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LICORICE PIZZA
INFORMACIÓN
Titulo original: Licorice Pizza
Año Producción: 2022
Nacionalidad: EE.UU.
Duración: 133 Minutos
Calificación: No recomendada para menores de 12 años
Género: Comedia, Drama
Director: Paul Thomas Anderson
Guión: Paul Thomas Anderson
Fotografía: Paul Thomas Anderson, Michael Bauman
Música: Johnny Greenwood
FECHA DE ESTRENO
España: 11 Febrero 2022
DISTRIBUCIÓN EN ESPAÑA
Universal Pictures


SINOPSIS

Alana y Gary han crecido en el Valle de San Fernando, pero no se conocen hasta el día en que el instituto de Gary organiza una sesión de fotos. Alana ya no estudia, es una joven que se esfuerza en definirse y encontrar un camino más allá de su poco inspirador empleo como ayudante de un fotógrafo. Gary, un actor en ciernes, ya ha hecho algún que otro papelito remunerado, y se lo dice a Alana casi inmediatamente, decidido a impresionarla. La seguridad de Gary divierte a la chica, pero también despierta su curiosidad, y no tarda en establecerse una relación sincera aunque algo torpe entre los dos...

INTÉRPRETES

BRADLEY COOPER, SEAN PENN, SKYLER GISONDO, JOHN C. REILLY, MAYA RUDOLPH, TOM WAITS, CHRISTINE EBERSOLE, EMMA DUMONT, MARY ELIZABETH ELLIS, BENNY SAFDIE, ALANA HAIM, JOSEPH CROSS, EMILY AITHAUS, COOPER HOFFMAN, SASHA SPIELBERG, JOANN COLEMAN

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Una entrevista con el director y guionista de LICORICE PIZZA, Paul Thomas Anderson, y la actriz Alana Haim, realizada por la novelista Rachel Kushner en noviembre de 2021...
Rachel Kushner es la autora de novelas conocidas mundialmente como La sala Marte, Los lanzallamas y Télex desde Cuba, así como de una colección de historias cortas, The Strange Case of Rachel K. Su última novela, The Hard Crowd: Essays 2000-2020, apareció en 2021. Ha ganado el Premio Médicis, y ha sido finalista del Premio Booker, del Premio del Círculo de la Crítica Literaria Nacional, del Premio Folio, del Premio James Tait Black y del Premio Dayton de la Paz Literaria, y finalista en dos ocasiones del Premio Nacional Literario de Ficción. Ha sido becada por la Fundación Guggenheim, además de haber recibido el Premio Harold D. Vursell Memorial de la Academia de las Artes y Letras de América. Sus libros se han traducido a veintiséis idiomas.
Alana Haim: Será mejor que nos presentemos – Alana Haim, Paul Thomas Anderson.
Paul Thomas Anderson: Y Rachel Kushner.
Rachel Kushner: Enhorabuena a los dos. Es alucinante ver esta película en 70 mm en una pantalla tan enorme. Un poco como si los rostros de los dioses se volvieran hacia nosotros durante dos horas y, de pronto, aquí está Alana, una diosa en carne y hueso. Vi LICORICE PIZZA hace un mes y estaba impaciente por verla de nuevo. Es una película que no envejecerá, tiene demasiado fondo, es deliciosa, emotiva.
Alana, Paul te mandó el guión por mail y lo leíste. ¿Qué te pareció el guion y también la idea de que Paul quisiera que protagonizaras la película?
Alana Haim: Bueno, todo fue muy imprevisto. Recibí un correo electrónico de Paul, no tenía título y era un documento Word. No tengo Word en mi móvil, así que me bajé la aplicación para formatearlo y empezar a leerlo inmediatamente.
En ese momento estaba en Londres, delante de la estación de tren de Saint Pancras, un lugar muy pintoresco, sentada en un balcón que daba al edificio. Esa noche leí el guion cinco veces, me enamoré de Gary y de Alana, y me entusiasmé. Quería visualizar la historia. Hablé con Paul y me dijo: “¿Por qué no pruebas a leerlo en voz alta?” Así es como empezó todo. Luego llegaron las pruebas delante de la cámara, hubo muchas, y cuando pienso en esas pruebas… Bueno, mejoré con el tiempo, menos mal. Ese fue el comienzo y, de verdad, ha sido un honor para mí tener la posibilidad de ser parte de esta película.
