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EL AGUA
INFORMACIÓN
Titulo original: El Agua
Año Producción: 2022
Nacionalidad: España
Duración: 104 Minutos
Calificación: No recomendada para menores de 12 años
Género: Drama
Director: Elena López Riera
Guión: Philippe Azoury, Elena López Riera
Fotografía: Giuseppe Truppi
Música: Mandine Knoepfel
FECHA DE ESTRENO
España: 4 Noviembre 2022
DISTRIBUCIÓN EN ESPAÑA
Elástica Films


SINOPSIS

Verano. La amenaza de un fuerte temporal se cierne sobre un pueblo del Levante español. Ana tiene 17 años y ha crecido bajo la sombra de su madre, que desapareció en la última inundación y que se ha convertido en una leyenda fantasmagórica, en un personaje para las mujeres del pueblo, que repiten que allí el agua está siempre mezclada con la muerte. En esta atmósfera eléctrica previa a la tormenta, Ana conoce a José, su primer amor...

INTÉRPRETES

BÁRBARA LENNIE, NIEVE DE MEDINA, ALBERTO OLMO, LUNA PAMIÉS

MÁS INFORMACIÓN DE INTERÉS

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Festivales y premiosPREMIOS Y FESTIVALES

- Festival de Cannes 2022
- Seminici de Valladolid 2022

Informacion exclusivaINFORMACIÓN EXCLUSIVA

   Elena López Riera explica sobre el proyecto que ella misma nació y creció en Orihuela (Alicante), un lugar en el que se mezclan constantemente la crónica cotidiana con los relatos fantásticos. Me crié en un ambiente predominantemente dominado por mujeres (mi madre, mis tías, mis abuelas, mis vecinas) que pasaban las horas contando estas historias, transmitidas de generación en generación, y que mezclaban siempre hechos reales con elementos fantásticos y tradiciones locales. Creo que si hago cine, es gracias a ellas, por la pasión con la que transmitían cada relato, cada detalle, por la fe con la que narraban cosas increíbles, porque en su forma de hablar, no hacían ninguna diferencia entre historia y poesía. Por otro lado, en mi tierra, la Vega Baja del Segura, la lluvia no es un fenómeno meteorológico cualquiera. Aquí casi nunca llueve, pero cada tanto, las fuertes tormentas hacen que el río Segura (uno de los más contaminados y sucios de Europa) se desborde. Los recuerdos de cada catástrofe relacionada con el agua forman parte de nuestra memoria desde hace siglos. En 2019 se produjo una nueva riada. La gente publicaba en las redes sociales las imágenes catastróficas de las inundaciones y toda la mitología de mi infancia volvió a surgir...

NOTAS DE LA DIRECTORA...
Origen del proyecto:
  Desde hace años me persigue el recuerdo de la riada de 1987. Yo tenía 5 años y recuerdo muy bien el desastre que vivió toda la región de la Vega Baja del Segura. En mi pueblo, Orihuela, atravesado por el río Segura, el más contaminado de Europa, el miedo a las riadas es una constante histórica.
  La región de la que vengo vive entre la necesidad del agua para mantener su principal fuente económica (la agricultura), y el miedo atávico a que el agua arrase con todo. Desde pequeña he asistido a esta relación compleja con el agua: un elemento esencial, pero que al mismo tiempo atemoriza a toda la comarca.
  La mitología en torno a las crecidas constantes del río Segura me ha acompañado desde la infancia. Las voces de las mujeres que me criaron (mi madre, mis tías, mi abuela, mis vecinas) me han transmitido todas estas creencias, que dicen que el río se desborda porque se enamora de una mujer, y que como no puede obtenerla, arrasa con todo.
  Esta mitología ha formado parte de mi educación sentimental, y se ha mezclado constantemente con las explicaciones científicas.
Supongo que, de alguna manera, era más conveniente recurrir a la construcción de una mitología que asumir la parte de responsabilidad que los humanos tenemos en la aparición de estos fenómenos.
  En el lugar donde crecí, el relato de la vida cotidiana se mezcla constantemente con la dimensión fantástica, y es ahí donde surge mi interés por hacer películas.

