Fichas de peliculas
  • Registro
INFORMACIÓN
Titulo original: Mientras Dure La Guerra
Año Producción: 2019
Nacionalidad: España, Argentina
Duración: 103 Minutos
Calificación: No recomendada para menores de 7 años
Género: Drama
Director: Alejandro Amenábar
Guión: Alejandro Amenábar, Alejandro Hernández
Fotografía: Álex Catalán
Música: Alejandro Amenábar
FECHA DE ESTRENO
España: 27 Septiembre 2019
DISTRIBUCIÓN EN ESPAÑA
BuenaVista Internationa Spain


SINOPSIS

En el verano del 36 el escritor Miguel de Unamuno decide apoyar públicamente la sublevación militar con la que se intenta instaurar el orden en unos tiempos convulsos para el país. En ese momento el gobierno lo destituye como rector de la Universidad de Salamanca. Mientras el general Franco inicia una exitosa campala con la esperanza de hacerse con el mando único de la contienda...

INTÉRPRETES

EDUARD FERNÁNDEZ, LUIS ZAHERA, INMA CUEVAS, KARRA ELEJALDE, PATRICIA LÍOPEZ ARNAIZ, NATHALIE POZA, LUKA PEROS, LUIS CALLEJO, LUIS BERMEJO, TITO VALVERDE, ALFREDO VILLA, PEP TOSAR, MAARTEN DANNENBERG

MÁS INFORMACIÓN DE INTERÉS

icono criticasCRITICA

icono trailersTRÁILER'S

icono bsoBANDA SONORA

icono clipsCLIPS

icono featurettesCÓMO SE HIZO

icono videoentrevVIDEO ENTREVISTAS

icono audioAUDIOS

icono premierPREMIERE


MÁS DATOS...  
 

Festivales y premiosPREMIOS Y FESTIVALES

- Festival de San Sebastián 2019
- Festival de Toronto 2019

Informacion exclusivaINFORMACIÓN EXCLUSIVA

LA PRODUCCIÓN...
MIENTRAS DURE LA GUERRA es una obra de ficción basada en hechos reales, fruto de una rigurosa labor de documentación.
La cinta recoge el momento en el que Miguel de Unamuno y Francisco Franco se conocieron en la ciudad de Salamanca en 1936. Miguel de Unamuno se había convertido en uno de los pensadores españoles más influyentes del mundo y también era conocido por su particular carácter. “Unamuno sufrió el exilio como consecuencia de sus palabras y, de alguna manera, el discurso incendiario en el final de su vida es consecuente con todo lo demás. Fue un acto suicida que a día de hoy parece interpelar a cualquier persona con cierta dimensión pública, como yo”, dice Alejandro Amenábar.
  El séptimo largometraje de Alejandro Amenábar cuenta con un diseño de producción ambicioso, realizado por un equipo técnico y artístico de primer nivel liderado por Fernando Bovaira en la producción ejecutiva.
  Destacan en el equipo creativo y técnico: Alejandro Hernández (La línea invisible, Caníbal, Todas las mujeres), como co-guionista; Álex Catalán (Yuli, Loving Pablo, La isla mínima) como director de fotografía; Juan Pedro de Gaspar (Patria, La sombra de la ley, Zipi y Zape y la isla del capitán) en la dirección de arte; Sonia Grande (Julieta, Midnight in Paris, Mar adentro, Los otros) como diseñadora de vestuario; Eva Leira y Yolanda Serrano (Dolor y gloria, La casa de papel) como directoras de casting; Nacho Díaz (Juego de tronos, La zona, Verónica) a cargo del diseño de maquillaje especial; y Ana López-Puigcerver y Belén López-Puigcerver (Arde Madrid, Julieta) como responsables de maquillaje y peluquería.
Alejandro Amenábar ha compuesto la banda sonora de la película
como ya ha hecho en anteriores trabajos.

