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CRITICA
Por: PACO CASADO
'El brindis' (2020) pasó por el Festival de cine de Cannes sin pena ni gloria y ahora llega a nuestras pantallas con dos años de retraso, esta pretendida comedia romántica en la que se cuenta la historia de Adrien un pobre hombre de 35 años, algo neurótico e hipocondríaco, que se encuentra en una crisis de madurez de la mediana edad, que ha sido abandonado por Sonia, su pareja, que quiere tomarse un respiro, algo que él explica a los demás, que es como pulsar el botón de pausa mientras que el divorcio sería hacerlo con el de stop.
Esa noche espera un mensaje de reconciliación de Sonia durante una cena familiar cuyos comensales son su padre, su madre, su hermana Sophie y Ludo, su novio, que se hace realmente interminable, mientras que Sonia no acaba de responder a los mensajes que Adrien le había enviado, lo cual le acaba poniendo auténticamente de los nervios.
Para colmo, en el transcurso de la misma, Ludo, su estúpido futuro cuñado, le pide, por sorpresa, que se prepare un discurso para la próxima celebración de la boda con su hermana, lo que sería el mejor regalo para ella, y a Adrien le da un ataque de auténtico pánico, nada más pensar en ello.
Durante la cena no hace más que idear distintas posibles excusas para no tenerlo que hacer y por otra parte si no se puede escapar qué es lo que dirá en el mismo.
Eso es todo lo que ocurre en esta pretendida divertida película en la que una y otra vez se vuelven a repetir las mismas situaciones, sin salir del consabido escenario de la cena y del salón de celebración de la boda en donde imagina que tendrá lugar el discurso, palabra que por cierto es el título original en francés de este film, que parece más adecuado que el español ya que no hay ningún brindis.
El guion llevado a cabo por el propio director, Laurent Tirard, está basado en el comic gráfico homónimo del autor y dibujante galo Fabrice Caro, que tiene un carácter muy introspectivo, poco dado a ser trasladado al cine, que no tiene ni chispa de gracia, con personajes corrientes que tratan de temas de todos los días y de las situaciones que suelen ser habituales entre los miembros de una familia, el tema de la calefacción, el bizcocho de yogurt de la madre, el típico pesado futuro cuñado, las repetidas anécdotas del padre, etc.
En cuanto a la interpretación Benjamin Lavenhe en el papel de Adrien es quien lleva la voz cantante puesto que es el personaje principal y el que se ve metido en todo este embrollo.
Con el director francés Laurent Tirard se da, una vez más el caso de un guionista que decide dirigir sus propios guiones y así lo hizo debutando con Mentiras y traiciones (2004) tras realizar varios cortos, siendo este el octavo largometraje que lleva a cabo y a decir verdad con una cierta monotonía, contando con un plantel de actores entre los que figuran varios de la Comédie Française y no sabemos si esa procedencia del teatro haya contagiado la puesta en escena en la que constantemente se rompe la cuarta pared y el protagonista, Adrien, se dirige obsesivamente al público para hacerle cómplice de lo que piensa o para explicar la situación determinada de cada momento, desde el mismo inicio en el que el protagonista lee desde un escenario los títulos de crédito, lo que le da una gran monotonía a la hora de la puesta en imágenes.
Se agradece su corta duración después de tanta repetición.
Premio en el Festival de Calella a Benjamin Lavernhe. Premio a la mejor comedia en lengua extranjera en el Festival de Fort Lauderdale. Premio a la mejor narrativa en el Festival de Virginia.
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