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CRITICA
Por: PACO CASADO
Tim Burton parece que ha perdido su talento creativo que ejercía de forma divertida en las películas de su primera etapa porque últimamente se dedica a adaptar a la pantalla, de forma colorista, novelas famosas, en las que nos lleva a su universo personal de seres marginados o extraños como es éste el caso que continua aquí con la obra de Ransom Riggs al que añade un confuso manejo del tiempo con los bucles históricos en que se ven metidos los personajes que, indudablemente, no llega a la comprensión de los menores y que en ciertos momentos aburre a los adultos.
Es la típica historia burtoniana donde los personajes principales son niños extraordinarios y monstruos oscuros con un pasado por desvelar que empieza con Jake, un joven de 16 años, que vive en Florida, que desde pequeño estuvo muy unido a su abuelo Abe, que le contaba extraños relatos fantásticos y surrealistas de los que le enseñaba fotos de niñas levitando y niños invisibles.
Tras vivir la horrible tragedia de la muerte inesperada de su querido abuelo y siguiendo la pista de una carta anónima, Jake emprende un viaje con su padre al otro lado del océano, hacia una isla remota de Gales, en la que el abuelo pasó su infancia en un orfanato donde creció y en el que descubrirá que sus cuentos eran reales, entablando amistad con unos chicos muy particulares que cada uno de ellos tiene unos superpoderes, que están metidos en un bucle temporal viviendo siempre el mismo día.
Allí encontrará las ruinas del hogar de Miss Peregrine en el que se alojan niños muy peculiares que tienen habilidades fuera de lo habitual, a los que ella libra de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, además de escalofriantes secretos que se relacionan con su abuelo que, poco a poco, lo sumergirán en una realidad increíble: los enigmáticos niños y niñas de las fotografías siguen vivos a pesar de los años transcurridos y en el contacto con ellos descubrirá quién es él realmente y tendrá que protegerlos de unos terroríficos villanos.
A los pocos minutos de comenzar la proyección ya nos vemos metidos en un universo conocido, el del director californiano, que esta vez ha cambiado de músico, ya no es Danny Elfman, sino un dúo formado por Michael Higham y Matthew Margeson, pero sin embargo los vivos colores y los consabidos efectos visuales nos remiten a ello.
El guion de Jane Goldman, una experta en superhéroes, de este fantástico film, está basado en la novela superventas de igual título de Ransom Riggs, publicada en 2011, con más de tres millones de libros vendidos.
Burton con su habitual derroche creativo crea personajes únicos y convierte en imágenes espectaculares el material literario sobre descubrirse a uno mismo y valorar lo que de peculiar tenemos.
Hace un homenaje a las cintas de animación fotograma a fotograma que hacía Ray Harryhausen por ejemplo en 'El viaje fantástico de Simbad' (1973), de Gordon Hessler, en el que el protagonista luchaba a espada contra unos esqueletos vivientes, pero avanza de forma lenta e irregular.
Esta vez prescinde de sus habituales Helena Bonham Carter y Johnny Depp para dar el protagonismo a Eva Green y Samuel L. Jackson junto al joven Asa Butterfield y los pequeños que dan cuerpo a los niños peculiares.
Esta no es de lo peor de sus películas recientes, pero no es de lo mejor de su director. Tiene un inicio prometedor pero cuando parece que va a arrancar la historia se entretiene en escenas de pura distracción argumental en las que los personajes nos explican su extraño mundo, sus reglas y lo que está pasando. El orfanato y sus habitantes son lo mejor de la historia.
El film se acerca al género de superhéroes, que como todo el cine reciente de Tim Burton se trata de una producción con una estética llamativa, con escenas brillantes pero sin alma, en la que hace un esfuerzo correcto de alguien que solía ofrecer mucho más calidad en sus producciones.
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