UN MOMENTO HISTÓRICO TRASCENDENTAL...
  Durante la preparación de la película los autores mantuvieron contacto con la familia de Miguel de Unamuno, con la Casa-Museo, con el Ayuntamiento y la Universidad de Salamanca y han contado con un minucioso asesoramiento histórico y militar. “En MIENTRAS DURE LA GUERRA hemos intentado dotar a la imagen de personalidad cinematográfica, empujando cuando convenía a la narración, pero sin perder nunca de vista la coherencia en la mirada ni la credibilidad del relato histórico”, dice el director de fotografía, Álex Catalán.
  “Para decirlo rápido, la arquitectura se mantiene y las pieles (los elementos de la superficie de las calles) cambian”, dice Juan Pedro de Gaspar, director de arte. “Las ciudades se convierten en un verdadero quebradero de cabeza para intentar devolverlas a otro tiempo, en este caso Salamanca en 1936. Afortunadamente hay abundancia de documentación y de material fotográfico disponible en libros y en la red. Adicionalmente me han ayudado mucho personas que desinteresadamente recopilan fotos antiguas, muchas veces personales y familiares y también de sus ciudades y las cuelgan en la red, esos reflejos de una cotidianeidad ya olvidada son muchas veces impagables”.
  El trabajo de maquillaje especial, se coordinó desde el arranque del proyecto con el equipo de fotografía: “Hicimos al menos tres pruebas rodadas
que pudimos ver proyectadas para poder ir mejorando el resultado final y en las que probábamos la luz que más le favorecía al personaje. Esta coordinación es imprescindible sobre todo en un proyecto como este en el que los tres personajes principales llevan maquillajes especiales, es un proyecto sin precedentes en España en este sentido”, dice Nacho Díaz, responsable del maquillaje especial.
  MIENTRAS DURE LA GUERRA no es una película bélica, pero el vestuario militar está muy presente. “Los uniformes son un mundo igualador y por lo tanto funcionan como bloque o como conjunto. Lo más complejo fue rescatar de entre todos ellos las personalidades de los protagonistas.
  Algunos generales preferían sacar los cuellos de las camisas sobre las guerreras (como homenaje a la Legión dicen algunos asesores). En el caso de Millán-Astray, hombre de enorme personalidad, nos limitamos a ser fieles a sus fotografías y a algunas películas de entonces que nos proporcionaban una riqueza extraordinaria para la creación del personaje”, comenta Sonia
Grande, diseñadora de vestuario.

