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CRITICA
Por: JUAN FABIÁN DELGADO
Con un tono esperpéntico y caústico, con una exageración que tampoco falta a la verdad, el director italiano Ettore Scola nos presenta en esta cinta una visión cruel y tremendista del mundo suburbial que rodea Roma, plasmado en una increíble familia en la que la miseria y el odio conviven o diario en una chabola presidida en el horizonte, significativamente, por la gran cúpula del Vaticano.
Scola, que ganó en el Festival de Cannes del 76 el premio a la mejor dirección, y del que hemos visto su posterior y muy distinta "Una jornada particular", carga aquí las tintas en la descripción de un mundo lleno de maldades y mezquindad, en el que solo hay sitio para el robo, el odio, o la relación sexual más puramente animal.
Sus criaturas son, pues, feas, su7cias y malas, y son claramente ignoradas por una sociedad que solo se hace presente en su mundo a través de la aparición esporádica de la policía.
Obra físicamente mediana, que flaquea en su ritmo o se hace a veces reiterativa, su fuerza le viene de la temática, eludiendo Scola el paternalismo típico de " en el fondo son buenos" y prefiriendo el autor italiano la verdad cruel y total, aún a base de condenor a sus criaturas aunque no sean culpables.
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