Hace muchos años el cine italiano no ddejaba escapar la ocasión de hacer una parodia de cualquier film americano que triunfara. Hoy día es el mismo cine yanqui el que se autoparodia como una manera más de paliar la sequía de argumentos y de guiones que padece. Esta fórmula ya la empleó en tiempos Mel Brooks, pero con mucho más acierto y mejor buen gusto que lo hacen los Wayans.
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