![]() |
|
SINOPSIS
Es la historia real de Joy Womack, la reconocida bailarina norteamericana. Esta película cuenta su viaje hacia la escuela de danza más competitiva y exigente del mundo: la escuela de ballet Bolshoi de Moscú. Poniendo a prueba los límites de la dedicación, determinación, sacrificio y virtuosidad, e incentivada por la pasión de su primer amor, el salto de Joy a lo desconocido toca la perfección...
INTÉRPRETES
DIANE KRUGER, TALIA RYDER, TOMASZ KOT, KAROLINA GRUSZKA, OLEG IVENKO, NATASHA ALDERSLADE, BORYS SZYC, EWA RODART, CHARLOTTE UBBEN, MARTIN HUGH HENLEY, NATALIA OSIPOVA
MÁS INFORMACIÓN DE INTERÉS
CRITICA
BANDA SONORA
CÓMO SE HIZO
VIDEO ENTREVISTAS
AUDIOS
PREMIERE
INFORMACIÓN EXCLUSIVA
PUESTA EN ESCENA...
JOIKA se basa en la historia real de Joy Womack, que hizo historia como bailarina estadounidense al ser admitida en la Academia de Ballet Bolshói. A los quince años abandonó su hogar familiar en Texas para viajar a Moscú y perseguir su sueño: convertirse en primera bailarina de la mundialmente famosa Compañía de Ballet Bolshói.
Esta fascinante historia despertó el interés del guionista y director James Napier Robertson, que tras conocer a Joy se sintió totalmente inspirado para contar su extraordinaria historia. Womack quería que JOIKA mostrara lo que realmente se necesita para llegar a ser una bailarina de élite en un ambiente tan sumamente competitivo, algo que, en su opinión, nunca se había mostrado en el cine. Y, tras haber visto la multipremiada The Dark Horse de James Napier Robertson, Womack pensó que James era la persona a la que podía confiar esa tarea. Con una honestidad cruda e inquebrantable, Womack contó su historia a Napier Robertson y participó en todas las fases del desarrollo del guion y de la producción.
La debutante Talia Ryder (Nunca, casi nunca, a veces, siempre) interpreta a Joy Womack, un papel eléctrico que marcará su carrera. Saltan chispas cuando se enfrenta a Diane Kruger (Malditos bastardos), ganadora de dos premios a la Mejor actriz en Cannes, en el papel de Tatiyana Volkova, la enigmática profesora de danza rusa y mentora de Joy.
LEVANTANDO EL TELÓN...
Joy Womack fue una de las pocas estadounidenses aceptadas en la Academia Estatal Coreográfica de Moscú, popularmente conocida como Academia de Ballet Bolshói. Fundada en 1773, es una de las escuelas de ballet más antiguas y prestigiosas del mundo y ofrece una vía potencial para ser seleccionado en la elitista Compañía de Ballet Bolshói.
JOIKA es el apasionante, absorbente y cautivador relato de las experiencias formativas de Joy Womack en Moscú, llevado a la pantalla bajo la hábil mano del guionista y director James Robertson Napier y su equipo creativo, como la primera coproducción entre Nueva Zelanda y Polonia.
Napier Robertson conoció a Joy en 2016 y quedó completamente cautivado. «Es una persona increíble. A menudo estoy rodeado de personas que trabajan muy duro y sienten pasión por lo que hacen, pero Joy estaba a otro nivel en su dedicación al arte. Me impresionó y conmovió su historia. Sentí que era algo mucho más que su entrada en el Bolshói. He querido recurrir al cine para dar vida a la historia de un ser humano increíble, complejo e inspirador que posee una historia hermosa y profundamente emotiva. Una historia que creo que debería ser más conocida».
SER EL CENTRO DE LAS MIRADAS...
Como guionista y director de The Dark Horse (2015), basada en la historia de la campeona de speed chess Genesis Potini, y también como codirector de Whina (2022), basada en la historia de Dame Whina Cooper, James Napier Robertson está bien curtido en dramatizaciones de historias reales. «Siempre hay una presión y una responsabilidad cuando se cuenta una historia sobre una persona real. Mi enfoque consiste en invitar a esa persona —o a esas personas— al proceso en la medida de lo posible. Joy es joven, increíblemente inteligente y tiene una enorme conciencia de sí misma, todo estaba sobre la mesa: no parábamos de hablar».
