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CRITICA
Por: PACO CASADO
Cuando un director adquiere la veteranía y la experiencia que lleva encima Blake Edwards, es muy difícil que una película se le vaya de las manos, o al menos intenta poner todo de su parte, todos los conocimientos para salvarla aún teniendo en sus manos un guion pobre, vulgar o sin originalidad y fuerza.
Esto es lo que le ocurre con esta decimonovena película en la filmografía de Edwards, un director maestro en la comedia que ha dado al cine americano días felices con la mayoría de sus obras.
Edwards lleva casi tantos años haciendo cine como películas ha realizado y es lógico que esto lo demostrara en una película que es como un mero pasatiempo policiaco en el que trata de demostrar la inocencia de un médico acusado de asesinato.
Es cierto que el guion no es muy brillante y que la historia no aporta nada nuevo, pero él logra salvarla con conocimiento y oficio.
Quizás lo que más se admire en este film sea la puesta en escena, el tratamiento dado, como por ejemplo en el relato de amor que corre paralelo a la investigación entre los dos protagonistas de la historia, James Coburn y la deliciosa Jennifer O'Neill.
En el trasfondo, late una cierta crítica de la sociedad americana para que la historia tenga algo más de fondo que la mera superficie policiaca adoptada.
Bien es verdad, a pesar de todo, que no podemos contar este largometraje entre los mejores del director, pero también es cierto que la cinta se deja ver con esa facilidad narrativa que es frecuente en el cine americano y concretamente en el de este autor.
Buen colorido, delicada música y unos actores que funcionan a la perfección bajo su experta batuta.
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