Elevando el tono sexual, que quedaba meramente apuntado en la primera versión de 1946, hasta límites que (para ser principios de los ochenta) eran bastante escandalosos. Bob Rafelson será siempre recordado por haber rodado una de las escenas más famosas de la historia del cine, el tórrido encuentro enharinado entre Jessica Lange y Jack Nicholson.
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