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El imperecedero poder de la novela ‘Ana Karenina’, de León Tolstói, puede resumirse con las palabras del realizador Joe Wright: “Todos intentamos aprender a amar de un modo u otro”.
Joe Wright habló con sus colaboradores habituales, los productores Tim Bevan y Eric Fellner, del potencial que ofrecía ‘Ana Karenina’ y de la posibilidad de llevar la novela a la pantalla..
“Es una novela enorme, una gran historia de amor que ya había sido adaptada antes. Por eso necesitábamos a un guionista que aportase algo nuevo”, explica Tim Bevan. El director pensó inmediatamente que el oscarizado guionista Tom Stoppard era el único capaz de semejante tarea.
“Estaba entusiasmado con la idea de hacerlo”, reconoce el dramaturgo. “Es verdad que me dedico sobre todo al teatro, pero tardo mucho tiempo en escribir una obra de teatro y disfruto con los guiones entremedias”.
El director y el guionista decidieron explorar todas las posibilidades. “Fue una oportunidad única para aprender con un maestro”, dice Joe Wright.
Tom Stoppard terminó el guión en la primavera de 2011, cuando ya se habían empezado a buscar localizaciones en Rusia y el Reino Unido. Tim Bevan recuerda: “Ir a la casa de Tolstói cerca de Moscú, después de haber cogido el tren de noche desde San Petersburgo en pleno invierno, fue un viaje fantástico que nos acercó a todos al recorrido que realiza Anna”.
Pero Joe Wright estaba decidido a llevar su versión de ‘Anna Karenina’ en una nueva dirección; no quería seguir las huellas de producciones previas rodando en los decorados habituales ni tampoco regresar a las mansiones del Reino Unido donde había filmado antes. Y por eso, unos dos meses antes del comienzo del rodaje, el director, tomando una decisión audaz, se inclinó por un enfoque más teatral.
Durante la preproducción, Joe Wright y su equipo se documentaron extensivamente acerca de la sociedad rusa de la época para entender mejor el ocaso del imperio zarista revisando cientos de imágenes y referencias.
El espectacular decorado del teatro debía ser algo nunca visto, totalmente diferente. La diseñadora de producción Sarah Greenwood y su equipo empezaron a trabajar en el diseño de los diferentes platós que se usarían durante un rodaje de tres meses de duración.
Visitaron varios lugares, como el teatro Alexandra Palace de Londres, que ya no se usa, pero todos llegaron a la conclusión de que la única posibilidad era construir los decorados desde cero. “No nos quedó más remedio que construir el teatro en un plató porque debía ser un entorno que pudiéramos controlar en su más mínimo detalle”, explica Sarah Greenwood.
Aunque la historia transcurre en la segunda mitad del siglo XIX, Joe Wright le pidió a la diseñadora de vestuario Jacqueline Durran que el estilo se aproximara al de la década de 1950 manteniendo la típica silueta de la década de 1870. Keira Knightley dice: “No tener que ceñirse estrictamente a un periodo histórico fue liberador”.
“En nuestra mente, la moda de 1950 va asociada a la elegancia, lo que iba perfectamente con la idea que Joe quería comunicar a los espectadores”, sigue diciendo. “Todas las faldas de Anna corresponden a la forma que se llevaba en la década de 1870, pero los corpiños son más acordes a la década de 1950, así como las chaquetas”.
La teatralidad de ‘Anna Karenina’ le permitió a Joe Wright usar la música y la coreografía con más imaginación y mayor frecuencia que en otras películas suyas. Incluso secuencias sin baile se diseñaron con el coreógrafo Sidi Larbi Cherkaoui, que colaboró estrechamente con el compositor Dario Marianelli.
El músico empezó a trabajar antes de que se empezara a rodar y no solo en la etapa de posproducción como suele ser habitual. “En esta película, la música está presente y es visible”, explica el realizador.