Paul Thomas Anderson: Quiero añadir que, cuanto más le decía a Alana que haríamos la película, más me miraba sin creérselo con cara de estar pensando: “Esto no va a cuajar”, o también “Puede que no sea real”, y a mí me frustraba cada vez más. La conocía lo suficiente para verlo en su mirada, estaba convencida de que no se haría la película.
Rachel Kushner: Paul, ¿cómo supiste que Alana, que nunca había actuado, podría convertirse en una actriz tan carismática? Soy escritora, no sé nada de cómo se hacen las películas, pero cuando pienso en directores trabajando con actores no profesionales, me viene a la mente Robert Bresson, que entre otras cosas es famoso porque no dejaba leer el guion a nadie. Se limitaba a decirles cómo debían moverse, dónde mirar y qué decir. Pero con Alana es totalmente diferente. Interpreta. Da una gran profundidad al personaje. ¿Cómo sabías que podía hacerlo?
Paul Thomas Anderson: Bueno, parece ser que tenía razón. Había colaborado con Alana, su grupo y sus hermanas. Fue sobre todo una sensación instintiva. Probablemente porque la conocía personalmente, intuí que su fuerza, sus ganas y su talento eran enormes. Aun así, puede haber un foso entre poseer estas cualidades y saber actuar en una película, pero el trabajo que habíamos hecho juntos en videoclips ya me indicaba que íbamos por el buen camino. Estaba dispuesto a probarlo. Además, tenía otra salida, aunque sabía que nunca la usaría Cuando empezamos con las pruebas de cámara, me di cuenta casi inmediatamente de que no solo podía hacerlo, sino que sería una gran compañera de trabajo.
Rachel Kushner: Supongo que esa salida no sería otra que Barbra Streisand.
Paul Thomas Anderson: No, la salida era no hacer la película si realmente no hubiera sabido actuar. Probablemente habría guardado el guion en un cajón y no la hubiera hecho. O sea que “salida” no es la palabra correcta porque sabía que no estaba equivocado y, sinceramente, lo entendió todo desde el primer momento. Y si al principio había pequeños fallos, aprendía a la velocidad del rayo y se autocorregía inmediatamente. Los músicos son conocidos por ser buenos actores, basta con ver a Tom Waits.
Por ejemplo, saben moverse en sitios cerrados con un cierto ritmo. Alana sabe moverse y articular palabras como si fueran pensamientos suyos, no como si las hubiese leído en una página.
Rachel Kushner: Ya que acabas de mencionarle, Tom Waits hace un cameo alucinante en esta película; es una escena que arde – y no solo literalmente – con luces, llamas, motos, acción. Tengo la sensación de que utilizaste la presencia de Tom Waits tan bien como lo hizo Robert Altman en Vidas cruzadas. Háblame de por qué le escogiste y también de su personaje. Le conocí hace tiempo, me lo presentó un director genial que estaba empeñado en que actuara en una película, pero rechazó el papel. Creo que no acepta cualquier cosa.
Paul Thomas Anderson: Con mucho gusto. Bueno, Sean Penn había aceptado hacer el papel de Jack Holden y no sabíamos a quién pedir que interpretara a Rex Blau, y Sean sugirió a Tom. Se conocían socialmente. Me pareció una idea genial y pensé que no perderíamos nada preguntándoselo. Con un poco de suerte tal vez aceptase. Y así fue, dijo que sí. Llegó al plató, y hace falta mucho carisma para que Sean Penn no sea el centro de atención, pero en el momento que entró, Tom Waits era el centro de atención.
Rachel Kushner: Parafraseando a su personaje, puede decirse que Tom Waits trae una botella de aguardiente Everclear de 95% y mucho aceite de la cocina.
Paul Thomas Anderson: Sí, exacto. Lo bueno de Tom es que… Se levanta, empieza a dar vueltas por el restaurante y todo el mundo acaba mirándole. Asi es Tom, un showman nato, y eso hizo que repitiéramos la escena una y otra vez, a pesar de que no hacía falta, solo para verle a él.
Rachel Kushner: Es alucinante ver su lenguaje corporal, escuchar su voz. Tanto él como Sean Penn, en esas escenas imborrables, parecen dos fumadores en una lista de espera para una traqueotomía. Sorprende menos en Tom Waits, es su voz, pero Sean Penn adopta un sonido sordo, grave, casi parece un chiste, y a la vez es una voz maravillosa, poderosa. La voz de Sean Penn no es naturalmente tan grave, ¿verdad?