Documental y ficción:
  Para mí no hay diferencia entre una cosa y otra, seguramente influenciada por esta manera tan particular en la que me he criado, en un contexto principalmente dominado por mujeres, y en el que se mezclan constantemente los relatos reales y fantásticos. Desde pequeña, he escuchado a mi abuela explicar cómo los muertos estaban presentes en la casa, cómo se podía curar el mal de ojo o había que protegerse de las presencias fantasmagóricas, al mismo tiempo que pensaba en los ingredientes para la comida o me explicaba cómo hacer la cama. Siempre me ha fascinado esta manera de relatar, y la costumbre que tienen (sobre todo las mujeres en esta zona) de cultivar el relato oral, la fascinación por el cuento, por poblar las horas muertas de la tarde con historias del pasado.
  Por este motivo, para mí era muy importante que la palabra oral tuviera un papel en la película.
Durante el proceso de casting, en el que fuimos al encuentro de personas de la zona sin experiencia profesional, encontramos muchas mujeres de todas las edades, pero sobre todo mujeres mayores, que compartieron estas historias, leyendas, y experiencias personales con nosotras, y de las que se nutre la película. Para mí era esencial incluir su palabra de la manera más respetuosa y directa posible, como un discurso que viene a nutrir y a puntuar la ficción.

Casting:
  El casting fue un proceso largo porque queríamos contar mayoritariamente con gente de la zona no profesional. A la vez que difícil, fue muy enriquecedor para la escritura de un guion que se iba nutriendo de esos encuentros. Todos esos actores y actrices no profesionales los fuimos encontrando en un proceso de casting de calle, yendo a discotecas, botellones, fábricas, parques…cualquier sitio en el que pensáramos que podríamos encontrar a las personas que nos interesaban.
  A la actriz protagonista, Luna Pamies, la encontramos una noche en las fiestas del pueblo, y desde el primer momento fue un flechazo y supe que esa era la persona que había estado imaginando en mi guion. Después, Luna desapareció durante un año, y seguimos viendo muchas chicas y chicos de la zona, pero parecía que su destino estaba escrito para que protagonizara la película, y volvimos a encontrarnos.
  El resto de jóvenes lo fuimos encontrando con el mismo método de casting de calle, y luego, de una manera de trabajar poco ortodoxa, invertimos mucho tiempo para construir ese grupo que no se conocía de antes.
  Pasamos mucho tiempo juntos, bailando, riendo, comiendo… más que trabajar sobre los diálogos del guion, que sólo leyeron unas semanas antes del rodaje, la idea era constituir un grupo de gente aprendiendo a vivir en colectivo.
  Mi deseo siempre fue el de constituir un elenco mixto con actores y actrices profesionales y no profesionales, porque creo que de este encuentro surge un diálogo muy interesante.
  En mi cabeza siempre estuvieron Bárbara Lennie y Nieve de Medina, dos actrices con mucha experiencia y con una variedad de registro impresionante. Para mí era importante marcar de alguna manera, la distancia de esta particular familia de mujeres, que vive de manera independiente, y que el resto del pueblo mira con suspicacia, porque son mujeres diferentes, porque son independientes, porque viven solas, porque son capaces de disfrutar, reír y amar a pesar de todo.
  Tanto Bárbara como Nieve entendieron muy bien el perfil de estas mujeres que pese a todas las dificultades son capaces de inventar respuestas alternativas a la tragedia, que son capaces de cuidarse y protegerse entre ellas, que son capaces de ser duras y tiernas al mismo tiempo. A pesar de su larga trayectoria, ambas entendieron también que el diálogo con otros actores y actrices no profesionales era importante, estuvieron siempre a la escucha, abiertas y participativas.

Reescribir la historia:
  Una de mis obsesiones tanto en esta película como en mis trabajos anteriores es la transmisión entre generaciones. Me obsesiona todo lo que una generación se esfuerza por transmitir a la siguiente o, al contrario, por intentar no transmitir miedos que se arrastran.
  Por eso intentamos prestar mucha  atención a los gestos cotidianos que repetimos de generación en generación: los gestos del trabajo, los gestos de los cuidados domésticos, los gestos de cariño entre grupos, las palabras.
  Sin embargo, también me obsesiona mucho la capacidad de reacción que tenemos ante la herencia transmitida. Hay una pregunta que me repito constantemente, y que intento formular con esta película: ¿qué capacidad tiene una generación para cambiar la herencia recibida?, ¿qué hay de consciente y de inconsciente en la repetición de determinados gestos?, ¿se puede reescribir la historia?, ¿podemos emanciparnos de la herencia recibida?
  Por eso el personaje de Ana es importante para mí, porque funciona como una bisagra que deberá debatirse entre el peso de la mitología que hereda, y la capacidad de enfrentarse a su herencia maldita, e incluso, reescribir la historia. La función de la leyenda que sustenta la película, y de toda la carga mitológica en torno al agua, para mí es crucial porque cristaliza la idiosincrasia de una región, y la manera de utilizar el cuerpo de las mujeres como objeto del miedo en la cultura popular. Por eso Ana intentará enfrentarse a esa leyenda, y tomar las riendas para poder reescribir su propia historia sin tener que recurrir a repetir una mitología aprendida y aceptada con resignación.

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