La propia Womack se refiere a las reuniones iniciales con Napier Robertson como un momento «a-ha» sin retorno. Explica: «Antes de eso, me negaba —o no me creía— que la película pudiera llegar a suceder. Para mí es una gran alegría trabajar con gente a la que le apasiona lo que hace. James y yo nos parecemos mucho en eso. Se ha entregado en cuerpo y alma para contar mi historia. Sabía que estaba en buenas manos. Me sentí respetada y honrada de que él, y su equipo, me implicaran en el proceso».
El guion de Napier Robertson abarca el periodo que va desde que Womack ingresó por primera vez en la BBA hasta su actuación en la Competición Internacional de Ballet de Varna, un certamen bienal que se celebra en Bulgaria. Conocida como «las Olimpiadas de la danza», es una importante plataforma de lanzamiento para quienes desean hacer carrera en el mundo de la danza clásica. «Tenía 15 años cuando llegué a Moscú sin mis padres. Viví allí sola y fui a una escuela rusa para aprender el idioma». Dada la naturaleza de la narración cinematográfica, Napier tuvo que ser muy selectivo a la hora de plasmar las ricas y a veces angustiosamente complicadas experiencias de Womack en Rusia, algo que ella comprendió y aceptó sin problema. «La película abarca casi diez años de mi vida en menos de dos horas, así que las cosas están bastante compactadas y comprimidas».
Napier Robertson reconoció que era fundamental acertar con el casting de la película. Sobre todo, fue crucial elegir bien a la persona que encarnaría a Womack. «Mientras escribía el guion, recuerdo que pensé que la única forma de que funcionara era que la protagonista tuviera una presencia realmente excepcional. El personaje de Joy está en casi todas las escenas. Es un papel enorme e increíblemente exigente, y eso conlleva mucha presión. Talia Ryder ha superado mis expectativas. Ha hecho un trabajo extraordinario».
ACTO 1: EL REPARTO...
Conseguir el papel de Joika fue, según Ryder, «la respuesta a todas mis plegarias. Sentía que podía aportar mucho de mí a un personaje que realmente comprendía. Me encanta actuar, pero la danza es lo primordial para mí. Llevo bailando desde los tres años. Pero, comparado con Joy, es una parte muy diferente de mi vida. Ella es de otra pasta. Acudir a los profesores y hacerte valer o intentar demostrar tu valía para pedir un papel, son cosas que entiendo, pero de un modo diferente. Son situaciones que ya he experimentado».
Antes de ponerse en la piel de Womack en JOIKA, Ryder se entrenó de forma particular durante un año. «Me encanta el ballet y tenía una formación técnica básica, pero nunca fue realmente mi fuerte. Soy más una bailarina contemporánea, así que, para afrontar este reto, tuve que ponerme en forma». Parece haberse tomado con calma la presión de interpretar a un ser humano de carne y hueso, que además estuvo en el plató durante todo el rodaje. «Fue increíble tener a esa persona ahí, porque es el mejor recurso que puedes tener. Joy se mostró muy abierta en muchos momentos del guion, respondiendo a preguntas muy personales porque quería ayudarme a dar una imagen auténtica de ella. Yo le dije: "Quiero que te sientas orgullosa de mi interpretación". Pero también tengo mis propias ideas sobre el personaje, así que realmente se trata de colaborar y hablar durante todo el proceso».
Esto también se puede aplicar a la relación de trabajo de Ryder con Napier Robertson. «Me ha animado mucho», dice Ryder entusiasmada. «Soy una actriz muy detallista. Me gusta hablar de todo, hasta del par de calcetines que llevo. James me habló mucho de cómo las decisiones que tomas pueden cambiar por completo la esencia de una escena. Podrían ser de un millón de maneras diferentes. Se trata de ver cada momento como algo importante, y luego tomarse el tiempo necesario para asegurarse de que estás contento con los resultados».
Womack, por su parte, también siente una gran admiración por Ryder. «El ballet es algo que los bailarines nos pasamos la mayor parte de la vida intentando perfeccionar. Hacerlo en poco tiempo es bastante difícil. Talia asumió un gran reto. Fue muy valiente al querer bailar todo lo que pudo en la película. Estoy orgullosa de ella por lo mucho que se ha esforzado. Yo ayudé en todo lo que pude, asegurándome de que la coreografía fuera factible pero lo bastante ambiciosa para mostrar el estilo clásico ruso».
