Roman Polanski siempre quiso hacer un film sobre el holocausto que él mismo vivió y padeció, pero no deseaba dejarse llevar por los sentimientos porque podía parecer que era una venganza, hasta que leyó las memorias del pianista Wadyslav Szpilman, que sufrió algo parecido, y se decidió a llevarlas a la pantalla, distanciándose así del tema. La película ganó tres Oscars.
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