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CRITICA
Por: PACO CASADO
El cine norteamericano es capaz de convertir en estrella protagonista de una película desde al más desconocido actor secundario, hasta cualquier objeto o animal, como ya lo hiciera anteriormente con 'Tiburón' (1975) o en este caso con un nuevo y sofisticado helicóptero, que si bien parece que ha sido sacado de una novela de ciencia ficción, según se nos dice en la leyenda al comienzo de la proyección, será el helicóptero de un futuro muy inmediato, si es que no lo es ya en estos momentos.
La historia comienza de una forma un tanto similar a la de un viejo título del maestro John Ford, 'Un crimen por hora' (1958), ya que parece que se nos van a contar las acciones de un policía que patrulla por los cielos de la ciudad de Los ╡ngeles, en las distintas misiones que se le han encomendado.
Pronto es requerido el servicio de Frank Murphy para ser el piloto de prueba del Trueno Azul, un helicóptero que está equipado con todas las últimas novedades de la electrónica, armado para luchar contra las insurgencias callejeras.
Es un arma perfecta dotada de los más modernos computadores con los que ver casi todo lo que ocurre dentro y fuera de los edificios.
La aventura realmente comienza cuando se entabla la rivalidad entre el protagonista y un antiguo compañero con el que luchó en la guerra de Vietnam.
El conflicto entre ellos se intensifica cuando Murphy comienza a sospechar que el aparato tiene más de lo que se le ha revelado.
A partir de ahí la cinta cobra ritmo, acción y emoción, al ir descubriendo toda la trama y los secretos que encierra el moderno aparato volador.
Producción ciertamente espectacular, de acción y emoción, de la que su director John Badham es capaz de realizar igual un musical con John Travolta en 'Fiebre del sábado noche' (1977), o una de terror como 'Drácula' (1979) o esta otra intimista como 'Mi vida es mía' (1981), que logra aquí sacar un buen partido del material que el guion de Dan O'Bannon y Don Jakoby, han puesto en sus manos.
La lucha de los personajes se entabla también en el duelo interpretativo entre el sobrio Roy Scheider y Malcolm McDowell, el famoso actor de 'La naranja mecánica' (1971).
Todo ello está adornado con los efectos especiales que hacen a esta película un notable producto espectacular.
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