Pero, como admite Womack, la fusión entre su vida y la versión cinematográfica de la misma era a veces desconcertante. «JOIKA es una de mis primeras experiencias en el cine, e intentaba separar el papel de coreógrafa que me habían dado del de ''Esto va sobre mí''. Fue un poco surrealista. Fue interesante, y también extraño, ver en las escenas de las clases de baile lo bien que Talia había hecho los deberes y captado pequeñas manías mías». Aun así, Womack era la persona más capacitada para saber lo que sería más auténtico en el rodaje. "Me emocionaba y me sentía halagada de poder sentarme al lado de James durante el rodaje y decirle: “Oye, esto no parece creíble”, o de ofrecer algún que otro pequeño detalle que pudiera hacer que una escena pareciera más auténtica. Y él estaba completamente abierto a que yo me hiciera con la responsabilidad de todo lo relacionado con el baile».
Diane Kruger interpreta a Volkova, una figura clave de la danza clásica que puede hacer triunfar o fracasar a los jóvenes talentos a su cargo, incluido el personaje central de Joy.
«Volkova es una ex primera bailarina», dice Kruger, «una famosa profesora y directora de la Academia Bolshói que ha entregado en cuerpo y alma su vida al ballet. He intentado encontrar en ella una verdad que pueda ser tan estimulante y cálida como gélida. Tiene una gran disciplina, pero también un buen corazón; no es alguien mezquino sin motivo. Ama de verdad a sus alumnos y hará lo que sea para ayudarles a prosperar en un mundo que es realmente duro. Es muy dura porque espera lo mejor de ellos. Son como sus hijos. Como descubrimos en la película, tiene una relación muy deteriorada con su propia hija hay mucho dolor y remordimientos. Volkova también muestra una tristeza por la que me siento atraída. No tiene amigos ni familia. Nunca se casó ni encontró el amor. Y no tiene tiempo para preocuparse por los aspectos humanos de por qué no todas somos primeras bailarinas».
Volkova está inspirada en un par de personas de la vida de Womack, pero principalmente en una mujer que fue su entrenadora en el Ballet del Kremlin (compañía a la que se incorporó tras dejar el Bolshói). «Llegó a ser como una madre para mí», recuerda Womack, «y aun así me exigía excelencia y perfección». Algunos elementos del carácter de Volkova también están tomados de otra profesora de Perm que, según Womack, tenía fama de ser muy violenta en clase. «Tenía fama de maltratar a sus alumnos. Sin embargo, mi compañero Mikhail Martinuk (pareja de baile de Womack durante muchos años, incluso en Varna) sólo tenía cosas buenas que decir de ella».
EL BALLET EN EL CINE...
JOIKA no trata tanto de ballet como de una historia dramática ambientada en ese refinado universo. El núcleo de la narrativa de la película quizá lo exprese mejor la persona que la ha experimentado, la bailarina de formación clásica Joy Womack: «Creo que el ballet es un puente entre países y culturas. Es un lenguaje universal, una forma de que la gente se conozca, cree y haga cosas sin necesidad de utilizar palabras. Trata de la belleza y de celebrar algo más allá de las simples funciones básicas del ser humano».
Pero, como revela JOIKA, puede haber lados oscuros y difíciles en la estética del ballet. «En el sistema ruso existe la idea», continúa Womack, «de que, si persigues la excelencia y la perfección, es mejor que te digan la verdad desde el primer momento, y sin rodeos, a que te den falsas esperanzas. Es una carrera muy dura e incluso los más talentosos y afortunados no siempre consiguen triunfar».
Tras construir un personaje tan complicado como el de Volkova en JOIKA y sumergirse imaginativamente en el entorno tan cargado que ocupa, Kruger considera que la película es «un retrato bastante preciso de lo que supone ser una primera bailarina, y de lo hermoso, maravilloso y jodido que es el mundo del ballet. Es como si hubieran levantado el telón y nos mostraran algo que no vemos todos los días».