TR ABAJAR CON PERSONAJES REALES...
“En un principio el objetivo era conseguir el mayor parecido posible entre los actores y los personajes reales”, dice Nacho Díaz, diseñador de Maquillaje especial. “La evolución del proceso creativo nos llevó a buscar el uso imprescindible de elementos teniendo muy en cuenta la comodidad del actor a la hora de interpretar. El reto más difícil fue crear el diseño de Unamuno en la cara de Karra que tiene un físico muy diferente al personaje. En este caso el propio actor nos ayudó mucho a defender los elementos que proponíamos a Alejandro, y finalmente Karra lleva cubierto el 90 por ciento de su rostro con elementos de prótesis y maquillaje especial. Él fue un absoluto defensor de todo lo que hacíamos y nos daba muchas sugerencias porque necesitaba cambiar su aspecto y transformarse físicamente para terminar de completar su interpretación”.
  Karra Elejalde no fue el único en someterse a meticulosas sesiones de maquillaje. Eduard Fernández, que interpreta a Millán-Astray, y Santi Prego, Francisco Franco en la película, empezaban sus jornadas de rodaje con largas estancias en la sala de maquillaje. “Franco era especialmente difícil porque es el que está más presente de los tres en el imaginario colectivo”, dice Nacho Díaz. “Finalmente nos centramos en cambiar la nariz y
la zona de los ojos, creando unas prótesis de silicona para los párpados que llevaban unas cejas de pelo natural y que hacían el efecto de los ojos caídos; también llevaba una nariz de silicona y unas lentillas oscuras. Trabajamos su propio pelo para retroceder el nacimiento del cabello gracias a un trabajo increíble de la jefa de peluquería, Belén López-Puigcerver”.
  “Los hechos que sirven de base a la historia sucedieron en el tránsito del verano al otoño, una oportunidad que había que aprovechar para acompañar al protagonista principal en su viaje emocional y la progresión dramática del guion”, dice Álex Catalán. “Acentuamos el cambio de estación en lo posible, usando negros, marrones y ocres en el verano y negros, azules y grises para el otoño. En verano, postigos entrecerrados en interiores, con sol directo que se cuela por las ranuras. Alguna vez ventanas abiertas, sudor en alguna ocasión, calles secas, sol, contraste, verde en los árboles... Para el invierno, postigos abiertos, pero con luz suave y grisácea y alguna luz encendida en fondos. Calles mojadas, lluvia y un verde más amarillento en los árboles a través de la corrección de color”.
  “MIENTRAS DURE LA GUERRA retrata la posición del pensamiento libre frente a las conductas opresoras. En este mundo de oscuridad y sombras debía fluir la imagen del protagonista con una enorme elegancia y sobriedad, un nuevo Quijote del siglo XX, respetando su imagen icónica, tan cercana al Greco, pintor de referencia para esta película”, dice Sonia Grande, diseñadora de vestuario.
  “Para los personajes femeninos de la película me interesaba mucho usar vestidos y ropa original de los 30. Los tejidos originales de este periodo son los que facilitan la credibilidad de esa década. Así como hubo mucha construcción nueva en la imagen masculina del film, la mayoría de las ropas femeninas las tuve que encontrar en los viejos mercados de Inglaterra, algunas piezas en Alemania y Francia. Lamentablemente y creo que debido a nuestra guerra civil y a nuestra larga posguerra de pobreza y carencias, todos los trajes de este periodo fueron destruidos o reutilizados o dados la vuelta durante los años posteriores a la contienda y son ya imposibles de encontrar en nuestro país. Lo complicado fue encontrar el sabor español en las opciones para la construcción de las actrices y sutilmente generar sus personalidades.
  Para Nathalie Poza, con un concepto de mujer más moderna y republicana, busqué su tratamiento utilizando como referencia a “las sinsombrero”. Para las mujeres de la familia de Unamuno intentamos llegar a un acuerdo entre algunas fotos rescatadas de la familia y la construcción de dos hermanas diferentes en su personalidad que a la vez eran miembros de una familia acomodada y culta de la Salamanca de 1936. En cuanto a Carmen Polo, fue
una mujer muy elegante y con un gran estilo personal propio”.

RODAR EN ESCENARIOS HISTÓRICOS...
  El rodaje de MIENTRAS DURE LA GUERRA tuvo lugar durante siete semanas a lo largo del verano de 2018 en localizaciones de Salamanca, Toledo, Madrid y Bizkaia. “Para mí es importante pisar el lugar real en el que han vivido mis personajes”, dice Alejandro Amenábar. “Sentí una conexión muy profunda cuando visité la casa de Ramón Sampedro en ‘Mar adentro’, me pasó en ‘Ágora’ cuando pisé Alejandría. Esa misma emoción la sentí en la casa de Unamuno, sobre todo cuando descubrí el rincón en el que murió mientras se calentaba con un brasero. La marca de la madera chamuscada aún se conserva. La ciudad se volcó con nosotros durante el rodaje, no solo desde las instituciones. La gente se agolpaba en las calles en las que rodábamos y observaba con el máximo respeto, los figurantes que participaron en la filmación se entregaron en cada toma”.
  “Hemos rodado en las mismas calles por las que se movieron nuestros personajes y hemos tratado de devolverlas a su tiempo. Esto ha requerido de intervenciones físicas y digitales porque muchas cosas han cambiado desde 1936, incluso en una ciudad tan bien conservada como Salamanca”, explica Juan Pedro de Gaspar, director de arte.
  Para el diseñador de Sonido, Gabriel Gutiérrez, la apuesta por rodar en los lugares reales tiene un elevado valor intangible: “MIENTRAS DURE LA GUERRA es una historia cuyos protagonistas indiscutibles son la palabra y los entornos y espacios donde ésta se proyecta. Lo más importante con respecto al tratamiento de los diálogos ha sido mantener la naturalidad y defender la interpretación por encima de todo. Para una historia como esta y para su recreación, trabajar en decorados naturales y reales marca una grandísima diferencia. Las voces de los personajes reaccionan de forma diferente en función del entorno y los acabados de sus paredes, techos, mobiliario. Estos espacios naturales tienen una magia especial y la hemos aprovechado para poder recrear la sensación de estar en los mismos espacios
que los personajes”.

