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CRITICA
Por: PACO CASADO
Norman Lindsay, escritor australiano, ideó a los personajes de este entretenido cuento hace casi un siglo, ya que fue publicado en 1918. Es un autor de literatura infantil muy conocido en su país y su biografía fue llevada al cine hace unos años en la película Sirens, en 1994.
Karl Zwicky, director con una gran experiencia en televisión y en el campo de la animación, se decidió a llevar el cuento a la pantalla consiguiendo una película luminosa, alegre y divertida.
Es la historia de un koala que cree que es huérfano, hasta que un día se entera de que sus padres lo abandonaron y que deben estar en algún lugar, por lo que contento con la noticia se marcha en su busca. Por el camino se encuentra con un marinero, un pingüino y Albert, un pudding cascarrabias, que tiene la facultad de regenerarse constantemente y no acabarse nunca, adquiriendo las formas y sabores más diversos.
No cejarán las aventuras que tendrán que vivir, al encontrarse con unos ladrones de puddings, un gigantesco animal que va acompañado por una siniestra rata y tener que liberar a los padres de los malvados que los tienen presos.
El film pone de relieve en bellas y sencillas imágenes animadas en brillante colorido, con una gran riqueza en los fondos, unos personajes muy vivarachos y un buen acabado en el dibujo, muy aptas para la mentalidad de los niños, los aspectos humanistas de esta narración: lo que vale una gran amistad, la ayuda al prójimo y el cariño a los padres.
Contribuyen al entretenimiento infantil ocho sencillas canciones que hacen las delicias de todos. No siempre va a ser Disney.
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