Desde la perspectiva de Napier Robertson, la autenticidad era imprescindible. «La película tiene que ahondar en las mentes, el físico y la dedicación de quienes habitan este mundo, pero no de una forma cinematográfica. Por eso le pedí a Joy que fuera la coreógrafa de la película. Sentí que no había nadie mejor que la propia Joy para hacer la película. También necesitaba su conocimiento enciclopédico del ballet. No sólo la tuve involucrada en todo momento, mientras escribía el guion, sino que además estuvo detrás de la cámara conmigo ideando todas esas enormes secuencias de baile —y haciendo un trabajo fenomenal—, además de ponerse ella misma a bailar en ellas».
Aquí Womack retoma el hilo: «En JOIKA hemos intentado recrear la esencia del ballet clásico ruso. Se basa en un sistema lógico y pedagógico diseñado para dotar a los bailarines de una bella técnica, pero también de la capacidad de dramatizarla. Es muy expresivo: todo gira en torno a la emoción y a la coordinación de manos y ojos».
Para Womack, el proceso coreográfico fue un reto fascinante. «¿Cómo podíamos trasladar lo que estaba en mi cabeza a un lugar en el que James pudiera rodarlo? Tomek [Naumiuk], el director de fotografía, estuvo increíble. Juntos intentaban mostrar el arte y el drama de la danza, y la expresión de los bailarines. También trabajé con James [Napier Robertson] para crear versiones de ballets famosos —Paquita, La Corsaire, Don Quijote— o del estilo ruso, pero condensados de forma que la cámara pudiera captarlos. Y, por supuesto, también teníamos a Natalia Osipova, que era primera bailarina en el Bolshói cuando yo estaba en la escuela. Creo que es el mejor ejemplo de actriz como bailarina que tenemos hoy en día. Cuando se la ve bailando The Dying Swan [en la película], en realidad es su interpretación de un cisne muriendo. Mucha gente tiene miedo de ser tan atrevida, pero es algo que el estilo ruso realmente facilita».
Aunque ahora reside en Londres, donde es una de las estrellas del Royal Ballet, Natalia Osipova es sin duda uno de los máximos exponentes del estilo ruso. «Nací en Moscú y aprendí ballet en la Academia», declara. «Ésas son mis raíces». También sabe lo que cuesta mantenerse en la cima de su profesión. «Para ser una estrella o una bailarina principal, hay que tener pasión. No basta con ir todos los días a clase y ensayar. Tienes que amarlo con locura. No hace falta ser un fanático, pero sí estar lleno de muchos valores para estar en el escenario y contar tu propia historia. Tienes que crear un mundo, una historia, un sentimiento que sea adecuado para ti y verdadero».
Pero, como admite Osipova, «la danza es un lenguaje precioso, pero al mismo tiempo despierta muchas ambiciones y enormes egos. Hay que ser fuerte y luchar por uno mismo, siempre».
Sus palabras se hacen eco de las de Womack: «Si pudiera aconsejar algo a la gente que ve esta película, es que encuentre algo que ame absoluta y desesperadamente, que dé sentido a su vida y sin lo que no pueda vivir, y que lo haga».
Como dramaturgo, la visión de Napier Robertson sobre JOIKA es, por necesidad, más amplia y contradictoria. «Espero que ofrezca al público una visión auténtica y profunda del ballet a este alto nivel. Y, más allá de eso, JOIKA es un estudio de la determinación ambiciosa y de lo que supone intentar ser grande en aquello que amas. Es un viaje complejo. ¿Cuánto darías o sacrificarías para conseguirlo? No quería que la película diera respuestas fáciles. Por eso era fundamental plantear las preguntas y mostrar a esa persona excepcional haciendo cosas extremas»
DISEÑANDO A JOIKA...
James Napier Robertson fue el encargado de introducir al espectador en el intenso ambiente creativo que exige el ballet de alto nivel. Belindalee Hope, una de las productoras de la película, no duda en elogiar su trabajo. «James es un increíble director de actores con dotes de guionista, y con él todo funciona a la perfección. Tiene toda la historia perfectamente planeada en su cabeza. Conoce cada momento de la película, cómo quiere rodarla y cómo quiere que el público la sienta. Es determinado y dedicado, y es su obsesión lo que hace grande a esta película».
