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CRITICA
Por: PACO CASADO
El irregular director británico Michael Winterbottom no es muy dado a repetir géneros y en esta ocasión prueba con la ciencia ficción al contarnos esta historia de amor fugaz que se desarrolla en un futuro inmediato en el que los ciudadanos no se pueden desplazar a otra ciudad sin un permiso, ni seguro de circulación, controlados por una compañía mundial llamada la Esfinge y no se puede violar el código 46 que prohíbe tener relación sexual con una persona si posee la más mínima afinidad de parentesco.
Así ocurre en esta claustrofóbica fábula futurista a William Geld, un inspector de seguros, que va a investigar una estafa a Shanghai donde se enamora de la sospechosa, María González.
Al surgir el amor desvía la culpa a otro compañero. Pero esta relación será imposible por el código 46 que no es más que una fórmula para impedir el amor edípico.
El guión sitúa el relato en un futuro en el que la desertización es evidente y el acceso a las ciudades es restringido para lo que hay que tener un permiso especial con lo que se tiene un control total del individuo.
El planteamiento del tema tiene un arranque brillante pero en la segunda mitad deja una cierta sensación de confusión, donde las buenas ideas del comienzo dan paso a una casualidad casi imposible y sin una explicación lógica.
Hay a lo largo de la trama una velada crítica a la política inmigratoria y asuntos actuales como la incomunicación o tan eternos como el sexo, el amor o la soledad.
La cinta tiene un buen arranque, con una vistosa fotografía.
La puesta en escena es sencilla y logra una estupenda ambientación futurista y una magnífica atmósfera que se contagia del aséptico clima, resultando algo fría, y no acaba de enganchar al espectador, aunque tenga aciertos aislados.
La película no alcanza el mismo resultado al desarrollar la relación entre los dos protagonistas a pesar de tener a dos estupendos actores, la enigmática Samantha Morton y el flemático Tim Robbins en un personaje atractivo.
Ganadora de tres premios en el festival de Sitges: a la mejor banda sonora, guion y Meliés de plata a la mejor película fantástica europea. Presentada en los festivales de Venecia, San Sebastián y Sitges.
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