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CRITICA
Por: PACO CASADO
Siempre nos han interesado aquellas producciones que juegan con la intriga y el suspense, sin embargo no nos entusiasman tanto las de terror o las bélicas, ambientadas en la primera o segunda guerras mundiales.
'El falsificador de pasaportes' (2022) se ambienta en la ciudad de Berlín en el año 1942, en la que se nota la depresión, el terror y la decadencia, durante el régimen nazi y la consiguiente guerra que estos mantienen con la persecución de los judíos.
El joven Cioma Schönhaus tiene 21 años, posee una gran alegría de vivir, se ha librado de ser deportado por trabajar en una fábrica de armas a la que tan sólo puede llegar tarde dos veces al año.
Vive solo, sus padres fueron deportados y asesinados en un campo de concentración.
Un día su amigo Det le pide que le acoja en su casa, algo que hace a pesar de la prohibición de la rígida portera Frau Peters que le amenaza con expulsarlo del edificio.
Cuando cumple esas dos faltas y es despedido de la fábrica y encuentra la ocupación de dedicarse a falsificar pasaportes contratado por Franz Kaufman perteneciente a la resistencia y aunque no le pagan sí lo hacen con vales de comida algo que está muy cotizado en esos momentos y prácticamente de eso logra vivir gracias a esa habilidad suya y así salva a más de 300 personas.
Una inspección le precinta una de las habitaciones para que no pueda vender los muebles, pero falsifica el sello.
A pesar de ser judío se ha fabricado una identificación falsa, la de un oficial de la marina y con unos uniformes que le facilita su amigo, pueden ir a fiestas y circular por la calle sin problemas.
Gracias a eso encuentra un transitorio amor en Gerda, una chica cuyo prometido está en el frente, que lo acoge en su casa y él le paga con vales de comida ya que no tiene quien la mantenga.
El guion de esta película, llevado a cabo por la propia directora, la alemana Maggie Peren, se basa en el libro autobiográfico escrito por Samson "Cioma" Schönhaus, quien de pequeño asistió a la Escuela privada de Artes y Oficios, de ahí su habilidad para la falsificación de pasaportes por su capacidad para el dibujo.
A pesar de que se trata de una historia sobre el Holocausto no lo parece ya que no hay presencia militar y tampoco aparecen los campos de concentración y exterminio, desarrollando una narración fundamentalmente a base de diálogos con muy poca acción.
El film está dirigido por la escritora Maggie Peren autora de más de una veintena de guiones que con éste hace el cuarto en la dirección de largometrajes, cuya historia lleva de forma lenta, sin excesivas emociones, pero a pesar de ello consigue mantener el interés del espectador, con una buena ambientación de la época tanto en la decoración de interiores, que es donde se desarrolla la mayor parte del relato, como en el exterior.
Por otra parte aunque en su reparto no figuran actores conocidos del gran público, sin embargo sus interpretaciones son bastante correctas contribuyendo con ello al logro de la cinta, siendo el más destacado de ellos Louis Hoffman que encarna al protagonista, mientras que Luna Wedler es la chica con la que vive.
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