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CRITICA
Por: PACO CASADO
Con tan sólo ver el cartel de esta película se puede encuadrar perfectamente en el tipo de producción de una casa como la M.G.M. y en una época determinada en la que el público era amante de ver esta clase de cine, bien acabado con dirección artesanal, rutilantes estrellas en su reparto y la reproducción exacta de un determinado período de la historia, captado con todo lujo de detalles y en su pleno esplendor.
En aquellos momentos los espectadores no estaban tan preparados ni capacitados y se tragaban estos films de una marca gloriosa como M.G.M. que ofrecía siempre las mejores producciones.
Con el tiempo llegaron unos traviesos críticos, estudiaron las posibilidades nuevas de este arte e hicieron ver a los espectadores que había algo más detrás y mejor, que no era esto precisamente.
Durante los años 50 el cine norteamericano disfrutó de un gran plantel de directores que consiguieron productos de bastante calidad.
Unos destacaron por su sentido artístico e investigador y renovaron la forma de ver el cine.
En cambio otros constituían esa gran vanguardia de artesanos que sabían perfectamente cómo ejercer su oficio y eran capaces de llevar a la pantalla cualquier género con gran perfección y de manera espectacular.
Entre estos últimos se puede situar a George Sidney como uno de los más destacados, de gran veteranía que comenzó entrenándose con el cortometraje y cuando se pasó al largometraje se especializó en títulos de comedias musicales e historias de capa y espada, género este ultimo ene que destacan 'Scaramouche' (1952), 'Los tres mosqueteros' (1948), y en el primero 'Escuela de sirenas' (1944), entre los más famosos y conocidos.
En esta ocasión el guion se basa en la novela de igual título de Margaret Irvin, en la que lleva a cabo la vida y los amores de Isabel I de Inglaterra, más conocida por la reina virgen, desde su infancia hasta su ascenso al trono de Inglaterra en 1558, con todos el lujo y esplendor de la época de los Tudor, enfocado más al melodrama romántico que al rigor histórico.
Dirigida por George Sidney, tradicionalmente anclado en la Metro y especialista en rodar esta clase de producciones de capa y espada y musicales, sin demasiada calidad artística, aunque conseguían notables éxitos comerciales en las taquillas.
Posee una gran carga literaria que se nota en los largos parlamentos y los abundantes diálogos, alargando el metraje por querer abarcar demasiados acontecimientos históricos.
La cinta tiene ese lujo propio de las producciones de M.G.M. de aquella época, realizada con gran corrección formal, destacando en su gran reparto y la interpretación de Jean Simmons, una actriz de gran temperamento que siempre acierta en mostrar el matiz exacto que exige su personaje.
La acompaña Stewart Granger, que era pareja con ella en aquel tiempo, en el personaje del almirante Thomas Seymour.
El perfecto colorido de la fotografía de Charles Rosher y la música de Miklós Rozsas ayudan a la mejor ambientación de esta película que nos trae recuerdos nostálgicos de una etapa del cine que ya pasó.
Nominados al Oscar los decorados y el vestuario. Premio NBR para Jean Simmons.
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