EN LA CABEZA DEL DIRECTOR...
  Coordinar a tantos equipos, tomar decisiones ante los imprevistos del día a día, mantener el foco en el objetivo final, todas esas responsabilidades exigen que el director sea para el equipo un guía involucrado hasta la médula y, al mismo tiempo, un visionario inspirador.
  MIENTRAS DURE LA GUERRA representa un viaje con muchas capas de significado para Alejandro Amenábar como cineasta: “Esta película es muy especial para mí al tratarse de la primera que ruedo en mi país después de mucho tiempo. Pero sobre todo es especial porque, además de contar algunos hechos históricos que muchos habrán olvidado y otros ni siquiera conocíamos, apela muy directamente a nuestro presente y nuestra condición como ciudadanos que conviven, discuten y a veces, lamentablemente, se destruyen.
  Siento que la historia de Unamuno está hoy más viva que nunca, como si él siguiera dudando y hablándonos sobre cuestiones esenciales: quién o qué nos representa, de dónde venimos y, sobre todo, hacia dónde queremos
dirigir esa enorme y compleja comunidad de vecinos llamada España”.

ENTREVISTA A ALEJANDRO AMENÁBAR...

¿A qué se refiere el título: MIENTRAS DURE LA GUERRA?...
Para mí esa frase significa dos cosas: por un lado, forma parte de un documento firmado por el bando nacional al comienzo de la guerra y que fue clave en la toma de poder de Franco. Pero sobre todo es una reflexión que se lanza al público. Somos nosotros los que parecemos seguir sin entendernos, en guerra constante.

¿Por qué hay tanto debate social sobre la frase que pronuncia Unamuno en la película?...
La frase “Venceréis pero no convenceréis” convirtió a Unamuno en un mito, pero no existen registros sonoros ni transcripción del discurso y sí muchas versiones de lo que dijo, aparte de la propaganda de un lado y de otro, de ahí la polémica. También hay debate sobre lo que dijo, o no, Millán Astray. Por eso, abordar la escena del discurso se convirtió para mí en un acto de máxima responsabilidad. La he preparado a conciencia consultando todo tipo de documentación y testimonios procedentes de los dos bandos, y la he escrito y rodado en conciencia. Para mí, la evidencia más clara de que don Miguel lió una buena durante aquel acto es que esa misma tarde le revocaron el acceso de socio al Casino de Salamanca, vamos, que lo echaron, y dos días después fue destituido como rector de la Universidad de Salamanca y pusieron un guardia en la puerta de su casa. O sea, que algo y muy gordo tuvo que pasar.

¿Se van a reconocer los espectadores de hoy en los acontecimientos que recoge la película?...
Creo que la película actúa como catarsis para un espectador de hoy en día y el panorama que retrata conecta más de lo que pudiéramos pensar con nuestra actualidad política. Considero que en la Historia las crisis y las revoluciones vienen por ciclos, algo que ya traté en mi película Ágora, a veces haciendo avanzar a una sociedad, otras lamentablemente no. En Europa durante la primera mitad del siglo XX, surgieron los movimientos fascistas y hoy no resulta difícil verlos resurgir. Las posiciones extremas ganan peso y lo inquietante es imaginar a qué escenario nos llevan, porque sabemos bien cómo acabó aquello: con una guerra mundial. Y en España, como triste preludio, una guerra civil. Por eso siento que esta película habla más del presente que del pasado. Te pondré un ejemplo cercano. Cuando saco al perro al parque coincido con un grupo de jubilados paseando a los suyos. Uno es republicano, otro es claramente franquista… y entre ellos hablan y discuten de política. Siempre me ha parecido muy
saludable que todas las mañanas se busquen para darse la tabarra, pero que de ahí no pase, porque hace ochenta años se habrían estado pegando tiros. De esa España que dialoga quería hablar también en la película. Hay una escena en la que Unamuno y Salvador Vila se enzarzan en una discusión política en medio del campo. Esa bronca la incluí en el último momento porque me di cuenta de que era la oportunidad de que se le presentaran al público las dos Españas, las de siempre. Ahí se quedan discutiendo mientras la cámara se aleja de ellos. Para mí, lo bonito es que después de la tempestad los dos se serenan y siguen caminando juntos.

