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“Caso 137” se adentra en el clima de tensión social que marcó a Francia en los últimos años, especialmente durante las protestas de los chalecos amarillos. La película plantea un retrato incisivo de la violencia policial y de los mecanismos de protección interna dentro del propio sistema, colocando al espectador en un terreno incómodo entre el deber institucional y la responsabilidad individual.
Con la precisión que ya caracterizaba a “La noche del 12”, Dominik Moll construye aquí un thriller de marcado carácter procedimental que examina cómo se investiga —y hasta qué punto se limita— la rendición de cuentas dentro del cuerpo policial. Para ello, llevó a cabo una exhaustiva labor de documentación, incluyendo encuentros con miembros de la Inspección General de la Policía Nacional (IGPN) y abogados especializados. “Prácticamente todo lo que aparece en la película proviene de cosas que observé, leí o pregunté”, explica el director. A esta vocación realista se suma la integración de imágenes reales rodadas durante las manifestaciones, que se entrelazan con la ficción y refuerzan la sensación de inmediatez. El resultado es un retrato directo y sin concesiones de una institución atravesada por sus propias contradicciones.
Dominik Moll reconoció que no concebía la película sin Léa Drucker: “Durante el proceso de escritura, ya empecé a pensar en ella para el papel y al final ya no podía imaginar a otra actriz en este papel”. La actriz, a quien ya había dirigido anteriormente, aceptó el proyecto desde el primer momento: “Tenía una gran confianza en el guion y en su visión”.
Drucker construye aquí un auténtico tour de force interpretativo que le ha valido el César a la mejor actriz. Su personaje, eje narrativo de la película, guía al espectador a través de la investigación mientras se enfrenta a una creciente tensión entre su lealtad al cuerpo y su propia conciencia. Para prepararlo, la actriz llevó a cabo un intenso proceso de documentación, acompañando durante meses a profesionales de Asuntos Internos y observando de cerca sus métodos de trabajo. El resultado es una interpretación contenida y precisa, que se apoya en los matices y en la interacción constante con el resto de personajes para sostener la complejidad moral del relato.