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CRITICA
Por: PACO CASADO
Tal vez haya sido una coincidencia pero llevamos vistas últimamente dos películas que recurren a la misma fórmula narrativa y es que ambas arrancan con un breve prólogo de varios minutos anunciándonos algo referente a lo que vamos a conocer a continuación y aquí se trata de una serie de catástrofes previas a la historia.
En el resto del metraje, ambientado en Beirut, se nos cuenta la relación de una pareja un tanto atípica, ellos son Nino y Yasmina.
Nino tiene un restaurante que lo lleva en compañía de un amigo que le ayuda en las tareas de la cocina.
Ella posee un buen empleo en una empresa multinacional que tiene también oficinas en Alemania.
Un día Nino va conduciendo y se estrella contra la oficina de Yasmina y para compensar los daños invita a comer a toda la familia a su restaurante.
Durante la comida él se queda mirándola fijamente mientras recuerda cómo se conocieron a los 8 años en la escuela y siguieron viéndose, de vez en cuando, con una buena amistad.
El resto del metraje, esto pasa en primeros minutos, va de flash backs al pasado y momentos del presente.
Aunque puede parecer un relato con final muy previsible, sin embargo lo que más nos llama la atención es el carácter y la actitud de los dos personajes protagonistas.
Nino es un hombre tradicional, su restaurante, su trabajo, su amistad, su amor.
Ella, en cambio, se siente bien con él, pero no desea tener hijos y no le importa marcharse de su lado.
Hay un tercer personaje, el padre de él, ya muy mayor, al que llaman el abuelo, que todos quieren y lamentan cuando cae enfermo.
Hay otro aspecto que también apuntamos y es el concepto de La isla, que interpretamos como el cielo o el paraíso a donde todos lo que se ha ido han quedado allí donde viven felices.
A lo largo de treinta años, el intenso vínculo que mantiene Nino y Yasmina, se enfrentan a una elección entre el amor, la amistad, la separación, al tiempo que consideran la posibilidad de formar una familia en el Líbano devastado por el conflicto bélico.
La historia peca de algunas repeticiones de lugares comunes y de ciertas actitudes.
Para ser la ópera prima del cineasta libanés Cyril Aris, sale muy bien de esta prueba, mezcla de drama y comedia romántica situada en el Líbano. con el problema bélico al fondo y la historia amorosa en primer plano que, de alguna forma, condiciona el romance.
Tiene una puesta en imágenes sin alharacas, pero le va bien a la narración, con un cierto estilo personal, salpicada de unas gotas de humor y tragedia, al tiempo que aporta una mirada a la sociedad de su país.
Ganadora de 16 premios internacionales.
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