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CRITICA
Por: PACO CASADO
En los años 40 un ingeniero, Ceslaw Jan Bojarski, se traslada de su país a Francia, asolada por las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, convirtiéndose en un refugiado polaco de la posguerra.
Tras trabajar en diversos oficios, tiene ocasión de poner de relieve sus habilidades y de convertirse en un legendario falsificador de dinero, que trajo de cabeza a la policía de París durante muchos años, al lograr imprimir billetes por un valor de más de 300 millones de euros.
El protagonista no es un héroe, ni un criminal, es un hombre que trata de vivir de su talento, sin que eso haga daño a nadie.
Trabajando solo, elabora francos falsos impecables, logrando mejorar el original, por lo que era muy difícil poder identificar el falso del verdadero.
Estuvo trabajando así durante 14 años, ganándose el apodo del Cézanne del dinero falso, por su habilidad artística y su perfecta reproducción.
Durante mucho tiempo mantuvo una doble vida; a los ojos de su esposa Suzanne y de sus hijos, era un trabajador que inventaba pequeñas cosas y de cara a la policía era un simple representante de artículos de ferretería que viajaba a lo largo de todo el país para colocar sus productos, cuando en realidad lo que hacia en esos viajes, era cambiar billetes comprando pequeños artítulos y recibiendo el cambio en moneda legal.
Cuando por fin se logró capturarlo y descubierto su "trabajo", fue condenado a 20 años de cárcel, de los que cumplió 14, muriendo en el 2003.
Parodiando el título de la película podemos decir que no es una copia perfecta pero se acerca, si hablamos del guion, entre el biopic y el género policiaco, en el que se pone de manifiesto la soledad del falsificador y el efecto de la posguerra, entre el talento creador y el del delincuente, en el que están muy bien engarzadas todas las acciones logrando que no se haga larga en ningún momento, sin que se pierda el interés a lo largo de todo el desarrollo de la trama, teniendo en cuenta que lo que se narra es un hecho real y siempre ese tipo de historias es de las más difíciles de plasmarla bien en imágenes cinematográficas.
Hay dos aspectos a tener en cuenta, uno es la dirección del francés Jean-Paul Salomé, un veterano director, más por su edad que por su filmografía compuesta de tan sólo diez títulos.
Siempre pensó en ser director desde que era un muchacho, tras estudiar en la universidad de la Sorbona y aprender el oficio con Claude Lelouche.
Aquí lleva la narración al ritmo necesario de lo que se está contando, con una puesta en imagen sobria y muy cuidada la ambientación de la época, con una buena factura técnica.
Y por otra lado destacar el buen trabajo que hace el actor Reda Kateb en el personaje de Jan Bojarski, que logró burlar los controles del Banco de Francia, sobre el que recae todo el peso de este film, ya que está todo el tiempo en pantalla, con Sara Giradeua en el papel de Suzanne, su esposa, y del actor Bastien Bouillon en el personaje del comisario Mattei que terminó obsesionado por resolver el caso, manteniendo ambos un interesante duelo personal.
Premio al mejor actor para Reda Kateb en el Festival Barcelona-Sant Jordi.
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