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ANATOMÍA DE UNA CAÍDA
INFORMACIÓN
Titulo original: Anatomie D'une Chute
Año Producción: 2022
Nacionalidad: Francia
Duración: 151 Minutos
Calificación: No recomendada para menores de 12 años
Género: Drama, Suspense
Director: Justine Triet
Guión: Arthur Harari, Justine Triet
Fotografía: Simon Beaufils
Música: Laurent Senéchal
FECHA DE ESTRENO
España: 6 Diciembre 2023
DISTRIBUCIÓN EN ESPAÑA
Elástica Films


SINOPSIS

Sandra, Samuel y su hijo de 11 años, Daniel, viven un poco alejados de todo, en un chalé en medio de los Alpes franceses. Un día encuentran a Samuel muerto al pie de su casa. Se abre una investigación por muerte sospechosa y no tardan en inculpar a Sandra, a pesar de la ambigüedad del caso: ¿suicidio u homicidio? Un año después, Daniel está presente en el juicio de su madre, auténtica disección de la pareja..

INTÉRPRETES

SANDRA HÜLLER, SWANN ARLAUD, MILO MACHADO GRANER, ANTOINE REINARTZ, SAMUEL THEIS, JEHNNY BETH, SAADIA BENTAÏEB

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ENTREVISTA A LA DIRECTORA...
¿Cuál fue el punto de partida de “Anatomía de una caída”?...
Quería hacer una película sobre el fracaso de una pareja. La idea básica era contar la caída de un cuerpo de una forma técnica y convertirla en la imagen de la caída de una pareja, de su historia de amor.
Esa pareja tiene un hijo que descubre la historia de sus padres durante un juicio – un juicio que diseccionará metódicamente su relación –, y el niño pasa del estadio de la infancia, con una fe absoluta en su madre, al de la duda. La película observa ese paso. En mis trabajos anteriores, los niños estaban presentes, pero no hablaban; estaban, pero no expresaban su punto de vista. Había llegado el momento de integrar la mirada del niño dentro del relato, de enfrentarlo al de Sandra, el personaje central de la historia.
Poco a poco, la película se convirtió en algo parecido a un largo interrogatorio: desde la casa al tribunal, las escenas se suceden cuestionando a los personajes.
También quise volver a un realismo mayor, tanto en la escritura como en lo formal, porque me permitía ir más lejos en cuanto a complejidad, lo que cuenta la película y las emociones que puede suscitar.
Todo fue hacia la sobriedad; no hay música adicional, la película es menos pulida, más desnuda que las anteriores.

El primer plano de la película es desconcertante, una pelota que cae de una escalera....
La película está habitada por la obsesión de la caída, y en primer lugar de una manera muy física, muy concreta.
¿Qué pasa cuando cae algo? Hace mucho que tengo en la cabeza la idea del “peso del cuerpo”, de un cuerpo que cae, concretamente desde la serie “Mad Men” y ese hombre que cae, cae, cae…
En esta película siempre se está subiendo y bajando escaleras, mirando de abajo hacia arriba, de arriba hacia el suelo, intentando entender cómo se produjo la caída. Era necesario entrar en la película lateralmente: una pelota cae, la atrapa el perro que se acerca a Sandra y la mira diciéndonos: intentaremos entenderla y mirarla durante dos horas y media.

