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CRITICA
Por: PACO CASADO
Creemos que ya lo hemos dicho en otra ocasión, que no somos partidarios del cine de terror, pero eso no quita para reconozcamos cuando algo es bueno y también malo
Esta se inicia con un prólogo que nos avisa de lo que nos espera.
Después de la pérdida de Will, su esposo, con el que estaba en trámite de divorcio, Alice, una joven afligida, busca consuelo con sus suegros, en una casa familiar aislada en las afueras, mientras que las que se supone que la quieren, resulta que pertenecen a la peor familia posible, a los que se une, para llorar la muerte, mediante la lectura del libro del Necronomicón.
Pero antes de que se le pase el dolor se da lugar a que aparezca la violencia.
A medida que uno a uno de los suegros se van transformando en entes malignos, dispuestos a hacerle daño durante la reunión familiar, ella llega a descubrir que los votos que realizó en su vida, perviven, incluso en la muerte y tendrá que luchar para sobrevivir.
A partir de ahí se convierte el relato en una desagradable carnicería que asquea más que asusta, terminando todo en un auténtico desastre.
El guionista y director Sebastien Vanicek, le da una impronta más personal a esta sexta entrega de la franquicia de Posesión infernal (1981), que comenzó dirigida por el especialista del género, Sam Raimi, al tiempo que trata de seguir la misma línea que continuaron las anteriores entregas, dándole un cierto giro en cuanto a la relación que se establece entre los vivos y los fallecidos, para los que el amor y la muerte se vinculan de alguna manera, aunque el primero procede en este caso del mismísimo infierno.
En 'Posesión infernal: en llamas' (2026), hay dos tipos de infiernos muy diferentes: uno el situado en la superficie y el otro bajo tierra, para cada uno de los integrantes que componen esta bestial historia perteneciente al género terrorífico.
Toda la narración está contaminada del terror más duro, violento y brutal, que hayamos visto en una película de este tipo en mucho tiempo, lo que en ocasiones origina el humor más negro.
En cuanto a las macabras relaciones familiares de los protagonistas, en las que en muchos momento no llegamos a saber cual es la relación de unos y de otros, hace que el espectador se salga del relato debido al confuso guion escrito por Florent Bernal y Sebastien Vanicek, que tiene un final decepcionante.
No obstante hay que ver la escena al final de los créditos de despedida, ya que igual aporta o clara algo de la confusa, estirada e ilógica trama, con una rebuscada puesta en escena con una cámara que se mueve demasiado para dar la sensación de ritmo.
El terror, que se usa en esta ocasión, es totalmente diferente al que se utilizaba en el comienzo de esta franquicia y se olvida, por otra parte, del humor centrado en la sangre, lo que no quiere decir que a los degustadores del género no le agrade, antes al contrario saldrán satisfechos, aunque a algunos, sobre todo femeninos, le horrorice a cantidad de tan brutal violencia sangrienta.
Finalmente hay que destacar el realismo que se consigue con los efectos especiales cuyas imágenes, a veces, son casi imposibles de creer por la veracidad que ofrecen.
En definitiva todo un festival de violencia, sangre y terror en un capítulo más, tan brutal como desagradable y el más agresivo de la serie.
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