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CRITICA
Por: PACO CASADO
Los temas de brujas y brujería se asocian frecuentemente al género de terror y así podríamos citar un gran número de títulos al respecto, como éste de 'La bruja'.
Muchas son las brujas famosas que hay en la historia de mujeres poseídas por el diablo o encarnando a la mala de los cuentos.
En este caso tras inaugurar el Festival de cine de Sitges llega a las salas comerciales este nuevo tratamiento del tema.
Una familia demasiado puritana, temerosa de Dios, que cree en las brujas, en 1630 en Nueva Inglaterra, está maldecida por las fuerzas de la brujería, la magia negra y la posesión.
El granjero William y su esposa Katherine con sus cinco hijos llevan una vida cristiana y cuando son repudiados por la Iglesia, por ser demasiado puritanos, construyen su hogar al borde de un cercano bosque salvaje donde, según la leyenda y las creencias populares, dicen que hay algo maligno controlado por un ser sobrenatural que les asecha más allá de sus peores temores.
Cuando las cosechan van mal, los cultivos no fructifican, los animales se vuelven agresivos, las cabras en lugar de leche dan sangre y su recién nacido desaparece misteriosamente, en la familia comienzan a desconfiar los unos de los otros y acusan a Thomasin, la hija mayor, cada vez más alejada de las reglas y tradiciones puritanas.
Más que una película de terror creemos que se trata de la desestructuración de una familia debido a las creencias religiosas que les llevan al extremismo que termina rompiendo la convivencia y la confianza entre los miembros de la misma.
Posee una extraordinaria ambientación en la época en la que se desarrolla la acción sin necesidad de acudir a los efectos especiales, con una iluminación natural en exteriores y a base de velas en los interiores, con movimientos de cámara muy bien estudiados y primeros planos clásicos con un gran gusto estético.
El guion, que parte de hechos históricos, nos va metiendo en este relato escalofriante, dentro de sus propios miedos y ansiedades que nos deja a merced de un mal ineludible, aunque no acaba de convencernos el ambiguo final.
Tiene un buen trabajo de los actores, prácticamente desconocidos para nosotros, tanto los adultos como los más jóvenes entre los que destaca de estos últimos la actuación de Anya Taylor-Joy que carga con gran parte del peso del film.
El joven diseñador de producción Robert Eggers tras realizar varios cortos, para su ópera prima este director y guionista nos ofrece un relato opresivo, naturalista y sutil, con una estética cercana a las cintas de Dreyer, con una atmósfera viciada por los extremismos religiosos muy contenida con una recreación realista sobre la locura, basada en cuentos y leyendas de brujería de aquella época y los testimonios reales de los procesos de brujería, realizada con buen estilo, que nos ofrece un siniestro cuento religioso de corte fantástico con sorpresa final, rodado en 28 días.
La acción es anterior a los famosos juicios de Salem, vista a través de la mirada de Thomasin, la hija adolescente de la familia, con autenticidad en los diálogos, con una buena producción, ritmo lento como corresponde a lo que se cuenta en la que la fe, la superstición y el desvarío son tema de la trama con los peligros de una religión opresiva y extremista que castiga a la mujer debido a la histeria religiosa en un relato que no necesita de sobresaltos, ni sorpresas sino que pone de manifiesto la locura a la que se llegó con esta cuestión en algunas etapas del pasado, mientras que la religiosa fe ciega hace el resto.
Realización, planificación, puesta en escena, ambientación y vestuario están cuidados.
Todo va provocando una situación cada vez más angustiosa en el entorno familiar sobre el puritanismo religioso y la desconfianza, honesta en la puesta en escena con planos clásicos en perfecta composición.
Premio del Jurado en el Festival de Austin. Premio Sutherland en el Festival de Londres y en el New Hampshire. Mejor dirección en el Festival de Sundance.
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