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LOS BRITÁNICOS DESEMBARCAN: UNA TREPIDANTE SUPERPRODUCCIÓN INDIE CON UN REPARTO ESTELAR...
La dimensión épica ha sido avalada por un presupuesto que puede marcar un antes y un después para el cine que se hace fuera de los grandes estudios. «Es muy probable que hablemos de la película independiente más importante rodada el pasado año», declara el productor Andrew Curtis. «Cuando le dices a la gente el presupuesto que hemos manejado, no se lo creen. Esta película revela una envergadura y una ambición descomunales. Creo que tiene mucho que ver con la tenacidad del cine británico”.
Después de lanzar el proyecto en Cannes, en 2008, a los productores Andrew Curtis y Rick Benattar, y al director, coguionista y productor Jonathan English les llevó dieciocho meses obtener los fondos. «Es muy complicado cerrar acuerdos por un valor que supera los 20 millones de dólares», explica English. «Al final, se convirtió en el mayor trato financiero que buena parte de las compañías asociadas había cerrado nunca. Albergo la esperanza de que sirva de precedente a toda la industria cinematográfica independiente, de que se pueden hacer películas a gran escala como TEMPLARIO, fuera del ámbito de los grandes estudios».
Desde el principio, la piedra angular de este proyecto consistió en el fichaje de la estrella estadounidense nominada al Oscar Paul Giamatti. El productor Rick Benattar lo conocía por su participación en el rodaje del thriller de acción “Shoot ‘em up” y pensó inmediatamente en Giamatti para interpretar el papel del rey Juan I de Inglaterra, el villano de TEMPLARIO.
RECONSTRUIR EL CASTILLO: CÓMO DAR VIDA A LA HISTORIA...
Tan crucial como cualquier personaje que aparece en TEMPLARIO es el mismo castillo. El gigantesco decorado, construido en doce semanas en medio de la campiña galesa, recrea la estructura del verdadero castillo de Rochester. «Al tratarse de una historia real, sentimos la obligación de ceñirnos a los limites impuestos por la realidad», comenta el diseñador de producción Joseph C Nemec. «Hemos dedicado mucho tiempo a documentarnos sobre la arquitectura de los siglos XI, XII y XIII y sobre la vida cotidiana dentro de un castillo. Uno de los hallazgos más interesantes que hicimos es que los castillos solían ir recubiertos de yeso y pintados con cal, de tal forma que los interiores eran invariablemente de color blanco. Esto constituye un dato histórico fascinante, pero de haberlo aplicado al pie de la letra, habríamos tenido algo parecido a “Princesa por sorpresa”. La nuestra era una cruenta película de batallas medievales. Partiendo de este principio, el resto puede ser muy divertido. Básicamente es un gran torreón central con un pequeño edificio anexo; cualquiera que lo ve percibe enseguida el efecto realista».
Además del castillo en sí mismo, el equipo técnico de TEMPLARIO ha creado un formidable arsenal de armas pesadas, todas ellas operativas, que utilizó el rey Juan para franquear los muros de la fortaleza. Aparte de catapultas y trabuquetes, en TEMPLARIO también aparece una torre de asedio construida a escala real que protagoniza una de las escenas de acción más espectaculares de la película, cuando el rey Juan redobla sus esfuerzosTEMPLARIO para quebrar la resistencia de los rebeldes. «En un momento dado, se arroja un bloque ardiente, una enorme bola de fuego, contra la torre de asedio», explica Nemec. «La parte en la que el proyectil la atraviesa de par en par es un efecto real, y la gente que sale envuelta en llamas también es de verdad. Y después lo hemos pulido todo por ordenador. Toda la secuencia es increíblemente realista».
TEMPLARIORODAR EN UN CAMPO DE BATALLA: UN ASUNTO DE SUPERVIVENCIA...
Paul Giamatti acuñó un concepto durante el rodaje: «condiciones ambientales». Chapotear en el lodo mientras llueve a mares y soplan rachas de viento de más de 90 km/h es lo que convierte a un rodaje como el de TEMPLARIO en una batalla en sí misma.