La batalla de una pareja con un niño es el núcleo de la película...
Es una película acerca de la pareja y el reparto del tiempo. El niño está en el centro de dicho reparto. En una pareja, ¿qué se deben el uno al otro? ¿Qué se dan? ¿Es posible la reciprocidad? Son preguntas que me persiguen y que no se tratan mucho en el cine.
En la historia, Sandra Voyter es una escritora conocida y su marido es profesor.
Él se encarga de dar clases al hijo de ambos en casa a la vez que también intenta escribir. Estamos ante una deconstrucción del esquema arquetípico de la pareja. Los papeles están invertidos: muestro a una mujer que, al asumir del todo su libertad e igualdad, crea un desequilibrio. La igualdad en una pareja es una maravillosa utopía sumamente difícil de alcanzar. Sandra decide coger sin preguntar antes, porque sabe que si lo hace, no obtendrá nada. Es una actitud fuerte, pero también cuestionable. La película no para de cuestionar.
La pareja se forma a base de tentativas de democracia que se ven siempre interrumpidas por pulsiones dictatoriales.
En este caso se ha convertido casi en una guerra, con el añadido de la dimensión de la rivalidad. Ambos se sienten atrapados, algo se ha perdido porque ninguno ha querido dar un poco. Pero los dos son idealistas, y por eso me gustan; no se han resignado. Incluso en la escena de la pelea, en realidad una negociación, siguen diciéndose la verdad, lo que me hace creer que sigue habiendo amor entre los dos.

Coescribió el guion con Arthur Harari. El guion no se basa en un hecho real, sin embargo rebosa detalles, sobre todo jurídicos, que parecen muy reales. ¿Recurrieron a expertos?...
Sí, Arthur coescribió el guion conmigo, fue un trabajo a cuatro manos. Nos aconsejó Vincent Courcelle-Labrousse, un abogado criminalista al que llamábamos todo el tiempo para que nos ayudara, no solo con los aspectos técnicos, sino con el concepto francés de la audiencia. Lo que más nos sorprendió fue la vertiente algo descontrolada de un juicio en Francia en comparación a Estados Unidos, donde cada uno tiene asignados turnos de palabra bastante rígidos. Pero ese aspecto me permitió hacer una película muy francesa, totalmente opuesta al cine americano de juicios, mucho más espectacular. En la sala de montaje, le pedí a Laurent Sénéchal, el montador, que ralentizara el ritmo, que mantuviera planos imperfectos, borrosos, un poco temblorosos. No quería que fuera una película cómoda, limpia. Reconozco que en el aspecto formal, esta película me dio nuevas alegrías.

El guion fue escrito pensando en Sandra Hüller, ¿verdad?...
Tenía ganas de volver a trabajar con ella después de “El reflejo de Sybil”. Escribí para ella, y ella lo sabía; fue algo que me estimuló desde el principio. Una mujer libre a la que acaban juzgando por su forma de vivir la sexualidad, el trabajo, la maternidad; pensé que daría complejidad y cierta impureza al personaje, y que apartaría del todo la noción de “mensaje”. Nos conocimos de verdad en el plató. Imprimió una fe y una verdad que trascienden el guion. Puede anclar cualquier diálogo, aunque sea artificial, en una realidad propia. O lo rechaza y me lo tira a la cara. Pero siempre está vivo; su perspectiva es potente, todo pasa por su cuerpo. Deja una impronta química en la película, como muy pocos actores hacen.
Cuando acabó el rodaje, tuve la impresión de que me había entregado algo suyo, de que había capturado con el objetivo algo que nunca volvería a ocurrir.

El juego con los idiomas - francés, inglés, alemán - añade una capa adicional de complejidad al juicio, y también cierta opacidad al personaje de Sandra...
Sí, sigue alimentando la distancia que existe con ella, una extranjera juzgada en Francia que debe doblegarse a usar el idioma de su marido y de su hijo. Es una mujer que se ha construido por estratos, y el juicio va a indagar en cada uno. También me interesaba mirar la vida de una pareja que no habla el mismo idioma, concretizaba aún más la negociación entre ambos con la idea de una tercera lengua como terreno neutral.

¿Pensó en Samuel Theis desde el principio?...
No, vi a muchos actores para el papel, pero irónicamente, el personaje se llamó Samuel desde el principio. No sale mucho en la película, pero es parte esencial del relato. De hecho, está presente sin estarlo durante todo el relato y para eso debía hacerse inmediatamente con nosotros.
Reconozco que me parece muy apuesto, me encanta su voz y esa aparente ternura que esconde algo mucho más denso. Me apetecía rodarle, tiene espesura y adoro eso en un actor. Es tanto físico como interior, hay muchas capas.

