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CRITICA
Por: JUAN FABIÁN DELGADO
Aunque ducho en producciones televisivas y en documentales, aunque autor de un episodio de un film largo, propiamente podemos decir que es ahora con "La casa de las palomas", su primer largometraje, cuando Claudio Guerín entra a formar parte de los directores de cine español.
Hombre formado en la crítica y profesionalmente en la Escuela Oficial de Cinematografía, como tantos otros, varios años después terminó con el mediometraje "Luciano", viendo transcurrir, como tantos otros, varios años desde que terminó su carrera hasta que ha podido rodar este su primer largometraje.
En "La casa de las palomas" se ve claramente la intención de su joven director por hacer una cinta con calidad y comercialidad a un mismo tiempo.
Esto es difícil, ya que requiere de un equilibrio propio de maestros, y es fácil perder el mando y caer en desviaciones, frustrando el resultado. Y algo de esto creemos que le ha sucedido al cineasta sevillano.
La historia es convencional, un triángulo no del todo clásico pero tampoco novedoso, unos personajes esquemáticos y unas situaciones de las que depende en esencia el estilo y el resultado de la obra.
La historia del play-boy, la mujer madura y su hija adolescente, envuelta en un ambiente que también pesa decisoriamente, un ambiente que premeditadamente el autor transforma en un protagonista más.
El film empieza titubeante, los personajes tardamos en conocerlos, en conocerlos bien, pero hacia su mitad la narración se ha centrado, siendo la parte de la seducción de la chica, del primer contacto con la casa de las palomas.
Pero en este punto parece como si el guion naufragara y los autores se perdieran en una parte final tópica en su pretendida originalidad, con reminiscencias de autores conocidos como Saura o Fellini.
El paso atrás a la infancia de la joven, sus ensueños y delirios oníricos, naufragan formalmente por una puesta en escena que peca de mimética, que nos trae a la memoria en demasía otros films del cine moderno.
Obra con fallos y con aciertos, creemos que tiene como virtud una indudable seguridad, profesionalidad y corte de film bien acabado.
Por contra, la notamos carente por completo de sinceridad, de autenticidad, de vida.
Siempre el cine de Guerín nos ha resultado frío, pero aquí más que frialdad es cuestión de artificiosidad, de no creerse en lo que estaba contándose, de no poner un pedazo de vida en aquello, sino solo de conocimientos.
Es una lástima que el director no haya podido hacer su primera película con un material argumental propio, es una lástima que haya tenido sobre sí varios condicionantes, haciendo que no cuaje en una obra conseguida como lo es este su primer film.
Con un color bueno en interiores y desvaído en los exteriores, la cinta cuenta con un buen trabajo de Ornela Muti, frente a una Lucía Bosé demasiado en plan de diva y creemos que un tanto descontrolada del realizador.
Junto a ellas el americano Glen Lee no nos convence en absoluto, resultando afectado y exagerado.
En definitiva, una película con aciertos parciales, sobrante de "buen hacer", profesional y escasa de calor íntimo, cosa insólita en una obra primeriza, en las que siempre suele ocurrir lo contrario, porque el director se vuelca en decir cosas pero no sabe cómo decirlas.
Aquí Guerín poco nos dice que realmente le concierna a él, a su entorno, a su sociedad. Nos cuenta algo que le viene de fuera, algo que no le cala, y lo hace con estilo y dominio, pero nada más.
Esperemos nuevas obras de su autor, porque sería absurdo e injusto encasillar ya a Claudio Guerín en la desgraciadamente larga lista de jóvenes directores frustrados de nuestro país.
"La casa de las palomas" es solo una muestra, y no muy significativa, de todo lo que el mundo de su autor puede darnos, de todo lo que puede dar de sí un director inteligente como éste.
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