Paul Thomas Anderson: No, la voz de Sean Penn no es tan grave, pero es un gran actor y bastaba con que empezara a hablar con esa voz para que todos nos diéramos cuenta de que es una estrella.
Rachel Kushner: Efectivamente, tuve la misma sensación viendo la película. Cuando Tom Waits y Sean Penn hacen su gloriosa entrada en la pantalla, irrumpe “el viejo Hollywood” en el Valle de San Fernando. Crean una atmósfera igual de surrealista para el espectador que para Gary y Alana. El público ya está totalmente metido en los dos protagonistas y acabamos viendo a Bradley Cooper, Tom Waits y Sean Penn desde el punto de vista de Gary y Alana.
Pero volvamos a lo básico, si me permites. Cuando hablamos el verano pasado, me dijiste: “Oh, nada, rodé esta película durante la pandemia, fue fácil, trabajé con amigos y con la familia”. Tal como lo dijiste, parecía una “peliculita”, pero no lo es para nada. Es complicada y precisa, como puede serlo una epopeya, con unas interpretaciones increíbles, además de tu empeño en liberar la esencia del pasado, de los años 70, cual genio de una botella. No me parece nada fácil hacer esto y que salga bien. No soy del Valle de San Fernando, pero sí pertenezco al mundo de la película, crecí durante los setenta. Más que centrarte en reproducir detalles, has conjurado la época como por arte de magia: la luz, los gestos, las expresiones de la gente. La historia en sí es atemporal: chico conoce a chica. La película se estructura sobre un maravilloso intercambio de fuerza que va de uno a otro. ¿Cómo pudo ser fácil y rápido hacer una película tan asombrosa?
Paul Thomas Anderson: Gracias. Yo mismo no podría describirlo, eres muy amable. Es curioso, pero quizá a mí me da la impresión de que todo fue muy fácil porque llevaba tiempo esperando. Hace muchos años nació una semilla dentro de mí, era la historia de un chico y una chica; y tuve una larga amistad con un hombre llamado Gary Goetzman – puede que a algunos les suene el nombre – que me contó historias de su juventud, de cómo crió a su hermano pequeño, de sus experiencias vendiendo camas de agua en una tienda en Encino, cosas que yo conocía de forma íntima porque había crecido con ellas, estaban en la punta de mis dedos, me bastó con documentarme dentro de mí mismo.
Luego estaban los diálogos de los personajes. Nadie reconoce nunca que escribir es fácil, y no lo es, pero hay ocasiones en que fluye, son los momentos de suerte, entras en una corriente que te lleva. Y eso fue lo que pasó, no podía ignorarlo. Por muy poco estructurada que parezca la historia, puedo decir que es el guion más estructurado que he escrito y que la película lo refleja con precisión. No quitamos apenas nada, nos limitamos a rodar lo que estaba escrito. Me parece alucinante que para conseguir la libertad y la sencillez de la película, tuviera que escribir el guion más controlado y milimetrado de todos. Pero me estoy desviando del tema…
Rachel Kushner: Tengo la sensación de que cada uno de ellos se encontrará con un mundo nocivo que les tirará contra las rocas, y con cada encuentro de este tipo vuelven el uno al otro. Solo así encuentran a una persona que no les hará daño, que no quiere hacerles daño, todo lo contrario. Su amor es casi familiar, como si fuera su prima mayor. Incluso el empeño de Gary en conquistar a una mujer adulta es del todo ingenuo. En los setenta, los chicos siempre soñaban con mujeres adultas. Recuerdo que mi hermano y todos sus amigos tenían exactamente el mismo póster de Farrah Fawcett con un bañador rojo a través del que se le veían los pezones. Me compré la camiseta con esa foto porque, en mi inocencia, pensé que si todos los chicos guay tenían el póster, podía llevarla. No me enteré de la connotación sexual. Pero cuando Gary se fija en Alana, lo hace de forma mucho más pura que los chicos y Farrah Fawcett con el bañador rojo. Él responde a algo espiritual que emana de ella. Le interesa ella, saber quién es y, más aún, quién será. ¿Cómo fue trabajar con Cooper Hoffman? Es increíble, su mirada lo dice todo. Y sus primeros planos. De hecho, hay muchos primeros planos de caras. Perdón, son dos preguntas, pero ¿te importa hablarme también de las caras?