Como guionista y cineasta, Napier Robertson sabía perfectamente lo que había que hacer para hacer justicia tanto a la historia de Joy Womack como al propio ballet. «El personaje de Joy atraviesa circunstancias increíbles. Era fundamental que el público que no supiera nada sobre ballet entendiera por qué alguien se entregaba tanto a él. Esa es parte de la magia y el encanto del ballet. Es muy sofisticado y visualmente impactante, y luego está la música y sus movimientos, tiene mucho dinamismo. La película tenía que captar todo eso. Debía tener un aspecto fuerte y bello y ser una experiencia increíblemente poderosa y visceral para el público, pero al mismo tiempo ser dura y descarnada y no intentar ser una versión suavizada de ese mundo».
Para Napier Robertson, eso significaba «el color y la luz, la lente anamórfica, las frecuencias de cuadro, el movimiento de la cámara... Todo para reflejar la naturaleza teatral del ballet, pero nunca hasta tanto como para llegar a desconectarnos de los personajes. Tiene que haber un viaje emocional con Joy en el que también participe el público. Tenemos que entenderla a un nivel mucho más profundo».
Gran parte de esa profundidad surgió de los especialistas polacos contratados para trabajar en JOIKA y sus respectivos equipos.
Napier Robertson, la diseñadora de producción Joanna Kaczynska y el director de fotografía Taumusz Naumiuk mantuvieron muchas conversaciones. «Hablar, hablar y hablar fue el punto de partida para mí», dice el director de fotografía. Tomasz, o Thomas, Naumiuk. «Luego me pregunté: “¿Cuál puede ser mi aportación a la historia de Joy?”. No hay una palabra que pueda explicarla. Tiene tantos puntos de inflexión que sería una falta de respeto utilizar una sola palabra. Pero quizá “trance” sirva».
La idea de Naumiuk era rodar JOIKA como si fuera «una especie de Degas en ácido». Y continúa: «Ya habíamos visto algunas historias de ballet en el cine, pero queríamos hacer algo especial y novedoso. El ballet, para nuestra protagonista, es como una religión, o como ser drogadicto».
«Hasta ahora no había habido una película de ballet como esta», coincide Talia Ryder. «Creo que a la gente le va a sorprender mucho lo intensas que son algunas cosas del mundo del ballet. Espero que la gente se sumerja en ese mundo y aprecie el duro trabajo que hacen los bailarines para lucir sin esfuerzo. También espero que después de verla quieran ir a ver ballet, asistir a espectáculos locales y hacer que el ballet forme parte de sus vidas».
La diseñadora de producción, Joanna Kaczynska, no había oído hablar de Joy Womack antes de embarcarse en la producción de JOIKA. «Cuando leí el guion me sorprendió que siguiera viva, ¡y tan joven! La película es ella. Esta realidad y esta historia no existirían sin ella…. Decidimos crear algo a medio camino entre la realidad y la magia, algo muy del pasado, pero a la vez contemporáneo. Queríamos crear un mundo especial que, tal vez, incluso pertenezca a la mente de Joy, de modo que el público ni siquiera esté seguro de si es realidad o no».
Kaczynska, gran partidaria de la investigación, sabía que lo primero en su agenda era una representación para la pantalla de todos los espacios relacionados con el ballet ruso. «No solo el teatro», precisa, «sino los lugares donde vive la gente, además de los estudios y las oficinas de la escuela».
La elaboración de los storyboards fue de la mano de la búsqueda de localizaciones. «Es difícil encontrar espacios vacíos, sin utilizar y sin restaurar en una ciudad tan grande como Varsovia (donde se rodó principalmente la película)», dice Kaczynska. Pero, por suerte, encontraron uno: un edificio, antes ocupado por el departamento de música de la Universidad de Varsovia, que llevaba una docena de años vacío. «Fue un regalo para nosotros». Allí, ella y sus colegas se pusieron manos a la obra para crear el piso de Volkova, estudios de danza, una cocina, la casa de Womack en Estados Unidos, dormitorios para estudiantes y mucho más.
Como resume Kaczynska: «Todos los decorados parecen muy antiguos, quizá incluso anteriores a la Segunda Guerra Mundial, pero parte del atrezo y del vestuario pertenecen a la época actual, y todas las emociones y la historia son contemporáneas». La paleta de colores predominante para los decorados procede en parte de la pizarra de colores de Naumiuk, parte de lo que él denomina su libro de ambiente, una colección de imágenes e ideas inspiradoras que pueden incorporarse a la película directa o indirectamente». Kaczynska describe los tonos y texturas como «degradados de grises y marrones, rojizos y trozos de madera». Tomek lo trabajó más en postproducción, así que los colores van más allá, «son más profundos de los que creé en el set».
