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CRITICA
Por: PACO CASADO
Tras el éxito americano del taiwanés Ang Lee con Brokeback Mountain (2005), vuelve a su país para adaptar la novela corta de Eileen Chang que muestra el sinsentido del dolor de las guerras, que se desarrolla en los años de la China ocupada por los japoneses antes y durante la Segunda Guerra Mundial.
En ese contexto tiene lugar la historia de Wong Chia Chi, una chica que comienza en 1938, durante sus años estudiantiles, en que se introduce en un grupo de teatro universitario y termina colaborando con los miembros del mismo, convertidos en la resistencia, en la lucha contra la ocupación.
A ellos ya no les basta la protesta desde el escenario, es el momento de pasar a la acción, aunque sea con actos terroristas, matando a los responsables o traidores que se han puesto del lado de los ocupantes.
Así su misión será la de seducir al Sr. Yee, un hombre prudente y desconfiado que llega a ser jefe del espionaje del Gobierno colaboracionista, para que la resistencia pueda darle muerte. Para ello tendrá que vivir una intensa pasión en la que se dará todo tipo de violencia y vejaciones, comenzando previamente por la iniciación con sus propios compañeros, ya que no es experta en practicar el sexo.
Se trata pues de un thriller erótico en el que Ang Lee pone toda la carne en el asador, sin tapujos de ningún tipo, y en el que el sexo es fundamental para la comprensión del comportamiento y la conducta de la pareja protagonista.
De esa manera se analizan las emociones de esta mujer sencilla en el Shanghai ocupado de 1942, en acaloradas escenas sexuales en las que ella misma comienza a dudar si su amor es verdadero o fingido, ya que el sexo será una forma de seducción y a la vez de tormento por la violencia con que lo ejerce su enemigo; para él es una catarsis, una forma de paliar su mala conciencia, de contener sus miedos, su rabia, de olvidar sus precauciones, siempre alerta ante cualquier peligro que le pueda asechar en la sombra, hasta el punto de no cerrar los ojos durante el orgasmo.
El film es un juego de poder y dolor, de la nación sometida y de Wong al de su amante-enemigo, mientras que la guerra, aunque no se muestre, se hace presente en muchos momentos.
Tony Leung, estupendo en su rol de villano y sorprendente la naturalidad de la debutante Tang Wei en su primer papel en el cine.
Ang Lee es clásico en su puesta en escena, con una estupenda ambientación de la China de los años 40, con una narrativa pausada, definiendo bien los caracteres de los protagonistas, haciendo un retrato del alma humana, de la intriga y el espionaje, llevada a cabo con una enorme belleza plástica y bien adornada con la inconfundible música de Alexandre Desplat, que supone un nuevo hito en su dispar filmografía.
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