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CRITICA
Por: PACO CASADO
No cabe duda que la producción de animación española crece día a día, aunque con lentitud pero va aumentando, tras haber dado un paso de gigante en los últimos años con producciones que se han hecho de cara al mercado internacional, como 'Planet 51' (2009), 'Las aventuras de Tadeo Jones' (2012), 'Atrapa la bandera' (2015) y ahora se intenta otra vez con 'Ozzy' (2016), que tiene un lujo de voces en su doblaje, aunque no esté tan conseguida como los títulos citados.
La vida de Ozzy, un simpático y pacífico Beagle, transcurre de forma tranquila y alegre junto a la familia Martin, compuesta por Susan, Ted y su hijita Paula, pero va a cambiar, cuando no puedan llevarlo de vacaciones un mes a Japón y lo dejen en lo que creen que es el mejor balneario canino de la ciudad, Blue Creek.
Pero el lugar es una fachada ya que su villano propietario Mr. Robbins lo mande a parar a una cárcel para perros habitada por duros chuchos callejeros donde impera la ley del más fuerte. Ozzy tendrá que afrontar el peligro, hallar fuerzas y aprender a apoyarse en el intelectual Chester, el cegato Fronky que intenta constantemente evadirse y el mudo Doc, sus nuevos amigos que le ayudarán en la aventura de huir y regresar a casa donde encontrar de nuevo el cariño de sus dueños.
El pequeño can tendrá que vivir en sus propias carnes una de las mayores verdades de la vida, como es que no le damos suficiente importancia a lo que tenemos hasta que lo perdemos como le ocurre cuando es dejado temporalmente a su suerte y está en peligro, pero esas vivencias le harán perfilar su carácter.
Lo más original y divertido es que se trata de trasladar el género carcelario, al que se hace un homenaje, a un film infantil de animación, con guiños a títulos como 'Fuga de Alcatraz' (1979), 'Cadena perpetua' (1994), y otras cintas como 'El Padrino' (1972), con Vito, el mafioso más temible de la prisión a pesar de ser el más pequeño, un chiguagua, que deja una sonrisa en los mayores, que conocen las características de esta clase de cine y gusta algo menos a los niños que prefieren más ritmo, acción y divertimento, a pesar de que va dirigida especialmente a ellos, de la que pueden sacar las moralejas de la amistad, el tener que adaptarse a unas nuevas circunstancias adversas y superarse ante las dificultades, cuestiones que tarde o temprano darán sus frutos a la hora de llegar a la edad de hacerse adultos.
Esta coproducción hispano-canadiense comenzó a gestarse hace cinco años ya que encontró muchas dificultades creativas y económicas hasta llegar a los cines.
La historia tiene una trama simple con personajes muy sencillos como dirigida a los niños y en ningún momento tememos por Ozzy por mucho que el perrito termine en una cárcel para perros, lo que es difícil de creer.
Entretiene aunque los perros son usados más como reclamo comercial que como alegato animalista que atraiga a los más pequeños a las salas.
Está dirigida por el tinerfeño Alberto Rodríguez, que nada tiene que ver con el director andaluz de 'La isla mínima' (2014), realizador curtido en la serie de animación 'Pocoyo', que supone su debut en el largometraje con esta comedia de aventuras sobre la fuerza de la amistad para ayudarnos a crecer y superar nuestros miedos.
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