Paul Thomas Anderson: Bueno, cuando un director dispone de una cara como la de Alana y como la de mi querido Cooper, para hacer bien el trabajo debe acercarse mucho. Puede que antes tenga ideas de cómo va a filmar la película, pero al fin y al cabo todo emerge a medida que avanza, cuando lo ve delante. Y como la película gira en su mayoría en torno a ellos dos, me centré en eso, me seguí centrando en eso, no quería perderlo de vista, no quería alejarme del corazón de la historia. Cooper es una maravilla, le conozco desde que nació.
Conocer muy bien a alguien y saber cuáles son sus cualidades, la energía que puede aportar, es un gran beneficio. En muchos aspectos es muy parecido a Gary en cuanto a su energía contagiosa e inteligencia, pero de pronto se da la vuelta y se tira un pedo, y te das cuenta de que solo tiene dieciséis años. Es sorprendente que alguien pueda ser tan inteligente y estar en la luna a la vez. Intentamos plasmarlo en la pantalla porque solo tiene diecisiete años.
Rachel Kushner: Te interesó la dualidad y la contradicción porque forma parte de lo que ella quiere alejarse. Incluso al final, cuando crees que el adolescente Gary Valentine, joven empresario demasiado seguro de sí mismo, ha conseguido hacerse con una chica mayor, ella piensa: “Serás idiota”.
Alana, háblame de la secuencia más tensa de la película. Estás al volante de un camión de alquiler con el cambio manual de los setenta que se ha quedado sin gasolina y vas marcha atrás en una carretera con muchas curvas. Con o sin gasolina, el camión no tiene dirección asistida. Parece ser que de verdad llevabas el camión en esa peligrosa carretera.
Alana Haim: No, nada de dirección asistida. Y sí, soy yo la que conduce. Me costó mucho trabajo conseguirlo. No fue llegar, saludar al camión y meterme dentro. Tuve que practicar mucho.
Rachel Kushner: Todo lo difícil necesita práctica. Lo conseguiste, es lo que cuenta. Y me atrevo a añadir que a ese camión de alquiler le das lo que Alain Delon dio al Citroën DS 21 en la película de Jean-Pierre Melville. Es una escena muy tensa, con un sonido asombroso. Al estar el motor apagado, se oye la suspensión y el roce del metal contra el metal. Es superdramático.
Luego, cuando llegáis a la parte baja de la colina en marcha atrás, hay un momento psicológicamente muy importante, un cambio en el tono de la historia: tu personaje entiende la gravedad de la situación, la cercanía del peligro, algo que Gary, su hermano pequeño y los otros chicos que van en la parte trasera no captan. Para ellos se trata de otra loca aventura.
Paul Thomas Anderson: Es exactamente eso. Es el momento de la verdad para todos los que vivimos en esa época. Nos damos cuenta de todas las cosas que hicimos entonces y en las que habríamos podido matarnos, pero a las que entonces no dimos importancia. Hace falta distanciarse para verlas y pensar: “No puedo creer que lo consiguiera”. Sobre todo para los que crecimos en el Valle: las calles son anchas, largas, se puede ir deprisa, o son estrechas con mucha pendiente. Sí, había mucho peligro. Me alegro de que te fijaras.
Rachel Kushner: Paul, ya te lo dije la primera vez que vi la película, siento que es tu American Graffiti. LICORICE PIZZA es una película muy original, me refiero a lo que honras con ella. Tu película homenajea al Valle de San Fernando, como George Lucas hizo con Modesto. ¿Recuerdas la escena en American Graffiti cuando el personaje de Toad empotra la Vespa? Es para morirse de risa. Anoche me enteré de que no estaba en el guion. Fue totalmente accidental, y George Lucas siguió rodando. ¿Ocurrió algo así en el plató de LICORICE PIZZA?
Paul Thomas Anderson: Ninguno de los chicos de la película es un actor profesional, son amigos de mis hijas, de mis hijos. Nos sentamos y vimos American Graffiti juntos. Te diré por qué quise que la vieran. Les dije “Vais a ver algo al principio de la película, hay un accidente. El actor no se detiene, no se vuelve y se disculpa por empotrar el escúter, sigue actuando. Así que, si ocurre algo parecido, seguid interpretando”. Por eso se la enseñé, y porque mis hijos ruedan películas y a veces se preocupan más por lo que ha salido mal que por la película en sí. Siempre hacen una bobina de accidentes y es genial.