¿La historia se desarrolla a través de un paralelismo entre los hombres de letras y los hombres de armas?...
Todo empezó por Unamuno y su famoso discurso, que no es ni más ni menos que su toma final de posición ante el conflicto armado. Unamuno viene a decir que aquellos muy mal, pero estos peor, y lo sorprendente es que lo hace en el escenario más peligroso para él: durante la Fiesta de la Exaltación de la Raza, sabiendo que otros intelectuales como García Lorca ya habían sido asesinados sin siquiera haberse manifestado. Se jugó la vida, literalmente, y demostró un valor que posiblemente a muchos nos habría faltado. Y por otro lado tenemos la historia de cómo se desarrolla el conflicto y cómo se articula el poder entre los generales sublevados. Es la toma del poder por parte del hombre de armas, Franco, y la toma de conciencia por parte del hombre de letras, Unamuno. Las dos tramas discurren paralelas durante gran parte de la película y cobran todo el sentido cuando Franco y Unamuno acaban reuniéndose.

¿Asistimos en la película a un momento de importancia histórica para España y al mismo tiempo en la vida de un mito? ¿Habéis contado con el apoyo de la familia para reconstruir ese proceso íntimo del escritor?...
Teníamos claro que no queríamos hacer un panegírico sin más de la figura de Unamuno, y a la vez queríamos contar con el apoyo y la colaboración de su familia. Ellos leyeron el guion y fueron respetuosos, aunque dada la propia controversia que generaba y genera a día de hoy el personaje, hay puntos sobre los que no existe unanimidad: uno de ellos es si donó o no a los sublevados 5.000 pesetas.
A pesar de que la figura de Unamuno cuenta con grandes expertos y biógrafos, como Jean-Claude y Colette Rabaté, decidimos prescindir de asesoramiento directo para no estar condicionados a la hora de recrear el personaje, aunque por supuesto antes de escribir nos sumergimos en la bibliografía existente, incluida la del propio Unamuno.
En estas cuestiones, como en las más espinosas relativas a la guerra, mi actitud fue siempre la de recopilar la mayor cantidad de información posible antes de tomar la decisión final en el guion.
Sinceramente, creo que la película es un retrato fiel de lo que debió sentir Unamuno en esos meses, acorralado en Salamanca, en su casa, repudiado por antiguos amigos y adulado por futuros enemigos. Un auténtico viacrucis para él, que desde el punto de vista dramático es oro, porque ves a un personaje que va cambiando, creciendo y rebelándose.

¿Experimentó Francisco Franco conflictos internos parecidos en aquellos meses?...
Para empezar, todos creemos tener una imagen de Franco. Franco flota a nuestro alrededor como una entelequia, pero yo creo que a Franco lo ha conocido realmente muy poca gente. Era un personaje impenetrable hasta para sus colaboradores más próximos, que además se fue reinventando a sí mismo y construyendo una imagen a través de la propaganda del régimen. El personaje que intentamos retratar en esta película es un Franco pocas veces visto antes, es el tipo que busca secretamente convertirse en el “emperador” de todo esto. Me pregunto hasta qué punto eran conscientes Unamuno y sus contemporáneos de que la intención de Franco era precisamente esa. Seguramente muy pocos lo vieron venir. En una escena de la película se ve cómo reinstaura en su cuartel la bandera monárquica, cómo recupera la marcha real… En algún momento, en su cabeza, vio un camino clarísimo para sustituir al rey cuando éste se fue de España. Franco se había convertido en el general más joven de Europa en aquel momento y poco a poco buscó la jugada perfecta. Fue casi como una carambola: muere Sanjurjo y, de repente, ahí está él.
Es además un hombre nada clerical que, al poco de comenzar la guerra, entiende que asociar ésta a las Cruzadas o a la Reconquista dará una dimensión épica a su campaña. En este giro eclesiástico estuvo influido sin duda por su mujer Carmen.