Trabajar con Napier Robertson fue, dice Kaczynska, una maravilla. «Su positividad fue de gran ayuda. No estaba seguro de todo lo que yo presentaba, pero nunca dijo que algo estuviera mal o que no le gustara. Me dio mucho espacio. Confiaba en nosotros».
Su escena favorita de la película fue la del clímax en la competición de ballet de Varna. «La creamos de la nada: un enorme decorado construido en el estudio más grande de Varsovia. Requirió mucho esfuerzo, pero fue muy divertida».
Para la diseñadora de vestuario Katarzyna Lewinska, el estímulo inicial fue: «Intentar averiguar qué era lo que me fascinaba de los bailarines». Las respuestas, dice, son «sus piernas y pies, y lo que hacen con sus cuerpos ataviados con trajes ceñidos a la piel, y cómo como seres humanos se transforman en algo totalmente distinto una vez que empieza la música».
Al igual que muchos diseñadores, Lewinska tiene ciertos métodos en los que se basa con cada nuevo proyecto. «Siempre empiezo elaborando mi propia Biblia para los personajes, y luego la comparto con los actores. Así empieza la conversación, pensemos lo mismo o no. Las cosas avanzan cuando nos reunimos para las pruebas. Descubrimos lo que funciona y lo que no. A veces cambia. Descubres el arco de un personaje haciendo las pruebas. El proceso no se acaba nunca hasta que todos los trajes están delante de la cámara».
Ella también habla de la paleta de colores deseada tanto por Napier Robertson como por Naumiuk, y de cómo ella y su equipo trabajaron con esa paleta. «El violeta y el púrpura fueron los colores más significativos, y etéreos. El ballet Don Q[uixote], por supuesto, tiene un código de vestuario: negro y rojo, negro y blanco, negro y negro».
«Hay una elegancia en la ropa de baile que habla por sí sola», añade Kruger. «Cuando ves a alguien con ese atuendo, te trasladas inmediatamente a un lugar determinado. Quería asegurarme de que el público viera que Volkova es una exbailarina, y que las líneas de su ropa fueran una mezcla entre eso y una profesora, para que no fuera demasiado formal cuando está en clase, pero que lo que llevara pudiera moverse conmigo».
Talia Ryder también comprende la importancia del vestuario. «La ropa es cómo nuestra carta de presentación. Lo que vistas va a afectar a lo que hagas. En JOIKA queríamos jugar con los colores y las formas. Kasia [apodo de Lewinska] es muy inteligente y detallista. En la escena del despacho de Volkova llevo un atuendo entallado para mostrar mi figura y ofrecer una determinada imagen ante ella. En otros momentos de la película en los que no estoy tan bien —cuando Joy está abrumada y angustiada— llevo ropa más holgada para ocultar esa parte de mí».
Lewinska hace distinciones inteligentes entre los tipos de decisiones que tuvo que tomar sobre el vestuario. «Todos los trajes de ballet de la película, como los tutús, son fáciles de hacer. Los más difíciles son los... llamémoslos trajes psicológicos. La Joy de Talia [Ryder] camina por las calles de Moscú con una bufanda y un abrigo morado. Vuelve de un ensayo, hace frío y nieva, y parece psicológicamente destrozada. Ese traje funciona de verdad. Es bonito, pero también conmovedor. Me encantan esos vestuarios».
En opinión de Joanna Kaczynska, «es muy difícil decir algo sobre esta película sin volver a Joy Womack». Y por ello, las últimas palabras relacionadas con JOIKA deberían, por derecho, proceder de su «verdadera fuente»: «¿Qué hace que merezca la pena contar mi historia?», womack se pregunta, «¿Y lo bastante especial como para convertirla en una película? Es una pregunta que me he estado haciendo. Puede que no tenga la carrera más exitosa del mundo, pero soy joven, estoy comprometida y sigo trabajando. Lo que sí tengo es entrega y ética de trabajo. No importa lo que me pase en mi carrera, intento perseverar. No importa lo que suceda, pase lo que pase, sigo amando el ballet».











