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CRITICA
Por: PACO CASADO
Es la primera película que hace el director Oscar Vega, una producción independiente que pretende ser una revisión de conciencia de la sociedad infantil, donde se defiende la necesidad de fomentar la curiosidad, la fantasía y la imaginación de los niños que pasan demasiadas horas delante del televisor.
En la actualidad tanto la pequeña pantalla como los juegos de las maquinitas que pueden manipular en solitario, han cambiado los hábitos de los juegos y la diversión de la grey infantil, que los hace más independientes y menos comunicativos con los demás niños.
A esto se une también la falta de comunicación que a veces tienen los padres para con sus propios hijos.
Todas estas intenciones educativas de esta película nos parecen muy bien, pero por otra parte se cae en el error de considerar a los niños pocos menos que tontos, con una historia demasiado infantil y sin mucho sentido.
Clara es una niña de 10 años que vive en ambiente que está gobernado por la televisión del que no puede disfrutar porque tiene dificultades en la vista.
Pero con su imaginación consigue adentrarse en el mágico mundo de Raluy, el último circo del mundo, que un malvado magnate del mundo de la televisión está deseoso por destruir porque le hace la competencia.
Clara se escapa de su casa porque quiere jugar con sus hermanos que están siempre ensimismados viendo la tele.
En su escapada se tropieza con un circo, donde transcurre casi toda la aventura contra ese malvado, Renco Roso, que quiere acabar con el circo y ella se erige en salvadora del mismo que la acogido.
En contrapunto con lo dicho se manejan conceptos como dictadura o democracia que posiblemente los muy pequeños no entiendan bien de esas cuestiones.
En definitiva que con la intención no basta, hay que hacer un producto atractivo para los niños, pues de lo contrario el mensaje cae en saco roto.
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