Pero los mejores errores son los que pueden quedarse en la película, y todos teníamos la esperanza de que ocurriera algo así, que alguien se empotrara en algo, pero no pasó nada.
Alana Haim: Te olvidas de uno.
Paul Thomas Anderson: ¿Cuál?
Alana Haim: Cuando la cámara falla.
Paul Thomas Anderson: Es verdad, fue un accidente. No estaba en el guion. Benny Safdie lleva una cámara de 16 mm con negativo dentro. Estamos rodando la escena y, de golpe, oímos cómo el negativo está saliendo del chasis. Fue algo imprevisto y me entró un ataque de risa, era demasiado perfecto porque los chicos no tenían ni la menor idea de cómo funciona una cámara de 16 mm. Es un ejemplo de cómo un error acaba en una película y le aporta algo. Demuestra su incompetencia a la hora de rodar una película.
Rachel Kushner: Pero parece que Gary sabotea deliberadamente los esfuerzos de Alana para distanciarse de él y ser una adulta. Es el accidente perfecto para la historia de los dos.
Tengo que preguntarte acerca de Bradley Cooper en el papel de Jon Peters, productor, peluquero y novio de Barbra Streisand. Es una interpretación brillante y absolutamente ridícula en el mejor sentido posible. No pega para nada. Háblame de Jon Peters y de cómo fue trabajar con Bradley.
Paul Thomas Anderson: Los chicos que tenían Fat Bernie’s Waterbed Company (Compañía camas de agua de Fat Bernie) me contaban un montón de historias. Una vez me dijeron que habían ido a casa de Jon Peters para entregar una cama de agua. Y yo, preparándome para un jugoso cotilleo, porque Jon Peters tenía la reputación de ser un productor loco de Hollywood, pregunté qué pasó. Y me contestaron: “Nada, es un tío muy majo. Nos abrieron la puerta, montamos la cama en su habitación. Él se iba al cine con Barbra y nos pareció genial”. Y pensé: “Vaya, no me sirve para la película, necesito algo más interesante”.
Se me ocurrió una situación que me pareció tener sentido, ya que nunca había conocido a Jon Peters personalmente, solo conocía su reputación de oídas y decidí exagerarla un poco más, añadir mi granito de arena a la imagen del típico productor loco de los años setenta en Hollywood. También era importante mantener el nombre de Jon Peters porque salía con Barbra Streisand y ella estaba en la cúspide de su popularidad en esa época. Para Alana significaba entreabrir una puerta hacia un mundo mucho más grande que el Valle.
Aunque Jon Peters vivía en Encino y tenía una peluquería en Encino, mi invención no está tan alejada de la verdad. Bradley es un actor genial con el que siempre he querido trabajar, así que tener la oportunidad de verle haciendo esto delante de nosotros fue genial y él aceptó sin problemas. Eso sí, fui a ver a Jon Peters para decirle lo que iba a hacer. Le conté que iba a hacer una película y que él era uno de los personajes. Le pareció bien y me pidió que le contara la historia en vez de leer el guion. Se la conté y le gustó la idea. “¿Quién me interpreta?”. Le dije Bradley Cooper. “Perfecto, muy bien”. Entonces le describí…
Rachel Kushner: Espera, ¿aprobó la idea?
Paul Thomas Anderson: Bueno, en realidad no tenía que hacerlo, pero creí que sería más educado por mi parte contarle que era uno de los personajes de mi película. En el guion había escrito que cuando regresa al coche, se pone a gritarles y a acusarles de incompetentes. Me miró y dijo: “Nunca haría eso”. Le pregunté qué haría y contestó: “Habría intentado seducirla”. Un idea mucho mejor para la historia.
Rachel Kushner: Es un momento hilarante. Su comportamiento es asombroso. Y los pantalones blancos ajustados… Me pregunté si habías contratado a alguna costurera de El hilo invisible para hacerlos.
En cuanto a la estética de la película, los rostros de los personajes muestran la complejidad de personas reales. Un ligero brillo de sudor, un brillo humano, ¿cómo lo conseguiste? ¿Menos maquillaje, una iluminación diferente? ¿Cómo se consigue que los personajes sean tan humanos y tan reales?