«Planificar el rodaje en pleno otoño galés no fue ninguna decisión tomada a la ligera», declara el productor Andrew Curtis. «Sabíamos que el tiempo iba a ser malo y que rodaríamos siempre en situaciones húmedas. Pero estuvo diluviando desde el principio. Hubo días en los que tuvimos que enfrentarnos a ráfagas de entre 90 y 115 km/h que azotaban el castillo y arrancaban las puertas. Fue un milagro que, en estas condiciones inclementes, no hubiera ningún accidente durante el rodaje. Les hicimos pasar a todos por un verdadero infierno. A todos, sin excepción. Y en la pantalla se aprecia toda esa crudeza, la autenticidad de este periodo histórico».
Ciertamente, no fue un rodaje cómodo. Pero esas condiciones meteorológicas brutales infundieron a la película una gran autenticidad al permitir recrear los rigores propios de los tiempos medievales de una forma con la que la producción no habría soñado siquiera. La furia del tiempo también sacó lo mejor de los actores, que ante estas condiciones consiguieron hazañas a nivel interpretativo.
Otro elemento clave de esta impactante inmersión realista lograda en TEMPLARIO es el equipo técnico, cuyos miembros fueron meticulosamente seleccionados por sus aptitudes en el campo del drama visceral.
CORRERÁ LA SANGRE: UN SOLDADO RYAN MEDIEVAL...
Los combates empiezan ya en la página número cuatro del guión de TEMPLARIO, y no paran hasta llegar a la página final. Uno de los principales objetivos de Jonathan English era crear toda una carnicería con las escenas de acción más cruentas nunca vistas en el género.
«Pese al reparto de primera y al trasfondo histórico, lo que quería era hacer una película de acción», explica English. «Una película repleta de combates y de violencia, que fuera un retrato descarnado de la brutalidad de la Alta Edad Media».
La mayoría de las películas de este tipo daba la espalda a esta recreación sin tapujos de la realidad de la guerra medieval. Pero English ha sido inflexible: su responsabilidad era mostrar una violencia conforme a la realidad de la época.
Después de haber estudiado las espeluznantes armas que existían en la Inglaterra medieval y las heridas que podían causar, el equipo de efectos especiales equiparan la experiencia a presenciar un accidente de coche. «Esa especie de náusea que sientes cuando ves imágenes de accidentes de coches y compruebas lo patético que se vuelve el cuerpo humano al recibir el impacto de un objeto punzante, pesado y metálico a gran velocidad», describe English. «Es espantoso... de una violencia y brutalidad absolutamente espantosas. En realidad, esto no ha llegado a verse nunca antes en el cine».
INTRODUCCIÓN DEL DIRECTOR JONATHAN ENGLISH...
Desde siempre he estado completamente obsesionado con los castillos. Crecí en Londres y, de niño, visité muchos, tanto en Inglaterra como en Gales. Sin embargo, había un castillo en el que no había estado nunca: el de Rochester. Así que, al terminar mi última película, fui allí. Me impactó de inmediato; en aquel castillo reinaba una atmósfera totalmente distinta a la de cualquier otro que hubiera visto antes. Algunos son castillos regios; otros, caprichos de personajes muy adinerados. Son muy bonitos, tienen fosos y hacen alarde de la riqueza de los que los mandaron construir. Pero en Rochester, uno tiene la sensación de estar frente a un castillo construido para la guerra. Uno se siente allí como dentro de un auténtico acorazado.
Empecé a documentarme sobre la historia de esta fortaleza y de una batalla que se libró en ella. Esta historia trata de cómo un rey de Inglaterra llegó a asediar uno de sus propios castillos; de cómo, después de haber firmado la Carta Magna, contrató a un ejercito de mercenarios para retomar el control del país; y, sobre todo, de cómo un pequeño grupo de caballeros defendió la plaza sobreviviendo a base de carne de caballo y agua.
Ya en aquel momento, ya no podía dejar de darle vueltas a la cabeza. Y antes siquiera de salir de aquella construcción, me dije a mí mismo, como ya había hecho en otras ocasiones: «Vaya, de esto podría hacer una muy buena película...».
Mi idea era hacer una película de acción ambientada en la Edad Media, una película cruda y que fuera lo más realista posible. Quería contar una historia al estilo de The warlords: Los señores de la guerra, El Cid o Los vikingos. A finales de los años sesenta se hicieron montones de películas de acción y aventuras de este tipo, y la verdad es que me encantaban. Los hechos reales ocurridos en Rochester se convirtieron en las líneas argumentales del guión: una versión medieval de Los siete magníficos en la que un grupo de hombres curtidos defiende el castillo. Quería mostrar cómo pasó realmente. Quería hacer algo que no se hubiese visto antes.