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CRITICA
Por: PACO CASADO
Chen Kaige, junto con Zhang Yimou, son los dos directores chinos más interesantes en la actualidad.
Pero el ganador de la Palma de Oro en el Festival de cine de Cannes con 'Adiós a mi concubina' (1993), se sentía encorsetado en su país y ha querido correr su aventura occidental rodando este perturbador thriller erótico y pasional en el cine norteamericano, aunque esté filmado en Londres.
Allí vive Alice, una chica americana, diseñadora de CD-Roms con su novio Jake, al que abandona por Adam, un alpinista, con el que se casa y vive una apasionante historia amorosa, llena de peligros.
Pronto se da cuenta de que sabe menos de su marido de lo que parece y surgen las sospechas sobre su oculto pasado.
Ya en la luna de miel le exige un sometimiento total, tanto físico como mental, que llega casi al sadomasoquismo, que empieza a preocupar a Alice.
El título del film está tomado de una canción de Roberta Flash que no es el de la novela, Un amor dulce y peligroso, escrita por el matrimonio Scan French y Nicci Gerrard que firman con el seudónimo Nicci French.
Chen Caige da un giro radical a su carrera con este thriller en el que pocos trazos se pueden encontrar de su cine anterior y de su personalidad, demostrada en sus cintas, salvo cierto tono oriental en la puesta en escena de las desenfrenadas secuencias de pasión del tórrido amor de perdición entre la pareja que son poco menos que increíbles por lo artificiosas y excesivas.
La rutinaria dirección no es precisamente original en esta película y el suspense resulta previsible y trasnochado.
Excesiva la música de Patrick Doyle, hermosa la fotografía y sin relieve ni mucha convicción el trabajo de la pareja protagonista, superado por la inquietante actuación, más breve, de Natascha McElhone. Un paso atrás en la carrera de Chen Kaige.
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