Paul Thomas Anderson: Bueno, esto es… Muchas gracias, me lo tomo como un cumplido. Alana, ¿cómo lo conseguimos?
Alana Haim: Eso, ¿cómo lo conseguimos, Paul?
Paul Thomas Anderson: Bueno, establecimos una regla desde el principio: nada de maquillaje. Y si Alana se maquillaba, lo debía hacer ella y dejaría muy claro que se maquillaba ella.
Rachel Kushner: ¿Como en la entrevista de trabajo?
Paul Thomas Anderson: Eso es.
Rachel Kushner: Lleva… sí, ¿y de verdad sabes quién es “Tiro Loco McGraw” cuando te lo preguntan en la entrevista?
Alana Haim: No sé nada de Krav Maga, pero creo que ahora será mejor que empiece a aprender. Me encargué de maquillarme y peinarme. Ya sé que hay momentos de locura, pero fue estupendo. Todos teníamos granos, todos sudábamos, hace calor en el Valle. Me encanta el look final.
Paul Thomas Anderson: Creo que sobran los eternos retoques; hacen perder tiempo cuando se rueda una película. Siempre hay cincuenta personas precipitándose entre cada toma para retocar el pequeño mechón fuera de sitio en cualquier cabeza. Me parece que solo distrae y no sirve de nada tratándose de una película acerca de un montón de adolescentes viviendo su vida en el Valle de San Fernando en 1973.
Rachel Kushner: ¿O sea que nada de retoques?
Paul Thomas Anderson: Exacto, no hay retoques.
Rachel Kushner: Las caras de los actores tienen un brillo maravilloso, muy agradable de ver. Todos corren mucho. Sudan. Me recuerda al maravilloso género del cine con niños, como La piel dura, de François Truffaut. Los chicos en esa película siempre corren. Supongo que todos corríamos mucho de niños.
Paul Thomas Anderson: Sí, bueno, en el Valle vas en bici, en monopatín, en autobús o corriendo, y si tienes suerte te encuentras con alguien conduciendo que te lleva. Por eso creo que la relación entre Gary y Alana funciona porque ella ya sabe conducir y la peor amenaza de todas sería decirle a Gary: “Ya no voy a llevarte a ningún sitio”. Con eso se llega al meollo de la cuestión, de su relación, y comprendemos que su mayor defensa sería poder decir: “Vale, no pasa nada, ya no necesito que me lleves a ningún sitio”. Hay mucho en juego entre los dos.
Rachel Kushner: Sí, los requisitos estructurales de supervivencia en el Valle de San Fernando entre los 12 y los 15 años. Los dos habéis crecido en el Valle, por lo tanto son auténticos recuerdos de infancia para vosotros.
Alana Haim: Sí, me pasaba lo mismo que a Gary, no me saqué el permiso hasta los dieciocho años. Mis hermanos tenían que llevarme a todas partes, y cuando se negaban, me daba una rabieta, pero nunca servía de nada y me quedaba sin salir. Por eso entendí el dolor de Gary cuando Alana no quiere llevarle a ninguna parte.
Rachel Kushner: Te sacaste el carné tarde y ahora Paul te ha obligado a estudiar para un permiso de camión, ¿verdad? No, es broma. Es posible que no tuvieras permiso para llevar un camión, pero lo que vale es la habilidad.
Paul Thomas Anderson: No sé si tienes carné de camión, Rachel, pero Alana se lo sacó. Estuvo dos o tres meses preparándose.
Rachel Kushner: ¿En una autoescuela especializada?
Paul Thomas Anderson: Con los especialistas…
Alana Haim: Los especialistas de la película eran asombrosos; demostraron una paciencia increíble conmigo. Recuerdo el día que vi el camión por primera vez. Billy, uno de los coordinadores de especialistas, intentaba meter la marcha atrás. Y me dijo que me iba a costar meter la marcha atrás, pero estaba empeñada en hacerlo. Pensé: “Vale, esto es entre tú y yo, voy a meter la marcha atrás, puedo hacerlo”. Al cabo de 15 minutos empecé a hablar con el camión en voz alta.
Le dije: “Muy bien, vamos a trabajar juntos, vamos a hacerlo todo juntos”. Recuerdo que en cuanto metí la marcha atrás y empecé a retroceder, sentí que me había convertido en Alana Kane.