¿Le costó mucho encontrar a Milo Machado Graner, que hace de hijo?...
Sí, nos llevó tiempo. Con Cynthia Arra, que me ayuda con la dirección de actores, pasamos cuatro meses entrevistando a niños con discapacidad visual, y al no encontrar al niño idóneo, abrimos el casting a cualquiera, pero transcurrieron otros tres meses antes de que apareciera Milo. Le encontró Jill Gagé, del equipo de casting.
Enseguida nos impresionó, no parecía actuar. Tomó clases intensivas de piano, y con Cynthia buscamos el nivel adecuado de discapacidad visual. Optamos por una discapacidad fácil de encarnar, una miopía severa que no afecta a la visión periférica.
Es un niño con capacidades intelectuales y emocionales fuera de lo común, además de poseer una especie de vibración melancólica.

En las escenas que transcurren en el tribunal, se nota que disfrutó con los diálogos, con el combate verbal. Antoine Reinartz tiene mucho que ver con eso. ¿Cómo le escogió?...
Le escogí por la modernidad que aportaba al personaje. También la alteridad que ofrece a la película. Da paso al mundo contemporáneo rompiendo la solemnidad polvorienta del juicio… Hace el papel de malo, pero es un malo de lo más seductor, retorcido, brillante. Habla por el muerto y debe conseguir que este, al que casi nunca vemos, sea entrañable para el jurado y para nosotros, el público. Antoine imprime una dimensión de circo romano a la sala, de violencia civilizada…

Sin embargo, el personaje de Swann Arlaud es más frágil, más sensible, está a la defensiva...
Así es, quise evitar la pelea de gallos. Vincent, el personaje, no es un virtuoso de la abogacía; lo hace bien, pero no se le idealiza. Swann interpreta con una gran sutiliza. Al conocer a su clienta, se siente aún más en peligro. Era interesante que fuera, de algún modo, un doble de Samuel, que ambos se pareciesen un poco. Se entiende que Sandra y él se conocieron hace mucho y que entre ellos sigue habiendo algo que no está apagado del todo.
Vincent Courcelle-Labrousse, nuestro asesor legal, nos dijo que siempre hay amigos que le piden que les defienda y acaba siendo una trampa. La noción de trampa, o al menos de distanciamiento imposible, era importante para la identidad de ambos. Se nota que hay algo más y es muy probable que Sandra lo necesite para sentirse apoyada. Swann es perfecto para dar vida a situaciones carentes de diálogos.

La película carece de flash-backs, excepto uno muy potente, la escena de la pelea...
La ausencia de flash-backs fue algo que decidí desde el principio. No es algo que me guste en las películas y, sobre todo, quería que la palabra hablada fuera el centro, que lo asumiera todo, que lo invadiera todo. Así funciona un juicio: la verdad se escapa, el vacío es enorme y solo queda la palabra para llenarlo. Las únicas excepciones giran en torno al sonido, aunque tampoco son flash-backs. En la escena de la pelea se trata de una grabación sonora que entra de pronto en la imagen y aporta una calidad más presente, lo que ocurre con el sonido grabado. Crea una carencia, pero también me parece casi más fuerte que una imagen: una presencia absoluta con un carácter fantasmal.
También está la escena en que Daniel recrea la palabra de su difunto padre, pero pertenece a otro régimen. Está la imagen, pero es el relato de un recuerdo, quizá de una invención y, en cualquier caso, un testimonio sin pruebas, tal como dice el fiscal.
La verdad, el tribunal es un lugar donde nuestra historia deja de pertenecernos, donde otros la juzgan, donde se reconstituyea partir de elementos diversos, ambiguos.
Se convierte en una ficción sin remedio, y es precisamente lo que me interesa.

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