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CRITICA
Por: PACO CASADO
En el año 1951 Walt Disney llevó a cabo la novela de Lewis Carroll, escrita en 1865, en dibujos animados, dirigida por Clyde Gewromini, Wilfred Jackson y Hamilton Luske, que resultó muy interesante, constituyendo un gran éxito a pesar de que se despegaba bastante de la habitual dulce y acaramelada producción disneyana, lo que suponía un auténtico desierto entre las películas de la filmografía de esa productora.
Alicia cae por la madriguera de un conejo en un mundo mágico de sueños poblados por personajes surrealistas con los que vive unas desconcertantes aventuras.
En este viaje de autodescubrimientoi la joven Alicia asiste sorprendida a las grandes maravillas que se presentan ante sus ojos, y mientras busca la salida de ese desconocido país, conoce a los sorprendentes personajes que pululan por ese mágico mundo.
Ahora se intenta otra vez la difícil empresa y se ha querido llevar al cine de nuevo esta misma novela de Lewis Carroll, que escribió para su sobrina, pero con la ambición de intentar convertirla además en un musical con canciones y bailes con personajes reales, que por otra parte y dicho sea de paso, creemos que es más para adultos que para los niños, y nos referimos a la obra literaria.
Pero este mismo carácter lo tiene también el film, al que ahora, para distinguirlo del otro, se ha querido hacer un musical, infantilizándolo a base de disfrazar a los buenos y famosos actores que posee en su reparto, que no han tenido inconveniente en prestarse a este divertimento, vistiéndose de animales, cartas y otros objetos que entran a formar parte de la narración.
La empresa era doblemente más complicada, porque siempre hemos considerado la obra de Lewis Carroll casi más apta para adultos que adecuada para los niños, como se demuestra en situaciones como la escena de la hora de tomar el te, que es un puro disparate del absurdo, con diálogos llenos de incongruencias que cuesta seguir, que no son comprendidos por los pequeños espectadores que se forman un lío e incluso algunas escenas les producen un cierto miedo a los que son muy pequeños.
Se queda pues muy a medio camino, ya que no interesa ni a unos ni a otros el mundo fantástico del parlanchín conejo blanco, la Reina de Corazones, el Sombrerero loco, la liebre, la oruga, el lirón, la tortuga, etc..
Las canciones están metidas en muchas ocasiones con calzador y lo único que hacen es detener la acción, lo que aburre aún más a los pequeñines y también a los mayores que, por otra parte, han sido dobladas para una mayor comprensión por parte de los niños, que no tengan que leer los subtítulos, pero debido a ello se pierde la calidad de la versión original.
Cinta endeble dirigida por William Sterling, productor, guionista y realizador de series televisivas, que hace su debut con este su primer largometraje para el cine, que más le vale que se hubiera quedado en producir y dirigir para la pequeña pantalla.
En definitiva, se produce aquí un choque de dos mundos, el de Lewis Carroll y el cinematográfico.
Premios Bafta a la fotografía y al vestuario.
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