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CRITICA
Por: JUAN FABIÁN DELGADO
Más que su calidad fílmica, que es escasa, más que su propia e innegable calidad musical, la importancia de "Let it be" es su faceta de documental, de reflejo imparcial e incluso aburrido del final inevitable de aquellos cuatro jóvenes británicos que a principios de los años sesenta formaron el que sería más importante conjunto musical de todos los tiempos, a la par que fenómeno social mundialmente reconocido.
En este documental sencillo y normal de Lindsay-Hogg se rompe con el anterior cine de The Beatles, desde sus dos cintas con Richard Lester, "Qué noche la de aquel día" y "Help (Socorro)", hasta la dirigida por ellos mismos "Magical Mistery Tour", obras llenas de fantasía y colorido hasta culminar en la inefable y extraordinaria "El submarino amarillo".
Aquí, en este monótono "Let it be" no hay nada de eso, nada de fantasía, solo una realidad clara y tajante en el sentido de lo inevitable que resulta en el film la que luego sería inmediata separación del conjunto.
Porque la cinta nos muestra a unos Beatles que se reúnen no por amistad, no por la antigua compenetración, sino por unos lazos claramente profesionales, con el fin de grabar un último long-play.
Al margen de momentos felices, al lado de interpretaciones con garra, en "Let it be" se nos presenta en forma lineal el proceso de grabación y creación del disco, sin que Michael Lindsay-Hogg aporte mucho de creatividad a su labor.
Cinta, pues, sencilla, documento por encima de todo, tiene el encanto de lo cotidiano, de sabernos dar unos gestos, unos detalles, unas relaciones.
Y queda la excelente banda sonora, lógicamente, y sobre todo el saber que están entre nosotros por última vez juntos, estos míticos Beatles que ya son historia, que ya son recuerdo.
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