración con Julie Manoukian?...
Mejor que buena. Julie es una mujer extraordinaria, inteligente y que escucha a los demás. Tiene una gran sensibilidad para las relaciones humanas. Me gustó el primer día que la conocí, es decir, en el momento del casting. Era su primera película, pero en el plató siempre me pareció muy segura. Era fuerte, tranquila, amable y valiente al mismo tiempo. No se desanimaba nunca. Me ha impresionado. Me llevé muy bien con ella.

¿Y con tus compañeros?...
Los buenos directores también lo son por su talento a la hora de reunir a actores que no solo se pondrán al servicio de su película, sino que se llevarán bien entre ellos. Julie tiene ese talento. Me ha encantado trabajar con Clovis Cornillac. Es un compañero atento y generoso. Y un gran actor. Me encantó que Michel Jonasz fuera mi tío. Yo era fan del cantante, ahora soy admirador del actor y del hombre, por su amabilidad y su humor. Pero debo decir que tanto Carole Franck, Antoine Chappey, la pequeña Juliane Lepoureau, todos los actores, así como los maravillosos técnicos, trabajaron al unísono. ¡Y el hecho de que todos durmiéramos en el mismo camping también sirvió para reforzar nuestra simbiosis!

¿A quién crees que se dirige UNA VETERINARIA EN BORGOÑA?..
Espero que a todo el mundo. Es una película sincera, sensible, luminosa y conmovedora. Te hace descubrir una profesión que no se conoce bien y lo hace sin aspavientos, con sencillez, veracidad y sinceridad.

Después de esta película, ¿te apetece volver a tener un ratón?...
No, porque mi nuevo compañero es un gato, ¡y creo que habría incompatibilidad de caracteres!


ENTREVISTA A LAETITIA BARLERIN...
¿Cómo aterrizaste en este proyecto y en qué momento del proceso de la película (escritura del guión, preproducción, rodaje...)?
Tuve la inmensa suerte de presenciar el nacimiento y desarrollo de la película ya que pude colaborar en la redacción del guión, en su primera versión. Yves Marmion, el productor, se puso en contacto conmigo para que conociera a Julie Manoukian, que estaba trabajando en el guión de un largometraje cuyos protagonistas eran veterinarios. Esperaba otra historia más de un veterinario de zoológico que salva animales salvajes tan simpáticos como gatos. Clichés... Pero fue una sorpresa y un alivio ver que por una vez, el guion hablaba de la vida de veterinarios rurales (o mejor dicho mixtos) y que intentaba atenerse al máximo a la realidad. Me sorprendió el conocimiento que Julie tenía de nuestra profesión: había hecho una encuesta real de antemano, había leído blogs y libros de colegas... Había comprendido bastante bien lo que esconde esta profesión que es una vocación, la vida diaria, las dificultades, las decepciones, las relaciones con los clientes, la sobrecarga de trabajo, etc. y al mismo tiempo, la felicidad que nos aporta. Hablamos durante mucho tiempo sobre la práctica veterinaria de hoy en día: la feminización, las primeras experiencias tras dejar la facultad de veterinaria, pero también sobre mi experiencia como veterinaria, mis anécdotas. Mi papel era asesorarla desde el punto de vista veterinario y técnico y corregir la forma y el fondo del guion, es decir las situaciones (plausibles o no), los diálogos con términos médicos, la elección de los animales
(¿qué roedor encaja como compañero del armiño? ¿qué animal hay que utilizar para la intoxicación de chocolate?...) y las enfermedades... Hubo varias versiones del guión y, por lo tanto, Julie y yo nos enviamos varias revisiones durante muchos meses. ¡Hasta que se envió la versión final a los actores candidatos! A Clovis Cornillac y Noémie Schmidt les encantó el guión y todo fue muy rápido hasta que llegó el rodaje. La productora me dijo que era poco habitual que una película arrancara tan rápido y que el tema tenía mucho que ver con eso.

Asististe a un día de rodaje: ¿cuáles fueron tus impresiones?...
Me invitaron al rodaje en el Morvan para conocer a los actores y asistir a escenas "veterinarias". Habían transformado una antigua escuela en una clínica veterinaria. Una verdadera hazaña para el equipo técnico. Me sentí como si estuviera entrando en una sala de espera, una sala consulta o un quirófano, una hospitalización. No había ninguna nota falsa. Habían pensado en todos los detalles, incluso en el gato-mascota durmiendo en el mostrador. Habían pedido prestados muchos elementos del atrezzo a clínicas veterinarias de la zona. ¡Lo único que faltaba eran los pacientes! Además, Camille Frombaum y Maxime Chassaing, mis compañeros asesores veterinarios durante el rodaje, monitoreaban en directo en la pantalla los gestos de los "veterinarios" y los corregían. Julie me asombró por su sentido del detalle y su realismo. Volvía a rodar una escena si un gesto era inapropiado o un aparato médico no estaba donde correspondía.

¿Qué opinas de las interpretaciones de Clovis Cornillac y de Noémie Schmidt como veterinarios?...
Lograron ponerse en la piel de un veterinario. No les tienen miedo a los animales y adoptaron los gestos técnicos con una facilidad asombrosa. Resultan increíblemente realistas. Me dijeron que querían pasar unos días con veterinarios en ejercicio para comprender mejor nuestra profesión. Y valió la pena.

¿Qué opinas sobre el tema de la desertificación veterinaria en las zonas rurales?...
Es un problema real, al igual que ocurre con los médicos. De hecho, toda la profesión está trabajando en él para salir de esta crisis. Una de las soluciones que se han encontrado es ofrecer a jóvenes estudiantes de veterinaria prácticas tuteladas en zonas rurales para comprender mejor el entorno y un ejercicio que no conocen o conocen mal. ¡Y la verdad es que funciona! Después, casi todos esos estudiantes en prácticas deciden ejercer en zonas rurales. Se parece a la historia de Alexandra, la protagonista de la película... De hecho, esta película es buena para la moral de todos, especialmente de los veterinarios. Creo que propiciará nuevas vocaciones entre los jóvenes. Y solo por eso, Julie y su equipo pueden sentirse muy orgullosos del resultado.

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