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CRITICA
Por: PACO CASADO
La acción sucede en un idílico pueblecito veraniego, un lugar ideal, que cae en la locura cuando un heladero sirve a los niños dulces y deliciosos helados que los convierten en pequeños psicópatas homicidas con resultados de horrorosas muertes que son ciertamente espeluznantes.
Tan sólo tres amigos, Jared, Mia y Tomy, escaparon de tomarlos y ante lo que ven que están ocurriendo, tratan, primero de huir para que no los atrapen, y después descubrir el origen de lo que sucede.
Lo que comienza como un placentero verano de vacaciones en un tranquilo pueblo, pronto se convierte en una auténtica pesadilla cuando los niños empiezan a mostrar instintos asesinos para acabar con todos los adultos que encuentran, comenzando por los de su propia familia, los maestros de la escuela y cuantos se ponen a su alcance..
Ellos son víctimas de una maldición tras probar los helados que sirve un camión que circula por el barrio.
Han pasado los años y Eli Roth nos ofrece ahora en 'Dulce sabor a muerte' (2026) uno de los nuevos títulos del género terrorífico, al que trata de añadir algo distinto.
Aquí los niños de un suburbio norteamericano asesinan a los adultos tras degustar los helados que vende el personaje.
Eli Roth es un director algo singular, especialista en temas desagradables, que basa sus propios films en títulos anteriores de otros autores, que van dirigidos a satisfacer a su fans y seguidores de este género.
En este caso se aleja de su obra habitual con un desmadre realmente sanguinario, con la forma más variada de matar que tienen los niños, en lo que se emplean con auténticos golpes de sadismo en una trama que apenas tiene argumento cuya sorpresa se evade a poco de comenzar y sin aportar nada nuevo.
Una vez más es de destacar el realismo que se emplea en las imágenes de los múltiples crímenes, con cortes de cabeza, demembramiento de cuerpos y un largo etc, ya que la imaginación de los infantes no tiene fin, lo que resulta bastante increíble.
La narración se hace rutinaria con los tres pequeños corriendo, escondiéndose, siendo acorralados o acosados por los niños asesinos, lo que provoca que el espectador deje de prestar atención debido a las constantes repeticiones.
Pero, aproximadamente a la mitad de la narración surge la figura de un sacerdote que cuenta una historia con la que se aclara en parte el porqué de lo que está ocurriendo y dando la solución de cómo acabar con esa horrible matanza.
La cinta recuerda a algunos títulos ya clásicos de este género, pero posiblemente en lo que se diferencia es en la claridad con que se exponen los asesinatos convirtiendo el vecindario en un auténtico infierno.
Una macabra producción sin otras pretensiones más que divertir a los fans de este diabólico género.
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