Rachel Kushner: ¿Cómo es trabajar con Paul? ¿Cómo funciona, te dio muchos consejos o algún truco para que te hicieras con el papel?
Alana Haim: Confiaba plenamente en él y él confiaba en mí. Quería hacerlo todo, estaba dispuesta a enfrentarme a todo lo que surgiera. Me entusiasmaba formar parte de este proyecto, y si Paul me hubiera pedido que me tirara en paracaídas, le habría preguntado dónde estaba el paracaídas. Todo gira en torno a la confianza.
Paul Thomas Anderson: Siempre hay un momento en que se traspasa la responsabilidad. Alana nunca había trabajado como actriz y pensé que los primeros cuatro o cinco días se limitaría a seguir el guion al pie de la letra, aún no se sentiría lo suficientemente segura como para tomarse libertades. Pero al cabo de un par de días ya estaba en el camión con Bradley Cooper, que empezó a improvisar y a intentar seducirla. Fue la prueba de fuego y la pasó con brillantez. Siempre hay un momento en que necesito que la actriz me diga lo que pasa porque el papel ya no me pertenece, le pertenece a ella. Y ocurrió cuando va andando con Lance, su novio, después de la cena de Shabat. Fue algo precioso.
Había escrito una escenita que no funcionaba muy bien y Alana lo sabía. Me preguntó si podía hacer algo por su cuenta. O puede que ni siquiera me lo preguntara, que saliera por la puerta, se volviera hacia él y dijera: “¿Qué pinta tiene tu pene?” En ese momento pensé: “Así se hace, eso es lo que quiero”.
Rachel Kushner: Alana, tu padre está genial en la película.
Alana Haim: ¿A que sí? Es increíble, increíble.
Rachel Kushner: No es el típico padre estricto por la forma en que habla. Vale, es estricto, pero tiene un toque callejero.
Alana Haim: Creo que mi escena favorita con mi padre es cuando vuelvo a casa y le grito. Siento un enorme respeto por mi padre, era una niña muy obediente, quiero a mi padre y nunca jamás le gritaría. Pero él se lanzó a por todas y me pregunté si me seguiría queriendo después de la película. Por suerte me quiere, es increíble y tengo mucha suerte de que interpretara a mi padre de ficción. Gracias por dar el papel de mi padre a mi padre.
Rachel Kushner: Pero ¿conoce a Tiro Loco McGraw?
Alana Haim: Pues no lo sé. No creo habérselo preguntado nunca. Seguro que sí se sabe algún gesto, es imposible que no lo conozca.
Rachel Kushner: Es un personaje con mucho carisma, tanto que cuando regresas a casa con ese extraño y sexy bikini con relleno, la parte de abajo a juego y tacones blancos de tiras, yo estaba con él, le apoyaba a él. Pensé: “Joder, no puede entrar en su casa vestida así”.
Alana Haim: Jamás habría entrado en mi casa vestida así siendo Alana Haim, pero Alana Kane hace lo que le da la gana, le importa un comino, es capaz de entrar vestida con un bikini de cuadraditos.
Paul Thomas Anderson: Su padre no tenía la menor idea de que iba a entrar vestida así y por eso su reacción es totalmente espontánea. “¡Joder!” Salió en la primera toma. Hicimos unas cuantas más, pero no pudimos mejorar la primera. Le salió del alma cuando la vio entrar por primera vez. Luego, en un aparte, me dijo: “Las he visto entrar vestidas así”.
Rachel Kushner: Sus hijas son estrellas del rock. Si no hubiera visto algo así antes, sería un poco raro, ¿no te parece?
Toda la gente que conozco que vivía en el Valle de San Fernando me ha dicho que Licorice Pizza era una tienda de discos donde iban los fines de semana. Yo soy de San Francisco, para mí esa tienda es Record Factory. No sé si era el mismo tipo de tienda donde vas a consolidar tu identidad como adolescente. Incluso nos vestíamos de acuerdo con los dictámenes de la tienda de discos. Todos llevábamos una camiseta de Journey que costaba un dólar y vendían a la salida de la tienda.
Pero hablando de música, ¿tenías claro desde el principio qué temas incluirías en la banda sonora? ¿Y pusisteis música en el plató?
Paul Thomas Anderson: Reconozco que aún veo a Alana andando en la primera escena de la película cuando va hacia Gary. Alana sabe andar y había trabajado lo suficiente con ella como para saber que en ese momento debía decirle que se oiría el tema “July Tree” para que pudiera ajustarse al ritmo.
