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CRITICA
Por: PACO CASADO
Otto Preminger está considerado entre los grandes directores del cine norteamericano de todos los tiempos. y está considerado entre los grandes directores cuyas películas poseen la garantía de su veteranía y el prestigio de un realizador importante.
En él se dan dos condicionamientos que hicieron posible el florecimiento de su personalidad cinematográfica: su origen europeo, vienés de nacimiento, que le confiere su espíritu de análisis, su preocupación por la esencia y su gusto por la creación de personajes complejos, nada superficiales, matizados al máximo y su situación en el cine de Hollywood que le permitió utilizar su fabulosa maquinaria, su perfección técnica y su perfecta organización.
De la mezcla entre su mentalidad europea, más atenta a los problemas humanos y la excepcional maquinaria fílmica, surge la personalidad de este realizador.
Tras dedicar una etapa de su filmografía a realizar grandiosas películas como 'El hombre del brazo de oro' (1955), 'Anatomía de un asesinato' (1959), 'Éxodo' (1960), o 'Tempestad sobre Washington' (1962), vuelve con 'El rapto de Bunny Lake' (1965) a sus comienzos, a recordar el cine que hacía con films como 'Laura' (1944), 'Ángel o diablo?' (1945), 'Vorágine' (1950), 'Cartas envenenadas' (1951) o 'Una cara con ángel' (1952).
Y a decir verdad que no se le había olvidado la manera de hacer aquel tipo de cine, tan sencillo como magistral.
Aborda aquí el retrato de un caso de psicopatología criminal, en torno a la desaparición de una niña que, en su primer día de clase, no aparece a la hora en que su madre va a recogerla a la salida del colegio.
Con este tan simple esquema, los guionistas John y Penelope Mortimer, tratan de plantearnos una cinta policiaca, mientras que a Otto Preminger lo que le interesa más es la descripción del mundo infantil, no sólo en el que se desenvuelve la pequeña, sino también el de los otros miembros de la familia, que no vamos a desvelar para no destruir el secreto de la trama.
De esta forma el veterano realizador vienés, nos da uno de sus mejores y más crueles retratos sobre la infancia que hasta ahora ha dado el cine norteamericano.
Todo ello está dado a través de un thriller elegante, inquietante y absorbente, desde los magistrales títulos de créditos iniciales creados por Soul Bass, hasta la magistral secuencia final llevada a cabo entre tres de los principales personajes de esta inquietante historia en un extraño y macabro juego infantil.
Una perfecta elección de los actores, con un irónico Laurence Olivier, una Carol Lynley que consigue tal vez el mejor personaje de su carrera hasta hoy y un enigmático Keir Dullea.
No obstante no hay que olvidar la notable dirección del maestro Otto Preminger que con planos largos y descritivos consigue un thriller interesante de principio a fin.
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