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Figura central de la llamada Escuela de Berlín, Petzold continúa explorando relatos íntimos atravesados por el misterio, la memoria y las identidades en tránsito. El propio cineasta lo ha explicado así: “Me dije a mí mismo que las tres próximas películas que quería hacer –”Ondina”, “El cielo rojo” y esta– tratarían sobre el reencantamiento. No es difícil hacer una historia de amor situada en París, pero es muy difícil hacer una historia de amor en Alemania, por ejemplo en noviembre, en las afueras de una ciudad. Así que intenté reencantar el mundo con la ayuda de los cuentos, las canciones de cuna y la historia del cine”.
Ambientada en el paisaje rural alemán, “Espejos n.º 3” construye un delicado relato sobre la fragilidad de los vínculos humanos y la posibilidad de reparar las heridas del pasado, siguiendo así el hilo del concepto “reencantamiento”: A partir del encuentro entre dos mujeres marcadas por la pérdida, Petzold compone una historia donde el duelo se transforma en una inesperada forma de convivencia y reconstrucción emocional. El director explica: “Cuando empecé a pensar en esta película, sabía que trataba sobre personas traumatizadas, que han perdido sus sentidos. Las personas deprimidas, como Laura, ya no tienen una ventana abierta al mundo. Sus sentidos están muertos. Nada entra, su mente es una cárcel. Esta película trata de volver a abrir esas ventanas. De que los sentidos vuelvan a funcionar”.
El título original “Miroirs No. 3” procede de una pieza para piano de Maurice Ravel que Petzold escuchaba mientras escribía el guion: “Es un tema que oía durante la escritura. Lleva como subtítulo Une barque sur l’océan, y esa imagen se me quedó grabada”, explica el director, señalando que esa idea visual influyó incluso en la escena inicial de la película. La música, de hecho, forma parte de la lógica interna del film y aparece vinculada siempre a gestos y espacios concretos, no como simple acompañamiento.
Durante el proceso creativo, Petzold también compartió con el reparto textos del filósofo Werner Hamacher sobre el escritor romántico alemán Heinrich von Kleist, que le sirvieron para pensar sobre la fragilidad de las relaciones humanas. “La literatura –decía ese texto sobre Kleist– es como vivir bajo una bóveda frágil que podría derrumbarse en cualquier momento”, recuerda el cineasta. Para Petzold, esa imagen resume también la idea de comunidad que atraviesa “Espejos n.º 3”: un grupo de personas que conviven bajo un equilibrio precario, donde todo podría romperse, pero donde aun así algo consigue sostenerse.