Pasé varios temas a todos los chicos. Es muy probable que no los conocieran, pero sus padres sí, y les sonarían mucho porque los habrían oído desde su nacimiento.
El rodaje en el salón de juegos fue una oportunidad genial para poner algo de música entre las tomas para mantener el ritmo. Los platós de cine pueden ser muy aburridos mientras se cambian las luces y se prepara la siguiente toma. Todos los chicos estaban allí y los pinballs están para pasárselo bien, no para aburrirse. Así que, durante la media hora de espera poníamos música para mantener el ambiente caldeado.
Y contestando a tu pregunta, no, no tenía nada pensado de antemano, pero sí una idea de lo que íbamos a utilizar. Grabamos algunas escenas con música y siempre dejamos espacio para la música, es mucho mejor así.
Rachel Kushner: Me encanta que ande al son de Nina Simone. Me gusta esta escena por varias razones, por el pantalón corto blanco, su timidez, la inmediata fricción entre Alana y Cooper, y también el hecho de que la filmaras en el largo porche del Instituto Portola de Tarzana. Mi hijo acaba de graduarse allí en junio y reconocí el edificio inmediatamente. Aunque nunca he oído a Nina Simone en el patio.
Thomas Paul Anderson: No, no me extraña.
Rachel Kushner: Las taquillas están tan mal que te piden que vayas una semana antes para aprender a abrir la que te ha tocado. Pero fue genial ver todos esos decorados naturales.
Paul Thomas Anderson: Bueno, Portola es… La historia empezó en el Instituto Portola. Allí vi a una chica… Era el día que hacían la foto a los alumnos Todos estaban colocados en el patio y uno de ellos, no tendría más de 14 años, no paraba de intentar hablar con una chica mayor que él que trabajaba para el fotógrafo. Quería conseguir su teléfono, cualquier cosa… Entonces nació esa semilla que te comenté antes que siguió dentro de mí.
Rachel Kushner: ¿En segundo de la ESO?
Paul Thomas Anderson: Sí, se me quedó grabado. Me parecía una premisa imposible, pero casi inmejorable. ¿Qué pasaría si consiguiese convencerla de que se vieran muy a pesar suyo y apareciera furiosa por haber aceptado?
Rachel Kushner: Asombroso. Ahora, al venir, me he cruzado con unos cuarenta chicos vestidos con traje. Eran alumnos de Portola que comían algo al otro lado de la calle, en la California Pizza Kitchen. Parece ser que hoy estaban citados en el campus de UCLA.
Paul Thomas Anderson: Me alegra que me lo digas. Es por el barrio de Westwood, me gusta mucho este barrio. No sé cuánta gente venía antes al cine aquí, en Westwood, puede que incluso a este cine, o al que está enfrente. Antes había como diez o quince por todo el barrio, era el mejor sitio para ir al cine. Para mí es un placer estar aquí, en este cine, que vamos a estrenar con la película. Y al oírte decir que había cuarenta chicos de Portola, me han entrado ganas de salir, agarrarlos y traerlos a todos aquí.
Rachel Kushner: Habría sido maravilloso. Cuando mi hijo se ha parado para saludarlos, también se me ha pasado por la cabeza. Pero habría sido un poco descarado presentarme con cuarenta invitados inesperados. Solo tenía una entrada de más. Espero que vengan a ver la película. Ojalá venga mucha gente a verla en 70 mm en una pantalla gigante. ¿Estaréis en cartel un mes?
Paul Thomas Anderson: Efectivamente. Primero tenemos unos cuantos visionados antes del estreno, el Día de Acción de Gracias, y seguirá aquí hasta el día de Navidad. Y este lugar no es mal sitio para venir si a alguien le apetece salir de casa.
Rachel Kushner: Este cine es muy serio. Una pantalla fantástica, un sonido increíble e imagen en 70 mm. Creo que has estado trabajando una semana para ajustarlo todo, asegurándote de que la experiencia sea perfecta para los espectadores. Como una de las pocas personas afortunadas que han tenido la ocasión de ver la cinta dos veces, puedo decir con total honestidad que aquí la experiencia es doblemente agradable y enriquecedora. Muchas gracias a los dos.
Paul Thomas Anderson: Gracias, Rachel, gracias a todos.
Alana Haim: Muchas gracias.

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