¿Es posible rodar sobre hechos reales tan cercanos desde la imparcialidad?...
Creo que es imposible rodar desde la imparcialidad, ni siquiera un documental. Siempre habrá una mirada, un punto de vista, una intención.
Otra cosa es el respeto al espíritu de los hechos y las personas reales, no desvirtuarlos, y sobre todo no caer en el adoctrinamiento o la manipulación ideológica. Como espectador me gustan las películas que me dejan margen para pensar, y eso es precisamente lo que intento potenciar como creador, que la gente piense, hable, discuta…
Durante la escritura del guion y durante el rodaje contamos con un asesor histórico y con un asesor militar que también era historiador.
Entre ellos mismos surgieron discusiones sobre ciertos episodios y detalles: qué se dijo aquí, qué pasó, qué no pasó… Escuchar a uno y a otro, como si fueran dos pepitos grillos, me venía muy bien a la hora de tomar decisiones. Quizá esta película incomode más a quienes están en los extremos, porque yo no soy extremista. Desde luego no he querido hacer una película con espíritu revanchista o victimista, y espero que sea entendida tanto por gente de izquierdas como de derechas.

¿Has trasladado el debate a los espectadores?...
Espero que sí. Cuando uno hace una película le gustaría eso. Que dé que hablar, que dé que pensar. Yo no he nacido en España pero la he hecho como español. Precisamente, hace no mucho descubrí que una de las razones por las que nací en Chile fue que mi madre, española, viajó allí acompañando a su hermana, cuyo marido huía de la represión franquista. Y después mis padres hicieron el viaje de vuelta ante la explosiva situación política en Chile, quince días antes del golpe de Pinochet. Así que mi existencia ha estado marcada por dos golpes de Estado, algo que realmente nunca me había planteado seriamente. La guerra no me pilla, no nos pilla, tan lejos. Y aun así, me gustaría que la película se entendiera como conciliadora. Por eso era importante para mí que la cartela final recordara que con las elecciones de 1977 se recuperó la democracia, porque ese es el período que yo he vivido y disfrutado desde niño, un sistema que básicamente permite la convivencia entre personas con ideas opuestas. De eso se trata para mí, de entender que lo sano es que todos pensemos de maneras distintas. Si pensáramos igual, el mundo sería muy triste.
O sea, una dictadura.

NOTAS DE ALEJANDRO AMENÁBAR...
  Miguel de Unamuno es una de las personalidades más destacadas de la literatura, la cultura y la política del siglo XX en España. Nació en Bilbao en 1864 y vivió la guerra carlista, acontecimiento que le impactó profundamente. En 1900 se convirtió en el rector más joven del país, con 36 años. Su vida estuvo marcada por una intensa actividad académica, política y creativa, y por una incesante lucha consigo mismo.
  “En principio, me parecía que Karra no coincidía ni por físico, ni por edad, ni por talante con Unamuno. Uno y
otro no pueden ser más distintos. Unamuno tenía arranques encendidos y pasionales como los que vemos en la película, pero todo el mundo coincide en que era un tipo más bien seco. Karra es todo lo contrario, es un trozo de pan que te abraza todo el tiempo. Recuerdo que antes de empezar la película, para aplacar mis dudas, me dijo: ‘Muchacho, olvidas que soy actor’. Su trabajo en gran medida ha sido de contención, casi minimalista, dejando que el personaje desnude su alma y se rompa tan solo en momentos muy concretos. Aporta enorme humanidad y empatía y, sobre todo, es de esos actores que transmite verdad absoluta cuando habla, da igual lo que diga. El guion contiene varios discursos y no queríamos que encorsetaran la película, que la hicieran demasiado afectada o solemne. La secuencia del paraninfo cobra vida cuando Karra habla como si en realidad estuviera dirigiéndose al público de ahora, a cada uno de nosotros.
  Y lo hace de un modo que aparentemente es improvisado, de hecho, como solía hacer el propio Unamuno”.

