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CRITICA
Por: JUAN FABIÁN DELGADO
Muy lejos del tono épico que suele tener el cine nipón que nos llega, muy distinto incluso a otros films del mismo autor, como "Barbarroja", "Trono de sangre" o "Los siete samuráis", con muchos años de retraso, podemos ver ahora una de los primeros largometrajes de Akira Kurosawa, uno de los puntales del cine japonés en su etapa moderna.
En "Vivir" (1952) tenemos una historia vulgar y anódina, cotidiana y normal, sin héroes ni epopeyas, sin guerreros ni gestas de historia, sino solamente el final de la vida de un pobre oficinista, en el marco de un Japón casi occidentalizado del todo que apenas si recuerda sus etapas imperiales.
Con una narración sencilla y lenta, con una excesiva morosidad a veces y una duración muy extendida, "Vivir" (1952) es casi un paralelo a lo que por esos mismos años significó el neorrealismo italiano, y el film tiene más de una semejanza con la excelente "Umberto d" DE Vittorio de Sica, en cuanto a descripción de un pobre viejo desahuciado por un cáncer e ignorado por todos.
Unos ajustados actores, una desigual fotografía y un tono en general digno terminan de completar una cinta en la que Kurosawa no había alcanzado aún su mejor momento, pero en la que ya demostraba su valía como autor.
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