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CRITICA
Por: PACO CASADO
Los sueldos de los cómicos norteamericanos se establecen según el resultado de sus películas en las taquillas, por eso tras los éxitos de 'Un papá genial' (1999) y 'El aguador' (1998), el inefable Adam Sandler se encuentra en el club de los 20 millones de dólares por film.
Esto le permite hacer estulticias como la presente en la que quiere darnos un nuevo tratamiento del equilibrio entre las fuerzas del Bien y del Mal acogiéndose a esta moda temporal de cintas demoníacas que ha vuelto a poner de actualidad la reposición de 'El exorcista' (1973).
Así, en tono de comedia, el demonio se quiere jubilar, pero dos de sus hijos escapan del infierno y le hacen perder su poder, por lo que manda al más pequeño, Nicky, a buscarlos, antes de que sea demasiado tarde y evitar el averno que quieren establecer en la ciudad de Nueva York.
Este cuento moderno, destinado fundamentalmente al público norteamericano, que es donde mejor funcionan los films de Adam Sandler, co-autor también del guion y productor, es de una disparatada comicidad de lo más fútil y grosera, apoyada por los efectos especiales, que en pocas ocasiones tiene la suficiente fuerza como para levantarnos una carcajada, con unos diálogos imposibles que son un insulto para un espectador mínimamente inteligente.
Lo lamentable es que en este embrollo se ven metidos actores de la categoría de Harvey Keitel o Patricia Arquette, dirigidos por el inexperto, antes actor y guionista, Steven Brill.
Premiado Adam Sandler en los premios Stinkers a las peores películas.
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