  El general José Millán-Astray fue una de las personas que más influencia ejerció en la formación moral e ideológica de Francisco Franco. Creador del Tercio de Extranjeros (La Legión), fue compañero de batalla de Franco y su más incansable defensor. Su temeridad en el campo de batalla hizo estragos en su persona: entre las muchas heridas que recibió, perdió el brazo izquierdo y el ojo derecho, que quedó cubierto por un parche. En su condición de inválido, la personalidad de Millán-Astray cobró nueva forma e intensidad, haciéndose famoso por sus detalles excéntricos y sus arengas guerreras.
  “Eduard fue la opción casi inmediata que se nos ocurrió para Millán Astray, aunque, al igual que con Karra, sabíamos que la labor de maquillaje sería crucial. Millán tenía cicatrices, era tuerto y manco y extremadamente delgado. Eduard ha hecho un gran esfuerzo de composición y ha logrado que su energía interpretativa no quede sepultada bajo la barrera de la caracterización. La figura de Millán es muy controvertida, para muchos es un héroe, para otros es un psicópata. Eduard y yo decidimos llevarlo por el lado lúdico. Estoy seguro de que el personaje tenía arranques brillantes y gran sentido del humor, seguro que sabía contar como nadie historias y ‘batallitas’. Yo al final lo único que le decía a Eduard era que disfrutara interpretándolo, que se divirtiera. Y su entrega en cada toma, su precisión, fueron realmente matemáticas, algo sorprendente si piensas que en realidad estaba interpretando a alguien absolutamente visceral”.

  Francisco Franco pasó los primeros cuarenta y cinco
años de su vida escalando la cumbre de la jerarquía militar. En 1934 se convirtió en uno de los generales de División más jóvenes de Europa. Al estallar la guerra civil, tras invadir la península desde África al mando de la Legión y de las Fuerzas Regulares, se convierte en figura de consenso para un grupo de generales que deciden impulsar su nombramiento como jefe del Estado. A pesar de las advertencias de Cabanellas, general sublevado, pero de reconocido pasado republicano, Franco llegó a la cima del poder para no desprenderse de él hasta su muerte.
  “El actor más difícil de encontrar fue el que tenía que interpretar a Franco, hasta el punto de que llegué a pensar que si no encontrábamos a Franco no teníamos película.
  Y entonces apareció Santi Prego, que ha sido una bendición.
Se incorporó al casting en el último momento, igual que Franco a la guerra. Le pregunté: ‘¿Te has leído el guion? ¿Te ha gustado?’. Y respondió: ‘Bueno, yo no soy mucho de guiones’. ‘¿Pero te ha gustado el personaje?’.
  ‘Ah, sí, es un señor que sabe lo que quiere, que va directo, es educado, me gusta’. Librarse de prejuicios a la hora de enfrentarse al personaje era imprescindible. Si como actor hubiera insistido en interpretar al ‘malo’ de la película habríamos caído en el maniqueísmo, y además no habríamos sido objetivos porque, en las formas, Franco era aparentemente exquisito. No gritaba, ni soltaba exabruptos, ni le daban arrebatos como a Hitler.
  Era un dictador implacable pero sosegado. En su trabajo de composición, Santi no renunció a la vocecita característica ni a los problemas de dicción de Franco. Conseguir imponer autoridad y temor con esos hándicaps fue uno de los retos para el personaje real, y entendimos que también tenía que serlo para Santi”.

  “Ex-alumno y amigo de Unamuno, Salvador Vila fue profesor universitario y rector interino de la Universidad de Granada. Viendo sus retratos de la época sorprende su rostro tremendamente juvenil, casi aniñado. Necesitábamos a un actor que encarnara esa juventud y a la vez transmitiera una enorme seguridad intelectual para que las tertulias y enfrentamientos dialécticos con Unamuno resultaran verosímiles. Carlos ha hecho un trabajo extraordinario que para mí tiene su clímax en la discusión sobre las dos Españas. Tanto él como Karra salieron a escena, como digo yo, a defender sus colores, y creo que consiguieron uno de los mejores momentos de la película”.

  “Ana Carrasco fue la mujer de Casto Prieto Carrasco, médico, catedrático universitario y alcalde republicano de Salamanca en 1936. La mujer retratada en la película intenta conseguir el apoyo de Unamuno para ayudar a su marido, detenido en la primera jornada del golpe.
  Fue una de esas mujeres que, creemos, pesaron profundamente en la conciencia del escritor. Tiene pocas escenas en la película, pero de enorme carga dramática, y necesitábamos a una gran actriz, alguien cuya voz y mirada también pesaran y emocionaran al público. Nathalie Poza ha hecho un trabajo espléndido, exprimiendo cada minuto en pantalla. Tiene una enorme imaginación y la cámara la quiere un montón”.

  “El entorno familiar y doméstico de Unamuno resultó lo más difícil de investigar porque encuentras muy poquito.
Sabíamos que vivía con dos de sus hijas, un hijo que iba y venía, el nieto y la criada Aurelia. Ahí tuvimos que dramatizar, pero, curiosamente, cuando hablamos con la familia de Unamuno descubrimos que nuestra aproximación a los personajes no estaba tan mal tirada porque María y Felisa coinciden bastante en cómo aparecen en la película, igual no de modo tan extremo en el caso de María, pero sí parece que ella era la más peleona y Felisa la más abnegada. A la hora de presentar el conflicto de Unamuno, nos ayudaba tener a esa hija que le azuza para que dé la cara. Patricia e Inma, siguiendo la línea interpretativa que buscábamos en la película, han optado por el naturalismo más absoluto y logran un par de momentos que a mí me parecen sobrecogedores. Además, la química entre ellas y Karra fue inmediata. El primer día de rodaje en el decorado de la casa ya parecían una familia que llevaba allí toda la vida, queriéndose y discutiendo”.

  “Atilano Coco era amigo de Unamuno y de Salvador Vila, pastor protestante y maestro de la Iglesia Española Reformada Episcopal en Salamanca. Desapareció nada más empezar el conflicto y en la película aparece en pocas escenas. La elección de Luis Zahera es de esas apuestas de todo o nada porque, al igual que Karra, se parece muy poco a su personaje. El verdadero Atilano que puede verse en fotos tenía un rostro dulce, casi angelical.
  Decidimos llevar al personaje por otro lado, más ácido y con un punto cómico. Luis permite que el público se quede con él y que su presencia se sienta durante toda la película”.

  “El hermano de Franco está interpretado por Luis Bermejo, un actor con una gran vis cómica que en este caso decidimos no explotar. Creo que el personaje que ha compuesto nos recuerda más bien al que interpreta Robert Duvall en El Padrino, un consejero discreto y fiel en la sombra. Parece que el Nicolás real era un hombre más extrovertido y caótico. En cualquier caso, fue el mejor aliado posible y una pieza clave en la toma de poder de su hermano Francisco. En aquellas primeras semanas de la guerra lideraba toda una comitiva alrededor de Franco, empujándolo para que diera un paso adelante y se postulara como líder. Aunque tampoco está claro si ellos empujaban al futuro dictador, o si él los empujaba a ellos para que lo empujaran”.

  “¿Por qué Carmen Polo cogió la mano a Unamuno y lo sacó del paraninfo? Nunca ha estado claro, no sabemos si fue porque el obispo Pla le pidió que lo hiciera, o si fue por iniciativa propia, en cuyo caso desconocemos qué le movió a ello. Lo cierto es que con su gesto salvó a Unamuno de un linchamiento casi seguro. Desde el punto de vista dramático nos pareció interesante apuntar a una posible admiración hacia el escritor por parte de ella.
  Y luego está ese maravilloso monólogo de Mireia en el coche, hablando con toda candidez de su marido, el Caudillo, y de lo que quiere para España. Eso era importante para mí, que actrices y actores buscaran siempre el lado humano de cada personaje, que huyeran de los arquetipos o estereotipos”.

  “Recuerdo que en la primera escena que rodamos con el mando militar, donde estaban Nicolás Franco, el obispo Pla, Kindelán y Millán-Astray les dije: ‘Intentad que no suene a que estáis conspirando, esta es una conversación normal, si el tono interpretativo es siniestro se nos cae la película’. Cuando retrato a los militares sublevados intento ver a generales que están preocupados por el mando de la guerra y el reparto de poder, nada más. ‘Cada uno a lo suyo’, les dije, ‘prefiero que suene más a una película de Berlanga que a una de espías’. Buscábamos algo natural y visceral, hombres de acción haciendo lo que creen que tienen que hacer”.



logo radio directo